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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
year 17, No.34, January-July 2019, p. 141-142
iISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 17, No.34, Enero-Julio de 2019, p. 141-142
No. 34
Nuestros lectores opinan
La canonización de Mons. Romero
Julio Rafael Gutiérrez, octubre de 2018
La canonización de Mons. Romero signica tres cosas muy importantes, que es
necesario verlas en su complementariedad para que muestren toda su fuerza:
una, que él tenía razón; dos, que sus enemigos estaban equivocados; y tres, todos
tenemos algo que hacer al respecto.
Mons. Romero tenía razón, y quienes le creímos y le hemos creído todo este
tiempo, especialmente la gente pobre, no estábamos equivocados, teníamos
-y tenemos- razón al creerle y al hacer caso de sus orientaciones. Los pobres
especialmente tuvieron razón al proclamarle Santo.
Quienes lo mandaron a matar -y quienes lo mataron-, junto a quienes celebraron
su asesinato, y quienes han querido olvidarlo, estaban equivocados. Mons. Romero
no era ni comunista, ni izquierdista, ni estaba lavando cerebros de nadie. Eso sí,
era subversivo, pues quería subvertir el orden social en que le tocó vivir. Aquel
orden social del régimen de propiedad privada en términos absolutos.
¿Qué tenemos que hacer?
Simple. Quienes se equivocaron con él, que lo reconozcan públicamente, que pidan
públicamente perdón y que empiecen a enmendar el daño causado. Le hicieron
mucho daño a la Iglesia que se inspiró en sus enseñanzas, a las comunidades
cristianas de base que le reconocieron desde el asesinato, a mucha gente pobre.
Mons. Romero no estaba apoyando ninguna causa injusta, no estaba azuzando la
violencia ni estaba polarizando al país, no estaba engañando a los campesinos ni
estaba ofendiendo a los ricos. Que empiecen por reconocer públicamente esto.
Los demás también tenemos que hacer algo simple: si Mons. Romero dijo e hizo lo
que tenía que decir y hacer, porque Dios se lo había pedido, o quizás exigido, como
a los profetas (Is 6, 9; Jer 1, 4-10), pues, entonces, nosotros también tenemos
que hacer y decir lo mismo. ¿Por qué no nos tomamos en serio el profetismo de
Mons. Romero?
Esto último nos pone en la tarea de enfrentarnos a toda su obra. En el ámbito