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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
De la crónica a la novela sin
cción: fabuloso atrevimiento de
la palabra humana
MSc. Froilán Escobar
1
“La realidad no se puede contar ni repetir.
Lo único que se puede hacer con la realidad es inventarla de nuevo”
Tomás Eloy Martínez, Santa Evita, pág. 41
Resumen
Este texto, en apretado recorrido, intenta vislumbrar que la crónica no hace
otra cosa que contar historias y que las historias tanto de humanos como
de dioses es lo que pervive, lo que queda en la memoria, sea como trabajo
periodístico o mitología. Mucho se ha hablado en los posibles porqués. Según
Tomás Eloy Martínez, el dato nos asombra pero no nos conmueve.
2
Ahí está el
secreto, la diferencia entre el número que da el tamaño del hecho y la palabra
que lo cuenta. Ahí está también la razón de que se arme que se ha producido
un segundo boom en Latinoamérica
3
, pues la crónica, nacida con los poetas
modernistas a nales del siglo XIX, desemboca en 1937 en L’Éspoir, la primera
novela sin cción, y continúa uyendo con renovada fuerza creadora en todo
el ámbito de nuestros países.
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
year 17, No.34, January-July 2019, p. 51-61
iISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 17, No.34, Enero-Julio de 2019, p. 51-61
No. 34
1
Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Política.
2
Martínez, Tomás Eloy en Periodismo y Narración: Desafíos para el Siglo XXI. Conferencia pronunciada
ante la asamblea de la SIP el 26 de octubre de 1997, en Guadalajara, México.
3
Jon Lee Anderson, cronista de The New Yorker, manifestó en entrevista Efe, Bogotá, el 1 de julio
2014, que el “boom” de la crónica o periodismo narrativo latinoamericano actual es comparable al
“boom literario” de los años 60 del siglo pasado, del que participó el Nobel y maestro de periodismo
Gabriel García Márquez.
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De la crónica a la novela sin cción: fabuloso atrevimiento de la palabra humana
Palabras clave: Crónica, Novela sin cción, Boom de la crónica, Nuevo
Periodismo, Poesía modernista, Discurso periodístico.
Abstract
This text, in close travel, tries to envision that the chronicle does nothing,
but tell stories and the stories of both humans and gods is what survives, what
remains in the memory, be it as journalistic work or mythology. Much has been
talked about the possible whys. According to Tomás Eloy Martínez, the data
amazes us, but does not move us. There’s the secret, the difference between
the number that gives the size of the fact and the word that tells it. There
is also the reason why it is said that there has been a second boom in Latin
America, because the chronicle born with the modernist poets at the end of
the 19th century, and arrives in 1937 in L’Éspoir, the rst non-ction novel,
and continues to ow with renewed creator force in all our countries ambits..
Keywords: Chronicle, Non-ction novel, Boom of the Chronicle, New
Journalism, Modernist Poetry, Journalistic Discourse.
Cuando la palabra humana comenzó a contar lo que ocurría a la gente y a los
dioses, nació la crónica. Contar historias es, por tanto, el más viejo ocio que
hemos practicado desde el principio de los tiempos, porque lo que se cuenta
es lo que pervive en la memoria, o tal vez, porque lo que se cuenta es lo que
queremos guardar en la memoria. Los mitos de la creación del mundo son un
buen ejemplo de cómo, para explicarnos de dónde venimos, las diversas culturas
se han empeñado en dejarnos su imaginado testimonio de los soñares y avatares
de los dioses. Muchas han sido los diferentes símbolos y maneras: conchas,
pinturas rupestres, montículos, estatuillas, dólmenes y menhires y hasta enormes
pirámides, pero ninguno como ese breve soplo de la palabra humana con la cual
intentamos decir la realidad, representándola.
Todo con el n de que no se pierda la huella de los dioses y de los humanos. Contar
historias es, de alguna misteriosa manera, meter la realidad en esa sustancia
hecha de innitas fugacidades. Eso es lo que hemos hecho desde la Epopeya de
Gilgamesh para acá, desde El Baghavad Gita, el Libro de los Muertos, el I-Ching,
El Talmud, El Cantar de los Cantares o Las mil y una Noches, desde el Popol Vuh
y el Chilam Balam para acá, porque, a pesar de todas las dicultades que supone
convertir en lenguaje lo que resulta intransferible, no hemos podido sustraernos
a la tentación y al deslumbramiento de contar las historias del imaginario
universal. Este largo recorrido de la palabra humana evidencia nuestra manera
de ver y de pensar el mundo.
Los Cronistas de Indias, presos de ese mismo deslumbramiento, narraron el
encuentro entre lo español y lo americano. Para representar aquella realidad
que, por desbordarse en los ríos y las selvas, no les cabía entera en los ojos, no
tenían otra alternativa que transmitirla como alucinada representación en la que
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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
mezclaban, con esa singular objetividad producida por la imaginación, la realidad
con la mitología.
Esa manera de mirar fue construyendo no solo una manera de ver, sino también
una manera de decir, que se exalta con aquello que nos sobrepasa, que nos
conmueve. Así surgió la llamada crónica del nuevo periodismo o crónica en
profundidad, construcción discursiva integradora de múltiples referencias, en la
que desaparecen los límites entre lo periodístico y lo literario, para que alguien
real cuente una historia real como si fuera un cuento de cción.
Eso fue lo que hicieron por primera vez en América Latina, a nales del siglo XIX,
Rubén Darío
4
, José Martí
5
, Manuel Gutiérrez Nájera
6
, Enrique Gómez Carrillo
7
,
y otros más. Para lograrlo, el poeta y el periodista se fundieron, se volvieron uno
solo al cometer el atrevimiento de representar la esquiva y poliédrica realidad
instaurando lo efímero del presente noticioso en el lenguaje de lo eterno.
Ellos hicieron periodismo a partir de una estrategia verbal de seducción, pues
unieron, como diría el ensayista mexica no Alfonso Reyes
8
, el hecho y el hechizo
al traducir el idioma de la realidad a los inusitados acentos de su propia poesía.
Los acontecimientos cotidianos y los trascendentes, que eran reproducidos
por el rumor de la gente —el único periódico verdaderamente democrático,
anticipación de las redes sociales—,fueron dados a conocer por estos cronistas en
los medios más importantes de la época: La Nación de Buenos Aires, El Mercurio
de Valparaíso, La Prensa Libre de Costa Rica, El Nacional y El Partido Liberal de
México, La Opinión Nacional de Caracas, La Opinión Pública de Montevideo, La
República de Honduras, La América de Nueva York, New York Herald, The Hour
y The Sun.
A partir de ese momento, la crónica, con su cruce incestuoso entre periodismo
y literatura, empezó a seducir a los lectores con un quehacer que no ha parado
hasta nuestros días.
No obstante, hay que subrayar que fueron ellos, los modernistas, los que lo hicieron
por primera vez. Después vinieron otros, en América y el mundo. Sin embargo, en
la década del 60, Tom Wolfe, un excelente periodista norteamericano, llamó a la
4
Félix Rubén García Sarmiento, Metapa (hoy Ciudad Darío), Nicaragua, 18 de enero de 1867-León,
Nicaragua, 6 de febrero de 1916.
5
JoJulián MarPérez, La Habana, Cuba, 28 de enero de 1953-Dos Ríos, antigua provincia de
Oriente, Cuba, 19 de mayo de 1895.
6
Manuel Gutiérrez Nájera, Ciudad de México, 22 de diciembre de 1858-Ciudad de México, 3 de
febrero de 1895.
7
Enrique mez Tible (más conocido por Enrique mez Carrillo), Ciudad de Guatemala, 27 de
febrero de 1873- París, 29 de noviembre de 1927.
8
Reyes, Alfonso: El deslinde // Apuntes para una teoría de la literatura. Obras Completas XV. F.C.E.
México, 1997.
54
De la crónica a la novela sin cción: fabuloso atrevimiento de la palabra humana
creación de esta crónica en profundidad “El nuevo periodismo”
9
. Y el término,
etiquetado por él, todavía se sigue repitiendo, a pesar de que Susana Rotker,
en su ensayo La invención de la crónica
10
y Tomás Eloy Martínez
11
, en múltiples
artículos, ensayos, prólogos, conferencias, han demostrado, con proverbial
hondura y sustento probatorio, que la crónica del llamado nuevo periodismo
nació aquí, en Latinoamérica.
Al parecer, Tom Wolfe nunca leyó las inolvidables crónicas de Darío, Martí,
Gutiérrez Nájera y Gómez Carrillo, cuya inuencia se extendió incluso fuera
del ámbito de nuestra lengua; pero tampoco conoció la que, después de los
modernistas, escribiera el periodista norteamericano John Reed
12
, Diez días que
estremecieron al mundo (1019), en que, para narrar la revolución rusa, utiliza
técnicas de la narrativa de cción, con un método de aproximación sucesiva
hasta colocarse en el terreno de los hechos. O de las que publicara el poeta
peruano César Vallejo desde su llegada a París, en 1923, en periódicos europeos
y latinoamericanos. Tampoco, al parecer, tuvo noticias de la que escribió en
1926 John Dos Passos
13
, para narrar la trágica historia de Sacco y Vanzetti, dos
emigrantes italianos ejecutados injustamente en la silla eléctrica; ni llegó nunca
a leer las apasionadas crónicas publicadas a partir de 1936 en los principales
periódicos estadounidenses y europeos por los corresponsales que cubrían la
Guerra Civil española.
En este segundo gran momento, quienes ponen en primer plano la cruda realidad,
recogen los testimonios de los que vivieron los hechos, al tiempo que superponen
sus experiencias como testigos o protagonistas. Es un momento catalizador. No hay
ningún gran periodista de esa época que se quedara fuera: Ernest Hemingway
14
,
George Orwell
15
, Jay Allen
16
, George Steer
17
, Antoine de Saint-Exupéry
18
y André
9
Wolfe, Tom: The new journalism. Picador, Pan Book Ltd. Londres, 1975, El nuevo periodismo:
Editorial Anagrama, Barcelona, España., 1976
10
Rotker, Susana. La invención de la crónica. Fondo de Cultura Económica, México, 2005. pp. 16 y 230
11
Martínez, Tomás Eloy: “Defensa de la utopía, Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo
Periodismo Iberoamericano, 1999; Periodismo y Narración: Desafíos para el Siglo XXI (Conferencia
pronunciada ante la asamblea de la SIP el 26 de octubre de 1997, en Guadalajara, México)
12
Diez días que estremecieron al mundo, Primera edición: Editado e impreso en 1919 por Boni &
Liveright, Inc. para International Publishers, editorial del Partido Comunista de los EEUU, del cual
Reed era miembro.
13
Dos Passos, John, Facing the Chair, Boston Massachusetts, 1927
14
Hemingway, Ernest, La Guerra Civil Española, North American Newspaper Alliance (NANA), 1937
15
Orwell, George, Homenaje a Cataluña, 1937.
16
Allen, Jay Cooke, “Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of Horrors” (Matanza de 4.000 en Badajoz,
ciudad de los horrores) El Chicago Tribune, 30 de agosto de 1936.
17
Steer, George L. Telegram from Guernica (“Crónica desde Guernica”) «La tragedia de Guernica»,
The Times y The New York Times, 28 de abril de 1937.
18
Saint-Exupéry, Antoine. “Reportajes vividos”, Paris-Soir, 1938
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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
Malreaux, a quien debemos la crónica mayor, L’Éspoir
19
, la primera novela sin
cción que se escribe.
Cada uno aporta nuevos ingredientes. Hemingway, el autor de Tener o no tener
(1937), premio Nobel en 1954, es el maestro de la insinuación en sus historias
mínimas. Busca insinuar sin explicar, con una progresión dramática que avanza
hacia la emoción. Frases cortas, sin oraciones subordinadas, omitiendo, mediante
la elipsis, partes de lo que cuenta para reforzar lo que cuenta. Hace que en la
crónica un narrador real cuente una historia real en la que, lo que asoma de los
hechos, sugiere o hace uir lo que está oculto bajo la supercie de la historia,
como si se tratara de un cuento de cción.
Malreaux pone, al igual que Hemingway, su nombre literario al servicio de la
guerra. Su periodismo es un periodismo de búsqueda. Narro desde la primera
persona porque avalo, porque me pongo en juego. Lo hace maniesto en Esta es
la guerra, publicado en EEE.UU. en mayo de 1937. Es uno de los escritores más
importantes de Francia en ese momento. Autor de Los conquistadores (1928), La
condición humana (1933), Y es también el testigo, el comandante de la Escuadrilla
España, compuesta por internacionalistas.
Su viaje por Madrid de noche en esa crónica publicada en 1937, resulta alucinante,
con gran intensidad en la expresión (expresionismo esperpéntico, en rebelión
contra el impresionismo y el naturalismo). Malreaux se juega incluso el equilibrio
formal. La mera reproducción le parecía inadecuada en un mundo que se
deslizaba rápidamente hacia la autodestrucción. Busca ser no el testigo que oye
sino el testigo que ve. El hecho es más terrible cuando se le mira, dice. Historia,
anécdotas de guerra y caos, pero con elección de bando, contado desde el caos.
Él es quien inicia la transición del periodista observador, que describe, hacia el
cronista. No se pierde nada. No deja fuera ningún detalle. Por tal razón narra
el bombardeo a Madrid con un remate absurdo: porque muestra la realidad en
sus contradicciones, pues, con ese remate, hace patente la indiferencia humana
como parte de la realidad de los hechos.
Los periodistas de este segundo momento en que la crónica crece y se ensancha
hasta convertirse en novela sin cción, inauguran, de conjunto, una nueva manera
de contar. Se mueven en un espacio de denición de la realidad, reconstruyéndola
a partir de un enriquecimiento formal y de una interpenetración genérica que
permite desarrollar el periodismo narrativo con mayor fuerza.
El tercer momento se desarrolla en la década de los sesenta. Ahí, el testimonio,
pasa a ser un género periodístico. Pero no solo como mera transcripción. Se
establece una nueva relación con lo real porque, mediante grabación de las
entrevistas, el periodista recoge hechos reales contados por personas reales
(como testigos o protagonistas), pero no los reproduce textualmente, sino que
los potencia dándole un grado de elaboración para que alcancen un ámbito mayor
19
Malraux, André, L’Éspoir, Gallimard, París 1937
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De la crónica a la novela sin cción: fabuloso atrevimiento de la palabra humana
de recepción, al tiempo que se dignica a los testimoniantes al darle voz a los
que no tienen voz.
El discurso periodístico y el discurso etnográco o antropológico (las formas puras
del testimonio), se mezclan, se alan, se reúnen. Es decir, se empieza a tener
una clara conciencia de que no se trata solo de recoger una historia de alguien,
sino de escribir una historia que desborde la biografía. Buena muestra de este
quehacer son: Juan Pérez Jolote (1952), de Ricardo Pozas; Los hijos de Sánchez
(1961), de Óscar Lewis.
Rodolfo Walsh nos dio una clase ética primordial. Es la gran gura del periodismo
latinoamericano de los años que siguen una década después. Operación masacre
(1957), El caso Satanowsky (1958), dos proyectos de periodismo de investigación
que se pueden leer como novelas. Libros corales, hechos con muchas voces, visión
calidoscópica del conjunto. Testimonio como historia inmediata, despojada de
heroísmo para devolver a la cotidianeidad lo vivido. Tensión crítica para ser el
a lo que pasó.
Como bien lo dijera el crítico uruguayo Ángel Rama reriéndose a su obra: “La
investigación del crimen personal continúa con la investigación del crimen social
y la búsqueda de la justicia se amplicará hasta abarcar a la sociedad entera”.
Pues, precisamente, de esta tesis partió Operación masacre, que aparece ocho
años antes de que Truman Capote publicara A Sangre Fría (1965) y once años
antes de que Norman Mailer editara su clásico Los ejércitos de la noche (1968).
En esta crónica imprescindible del periodismo latinoamericano (considerada por
Gabriel García Márquez como una “obra maestra del periodismo universal”),
desborda cualquier paradigma de la imaginación, pues en ella cuenta, con
formato de cción, la brutal realidad de los fusilamientos de civiles en un basural
de la provincia de Buenos Aires. Walsh soñó siempre con escribir una novela, sin
percatarse de que, con Operación masacre, ya la había escrito.
De esos quehaceres, ópticas y lenguajes surge A sangre fría, novela sin cción
donde se dan cita lo ccional y lo real, pero no como resultado una mezcla,
sino de una nueva construcción en la que desaparecen los límites entre los
distintos géneros. A partir de una honda indagación sobre la familia Clutter y las
confusas motivaciones de los asesinos: Dick Hickock y Perry Smith, se cuestiona
un engranaje que no se ve pero que mueve los hilos: la mecánica social donde
están insertos todos: víctimas y victimarios. Y aunque pertenece a una realidad
menos visible, está presente en sus vidas.
Truman Capote se vale de la investigación, de la entrevista y la encuesta para
llegar a la novela, a la obra de arte, que se corresponde con la verdad histórica,
pero sin pretender sustituirla.
Posteriormente, continúan los trabajos de corte etnográcos, cuya recepción
los transforma en novelas testimoniales. Un personaje real y un hecho real son
llevados a un nivel literario para dar a conocer su cosmovisión: Biografía de un
cimarrón (1968), de Miguel Barnet; Hasta no verte, Jesús mío (1969), de Elena
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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
Poniatowska. Los investigadores que escriben, se apropian del lenguaje oral y
pasan de mediadores a convertirse en autores.
Ellos, como los periodistas capturadores de testimonio (Norman Mailer, Günter
Wallraff, Hunter Thompson, Ryszard Kapuscinski), inauguran un periodismo de
rescate de voces de los que no suelen tener voz y, por tanto, no perdura su relato.
Rescate del lenguaje para mostrar fascetariamente la realidad, no de manera
unívoca (lenguaje de uno o varios individuos que trasluce una sola signicación),
cuando la sustancia en la que está inmersa el episodio que se cuenta es múltiple,
poliédrica.
Ellos también validan el testimonio para construir la historia. Pasan de lo subjetivo
a una creación de conjunto más articulada, pues conciben el periodismo como
una necesidad de acercarse cada vez más a la realidad que, según Paul Ricoeur,
se resuelve en metáfora entre la realidad vivida y la realidad textual
20
.
Para Hunter Thompson, no hay espectáculo que pueda ser narrado si uno no
lo cuenta desde el escenario. A esto lo llama “periodismo gonso”, porque el
periodista, como sujeto de la historia, se quema a sí mismo al ponerse en el
centro de los hechos.
De ese querer competir con el fuego nacen: Los ángeles del inerno (1966). La
marginalidad en EE. UU, Miedo y terror en la Vegas (1969).
Norman Mailer le dio tanta libertad a la crónica que ya no sabíamos dónde
empezaba o terminaba la novela. Su libro Los ejércitos en la noche (1967, Premio
Pulitzer Y National Book Award), cuestiona la presencia norteamericana en
Vietnam. Para hacerlo, asume una forma inusitada: Norman narrado por Norman:
narrador convertido en personaje. Lo cual le permite introducir, a la vez, una
doble visión: externa, desde el narrador; e interna, desde el personaje. Trabaja
la crónica con mayor ahondamiento. Cambio sistemático de la percepción de la
realidad. Y crea el tono Mailer: crónica en tercera persona, con mayor rigidez
para dar la información por medio de contrastes. Utilización de la introspección.
Técnica cinematográca en el montaje de las escenas.
En 1972, Tomás Eloy Martínez continúa la saga de las novelas sin cción. Escribe
La pasión según Trelew, una crónica múltiple que quizás sea uno de los modelos
que mejor reeja las virtudes del género de la Non ction Novel.
El libro reconstruye, de manera minuciosa y a la vez panorámica, los sucesos que
rodearon la fuga de una treintena de guerrilleros de un penal en la Patagonia, la
recaptura y fusilamiento de un grupo de los fugitivos por parte de los militares y
el levantamiento cívico que protagonizaron los habitantes de la ciudad de Trelew
luego de esa matanza.
20
La Mémoire, l’Histoire, l’Oubli (Lordre philosophique) Editions du Seuil, Paris (15 janvier 2003).
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De la crónica a la novela sin cción: fabuloso atrevimiento de la palabra humana
Günter Wallraff nos ofrece una lección inolvidable sobre cómo el que cuenta
debe pasar de ser el narrador a ser el personaje que se narra. Con este alemán,
la crónica como aventura del testigo pasa convertirse en la aventura del
protagonista. Periodismo-intervención, lo llama él. No se puede hacer periodismo
desde la óptica del observador, dice.
Después, mediante la técnica del reportaje, narra los métodos de manipulación
de la prensa sensacionalista de la cadena Springer, en la que, para ser testigo, se
inltra con una personalidad falsa. Se hace pasar por un fabricante de napalm y
se conesa con un obispo reaccionario que inmediatamente lo absolvió.
En otro de sus reportajes se convierte en un coronel del ministerio del interior
y, mediante este ardid de los espías, averigua cómo funcionan las redes de las
ilegales policías privadas de los industriales.
Y en otro más, para dar a conocer lo que ocurre en las cárceles griegas en la
época de la dictadura de los coroneles, se encadena en una plaza de Atenas y
comienza a repartir volantes.
Con la recopilación de esos reportajes pasa del periodista como testigo al
periodista como protagonista y arma el libro: El periodista indeseable (1979).
Esta es la experiencia que nutre Cabeza de Turco (1985). Dos años en la RFA como
trabajador turco ilegal. Una de sus caracterizaciones maestras. Personaliza a Alí
(bigotes negros, peluca, lentes de contacto), un obrero turco descalicado y,
bajo esa máscara, se introduce el mundo del trabajo ilegal de los contratadores,
el racismo. ¿Resultado? Un libro que vendió dos millones de ejemplares en los dos
primeros meses en las librerías.
Cuenta las dicultades para la sobrevivencia de un emigrante ilegal del tercer
mundo en un país capitalista desarrollado, habla de la esquizofrénica realidad
del obrero Alí: sus miserias y sus empleos: asalariado agrícola, vendedor de
hamburguesas en un MacDonalds, policía de tercera, “testigo biológico” en
pruebas de laboratorio, y al nal, obrero en una gran fundidora de acero en
condiciones terribles de trabajo.
Ryszard Kapuscinski, el mejor periodista del siglo XXI, como la llamó Gabriel
García Márquez, es un entrevistador impertinente. Incansable investigador.
Dispara un libro detrás de otro. Todos antológicos. El primero: La guerra del
fútbol (1978); segundo: El emperador (1978); tercero: Las botas (1978).
Extraordinario observador y habilísimo montador. Une el lenguaje hablado y el
corporal. Kapuscinski no está en Angola o en Etiopía, contándole los pétalos a una
rosa. Para él la verdadera objetividad es el periodista viendo, usando técnicas
para apresar la realidad. Esta es una de las grandes virtudes del Polaco, como lo
llamaban sus amigos en estas latitudes.
Se vale de todos los narradores. La tercera persona impersonal, primera
persona testigo y primera persona metido en la cabeza de los que narran. Ocio
investigativo de la observación y la subjetividad. Periodismo testimonial por
excelencia. Porque no se quita de lo que cuenta. Su yo está ahí, en un periodismo
con carga de participación.
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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
Eran años fundacionales. Cuando Rodolfo Walsh y Gabriel García Márquez se
conocieron en Cuba en 1959, en la Agencia de Prensa Latina, los dos tenían 32
años. Ya el joven colombiano había llevado la crónica al otro extremo. No le
interesaba el lenguaje directo, que contaba “la historia como en los telegramas
de las agencias de noticias”
21
. Quería hacer periodismo con cánones estéticos
más perdurables, contaminándolo con el lenguaje de la novela. Quería contar
la realidad como si la inventara. Pero lo que decía estaba ahí, ocurría. No
inventaba nada. Ponía todo tan alucinante, tan real, como era. Construía sus
crónicas sobre la anécdota —como lo hiciera Hemingway—, sustentadas en lo que
sucedió y narradas mediante escenas, al igual que lo hace la vida, el teatro o el
cine. Su único problema, según conesa el propio García Márquez, era “conseguir
que el lector lo creyera”
22
. Buscaba, por tanto, la verosimilitud por otra vía. Y lo
logró por primera vez, cuando llegó a Caracas en 1953, ya al nal de la dictadura
de Marcos Pérez Jiménez. Según cuenta Tomás Eloy Martínez: “Estaba a punto
de secarse el dique de La Mariposa, y en vez de decirlo así, con esas palabras de
álgebra, García Márquez inventaba a un personaje que para poder afeitarse en
la ciudad sin agua se mojaba la cara con jugo de duraznos”
23
. Fue otra manera.
Otro aporte. No cabía duda: era capaz de todo. Era capaz de hacernos descubrir
todo lo que hay en la realidad de fabuloso. Pero sobre todo, era capaz de publicar
en el El Universal de Cartagena, El Heraldo de Barranquilla o El Espectador de
Bogotá, una realidad que desaaba a la dictadura de turno.
24
Siguiendo esta línea
escribiría dos años después Relato de un náufrago,
25
en el cual cuenta, en primera
persona, la historia del marino Luis Alejandro Velasco, que sobrevivió durante diez
días en una balsa, luego de ser arrancado por una mar gruesa de la cubierta de
un destructor de la armada colombiana. La nave había zarpado de Estados Unidos
con un contrabando de electrodomésticos, pero, por sus consecuencias políticas,
el gobierno no quería que se supiera nada del hecho. La historia, publicada en
capítulos durante catorce días consecutivos, trajo como consecuencia el cierre
de El Espectador y un duro exilio para García Márquez.
Como en todas sus crónicas, iba desde el periodismo hacia la literatura a partir
de una historia real, porque, como el propio García Márquez dice, “no hay una
sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real.”
26
Sólo que la desmesura de lo que cuenta no parece caber en las palabras con que
intenta llegar a trasponer el tamaño de la realidad.
21
Marelli, Sergio, “La llama sagrada, conversación con Tomás Eloy Martínez, Etcéter@, noviembre
del 2004
22
“La historia de esta historia, prólogo a Relato de un náufrago, Tusquets, Barcelona, 1970
23
Idem.
24
En el caso concreto de Colombia, la de el general Gustavo Rojas Pinilla, que llegó al poder mediante
un golpe de estado y gobernó desde el 13 de junio de 1953 hasta el 10 de mayo de 1957.
25
Publicado en 14 en el diario El Espectador, Colombia, con la rma de Velasco, en 1955.
26
García Márquez, Gabriel: Notas de prensa. Obra periodística 5 (1961-1984). Algo s sobre
literatura y realidad”. Editorial Diana S.A., México 2003. p. 155.
60
De la crónica a la novela sin cción: fabuloso atrevimiento de la palabra humana
Esta búsqueda se continúa. Encuentra nuevos ecos en el tratamiento del lenguaje.
En 1991, el periodista cubano, Froilán Escobar, publica Martí a or de labios
27
,
libro que el crítico Cintio Vitier calica de “suceso prodigioso”
28
y por el cual le
otorgan del Premio Nacional de Crítica. Diez años más arriba, da a conocer su
novela sin cción Largo viaje de ceniza, en la que vuelve a hacer hincapié en la
trascendencia estética del lenguaje con un narrador que cuenta la historia real
desde la cción. Y hace que el crítico Víctor Hurtado diga: “Froilán Escobar ha
logrado lo mismo que en 1926 alcanzó Ramón del Valle-Inclán con Tirano Banderas,
la primera novela sobre el dictador hispanoamericano. Tirano Banderas abrió un
género, pero con tan deslumbrante tratamiento del idioma, que, más que el
inicio, parece el nal de una larga marcha de escritores en busca de lo nuevo.”
29
Martin Lienhard, el autor de La voz y su huella
30
, abunda sobre el lenguaje con
que se escribe al subrayar, como característica principal, “el uso poético, no
demagógico, del lenguaje”
31
.
Pero todo este movimiento periodístico no se queda ahí. No para el eco
multiplicador. En todas las latitudes de nuestro continente continúan apareciendo
nuevas y excelentes crónicas. Y Costa Rica, que no tuvo Cronistas de Indias, que
parecía dormida mientras la crónica ocurría en todo el ámbito del continente,
también despierta para narrarle, con esta nueva manera, la realidad a la gente.
Buena muestra de ello son las voces de los jóvenes periodistas, movilizadores de
emociones, que participan en libros corales
32
como Joselyn Brenes, Óscar Ureña,
María José Yglesias, Lorena Brenes, Andrey Araya, y otros. O los que van más allá
y escriben sus propios libros de crónicas, entre los que destacan Fabián Meza
33
y
Juan Carlos Gómez
34
. Ellos, desbordan la promesa y le dan continuidad a más de
un siglo de periodismo narrativo. Es decir, le dan continuidad a ese modo de sacar
del mundo las historias del mundo, con un lenguaje que comete el atrevimiento
de levantarle las faldas a la realidad para que descubramos todo lo que hay allí
de fabuloso.
27
Martí a or de labios, Editora Política, La Habana, 1991.
28
A Martí cierro los ojos para verlo, prólogo a la edición de la Editora Política, 1991
29
Ciberayllu, Perú, 30 de agosto del 2002.
30
Ediciones Casa Juan Pablos, México, 2003.
31
El rumor del monte: Froilán Escobar y los comienzos de la revolución cubana, Revista Iberoamericana,
Vol. LXX, Núm. 207, Abril-Junio 2004,
32
Aún somos cabécares, Fundación Educativa San Judas Tadeo, San José Costa Rica, 2008.
Don Pepe, crónicas al pie del hombre, Fundación Educativa San Judas Tadeo, San José Costa Rica,
2016
Ngäbe quiere decir persona, Universidad Autónoma de Chiriquí, Panamá, y Universidad Federada San
Judas Tadeo, Costa Rica, 2018
33
Los verdugos de la verdad, Editorial Júrisis, San José, Costa Rica, 2015.
34
José León Sánchez: escandaloso sacrilegio la inocencia, Fundación Educativa San Judas Tadeo,
Costa Rica, 2001
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TEORÍA Y PRAXIS No. 34, Enero-Julio 2019
Y en todas las latitudes, para llegar con mayor ahondamiento a ese territorio,
social y humano, en el que todos estamos inmersos, los hechos se convierten
en crónicas o en novelas sin cción. La diferencia está en cómo se cuentan las
historias, pues, según Tomás Eloy Martínez, este es el único territorio donde
combaten con armas iguales la realidad y la imaginación”.
Bibliografía
García Márquez, Gabriel: Notas de prensa. Obra periodística 5 (1961-1984). “Algo
más sobre literatura y realidad”. Editorial Diana S.A., México 2003. p. 155.
Ricoeur, Paul: La Mémoire, l’Histoire, l’Oubli (L’ordre philosophique) Editions du
Seuil, Paris (15 janvier 2003).
Rotker, Susana. La invención de la crónica. Fondo de Cultura Económica, México,
2005. pp. 16 y 230
Wolfe, Tom: The new journalism. Picador, Pan Book Ltd. Londres, 1975, El nuevo
periodismo: Editorial Anagrama, Barcelona, España., 1976.