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TEORÍA Y PRAXIS No. 35, Julio-Diciembre 2019
No. 35
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
year 17, No.35, July-December 2019, p. 119-129
SSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 17, No.35, Julio- Diciembre de 2019, p. 119- 129
La crónica en profundidad entre
el hacer y la enseñanza del hacer:
análisis de tres propuestas de curso
Andrey Araya Rojas
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Recibido en julio de 2018, aceptado para su publicación en abril de 2019
Resumen
El auge de la crónica periodística de los últimos 20 años, que el mismo Jon
Lee Anderson llama “boom del periodismo narrativo”, viene acompañada
de otra efervescencia: la enseñanza del género a los jóvenes reporteros
que quieren apropiarse de este instrumento para desvelar al público las
problemáticas sociales que observan. Este texto hace un acercamiento a tres
de las propuestas de enseñanza del género, y profundiza en cómo una de ellas,
especialmente, logra desmontar sus partes estructurales y abordarlo desde
una multidimensionalidad propia de ese complejo e inaprensible fenómeno
que llamamos realidad.
Palabras clave: géneros periodísticos, metodología, no cción, nuevo
periodismo, periodismo narrativo.
Abstract
The rise of the journalistic chronicle of the last 20 years, which Jon Lee
Anderson himself calls the “boom of narrative journalism”, is accompanied by
another eervescence: the teaching of gender to young reporters who want to
appropriate this instrument to reveal the public the social problems that they
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Profesor de Géneros Periodísticos y Periodismo Interpretativo en la carrera de Periodismo
de la Universidad Federada San Judas Tadeo.
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observe. This text makes an approach to three of the proposals for teaching
gender, and delves in to how one of them, especially, manages to dismantle i
Its structural parts and approach it from a multidimensionality typical of that
complex and ungraspable phenomenon that we call reality.
Keywords: In-depthchronicle, methodology, teaching, new journalism,
narrative journalism
INTRODUCCIÓN
El género de la crónica ha sido explorado teóricamente por diversos
autores, incluyendo también a los mismos productores de este híbrido
entre literatura y periodismo. Autores como Tomás Eloy Martínez, Susana
Rotker, Mark Kramer, Martín Caparrós, Alberto Salcedo y Leila Guerriero,
por citar algunos, han efectuado aproximaciones que intentan explicar
la crónica, pero hasta el momento ninguno de ellos ha profundizado
en sus partes estructurales ni logrado sistematizar un método de
enseñanza. Es por esto por lo que el presente artículo intenta mostrar
la manera en que el profesor Froilán Escobar González logró conformar
una metodología de enseñanza de la “crónica en profundidad”, como la
llama este periodista y narrador cubano costarricense.
Es notable la ausencia de libros y ensayos que se reeran a la estructura
de la crónica o que sistematicen los recursos literarios a los que acude
para reconstruir las realidades que aborda. Tanto más sorprendente
cuando se trata de un género cuya expresión moderna, por llamarla así,
surge con los escritores modernistas en las postrimerías del Siglo XIX.
La paternidad de la crónica en su forma moderna parece ya zanjada en
las tesis de dos libros distintos: La invención de la crónica, de Susana
Rotker (2005) y Crónicas Latinoamericanas, Periodismo al límite de
Froilán Escobar y Ernesto Rivera (2008).
Arma Rotker acerca de las crónicas publicadas en distintos diarios
latinoamericanos por parte de autores como Darío y Martí:
Los modernistas no escribieron poemas para “el gran público”.
Así, de no haber sido por el espacio que ocuparon con sus
crónicas en los periódicos, se hubieran limitado a producir para
la élite las crónicas abrieron una brecha clave en el esquema
de producción y recepción, una ruptura con lo que parecía
destinado al placer y el lujo exclusivamente. (Rotker 2008,
p.74).
Más contundentes son Escobar y Rivera, al presentar su antología
de crónicas latinoamericanas como una suerte de prueba contra la
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extendida creencia de que este género nació en Estados Unidos bajo
aquella corriente que Tom Wolf llamara Nuevo Periodismo.
En el prólogo de su antología, los autores nos dicen:
Los que por primera vez cometieron la herejía de juntar, en
sorpresivo juego de contrarios, lenguaje referencial, propio
del periodismo, con el lenguaje literario […], eran
poetas latinoamericanos que escribían como corresponsales
para los principales periódicos latinoamericanos,
norteamericanos y europeos de su tiempo. (Escobar y Rivera
2008, p.12).
Resulta paradójico que un género periodístico que ha dado tanto de qué
hablar durante los últimos 100 años, no ha sido nunca desmontado en
todo su complejo andamiaje, como sí lo han sido, desde los tiempos de
Aristóteles hasta nuestros días, los géneros literarios, como la novela, el
cuento y la poesía.
Quizás sea esto lo que ha llevado a lo que sería una indenición
exasperante para los amantes de las clasicaciones. Si en algo coinciden
los máximos exponentes modernos de la crónica, es en que no se pude
explicar qué es una crónica.
Juan Villoro, citado por los compiladores de Periodismo al límite,
arma que “Si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el centauro de los
géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el ornitorrinco de
la prosa.”(Villoro en Escobar y Rivera, 2008, p.7).
DESMONTANDO LA CRÓNICA
En la introducción se citaron autores que señalaban la dicultad
para denir o explicar la crónica, pero ¿no tiene este género partes
estructurales y recursos literarios perfectamente identicables y
denibles que permitan generar sobre él una enseñanza práctica? ¿Cómo
se enseña entonces a escribir una crónica?
El periodista Froilán Escobar se hizo estas mismas preguntas desde que
comenzó a cultivar el género, durante los años 60, en su natal Cuba.
A través de años de realizar crónicas, trabajar paralelamente la literatura
de cción y procurarse un acervo teórico, logró acometer una disección
acuciosa del género, de tal manera que pudo, ahora sí, identicar cada
una de sus partes estructurales y montar el conocimiento adquirido
durante más de 20 años de práctica periodística en un curso-taller que le
proporciona al estudiante las herramientas básicas para la elaboración de
una crónica, herramientas que son siempre entendidas como puntos de
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partida, no como reglas invariables que atan la creatividad del reportero
a condicionantes formales.
Tal ahondamiento permite ya la enunciación del objeto a enseñar. No es
en vano que el programa de dicho curso comience, en su justicación,
con una evocación de la crónica:
En el curso de Laboratorio I abordaremos la llamada crónica
del nuevo periodismo o crónica en profundidad, como lo que
es: una mezcla —especialmente fructífera—, entre el lenguaje
de las evidencias —propio del periodismo— y el lenguaje de la
sugerencia —propio de los códigos de la narrativa de cción.
En este punto es importante señalar que la revitalización del género,
durante las últimas dos décadas, que el mismo Jon Lee Anderson
calicó en una entrevista para EFE de “boom del periodismo narrativo”
comparable al “boom” literario latinoamericano de los años 60, ha
venido acompañada del surgimiento de cursos y talleres que pretenden
enseñar la crónica.
Los periodistas narrativos contemporáneos más importantes se han
inscrito en esta oleada pedagógica. Martín Caparrós, Alberto Salcedo,
Leila Guerriero, Roberto Herrscher, por citar algunos, dictan conferencias
e imparten talleres por toda Latinoamérica a jóvenes periodistas ansiosos
de aprehender las posibilidades periodísticas y narrativas que brinda la
crónica.
De hecho, a manera de antecedente, uno de los libros utilizados como
referencia para este artículo, “La invención de la crónica”, deriva de
los apuntes sobre uno de los primeros talleres que impartieron Susana
Rotker y Tomás Eloy Martínez en 1996 para la Fundación Nuevo Periodismo
Iberoamericano (FNPI), tal y como explica Martínez en el prólogo a la
primera edición, del 2005.
Es en este contexto que se enmarca el curso que actualmente imparte
el profesor Escobar, y que ha evolucionado hasta su forma actual desde
que comenzó a impartirse en el año 2002.
Para esclarecer los aportes de Escobar a la enseñanza de la crónica, es
necesario verlo con respecto a otros talleres. Sería engorroso y repetitivo
referirse a la pléyade de cursos que, bajo el auspicio de diferentes
instituciones y universidades, se imparten en la región. Para simplicar
la comparación, tomaremos como referencia dos de ellos: el taller La
mirada extrema, de Martín Caparrós, para la FNPI, y el libro “Periodismo
narrativo: cómo contar la realidad con las armas de la literatura”,
de Roberto Herrscher (2012), que le ha servido de base al autor para
impartir talleres en varias universidades de España y Latinoamérica, así
como la misma FNPI.
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Caparrós coloca como piedra angular del curso la mirada personal del
autor, su mirada única sobre los acontecimientos que relata:
“El trabajo es subjetivo. Hay una persona que está aplicando su
saber para decidir qué es lo que vale la pena. Al hacer eso está
poniendo en juego su visión del mundo. Es un trabajo subjetivo
también cuando se pone en tercera persona o supuestamente
transparente, lo que pasa es que ahí se disimula”.
Para el periodista argentino, esta mirada particular y personalísima
del cronista no corresponde solamente a la utilización funcional en el
texto de la primera persona gramatical: permea toda la composición
textual. El cronista no puede renunciar a su mirada, ya que es a través
de esta que explora el mundo, que aprehende los fenómenos que
reportea. “Toda nota y todo texto es una opinión”, arma.
Una vez zanjada la inevitabilidad (y necesidad) de la mirada subjetiva
del autor en la crónica, el taller se ocupa de dos vertientes: el estilo
y lo informativo.
A través de preguntas dirigidas a sus interlocutores, Caparrós introduce
consejos para iniciar una crónica, para terminarla, para hallar el tono
del texto, para escribir “contra el público”, abordando temáticas que
no necesariamente responden a la demanda masiva de información,
sino a problemáticas ocultas que el periodista se encarga de desvelar.
En lo informativo, el taller apuntala el uso de datos como manera de
lograr que “la situación tan particular que está narrando el periodista
logre excederse a sí misma”. Esto lo complementa a través de consejos
sobre las notas de campo, que adereza con su propia experiencia de
grabar descripciones precisas de lo que observa.
Al igual que Caparrós, Herrscher prima la mirada (que enuncia como
“voz”) personalísima del periodista como punto de partida para la
crónica: “En periodismo, esa invención de la voz, con su ritmo, sus
manías, sus verborreas y silencios, quizás sea el principal aporte del
Nuevo Periodismo norteamericano, con Tom Wolfe, Norman Mailer y
Truman Capote a la cabeza”.
Obviando que Herrscher pasa por alto a los escritores modernistas
latinoamericanos, se debe denotar que sigue un proceso de enseñanza
análogo al de Caparrós: el cronista es primero un mirar, una voz anclada
en su subjetividad, que otea el mundo desde la inevitabilidad de su
punto de vista.
Pero en este punto, el autor añade otro elemento: la otredad. A través
de su mirada, el periodista logra conectar con un “otro incomprensible”.
Las personas que habitan el mundo se nos presentan como seres
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complejos, con psicologías, paradigmas, detonantes emocionales y
animosidades distintas a las nuestras. Es tarea del cronista ayudarnos
a hacer lectura de aquel ser complejo y difuso, cuyas apetencias y
carencias nos pueden parecer extrañas.
A partir de la claricación de esa otredad, Herrscher hilvana los
elementos que considera indispensables para la realización de una
crónica: el detalle revelador y la selección de historias y enfoques.
Para Froilán Escobar, la crónica es un “instrumento indagatorio de la
realidad”. Pero para arribar a la realidad en todo su complejo entramado,
se entiende la crónica de manera multidimensional, más exactamente, en
tres dimensiones: dimensión semiológica (la realidad como construcción
o representación), dimensión estructural (partes estructurales de la
crónica, recursos literarios, características del narrador) y dimensión
comunicativa (intencionalidad o mensaje del texto).
La crónica, en su condición de género híbrido que dialoga constantemente
con otros géneros, con cción y realidad, con periodismo y literatura,
con el lenguaje cinematográco inclusive, no puede abarcarse, como las
diferentes realidades de las que se ocupa, con un vistazo unidimensional,
sino que necesita de distintos ángulos de lectura e interpretación.
DIMENSIÓN SEMIOLÓGICA
Escobar toma parte del pensamiento de Jacques Lacan con su “registro
de lo real” y de Roland Barthes la noción de “efecto de objetividad” para
arrojar una lectura especialmente retadora sobre el objeto de estudio.
La crónica, en tanto instrumento periodístico para entender un hecho o
una problemática, no ofrece al lector un camino unívoco de la realidad
que cubre: reconstruye la realidad observada e investigada a través de
un conjunto de interpretaciones que implican una postura subjetiva del
autor.
En su afán por entender la realidad, nos dice Escobar, el periodista
“es una voz y un productor de pensamiento, no un agente pasivo que
observa la realidad y la comunica.”
DIMENSIÓN COMUNICATIVA
Al exigir este tipo de crónica una mirada personal del periodista, una
subjetividad en constante movimiento por los entresijos y costuras del
texto, se hace patente su vocación comunicativa. La crónica, con sus
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historias, siempre comunica algo, pero eso que comunica, al contrario
del discurso periodístico informativo, va más allá del hecho, más allá
de la contingencia de los acontecimientos: busca deliberadamente
comunicar un mensaje.
Para Caparrós y Herrscher, la voz o mirada personal del periodista es
un elemento inevitable que enriquece la realidad observada, que le
permite al lector identicar las particularidades del que narra y los
matices de lo que este observa. En Escobar, este mirar la realidad a
través de un cristalino propio establece su valía adicional, en tanto que
le revela al lector un mensaje periodísticamente novedoso.
El mensaje puede anteceder a la misma elaboración de la crónica,
pues el periodista ya estableció, durante la investigación documental
previa, lo que quiere decir o revelar. El trabajo de reporteo le servirá
para corroborar o descartar si ese mensaje es, efectivamente, el más
relevante, el más novedoso. El mensaje puede variar, pero la crónica en
profundidad nunca deja de transmitir un mensaje.
DIMENSIÓN ESTRUCTURAL
La metodología pedagógica creada por Escobar se ocupa del problema
apuntado desde la introducción de este artículo: nadie, hasta el
momento, ha desarmado la crónica en sus partes estructurales para
recomponerla de manera sistemática en un armazón coherente con
elementos claramente identicables y funcionales.
No se trata de un asunto menor. Si admitimos la posibilidad de enseñar
a construir una crónica, debemos contar con un modelo como referente,
un modelo que responda a ciertas características y susceptible a
descomponerse para después armarse de nuevo en un texto ecaz.
Periodistas de la talla de Miguel Ángel Bastenier (2001), por ejemplo,
admiten la dicultad para aprehender la crónica de una manera más o
menos sistemática:
La crónica, por ser el vínculo más habitual de la información,
el punto de reunión de tan diferentes intenciones narrativas,
es el que tiene los límites más imprecisos […], con un razonable
equilibrio entre la información del día e inferencias lógicas de
la misma, asociaciones de ideas, contexto y especulación de los
posible. De igual forma, queda claro cómo la crónica envuelve
al género seco, arranca a partir de éste para alcanzar una
mayor elaboración del material, con la inclusión de elementos
de reportaje o información directa, realizada en el lugar de los
hechos. (Bastenier, 2001, p.91).
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Para Bastenier existen muchos ejemplos de información seca; es decir,
que se entienden enmarcados como producción periodística del discurso
puramente informativo, sin interpretación ni análisis de la realidad y
poniendo como punta de lanza la tan denostada ilusión de objetividad
por parte del reportero. Sin embargo, señala que lo más frecuente es
encontrar “mezclas de géneros, crónicas en las que se den elementos de
reportaje y de entrevista, reportajes que, inevitablemente contarán con
fragmentos de género seco y de crónica, entrevista e incluso análisis”.
Pero en la disección de modelos que Froilán Escobar ha realizado a lo
largo de los años para idear su metodología de enseñanza de la crónica,
encuentra elementos comunes que apuntan hacia una estructura base,
con todas las múltiples variantes que la imaginación y estilo de los
autores pueda idear, claro.
Escobar lanza una línea que une la dimensión comunicacional con la
estructural y semiológica del texto. El cronista se posiciona frente a una
problemática social, la interpreta con base en la investigación previa
y el bagaje que como profesional se haya procurado y, entonces, tiene
que buscar la manera más efectiva de comunicar ese mensaje: es esta
su misión primordial, la que arroja una mirada novedosa y personal del
autor sobre los hechos investigados.
La crónica debe procurar reunir ciertos elementos de manera coherente
para transmitir con ecacia su mensaje. A continuación, explicaremos
los principales elementos estructurales de la crónica, de acuerdo con
la metodología propuesta por Escobar. De aquí en adelante, el texto
entrecomillado, a menos que se indique lo contrario, corresponderá a
citas directas del programa del curso de la Crónica en Profundidad o a lo
dicho por Escobar sobre este género.
EL RELATO PRINCIPAL
La crónica es vivencia narrada, sucedánea de una realidad elusiva que
parte, difusa, en cuanto sucede, porque ya no puede aprehenderse,
solamente reconstruirse sobre el andamiaje del lenguaje sin llegar a
tocar nunca el referente del que partió.
Una vez que el periodista escoge e investiga una problemática, debe
seleccionar este referente: una historia vivida por un sujeto (el
personaje principal) al que en algún lugar le sucede algo que es ejemplo
y mostración inequívoca de aquella problemática.
El relato principal no es la historia de la vida del personaje central de la
crónica, sino un momento de su vida, delimitado en un tiempo y espacio
especícos, en el que le ocurre una transformación al ser afectado por
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un hecho (o bien la toma de una decisión propia) que forma parte del
universo de la problemática abordada. Se trata de una “transformación
dramática progresiva y regresiva”.
Aquí la metodología ideada por Escobar plantea una manera de extraer
del personaje los elementos sucientes para poder construir las escenas
que conformarán el relato principal: poner al personaje durante la
entrevista “en función de lo vivido y no de lo recordado”.
Este deslinde es fundamental, ya que, si el periodista se confía de la
memoria del entrevistado, corre el riesgo de contar su historia con
base en “resúmenes” y no en “escenas”. El reportero debe tener la
destreza suciente para completar las elipsis propias de una narración
sobre hechos que bien pudieron haberse vivido hace años.
Para lograr poner al entrevistado en función de lo vivido, el periodista
debe ayudarlo; es decir, comenzar a reconstruir los hechos por el sujeto
para que este regrese al estado emocional de lo vivido. Una vez puesto
en esta situación, el periodista tiene allanado el camino para preguntar
por detalles y cronología de hechos que constituirán el relato principal.
El relato principal viene a ser la columna vertebral que soporta el resto
de elementos estructurales que a continuación explicamos.
INFORMACIÓN DE CONTEXTO
Con todo y lo bien que pueda narrarse el relato principal, lo impactante
que sea la historia y lo elocuentes que sean los hechos, esta historia
necesita de datos duros que problematicen lo narrado para demostrarle
al lector que lo sucedido al personaje principal de la crónica no
constituye un hecho aislado.
Nuevamente, la marca que determina la guía de este elemento
estructural es el mensaje: cada una de las informaciones de contexto
deben reforzar el mensaje de la crónica, mostrar que existe un número
determinado de personas sufriendo la misma problemática, en qué
proporciones, en cuál área geográca tiene incidencia, las posibles
causas y cuáles son los efectos sobre un grupo humano especíco.
ANACRONÍAS
En su forma más básica, este género periodístico cuenta los hechos
en forma lineal; sin embargo, para profundizar en la problemática
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cubierta, Escobar propone que la crónica en profundidad “cambia el
modelo expositivo, en orden jerárquico, por el modelo narrativo, en
orden cronológico, al que se añade, como factor determinante, un
soporte informativo (contexto, antecedentes) que, a diferencia de las
crónicas de viajes, permite, de conjunto, comunicar un mensaje”.
Al introducir el elemento de los antecedentes, el orden cronológico
básico se rompe y arribamos a una construcción que aborda la realidad
desde múltiples puntos de vista en un efecto de simultaneidad.
Los antecedentes de los hechos narrados en el relato principal le permiten
al lector entender la línea lógica de causas y efectos que han llevado a
la situación contada. Dicho de otro modo, permiten profundizar en los
porqués de la historia.
Para introducir el antecedente, es necesario romper el orden cronológico
o lineal del relato principal por medio de una anacronía retrospectiva, la
cual transporta al lector a un hecho pasado.
CONCLUSIONES
A lo largo de 16 años impartiendo su curso, Froilán Escobar depuró una
metodología de enseñanza orientada hacia la producción textual que
parte de la concepción de la crónica como un instrumento que ausculta
la realidad en sus múltiples dimensiones y contradicciones.
Al desarrollo teórico apuntado en los apartados anteriores, se le suma
el análisis de modelos que el estudiante debe desmenuzar no solo para
aprehender sus partes estructurales, sino para comprender el uso de
otros elementos por parte de autores que ya “resolvieron el problema
de hacer una crónica”.
El estudiante entra en contacto con la manera de realizar la investigación
previa, necesaria para la comprensión del contexto que rodea al hecho
narrado; los diferentes tipos de narrador y su ubicación espacial y
temporal con respecto al relato principal; así como los tiempos de la
narración. Estos pasos van necesariamente sucedidos por la producción
de las crónicas.
Quizás la mejor muestra de la efectividad de la aplicación sostenida y
constantemente mejorada es la producción periodística que desbordó
los límites del curso para convertirse en libros de crónicas publicados
por distintas editoriales del país.
Esto es especialmente relevante en un país como Costa Rica con una
escasísima producción de crónicas en profundidad, por lo que no es
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exagerado hablar de un movimiento de periodismo narrativo surgido a
partir de este curso.
Los libros que a continuación citamos comparten dos características:
la mayoría de sus crónicas, cuando no la totalidad, fueron producidas
en el curso de Escobar primeramente como trabajos universitarios. La
segunda, es que todas parten de la estructura básica enseñada en el
curso, estructura que es variada dependiendo de las características y
habilidades de los respectivos autores: La hora del Compadre (2009), de
Otto Vargas y José Alberto Gatgens; Los verdugos de la verdad (2015), de
Fabián Meza; Mujer alada pero rota no vuela (2016), de Michelle Roe; Al
otro lado de la línea (2017), de Marlene Ramírez; así como Historias de
vida (2010), Aún somos cabécares(2013) y Don Pepe, crónicas al pie del
hombre(2016), libros corales realizados por estudiantes y profesores de
la Universidad Federada San Judas Tadeo.
REFERENCIAS
Rotker, Susana. (2005). La invención de la crónica. México, D.F.:
Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano.
Escobar, F y Rivera, E. (Ed.). (2008). Crónicas Latinoamericanas:
periodismo al límite. San José, Costa Rica: Editorial Fe, Fundación
Educativa San Judas Tadeo.
Escobar, F. (junio-diciembre 2017). El hecho y el hechizo juntos en la
crónica. Teoría y Praxis. Recuperado de http://rd.udb.edu.sv:8080/
jspui/bitstream/11715/1333/1/El%20hecho%20y%20el%20hechizo.pdf
Bastenier, M. (2001). El blanco inmóvil: curso de periodismo con la
experiencia de la escuela de El País. España, Madrid: Ediciones Santillana.
Taller la mirada extrema, con Martín Caparrós. (2017). Fundación García
Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Bogotá, Colombia:
FNPI. Recuperado de http://www.fnpi.org/es/fnpi/taller-la-mirada-
extrema-con-martin-caparros
Herrscher, R. (2012). Periodismo narrativo: cómo contar la realidad con
las armas de la literatura. Recuperado de http://www.publicacions.
ub.edu/cha.aspx?cod=07677