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TEORÍA Y PRAXIS No. 35, Julio-Diciembre 2019
propicio para las nuevas naciones soberanas. Una independencia no peleada, y
por tanto no ganada, impidió el surgimiento y posterior consolidación de una
sociedad unida, forjada por la lucha contra un enemigo común. Centroamérica,
aunque tuvo enemigos comunes, no peleó contra ninguno de ellos en forma
unida. Este escenario “pacíco”, producto de una independencia pactada,
propició que la complejidad de las relaciones de poder entre las dos principales
provincias centroamericanas, Guatemala y El Salvador, se viera agudizada
15
.
En las luchas por el poder de la época, a las provincias de Guatemala y El
Salvador les tocaría jugar un papel de primer orden. Por su función político-
administrativa, actividades económicas y porcentaje de habitantes; se trataba
de los centros más importantes de todo el Reyno de Guatemala, con elites
poderosas cuya automarginación o participación en las luchas de entonces
decidía prácticamente el resultado nal del conicto. Como veremos más
adelante, todo el proceso de unicación estatal que fracasa hacia 1840 tuvo
como agentes centrales a estas dos provincias
16
. Por otra parte, las disputas entre
los principales bandos en pugna no fueron resueltas, ni siquiera mitigadas, por
la declaración de independencia, sino simplemente fueron posicionadas en un
nuevo escenario, donde élites económicas dominantes luchaban por controlar
la región: Como agentes centrales en la compleja dialéctica de la formación
estatal centroamericana podemos destacar, grosso modo, las siguientes
clases, fracciones o grupos sociales: a) las masas populares… b) la fracción
progresista republicana, proveniente en su mayor parte de los propios sectores
dominantes, comerciantes, terratenientes, alta y mediana burocracia, etc.,
pero que también se nutrió fuertemente de otros sectores sociales, por ejemplo
de las clases medias, y c) los grupos conservadores, grandes terratenientes y
comerciantes, alta burocracia, etc., vinculados directa o indirectamente, con
los viejos intereses coloniales
17
.
El nuevo escenario de pugnas por el poder tuvo incluso coordenadas geográcas
claramente denidas: “Las ciudades independentistas antes de 1820… eran San
Salvador, Tegucigalpa, León y Granada. San Salvador tenía la particularidad de
estar en medio de ciudades de tradición conservadora: la misma Guatemala,
Santa Ana, San Vicente y San Miguel”
18
. El resultado casi inmediato del pacto de
independencia se vio en el ámbito político: “Guatemala proponía un centralismo
que implicaba la continuidad de su hegemonía colonial; por su parte, algunas
provincias, entre ellas Costa Rica y Nicaragua, reclamaban una autonomía que
iría a desembocar, nalmente, en su adhesión al federalismo”
19
, impulsado
desde San Salvador.
En resumen, los antecedentes de la Federación no eran promisorios para
Centroamérica, pues, aunque contaba con condiciones de posibilidad de
desarrollo, tal como se verá en el siguiente apartado, y en un ambiente
internacional propicio para ello, pesó más el fraccionamiento regional y los
intereses antagónicos de los principales sectores económicos:
Sin embargo, una matriz fraccionada en regiones o provincias con grupos
dominantes celosos de sus prerrogativas coloniales no podía constituir el mejor
punto de partida. Este elemento original que aportaba el saldo de la dominación
15
Cfr. Martínez Díaz, pp. 166-167.
16
Pérez Brignoli, pp. 75-76
17
Ídem, p. 73.
18
Cfr. Pérez Brignoli, p. 87.
19
Martínez Díaz, p. 167.