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49, semestral: septiembre-febrero 2026, pp. 183-195
https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.600
https://hdl.handle.net/11715/2941
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
ISNI 0000-0000-8755-6191
CC BY-NC-SA
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Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.600
https://hdl.handle.net/11715/2941
Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe.
Barcelona: Pasado & Presente, 2024, 256 pp.
ISBN 978-84-943392-7-1.
From the Tower of Babel to Jerusalem: Idolatry,
Ideologization, and Deiformation in a Zubirian
Hermeneutics of Magnifica Humanitas
Universidad Don Bosco
El Salvador.
Correo electrónico: ramon.lara@udb.edu.sv
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8070-9236
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
Lara Palma, R. (2026). [Reseña del libro Por qué el mundo no existe, de M. Gabriel]. Teoría y
Praxis, 24(49), 183–195. https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.600
Recibido: 20 noviembre 2025
Aceptado: : 10 de febrero 2026
1
Doctor en Teología Dogmática por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y
docente-investigador de la Universidad Don Bosco.
Ramón Obdulio Lara Palma
1
Reseña 2
Vol. 24, N.
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49 septiembre-febrero 2026 pp. 183-195
ISSN 1994-733X
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Ramón Obdulio Lara Palma
Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado & Presente
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Markus Gabriel (Renania-Palatinado, Alemania, 1980), también llamado
l’enfant terrible, es un lósofo alemán especializado en epistemología,
losofía de la mente, metafísica y losofía contemporánea. Estudió
en las universidades de Bonn y Heidelberg. Ocupa la cátedra de
Epistemología, Filosofía Moderna y Contemporánea desde 2009 en
la Universidad de Bonn, donde también dirige el Centro Internacional
de Filosofía.
Gabriel es uno de los principales representantes del llamado Nuevo
Realismo, corriente losóca que busca superar tanto el relativismo y el
constructivismo posmodernos acomo el reduccionismo naturalista.
Su pensamiento sostiene que existen múltiples ámbitos o “campos de
sentido”, pero niega que exista un único ámbito que pueda contener y
explicar la totalidad de lo real. Esta tesis constituye el punto de partida
de Por qué el mundo no existe (Warum es die Welt nicht gibt), que es
una obra de losofía de carácter divulgativo.
¿Por qué el mundo no existe?
El punto de partida de Gabriel es la ambigüedad del concepto “mundo”.
Cuando hablamos del mundo podemos referirnos al planeta Tierra, a
la humanidad, al universo físico, a la totalidad de los acontecimientos
o, de manera más radical, a todo aquello que existe. Precisamente
esta última acepción constituye el problema losóco.
Si el mundo fuese la totalidad de todos los objetos y hechos existentes,
tendría que contenerlo absolutamente todo. Pero entonces surge una
dicultad: ¿cómo puede ser el mundo mismo un objeto existente dentro
de la totalidad que pretende abarcar? Si forma parte de ella, no puede
ser simplemente la totalidad; y si está fuera de ella, entonces ya no
sería la totalidad absoluta.
Gabriel sostiene por ello que el mundo no debe concebirse como un
“superobjeto”. Lo que existe son múltiples ámbitos objetuales. Estos
ámbitos pueden relacionarse y superponerse, pero no se integran en
una totalidad única denominada “el mundo”.
Aquí aparece el concepto decisivo de campo de sentido. Gabriel
lo entiende como una estructura ontológica básica en la que algo
puede aparecer. La existencia no consiste, por tanto, en encontrarse
simplemente dentro de un contenedor universal, sino en aparecer en
un determinado campo de sentido (Gabriel, 2024, pp. 58-59).
Esta concepción permite formular una de las tesis más importantes
del libro: no hay objetos o hechos fuera de los campos de sentido.
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Algo existe en cuanto aparece en un determinado ámbito de sentido,
aunque esto no signica que dependa de que un sujeto particular lo
esté percibiendo. La existencia de un objeto no se reduce a su aparición
en la conciencia humana.
Gabriel puede armar así que existen innitos mundos o ámbitos de
existencia que se relacionan parcialmente, pero que no constituyen
una totalidad cerrada (Gabriel, 2024, p. 73). En denitiva, pensar en
un mundo” se puede pero sólo dentro de los límites del “pensamiento
fractal”. La realidad es, por tanto, plural sin ser necesariamente
subjetiva. Esta distinción constituye la clave para comprender el
proyecto losóco del autor.
Crítica al naturalismo, al monismo y al materialismo
Una vez establecida la pluralidad de los campos de sentido, Gabriel
dirige su ctica contra las concepciones que identican la realidad con
la naturaleza sica o con el universo entendido como totalidad material.
El naturalismo sostiene, en términos generales, que la naturaleza
constituye el ámbito fundamental de lo real y que, en última instancia,
todo aquello que existe debe poder ser explicado en términos naturales.
Cuando esta posición se radicaliza, puede conducir al sicalismo,
según el cual la realidad fundamental es aquello que puede ser descrito
mediante las ciencias físicas.
Gabriel cuestiona esta reducción porque deja fuera dimensiones
enteras de la realidad humana. Una institución política como el Estado,
por ejemplo, no es una entidad física comparable con una molécula.
Sin embargo, sería absurdo concluir que el Estado no existe. Existe en
un ámbito objetual diferente.
La misma cuestión puede plantearse respecto de la literatura, el
derecho, la historia, la moral, la conciencia o el arte. Una descripción
físico-química puede ser perfectamente válida en su campo de
aplicación y, sin embargo, resultar insuciente para explicar el sentido
histórico, artístico o social de un determinado fenómeno.
El problema, por tanto, no está en la ciencia sino en el cienticismo: la
transformación de la ciencia en una concepción metafísica que pretende
determinar por sola qué existe y qué no existe. Gabriel considera que
la ciencia posee una extraordinaria capacidad explicativa dentro de los
campos en los que sus métodos resultan pertinentes, pero rechaza
que pueda convertirse en una explicación exhaustiva de la realidad.
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Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado & Presente
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En este sentido, resulta particularmente relevante su crítica a la
concepción del universo como superobjeto”. Si se identica el
mundo con el universo físico y se considera que fuera de este no hay
nada, todas las realidades no reducibles a la física terminan siendo
consideradas secundarias o ilusorias. Gabriel considera que esta
posición produce una forma de monismo materialista incompatible con
la pluralidad de lo real (Gabriel, 2024, pp. 119-123).
La crítica resulta especialmente signicativa porque no pretende
desacreditar las ciencias naturales. Gabriel deende, más bien, la
necesidad de reconocer sus mites epistemológicos y ontológicos.
Las ciencias explican aquello que pueden explicar desde sus propios
métodos; el error aparece cuando sus categorías se convierten en el
criterio universal de existencia.
Nuevo realismo frente al nominalismo y al constructivismo
La propuesta de Gabriel tampoco puede confundirse con un idealismo
subjetivista. El hecho de que las cosas aparezcan en diferentes
campos de sentido no signica que sean producidas por la conciencia
individual.
Aquí entra en discusión el nominalismo, entendido por Gabriel como la
posición según la cual nuestras categorías y conceptos no representan
estructuras reales de las cosas, sino que son generalizaciones
humanas que utilizamos para organizar nuestra experiencia. En
su versión radical, los conceptos serían simplemente nombres que
utilizamos por razones prácticas.
Frente a esto, Gabriel sostiene que nuestro conocimiento puede alcanzar
las cosas mismas. El nuevo realismo arma que el conocimiento
verdadero no es simplemente conocimiento de representaciones
mentales, sino conocimiento de cosas o hechos reales (Gabriel, 2024,
pp. 123-130).
Esta posición constituye uno de los aportes más interesantes del libro.
Gabriel intenta superar la alternativa entre un realismo ingenuo
que supondría una correspondencia inmediata y transparente entre
pensamiento y realidady un constructivismo radical —que convertiría
la realidad en producto de nuestras categorías.
El autor rechaza particularmente la idea de que todo sea construido.
Si absolutamente todo fuese una construcción, también tendría que
ser construida la armación todo es construido”. Pero entonces
con esta armación caeríamos en un relativismo: todo es relativo a
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un constructor. El argumento conduce a la necesidad de admitir
determinados hechos no construidos que funcionan como referencia
de nuestras interpretaciones (Gabriel, 2024, pp. 140-141).
La armación de que no podemos engañar a la facticidadexpresa
precisamente esta convicción. Existe una dimensión de realidad
que resiste nuestras construcciones, interpretaciones y deseos. El
nuevo realismo pretende recuperar así una noción de verdad objetiva
sin regresar a una concepción ingenua de la correspondencia entre
pensamiento y mundo.
Ciencia, hermenéutica y pluralidad de caminos hacia la verdad
La crítica al cienticismo lleva a Gabriel a plantear una cuestión
epistemológica fundamental: ¿existe un único camino metodológico
hacia la verdad?
Su respuesta es negativa. La ciencia constituye una forma
extraordinariamente ecaz de conocimiento, pero no todos los ámbitos
de la realidad pueden abordarse mediante hipótesis, experimentación
y vericación empírica. Aplicar indiscriminadamente el método de
las ciencias naturales al arte, la historia, la losofía o la experiencia
humana sería confundir los campos de sentido.
Gabriel sostiene, en este contexto, que la concepción cientíca del
mundo se vuelve problemática cuando identica racionalidad con
experimentación y formulación de hipótesis. Tales procedimientos
son pertinentes allí donde tienen sentido, pero no constituyen el único
modelo de racionalidad (Gabriel, 2024, p. 146).
Esta armación abre un espacio para la hermenéutica. Comprender
una obra de arte, una acción humana o un acontecimiento histórico
exige procedimientos distintos de los empleados para estudiar una
molécula o un eclipse. No se trata de declarar, por ejemplo, que la
ciencia y las humanidades persiguen verdades incompatibles, sino de
reconocer que la realidad posee diferentes dimensiones y que estas
requieren métodos apropiados.
La reexión sobre el arte constituye una prolongación especialmente
fecunda de esta tesis. Para Gabriel, el arte no debe reducirse a
entretenimiento ni a simple imitación de la realidad. Su función consiste
en hacer aparecer la realidad bajo una luz diferente, revelando sentidos
que permanecían ocultos en la experiencia cotidiana.
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Una obra artística puede presentar una realidad cticia que produzca
una comprensión verdadera de la existencia. La literatura, la pintura,
la música, el teatro y el cine abren campos de sentido que no pueden
ser evaluados adecuadamente desde las categorías exclusivas de
la ciencia natural. El arte, por ello, posee una función hermenéutica
fundamental: nos permite experimentar la pluralidad y la profundidad
del sentido (Gabriel, 2024, pp. 182-189).
Esta perspectiva encuentra un punto de contacto fecundo con la
hermenéutica losóca de Hans-Georg Gadamer, para quien la
experiencia arstica constituye uno de los ámbitos privilegiados en
los que se maniesta la verdad que no puede reducirse al método
cientíco (Gadamer, 2004).
Religión, conciencia y trascendencia.
La reexión de Gabriel adquiere particular interés cuando aborda
la religión. En lugar de reducirla inmediatamente a una ilusión o a
un fenómeno explicable exclusivamente mediante la biología o la
neurología, el autor la considera una dimensión constitutiva de la
existencia humana.
La religión aparece relacionada con la autoconciencia, la búsqueda
de sentido y la capacidad humana de trascenderse. Gabriel cuestiona
la tendencia a explicar la conciencia simplemente como un estado
situado dentro del cerebro. Aunque reconoce la importancia de las
explicaciones neurocientícas, considera que estas no agotan la
cuestión de qué signica ser consciente y relacionarse consigo mismo.
La persona humana se caracteriza por su capacidad de establecer
una relación consigo misma. Esta autorrelación hace posible la
pregunta por la identidad, el sentido y el destino. En este punto Gabriel
dialoga especialmente con ren Kierkegaard (2008) y su análisis de
la desesperación como una forma problemática de relación del ser
humano consigo mismo.
La identidad personal tampoco se constituye de manera aislada. El
ser humano llega a comprender quién es a través de su relación con
los otros. En este aspecto, la reexión de Gabriel puede ponerse en
diálogo con perspectivas de Paul Ricoeur (2006) y Emmanuel Levinas
(2002), para quienes la identidad y la alteridad mantienen una relación
constitutiva.
La religión aparece entonces como una forma de búsqueda de sentido
y como una posibilidad de regresar a mismo desde la apertura a una
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realidad que supera al individuo. Gabriel interpreta la trascendencia
desde esta perspectiva antropológica y existencial (Gabriel, 2024, pp.
166-175).
Su interpretación de Dios resulta, sin embargo, particularmente
discutible desde una perspectiva teológica. Gabriel sostiene que Dios
no debe ser concebido simplemente como un gobernante cósmico
situado fuera del universo. Si no existe una totalidad denominada
“mundo”, tampoco puede existir un gobernante de esa totalidad en el
sentido tradicional de la imagen criticada por el autor (Gabriel, 2024,
pp. 174-178).
Aquí surge una cuestión crítica importante. La reducción de Dios a
un determinado campo de sentido permite reconocer la dimensión
religiosa de la existencia humana, pero puede resultar insuciente para
las tradiciones monoteístas. En el cristianismo, por ejemplo, Dios no
es solamente un signicado producido o experimentado por el sujeto
religioso, sino una realidad trascendente que fundamenta la existencia
misma y que puede ser conocida, aunque nunca agotada, por el ser
humano.
Por ello, la interpretación religiosa de Gabriel resulta losócamente
estimulante, pero deja abierta la pregunta por la capacidad de su
ontología de los campos de sentido para hacer justicia a la exigencia
ontológica propia de la fe religiosa.
Arte, perspectiva y sentido.
El análisis del arte permite a Gabriel profundizar en el problema de la
pluralidad de perspectivas. No existen únicamente innitas cosas, sino
también múltiples perspectivas desde las cuales esas cosas pueden
ser contempladas.
Sin embargo, Gabriel no arma que todas las perspectivas sean
igualmente válidas. Una perspectiva puede ser inadecuada si sitúa
un objeto en un campo de sentido que no le corresponde. Por ello,
el reconocimiento de la pluralidad no equivale automáticamente a
relativismo.
Este punto resulta fundamental para valorar críticamente la obra.
Gabriel pretende sostener simultáneamente que existen múltiples
campos de sentido y que existen criterios objetivos para distinguir
entre perspectivas verdaderas y falsas.
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Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado & Presente
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La dicultad consiste en determinar con precisión cuáles son esos
criterios y cómo se articulan entre los diferentes campos de sentido.
Esta cuestión puede suscitar el riesgo de un relativismo ontologizado,
pero no permite armar sin más que Gabriel sea relativista. Al contrario,
una parte importante de su argumentación está dirigida precisamente
contra el relativismo y el constructivismo radical.
La cuestión crítica más precisa sería, entonces, la siguiente: ¿hasta
qué punto una ontología radicalmente plural de campos de sentido
puede mantener una referencia objetiva común sin reconstruir, por otra
a, aquella totalidad que Gabriel denomina “mundo” y cuya existencia
rechaza?
Esta pregunta constituye uno de los principales desafíos losócos
que deja abierta la propuesta. Pero todavía queda por vincular esta
propuesta del nuevo realismo del pensador alemán con la realidad
virtual que es alimentada por la IA en la nueva cultura digital.
El nuevo realismo ante la realidad virtual y la cultura digital.
La actualidad losóca de Por qué el mundo no existe adquiere especial
relevancia ante la emergencia de la cultura digital, la realidad virtual y
la expansión de la inteligencia articial. Aunque la obra precede a la
actual explosión de los sistemas generativos, su pregunta fundamental
¿qué signica existir y qué signica conocer la realidad? cobra
nueva fuerza en un contexto donde las fronteras entre lo real, lo virtual,
lo simulado y lo generado articialmente se vuelven cada vez más
complejas.
La ontología de los campos de sentido ofrece una perspectiva fecunda
para abordar esta transformación. Si existir signica aparecer en un
campo de sentido, las realidades digitales plantean la cuestión de si
los objetos, acontecimientos y relaciones que emergen en ellas son
simples representaciones o poseen modalidades propias de existencia.
Una cuenta digital, un avatar, una comunidad virtual o una imagen
generada por IA no son ontológicamente equivalentes a una persona,
un objeto físico o un acontecimiento histórico; sin embargo, tampoco
pueden considerarse simplemente inexistentes, pues producen efectos
y establecen relaciones reales en determinados campos de sentido.
Esta perspectiva permite evitar dos extremos: considerar todo lo digital
como irreal o sostener que lo virtual y lo físico son ontológicamente
indistinguibles. El desafío consiste en determinar qué tipo de existencia
corresponde a cada realidad digital y cuáles son los criterios que
permiten diferenciarla de una cción o simulación.
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La inteligencia articial generativa agudiza considerablemente
esta problemática. Los sistemas actuales pueden producir textos,
imágenes, voces y vídeos que no corresponden necesariamente
a ningún acontecimiento real. Surge así una cuestión central para
el nuevo realismo: ¿cómo distinguir aquello que aparece de aquello
que efectivamente acontece? Una imagen generada articialmente
puede representar una realidad existente, construir una cción o
combinar elementos inexistentes. El problema aparece cuando se
presenta como evidencia de un hecho real. En ese caso, la cuestión
es simultáneamente ontológica, epistemológica y ética.
Aquí adquiere especial importancia la defensa gabrieliana de los hechos
no construidos. La capacidad técnica de producir una representación
no equivale a producir el acontecimiento representado. Una imagen
sintética de una persona, por ejemplo, no constituye evidencia de
que esta haya realizado aquello que la imagen muestra. Por ello, la
cultura de la IA hace urgente distinguir entre pluralidad ontológica
y relativismo epistemológico: pueden existir múltiples campos de
experiencia y representación sin que todas las armaciones sean
igualmente verdaderas.
La inteligencia articial introduce además una nueva mediación: lo
que podemos llamar campo de sentido algorítmico. Los algoritmos
no solo seleccionan y ordenan información, sino que cada vez más
generan aquello que aparece ante nosotros. La pregunta losóca ya
no es únicamente «¿qué existe, sino también «¿qué aparece ante
nosotros, bajo qué condiciones y a través de qué mediaciones.
En consecuencia, la cultura digital constituye no sólo un ámbito de
aplicación del nuevo realismo, sino también una prueba ctica de su
capacidad explicativa. La proliferación de representaciones obliga a
profundizar las distinciones entre existencia, apariencia, simulación,
representación y verdad. Cuanto más se multiplican los campos
digitales de sentido, más urgente resulta conservar criterios para
discernir la realidad. De ahí que Gabriel se haya involucrado en el
proyecto sobre "Digitalización deseable" (Desirable Digitalization),
enfocado en crear marcos éticos para la inteligencia articial y las
tecnologías emergentes.
La pregunta de Gabriel adquiere así una formulación contemporánea:
¿cómo permanecer vinculados con la realidad cuando nuestra
experiencia de ella está cada vez más mediada por algoritmos,
representaciones y simulaciones? El desafío consiste en desarrollar
una nueva alfabetización ontológica, epistemológica y ética, capaz de
Ramón Obdulio Lara Palma
Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado & Presente
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reconocer los diferentes modos de existencia sin disolver la realidad
en una multiplicidad ilimitada de representaciones.
Valoración crítica.
El principal mérito de Por qel mundo no existe consiste en recuperar
la pregunta por la realidad en un contexto intelectual marcado
simultáneamente por el cienticismo y el relativismo. Gabriel rechaza
tanto la reducción de todo lo real a la naturaleza física como la idea de
que toda realidad sea una construcción subjetiva o cultural.
La noción de campo de sentido constituye su herramienta conceptual
más original y fecunda. Gracias a ella puede defender que existen
realidades diferentes —una persona, una institución política, una obra
de arte, un hecho histórico o una experiencia religiosa— sin reducirlas
a una única modalidad de existencia.
Otro mérito signicativo es la capacidad comunicativa del autor.
Gabriel utiliza ejemplos de la cultura popular y de la vida cotidiana
para introducir problemas ontológicos complejos, haciendo accesibles
debates que tradicionalmente han quedado restringidos a la losofía
académica. La propia presentación editorial destaca esta capacidad
de combinar problemas losócos con ejemplos procedentes de la
cultura popular.
No obstante, la propuesta presenta dicultades. La primera se reere
a la amplitud del concepto de campo de sentido. Si cualquier ámbito
en el que algo aparece puede constituirse como campo de sentido, es
necesario establecer criterios más precisos para distinguir entre una
estructura ontológica, una interpretación subjetiva y una construcción
cultural.
La segunda dicultad afecta a la relación entre pluralidad y unidad.
La negación del mundo como totalidad absoluta es intelectualmente
sugerente, pero plantea el desafío de explicar cómo se relacionan
entre los innitos campos de sentido sin que la realidad termine
fragmentándose en una multiplicidad de ámbitos inconexos.
La tercera dicultad concierne a la religión. La descripción de la
experiencia religiosa como búsqueda de sentido constituye una
interpretación losócamente valiosa, pero puede ser cuestionada
por las tradiciones teológicas que arman una realidad trascendente
independiente de la conciencia religiosa.
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Finalmente, la propuesta suscita la cuestión del perspectivismo. Gabriel
quiere evitar el relativismo, pero su ontología plural exige explicar con
mayor precisión cómo se fundamentan los criterios objetivos que
permiten distinguir entre perspectivas verdaderas y falsas.
Estas dicultades no disminuyen el valor de la obra. Al contrario,
muestran que Gabriel consigue provocar una discusión losóca
genuina acerca de los fundamentos de nuestra comprensión de la
realidad.
La actualidad de Por qué el mundo no existe se e nc uent ra e n l a p re g unt a
por los límites de nuestras explicaciones de la realidad. En una época
marcada por el extraordinario desarrollo de las neurociencias, la
inteligencia articial, la física contemporánea y las tecnologías digitales,
la advertencia de Gabriel contra la reducción de toda realidad a una
sola modalidad de explicación conserva una especial pertinencia.
La obra también resulta particularmente relevante para las Ciencias
y Humanidades porque cuestiona la pretensión de establecer
una jerarquía epistemológica absoluta entre las diferentes formas
de conocimiento. La ciencia posee una capacidad explicativa
extraordinaria, pero la historia, la losofía, el arte, la literatura, la ética
y la religión abordan dimensiones de la realidad que requieren otros
modos de comprensión.
En este sentido, la obra ofrece un punto de partida fecundo para pensar
la interdisciplinariedad. No se trata de mezclar indiscriminadamente
los métodos, sino de reconocer que diferentes ámbitos de la realidad
requieren diferentes formas de racionalidad.
Su crítica al relativismo posee igualmente una particular actualidad. El
reconocimiento de la pluralidad de perspectivas no tiene que conducir
necesariamente a la armación de que todas las perspectivas son
igualmente verdaderas. La tarea intelectual consiste en reconocer la
diversidad sin renunciar a la posibilidad de la verdad.
Conclusión
Por qué el mundo no existe es una obra provocadora y losócamente
estimulante que invita a reconsiderar uno de los conceptos más
habituales y, al mismo tiempo, más problemáticos de nuestra
experiencia: el concepto de mundo.
La armación de que “el mundo no existe” no conduce al nihilismo.
Gabriel pretende mostrar, precisamente, que negar la existencia
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del mundo como totalidad absoluta permite armar con mayor rigor
la existencia de una pluralidad de realidades. Las cosas existen en
campos de sentido y pueden aparecer desde diferentes perspectivas
sin convertirse por ello en meras construcciones subjetivas.
El proyecto del nuevo realismo busca así mantener una difícil tensión:
defender la objetividad de la realidad sin reducirla a una única
descripción cientíca y reconocer la pluralidad de perspectivas sin
caer necesariamente en el relativismo. En esa tensión reside tanto la
originalidad como el principal desafío de la propuesta.
La obra ofrece también una crítica pertinente al cienticismo. La ciencia
no constituye el problema; el problema surge cuando se transforma en
una metafísica totalizante que pretende decidir qué existe y qué no
existe en todos los ámbitos de la realidad. Del mismo modo, Gabriel
muestra que el arte, la religión y la experiencia humana poseen campos
de sentido que no pueden ser adecuadamente interpretados mediante
una reducción sicalista.
Su concepción de la religión resulta especialmente sugerente, aunque
también discutible desde una perspectiva teológica. La interpretación
de Dios como realidad que aparece en un campo de sentido religioso
reconoce la legitimidad de la pregunta religiosa, pero deja abierta la
cuestión de si la ontología propuesta puede dar cuenta de la armación
de un Dios trascendente que no depende de la experiencia humana
para existir.
En denitiva, el principal valor de la obra reside en que obliga a formular
nuevamente preguntas que el pensamiento contemporáneo corre
el riesgo de dar por resueltas: ¿qué signica existir?, ¿qué signica
conocer?, ¿qué relación existe entre realidad y sentido?, ¿puede la
ciencia explicar toda la realidad?, ¿qué lugar ocupan el arte y la religión
en nuestro acceso a lo real?, ¿cómo es posible defender la verdad
en medio de la pluralidad de perspectivas?, y ¿qué tipo de existencia
corresponde a la realidad digital, o en qué campo de sentido aparece
y cuáles son las condiciones que permiten distinguirla de una mera
cción o simulación?
Gabriel no ofrece una respuesta denitiva a todas estas cuestiones,
pero su losofía proporciona categorías sugerentes para abordarlas.
La inexistencia del “mundo” no signica, paradójicamente, que exista
menos realidad, sino que obliga a reconocer una realidad mucho más
plural, compleja y rica de lo que permite una concepción unitaria y
reductiva. La existencia aparece entonces como una multiplicidad de
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campos de sentido en los que las cosas, los hechos y las personas se
maniestan.
Desde esta perspectiva, Por qué el mundo no existe puede recomendarse
como una lectura especialmente pertinente para estudiantes e
investigadores de losofía, ciencias sociales, humanidades, teología y
ciencias de la religión. Su principal contribución consiste en recordar
que la realidad no puede ser agotada por una sola perspectiva y que,
al mismo tiempo, la pluralidad de perspectivas no nos dispensa de la
búsqueda de la verdad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Gabriel, M. (2024). Por qué el mundo no existe (J. M. Madariaga, Trad.).
Pasado & Presente.
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