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Vol. 24, N.
o
49, semestral: septiembre-febrero 2026, pp. 183-195
https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.600
https://hdl.handle.net/11715/2941
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
ISNI 0000-0000-8755-6191
CC BY-NC-SA
Algo existe en cuanto aparece en un determinado ámbito de sentido,
aunque esto no signica que dependa de que un sujeto particular lo
esté percibiendo. La existencia de un objeto no se reduce a su aparición
en la conciencia humana.
Gabriel puede armar así que existen innitos mundos o ámbitos de
existencia que se relacionan parcialmente, pero que no constituyen
una totalidad cerrada (Gabriel, 2024, p. 73). En denitiva, pensar en
“un mundo” se puede pero sólo dentro de los límites del “pensamiento
fractal”. La realidad es, por tanto, plural sin ser necesariamente
subjetiva. Esta distinción constituye la clave para comprender el
proyecto losóco del autor.
Crítica al naturalismo, al monismo y al materialismo
Una vez establecida la pluralidad de los campos de sentido, Gabriel
dirige su crítica contra las concepciones que identican la realidad con
la naturaleza física o con el universo entendido como totalidad material.
El naturalismo sostiene, en términos generales, que la naturaleza
constituye el ámbito fundamental de lo real y que, en última instancia,
todo aquello que existe debe poder ser explicado en términos naturales.
Cuando esta posición se radicaliza, puede conducir al sicalismo,
según el cual la realidad fundamental es aquello que puede ser descrito
mediante las ciencias físicas.
Gabriel cuestiona esta reducción porque deja fuera dimensiones
enteras de la realidad humana. Una institución política como el Estado,
por ejemplo, no es una entidad física comparable con una molécula.
Sin embargo, sería absurdo concluir que el Estado no existe. Existe en
un ámbito objetual diferente.
La misma cuestión puede plantearse respecto de la literatura, el
derecho, la historia, la moral, la conciencia o el arte. Una descripción
físico-química puede ser perfectamente válida en su campo de
aplicación y, sin embargo, resultar insuciente para explicar el sentido
histórico, artístico o social de un determinado fenómeno.
El problema, por tanto, no está en la ciencia sino en el cienticismo: la
transformación de la ciencia en una concepción metafísica que pretende
determinar por sí sola qué existe y qué no existe. Gabriel considera que
la ciencia posee una extraordinaria capacidad explicativa dentro de los
campos en los que sus métodos resultan pertinentes, pero rechaza
que pueda convertirse en una explicación exhaustiva de la realidad.