N.
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Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.599
https://hdl.handle.net/11715/2940
Ramón Obdulio Lara Palma (2025),
Sacramentalidad del martirio cristiano. Ensayo
de antropología sacramental y sus implicaciones
eclesiales. Editorial Universidad Don Bosco, San
Salvador. ISBN: 978-99983-39-07-1 (impreso)
From the Tower of Babel to Jerusalem: Idolatry,
Ideologization, and Deiformation in a Zubirian
Hermeneutics of Magnifica Humanitas
Universidad Don Bosco
El Salvador.
Correo electrónico: juan.chopin@udb.edu.sv
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-2035-1314
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
Chopin Portillo, J. (2026b). [Reseña del libro Sacramentalidad del martirio cristiano. Ensayo
de antropología sacramental y sus implicaciones eclesiales, de R. Lara Palma]. Teoría y Praxis,
24(49), 176–182. https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.599
Recibido: 20 noviembre 2025
Aceptado: : 10 de febrero 2026
1
Doctor en teología por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Docente
Investigador de la Escuela de Teología de la Universidad Don Bosco, El Salvador.
Juan Vicente Chopin Portillo
1
Reseña 1
Vol. 24, N.
o
49 septiembre-febrero 2026 pp. 176-182
ISSN 1994-733X
e-ISSN 2707-7411
ISNI 0000-0000-8755-6191
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Vol. 24, N.
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49, semestral: septiembre-febrero 2026, pp. 176-182
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https://hdl.handle.net/11715/2940
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
ISNI 0000-0000-8755-6191
CC BY-NC-SA
Introducción
El libro que reseñamos es la tesis doctoral de Ramón Lara, presentada
y defendida en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Ramón
Lara es sacerdote diocesano católico de la diócesis de San Miguel, El
Salvador, C.A. Licenciado en teología dogmática por la Universidad
Gregoriana, Roma (Italia, 2007-2010). Es profesor investigador de la
Escuela de Teología de la Universidad Don Bosco de El Salvador y
director de la Revista Teoría y Praxis de la Facultad de Ciencias y
Humanidades de dicha universidad.
La problemática afrontada
El escrito plantea la tesis de que el mártir —y el martirio— tiene una
ineludible dimensión sacramental. Por ende, su esfuerzo se centra en
demostrar la sacramentalidad del martirio cristiano y, extensivamente,
cuáles son las implicaciones eclesiales de esa sacramentalidad. La
pregunta que rige la hipótesis reza así: ¿puede ser denido el martirio
cristiano como sacramento? Por tanto, su objetivo fundamental es
«demostrar epistemológica y teológicamente que el martirio tiene una
razón sacramental y que el mártir es analógicamente sacramento» (p.
417).
El libro consta de tres partes distribuidas en diez capítulos.
En la primera parte, Identidad martirial del cristiano, realiza la
fundamentación antropológica y responde a la pregunta ¿quién es
el hombre que podemos llamar cristiano? (p. 417); la segunda parte,
Identidad sacramental del mártir, hace la fundamentación sacramental
y responde a la pregunta ¿quién es el cristiano que podemos llamar
mártir? (p. 418); la tercera parte, Identidad eclesial del mártir-
sacramento, desarrolla la aplicación eclesial y la pregunta que rige el
argumento es ¿quién es el mártir que podemos llamar sacramento?
(p. 418). El libro, entonces, desarrolla tres expresiones de un mismo
sujeto —el hombre, el cristiano y el mártir— en función eclesial. (pp.
243 y 417).
El aporte de este libro entraña un dinamismo simbiótico y regenerador
de la Iglesia a partir de la hermenéutica del martirio cristiano. Dicho
en palabras del autor, supone el paso «de la Iglesia sacramento
de salvación [eclesiología sacramental] a la Iglesia de los mártires
[eclesiología martirial] para la re-identicación eclesial a partir del
mártir-sacramento [re-identicación eclesial]» (p. 305).
Ramón Obdulio Lara Palma
Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado & Presente
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Como reconoce el autor, su libro es un «ensayo de antropología
sacramental» (p. 13) que busca «denir al hombre como mártir, al
mártir como sacramento (p. 14) al mártir-sacramento como redenidor
de la Iglesia» (p. 15).
Estructura
La primera parte dene la identidad martirial que tiene todo bautizado
(antropología martirial). El concepto de identidad cobra centralidad
(cap. 1). De la mano de A. Gesché y P. Ricueur habla de tres tipos de
identidad: identidad personal: Identidad-Idem [¿qué eres?], Identidad-
Ipse [¿quién eres?] y la Identidad Narrativa.
El capítulo dos especica el tema de la identidad del hombre llamado a
ser cristiano y mártir; lo hace desarrollando los conceptos de lenguaje,
alteridad, acción y simbolicidad. La cuestión de la estructura carnal y
corporal del hombre es presentada como “camino de Dios” (A. Gesché)
(p. 31). Desde una perspectiva cristiana, distingue cuatro formas de
incorporación: «Primera in-corporación: propio cuerpo. Debo asumir
mi cuerpo, incorporarme a mí mismo. Segunda in-corporación: cuerpo
de Cristo… se da mediante un acto de fe y se expresa ritualmente
(bautismo). Tercera in-corporación: cuerpo del otro…hacernos uno con
el otro» (p. 34). «Cuarta in-corporación: cuerpo eucarístico» (p. 35).
La relación en el binomio carne/cuerpo es retomada en la dialéctica
existencial e histórica entre el cuido de sí y el don de sí. «Ese cuido
de sí mismo exacerbado lleva a una cultura narcisista» (p. 53). Por el
contrario, «de la autocomunicación divina se inere que Dios es don
que se dona y que invita al hombre igualmente a hacer de sí mismo
un don» (p. 59).
El capítulo tres tiene un enfoque cristológico de la identidad: «Cristo es
la norma y fundamento de la identidad del hombre que decide hacer
la séquela Christi» (p. 62). Es decir, el Dios de los mártires es el Dios
capaz de sufrir y de morir como una víctima solidarizándose con todas
las víctimas de la historia. El mártir cristiano está concernido en todos
estos conceptos. (p. 63). La cita bíblica privilegiada es Gal 2,20: “No soy
yo el que vive sino Cristo vive en mí”. En n, el cuarto capítulo deduce la
identidad martirial o existencial martirial de la identicación con Cristo,
que actúa como principio veritativo: la verdad de Cristo es la verdad
de los mártires. «El mártir, de imitador, se convierte en imitado» (p.
127). En resumen, nos dice el autor, «de entre tantos aspectos que se
pueden decir en torno al qué del hombre nos limitamos a tomar cuatro:
la estructura carnal y corporal, la historicidad, la trascendentalidad y la
simbolicidad» (p. 137).
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La segunda parte del libro demuestra que el mártir mediatiza de manera
singular la unión de los hombres con Dios (antropología sacramental).
La identidad sacramental del mártir, punto central de la investigación
es leída desde tres ejes: ontológico, cronológico y simbólico. El
capítulo quinto hace una explanación de los conceptos sacramental,
sacramentalidad y sacramentos (ser sacramental). La conclusión a
que llega en el capítulo cinco es que hay una evolución en el modo
de entender el concepto de sacramento en la historia de la Iglesia y
que «el hombre es en su más honda identidad un ser sacramental, en
cuanto que necesita del signum sacrum para relacionarse con Dios»
(p. 191). El autor se suma a la corriente renovadora de la concepción
tradicional del sacramento, invitando a superar la dependencia que
la tradición aristotélico-tomista ha provocado de un tipo especíco de
losofía: «nuestro interés —nos dice— es sumarnos a esa tarea de
repensamiento sacramental» (p. 199).
El capítulo sexto habla de la existencia sacramental. Para ello se
apoya en las tesis de Luis-Marie Chauvet. Este autor «propone, en
primer lugar, apartarse del lenguaje metafísico y/u “ontoteológico”
porque lo considera impreciso; en segundo lugar, acoge los nuevos
enfoques de comprensión de la realidad que vienen de las ciencias
modernas, especialmente del aporte de la sociología, la lingüística y la
hermenéutica. Por eso propone cambiar las categorías metafísicas por
las simbólicas… ya no hablará de causalidad sino de mediación» (p.
194). Probablemente, la idea más notable en la propuesta Chauvetiana
es la que habla de los «tres elementos constitutivos que estructuran la
identidad cristiana: la Palabra (don/pasado), el Sacramento (recepción/
presente) y la Ética (contra-don/futuro escatológico)» (p. 210). Dicho
de otro modo: «Cristo en las Escrituras, Cristo en los sacramentos
y Cristo en los hermanos» (pensar-celebrar-actuar) (p. 211). Y vista
la propuesta desde «los tria munera: Profeta (momento Palabra)
[kerygma-martyria], Sacerdote (momento Sacramento) [leiturgia] y
Rey-Servidor (momento Ético) [diakonia]» (p. 233). En n, vista desde
las virtudes teologales: «La Fe nace de la acogida de la Palabra, la
Esperanza se nutre y fortalece con la celebración litúrgico-sacramental,
la Caridad se operativiza mediante el responsable compromiso ético»
(p. 236).
La segunda parte culmina, en el capítulo siete, con la identidad
sacramental. La tesis que maneja el autor es que «el mártir (sujeto),
a raíz de su muerte martirial (evento), es colocado dentro del orden
simbólico eclesial como un sacramento, es decir, como mediación
simbólica reveladora y operadora de identidad» (p. 243). Una idea
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Gabriel, Markus. Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado & Presente
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muy remarcada, orientada ya hacia la tesis fundamental del escrito es
que «el mártir es revelador de identidades. Revelación de la identidad
de una iglesia el. La dimensión eclesial no puede ser separada del
mártir» (p. 257). Es lo que al nal el autor va a llamar «martiropraxis»
(p. 299). Esto se da en tres momentos: la preguración (mimesis
I), «los encuentros divinos que piden ser narrados» (p. 266); la
conguración (mimesis II), «Dios se narra a sí mismo dejándose narrar
por el hombre» (p. 267); la reguración (mimesis III), en la que «Dios
se sigue narrando en la vida de cada hombre» (p. 267). Lo que el
autor propone es que «el ethos del mártir debe constituirse también
en el ethos de la comunidad rememorante» (p. 276). Al nal de la
segunda parte, el autor, siguiendo a J.-L. Marion, propone al mártir
y al martirio como ejemplos de fenómeno saturado: «el martirio en
cuanto acontecimiento generador del mártir, ateniéndonos al lenguaje
de Marion, se nos ofrece como un fenómeno saturado de revelación»
(p. 287).
La tercera parte resalta la identidad eclesial del mártir, cuyo propósito
consiste en encontrar los rasgos distintivos de una Iglesia redenida
por los mismos mártires (eclesiología martiro-sacramental). Los tres
capítulos que la componen surgen de un único y coherente enunciado,
«que parte del análisis sacramental de la Iglesia, pasa por la revisión
de su carácter martirial hasta llegar a la necesaria redenición en
cuanto Iglesia mártiro-sacramental» (p. 305).
El capítulo octavo hace un recorrido histórico-teológico sobre la
relación Iglesia-sacramento y su desembocadura en la comprensión
conciliar de la Iglesia como Sacramento Universal de Salvación. En
el capítulo noveno, el autor desarrolla la tesis central de su escrito:
«la Iglesia no puede hacer otra cosa con sus mártires más que
practicarlos, hacer “mártiro-práxis”» (p. 339). Abundando en el tema
sostiene que «los mártires se convierten en los imitadores a imitar…
norma normans del martirio o lex martyrii… el martirio es reconocido
como locus theologicus adecuado para hacer eclesiología… bosquejo
de eclesiología martirial» (p. 340).
Para lograr ese propósito desarrolla las leyes que rigen la praxis de la
vida cristiana: lex vivendi, lex celebrandi, lex credendi, en esta tercera
ley caracteriza a la comunidad martirial. Lamenta que «la Iglesia
actual es la que no está haciendo acopio de ese gran tesoro, ese
verdadero carisma eclesial, que es el martirio de sus miembros» (p.
351). En su conguración martirial la iglesia se juega su credibilidad
de frente al mundo. La cuarta ley que propone es la lex agendi, que
corresponde con el momento ético del que ha venido hablando, pero
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puesto ya en clave eclesial. Al nal, propone la necesidad de pasar
de la ortopraxis a la martiropraxis, porque está convencido que «el
verdadero sentido de mantener viva la memoria de los mártires es
practicar su legado» (p. 366); en esa línea interpela al lector avezado:
«¿qué estamos dispuestos a cambiar eclesial y personalmente para
practicar a nuestros mártires?» (p. 366). La conclusión natural a la que
llega es que el martirio es un lugar teológico.
Su tesis hace síntesis: hay que «repensar la Iglesia desde los mártires»
(p. 370), superando lo que él llama la «Iglesia docetista», esto es,
«conformarse con ser iglesia solo de apariencia, como si no existiese
en lo real» (p. 370). Y mira en la propuesta eclesial del Papa Francisco
un paradigma de la Iglesia de los mártires, una Iglesia evangélica,
como una familia, samaritana, responsable, sinodal —«la jerarcología
debe desaparecer para dejarle espacio a la cultura sinodal» (p. 375)—
y hospitalaria (p. 412). Concluye: «los mártires, pues, tienen una
función epistemológica y una fuerte función pragmática. Hacen pensar
e incitan a obrar. Repensar la Iglesia a la luz de los mártires resulta un
imperativo. Cada momento histórico exige una recomprensión eclesial
y una adecuación de su misión según los retos que el momento
presente plantea» (p. 370).
El capítulo diez rearma la tesis expresada en el capítulo anterior.
Habla de las implicaciones eclesiales de la «martiro-sacramentalidad
respecto a lo institucional, lo comunional y lo pastoral» (p. 378). Para
lograr su propósito se apoya en el esquema propuesto por Pié-Ninot,
un esquema en tres partes: Sacramentum tantum [lo institucional de la
Iglesia], Res et sacramentum Ecclesiae [dimensión comunional] y Res
tantum Ecclesiae [caridad pastoral eclesial]» (p. 378). Sobresale en su
propuesta la conversión de la estructura societal de la Iglesia al Reino:
gobernanza como servicio y no como potestad; el paso del gobierno
jerarcológico a otro más diaconal; los bienes de la Iglesia al servicio de
la misericordia (transparencia); «una Iglesia pobre y para los pobres
desde su institucionalidad: Iglesia responsable. La ecclesia martyrum
es por principio responsable» (p. 390); estructuras eclesiales puestas
al servicio de la dignicación del ser humano; pasar de la solo Doctrina
Social a una Práctica Social de la Iglesia.
En la Res et Sacramentum Ecclesiae propone la sinodalización de toda
la Iglesia: «aquí se pone en juego la mutua interacción entre la Ecclesia
docens y la Ecclesia dicens, pues tanto el pueblo de Dios debe aceptar
la enseñanza del magisterio, pero también el magisterio debe estar
atento al sensus dei delium» (p. 400); en n, la «desclericalización
eclesial» (p. 401). En lo que respecta la Res Tantum Ecclesiae
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propone una Iglesia pobre y de los pobres: Iglesia samaritana ante los
deshumanizados, que hace un servicio a la verdad, porque «la Iglesia
de los pobres posibilita el encuentro entre misericordia et veritas» (p.
407). Ante un mundo descreído y plural, «la caridad de la Iglesia debe
convertirse en acción humanizadora a partir del principio teológico de
“la humanidad de Dios”… la humanización es una acción de caridad
que la Iglesia no debe descuidar ni postergar… Dios se humaniza
(kénosis) (p. 410).
El libro cierra con tres cuestiones abiertas: ¿Cómo relacionar la
antropología martirial (don de hasta la muerte) frente a una cultura
hipernarcisista actual (culto al cuerpo y huida frenética de la muerte)?
(p. 421). ¿Cómo pastoralizar el martirio, en cuanto realidad sacramental
conguradora de identidad, de modo que la Iglesia pueda capitalizar
la riqueza de su constitutiva martirialidad (pastoral del testimonio)? (p.
422). ¿Cómo desarrollar y articular un ecumenismo de los mártires a
partir de la sacramentalidad martirial? (p. 423).
Valoraciones nales
El texto de Ramón Lara es recomendable para especialistas y
estudiantes que se interesan por temas como la teología de los
sacramentos, la eclesiología y la teología del martirio.
Es notable su aporte a la antropología del martirio cristiano, una
materia que estaba pendiente en los estudios relativos al tema.
Es muy original y sugerente la lectura y aplicación que ha hecho
de autores como Luis-Marie Chauvet y Jean-Luc Marion, en vistas
a remozar y actualizar la propuesta tradicional de la teología de los
sacramentos y su praxis litúrgica.
Su aporte más original es la re-identicación de la Iglesia a partir del
mártir-sacramento; lo que él llama la «re-identicación eclesial» y
su consecuencia, la «martiropraxis», que no consiste en una forma
actualizada de la praxis donatista, sino algo muy preciso: tener la
capacidad ética y de fe para poner en práctica la Iglesia que los mártires
tenían en mente cuando donaron su vida por el Reino de Dios.