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Vol. 24, N.
o
49, semestral: septiembre-febrero 2026, pp. 176-182
https://doi.org/10.61604/typ.v25i49.599
https://hdl.handle.net/11715/2940
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
ISNI 0000-0000-8755-6191
CC BY-NC-SA
La segunda parte del libro demuestra que el mártir mediatiza de manera
singular la unión de los hombres con Dios (antropología sacramental).
La identidad sacramental del mártir, punto central de la investigación
es leída desde tres ejes: ontológico, cronológico y simbólico. El
capítulo quinto hace una explanación de los conceptos sacramental,
sacramentalidad y sacramentos (ser sacramental). La conclusión a
que llega en el capítulo cinco es que hay una evolución en el modo
de entender el concepto de sacramento en la historia de la Iglesia y
que «el hombre es en su más honda identidad un ser sacramental, en
cuanto que necesita del signum sacrum para relacionarse con Dios»
(p. 191). El autor se suma a la corriente renovadora de la concepción
tradicional del sacramento, invitando a superar la dependencia que
la tradición aristotélico-tomista ha provocado de un tipo especíco de
losofía: «nuestro interés —nos dice— es sumarnos a esa tarea de
repensamiento sacramental» (p. 199).
El capítulo sexto habla de la existencia sacramental. Para ello se
apoya en las tesis de Luis-Marie Chauvet. Este autor «propone, en
primer lugar, apartarse del lenguaje metafísico y/u “ontoteológico”
porque lo considera impreciso; en segundo lugar, acoge los nuevos
enfoques de comprensión de la realidad que vienen de las ciencias
modernas, especialmente del aporte de la sociología, la lingüística y la
hermenéutica. Por eso propone cambiar las categorías metafísicas por
las simbólicas… ya no hablará de causalidad sino de mediación» (p.
194). Probablemente, la idea más notable en la propuesta Chauvetiana
es la que habla de los «tres elementos constitutivos que estructuran la
identidad cristiana: la Palabra (don/pasado), el Sacramento (recepción/
presente) y la Ética (contra-don/futuro escatológico)» (p. 210). Dicho
de otro modo: «Cristo en las Escrituras, Cristo en los sacramentos
y Cristo en los hermanos» (pensar-celebrar-actuar) (p. 211). Y vista
la propuesta desde «los tria munera: Profeta (momento Palabra)
[kerygma-martyria], Sacerdote (momento Sacramento) [leiturgia] y
Rey-Servidor (momento Ético) [diakonia]» (p. 233). En n, vista desde
las virtudes teologales: «La Fe nace de la acogida de la Palabra, la
Esperanza se nutre y fortalece con la celebración litúrgico-sacramental,
la Caridad se operativiza mediante el responsable compromiso ético»
(p. 236).
La segunda parte culmina, en el capítulo siete, con la identidad
sacramental. La tesis que maneja el autor es que «el mártir (sujeto),
a raíz de su muerte martirial (evento), es colocado dentro del orden
simbólico eclesial como un sacramento, es decir, como mediación
simbólica reveladora y operadora de identidad» (p. 243). Una idea