
Debilidad del Estado y violencia criminal
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Quienes se creyeron esas ilusiones, y tomaron decisiones a partir de ellas,
cometieron terribles errores, que posteriormente hicieron más difícil hacer
frente a los problemas de inseguridad y violencia.
Una visión realista de las fracturas sociales y culturales existentes entonces, de
la anomia casi generalizada, de la fuerte presencia del crimen y de la impunidad,
hubiera permitido caer en la cuenta de que era un Estado fortalecido el que
podía (y tenía) que conducir al país en la transición de postguerra. Un Estado
debilitado estaba condenado al fracaso, pues la debilidad estatal –expresada
en la disminución de (o renuncia a) sus atribuciones legales y coercitivas en la
conducción de la sociedad— no hizo más que favorecer, como consecuencia
querida o no querida, la proliferación de actividades, criminales o no, en manos
de agentes privados fuera de control. Y los agentes criminales, sean individuales
o colectivos, son agentes privados, es decir, agentes que miran exclusivamente
por su propio benecio, a partir del control de los nichos de mercado (drogas,
armas, extorsiones, prostitución, tráco de personas) en los que operan.
3.3.- EL ESTADO SALVADOREÑO EN LA POSGUERRA Y LA OFENSIVA NEOLIBERAL
El Estado salvadoreño sale de la guerra deslegitimado y debilitado, y, por ello,
sin capacidad para encarar los desafíos que el “desorden social”, fraguado en
la guerra y presente en la postguerra, plantea de manera ineludible. No se
trataba de una experiencia inédita en el mundo. Otras naciones que vivieron
situaciones parecidas, o más graves, en el siglo XX enfrentaron el mismo desafío
(Guatemala, Chile, España, Japón, las naciones del ex bloque del Este, China,
la ex URSS), y los resultados mejores o mejores dependieron de la fortaleza o
debilidad de sus Estados. Una lección que no conviene olvidar es que cuando
una sociedad ha tenido una severa crisis en su interior, por ejemplo una guerra
civil o una crisis o transformación económica o política de envergadura, no
es conveniente que se la deje ir a la deriva, ya que en esos escenarios se
fraguan dinámicas perniciosas (violentas, criminales y anómicas; del sálvese
quien pueda) que se serán un férreo obstáculo para la construcción de un orden
social estable, democrático y pacíco
6
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5
En el caso de El Salvador, además de la pérdida de legitimidad y de una
importante disminución de su poder territorial durante la guerra, el Estado
se vio inserto, en la postguerra, en un clima de ideas y decisiones emanadas
del paradigma neoliberal, el cual a su vez hacía parte de la trasformaciones
generadas por la globalización capitalista
7
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6
Cuando la guerra no terminaba, los
inujos neoliberales se comenzaron a sentir con el gobierno de Alfredo Cristiani
(1989-1994), pero el contexto del país hacía imposible implementar las reformas
económicas neoliberales emanadas del Consenso de Washington
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7
6
Para una planteamientos sugestivo acerca del papel del Estado en el siglo XX, y en la transición Rusa y China de los años ochenta y
noventa, ver Hobsbawm, E., Entrevista sobre el siglo XXI. Barcelona, Crítica, 2016.
7
Ver, González, L. A., “Globalización y neoliberalismo”. ECA, No. 603, 1999
8
Para una mirada de conjunto de los planteamientos del Consenso de Washington, ver Mària Serrano, J. F., “El ‘Consenso de
Washington’. ¿Paradigma económico del capitalismo triunfante?”. https://www.cepal.org/Mujer/proyectos/gobernabilidad/
manual/mod01/13.pdf