Vol. 24, N.
o
48 marzo-agosto 2026 pp. 35-53
ISSN 1994-733X
e-ISSN 2707-7411
Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.546
http://hdl.handle.net/11715/2885
Liturgia y martirio del sacrificio sacramental al
sacrificio existencial
1
Liturgy and Martyrdom:
From Sacramental Sacrifice to Existential Sacrifice
Gabriel Seguí i Trobat, msscc
2
Instituto de liturgia ad instar facultatis-AUSP
Barcelona, España
Correo electrónico: gsegui.liturgia@edusantpacia.cat
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2702-0226
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
1
Conferencia al clero de la diócesis de Zacatecoluca (El Salvador), en la casa de retiros
Brisas del Carmelo (San Salvador), el 7 de enero de 2026.
2
Presidente del Instituto de liturgia ad instar facultatis-AUSP
Director de Cuadernos Fase
Seguí i Trobat, G. (2026). Liturgia y martirio del sacrificio sacramental al sacrificio existencial.
Teoría y Praxis, 24(48). https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.546
Recibido: 8 de diciembre de 2025
Aceptado: 20 de febrero de 2026
N.
o
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Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
Resumen
A partir de las imágenes del momento de la muerte de
Mons. Romero y de Ignacio Ellacuría y compañeros, el
artículo presenta la relación entre liturgia y martirio en su
desarrollo sistemático como participación existencial y ritual
en la muerte de Cristo y conguración denitiva con Él y
teniendo en cuenta la tradición (las Actas de los mártires),
analizando también el propio de la liturgia de san Oscar A.
Romero.
Palabras clave: liturgia y martirio, conguración a Cristo,
Actas de mártires, Iglesia martirial latinoamericana,
sacricio existencial.
Abstract
Drawing on the images of the moment of the death of
Monsignor Romero and of Ignacio Ellacuría and his
companions, the article presents the relationship between
liturgy and martyrdom in its systematic development as an
existential and ritual participation in the death of Christ and
as a denitive conguration with Him. Taking into account
the tradition (the Acts of the Martyrs), it also analyzes the
proper liturgical texts of Saint Óscar A. Romero.
Keywords: liturgy and martyrdom; conguration to Christ;
Acts of the Martyrs; Latin American martyrological Church;
existential sacrice.
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37
Introducción
En esta meditación sobre la relación entre la liturgia y el martirio,
vamos a partir de dos imágenes altamente inspiradoras:
- La foto de Mons. Romero, el 24 de marzo de 1980, tendido en el
suelo, con el rostro ensangrentado por el balazo que recibió en el pecho.
Cuando sonó el disparo, recién había terminado la homilía de la misa por
la difunta Sra. Sara Meardi de Pinto -doña Sarita-, con estas palabras:
Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacricada por los
hombres, nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra
sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para
dar cosechas de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos,
pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración
por doña Sarita y por nosotros. (Romero, 2009, p. 458).
Lo que dijo se cumplió inmediatamente en su propia persona; y
como estaba a punto de presentar las ofrendas, él mismo fue la ofrenda
viva que se juntó al pan y el vino para ser consagrados: fue entonces,
verdaderamente, oferente y víctima. Así experimentó también en propia
carne uno de los signicados simbólicos del palio arzobispal: la misión
de ser Buen Pastor que carga a la oveja perdida; la oveja perdida no
eran solo los pobres salvadoreños descartados por el sistema social, sino
asimismo sus opresores, que habían olvidado el evangelio. Y las agujas del
palio, recuerdo de los clavos de la crucixión del Señor, se clavaron en su
corazón perforado por la bala. Para encontrar un caso semejante al suyo,
debemos remontarnos a santo Tomás Becket, arzobispo de Canterbury,
asesinado a espada en su catedral mientras asistía a Vísperas el 29 de
diciembre de 1170, exclamando: “Muero gustoso por el nombre de Jesús
y en defensa de la Iglesia católica”.
- La estampa de Ignacio Ellacuría con los demás asesinados el 16
de noviembre de 1989, tendidos en el suelo, en la misma postura del día
de su ordenación sacerdotal, durante el canto de las letanías de los santos.
Es un gesto de humildad y entrega, que se vericó existencialmente el
día de su muerte; podríamos decir que fallecieron con el mismo gesto
simbólico con el que se habían comprometido con el Señor el día en que
recibieron la gracia del presbiterado, conrmándose lo que el obispo les
dijo al recibir la patena y el cáliz con los santos dones.
38
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
Recibe la ofrenda del pueblo santo
para presentarla a Dios.
Advierte bien lo que vas a realizar,
imita lo que tendrás en tus manos
y congura toda tu vida
con el misterio de la cruz del Señor.
El propio Mons. Romero contextualizó su muerte en el martirio
como signo del seguimiento de Cristo:
Este es el compromiso de ser cristiano: seguir a Cristo en su
encarnación; y si Cristo es Dios majestuoso que se hace hombre
humilde hasta la muerte de los esclavos en una cruz y vive con
los pobres, así debe ser nuestra fe cristiana. El cristiano que no
quiere vivir este compromiso de solidaridad con el pobre, no es
digno de llamarse cristiano [...]. Cristo nos invita a no tenerle
miedo a la persecución porque, créanlo hermanos, el que se
compromete con los pobres tiene que correr el mismo destino
de los pobres. Y en El Salvador ya sabemos lo que signica el
destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser
capturados, aparecer cadáveres. (Romero, 2009, pp. 284-285)
Un dato escalofriante y novedoso en la historia del martirio cristiano
es que el martirio de Mons. Romero, reconocido eclesialmente como el de
Mons. Enrique Ángel Angelelli en Argentina, y la muerte martirial de Ignacio
Ellacuría y sus compañeros, como la de multitud de latinoamericanos
cristianos de todas las confesiones, fue llevado a cabo por quienes se
confesaban cristianos, a menudo en nombre de la “civilización cristiana
y occidental”. Es decir, sus asesinos celebraban los misterios de la fe sin
remordimiento alguno, con orgullo incluso, mientras masacraban pastores
y eles del pueblo de Dios, sin respeto alguno por las cosas sagradas y
sin advertir que lo más sagrado son las propias personas. Cuando los
cristianos matan cristianos, quizás deberíamos añadir el “odium iustitiae”
al “odium dei” como causa típica del martirio. En cuanto a la insensibilidad
de los perpetradores hacia los signos sagrados, recordemos la profanación
de la iglesia y el sagrario del pueblo de Aguilares, donde acudió Mons.
Romero para rescatar el Santísimo, accediendo nalmente al templo, con
dicultad, por la resistencia de las fuerzas de seguridad salvadoreñas.
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Llama la atención que la voz “martirio” esté ausente en el Nuevo
diccionario de liturgia,
1
aunque se habla de él en las entradas “culto a los
santos” y “sacricio”: ¿es quizá el signo de una Iglesia acostumbrada a
celebrar sin arriesgarse?
En cuanto a la denición del martirio, Rahner (1983), propone
ampliar el concepto tradicional, entendido como “el hecho de aceptar
morir por la fe de forma libre y resignada, no luchando activamente como
en el caso de los soldados”, abarcando también más extensamente una
muerte resistente o por conservar una virtud, como la virginidad, igual que
santa María Goretti, canonizada como mártir para defender su castidad.
Y justamente citando a Mons. Romero, dice Rahner (1983): “¿Por qué no
habría de ser mártir monseñor Romero, por ejemplo, caído en la lucha por
la justicia, en una lucha que él hizo desde sus más profundas convicciones
cristianas?”. Ya santo Tomás de Aquino armaba:
Padece como cristiano no sólo el que sufre por la confesión de
su fe de palabra, sino también el que sufre por hacer cualquier
obra buena, o por evitar cualquier pecado por Cristo: porque
todo ello cae dentro de la confesión de la fe. (C. 124, art. 5, ad
1)
De hecho, en la oración colecta del segundo formulario del común
de un mártir fuera del tiempo pascual del Misal romano, se dice: “Dios
todopoderoso y eterno, que otorgaste a san N. luchar hasta la muerte
por causa de la justicia” (Conferencia Espiscopal Española, 2017, p.
857). Es verdad que el término “justicia” es ambiguo, porque, además de
indicar la equidad social, puede signicar también lo que es justo para
Dios o lo que es debido realizar, pero en todo caso ya se ha introducido
en la eucología como causa del martirio. Otro ejemplo es san Maximiliano
Kolbe, canonizado como mártir por Juan Pablo II, al haberse ofrecido a
morir en lugar de un padre de familia; el suyo sería un evidente “martyrium
caritatis causa”.
La reexión sobre la relación entre liturgia y martirio es importante
hoy en día porque el siglo XX ha sido uno de los siglos más sangrientos
para los cristianos, donde innumerables hermanos nuestros han sido
testigos del Dios trinitario frente a los totalitarismos de todos los signos y
ante la creciente secularización de la sociedad mundial, no solo europea.
1
Nuevo diccionario de liturgia, D. Sartore-a. M. triacca, J. M. canalS (eds.) Madrid: Pau-
linas
2
1997.
40
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
Con toda razón, Andrea Ricardi (2019) llama al siglo XX “el siglo de los
mártires”.
Sea como fuere, el culto a los mártires será permanentemente
discutido, porque, en denitiva, es la memoria de un asesinato y siempre
se debatirá qué razones hubo para ello, especialmente políticas, si fue una
casualidad e incluso si se trató de un capricho de los verdugos. Sumado a
esto, frecuentemente los matadores soportan una carga histórica sobre la
fe y la Iglesia que les pesa cuando persiguen a los cristianos.
Finalmente, no podemos olvidar estos otros datos que relacionan
la liturgia con el martirio:
- La signación y la crismación en el bautismo como señal de
pertenencia a Cristo y de conguración vital a él.
- La profesión religiosa se compara al martirio por la vida de
sacricio y privaciones por la fe (martirio verde) y eventualmente porque
los religiosos pueden ser perseguidos por la fe (martirio blanco).
- La postración en la ordenación y en la profesión perpetua tiene
un sentido de sacricio existencial.
- El Calendario litúrgico: la Iglesia conmemora a los mártires a lo
largo del año litúrgico a través del Martirologio romano, el registro ocial
de los santos. Cada vez que se celebra la memoria de un mártir, la liturgia
resalta la victoria de la fe sobre la muerte. Este libro litúrgico tiene un
nombre actualmente anacrónico, pues contiene ya todo tipo de categorías
de santos, pero recuerda que los primeros santos venerados fueron los
mártires.
- La oración a los mártires: la liturgia católica no reza por los
mártires, sino que ora a ellos, pidiendo su intercesión ante Cristo. Esto
subraya su estatus de santos, puesto que gozan ya de la presencia
de Dios, y las oraciones litúrgicas resaltan su ejemplo y la gracia que
recibieron para perseverar en la prueba.
1. Origen y desarrollo del culto a los mártires
Es importante tener presente que el contexto de la persecución de
la comunidad primitiva
2
es la propagación del evangelio; en este marco,
el martirio y su celebración son una demostración de la autenticidad del
2
V. Saxer, Morts, martyrs, reliques en Afrique chrétienne aux premiers siècles, Paris:
Beauchesne 1980; Th. BauMeiSter, Mártires y perseguidos en el cristianismo primitivo,
Concilium 183 (marzo 1983) 312-320; J. Pérez-eMBid WaMBa, Santos y milagros. La hagio-
grafía medieval, Madrid: Síntesis 2017; P. BroWn, El culto a los santos. Su desarrollo y su
función en el cristianismo latino, Salamanca: Sígueme 2018.
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41
kerigma y de las resistencias que provoca el Anticristo
3
. Esto desmitica el
martirio como un acto heroico, puesto que no existe sin la fe en Cristo y el
anuncio de su mensaje. La entusiasta vitalidad misionera de las primeras
comunidades tiene como correlativo la gozosa celebración de los mártires
frente a la perversidad de los perseguidores.
El culto a los mártires es una forma del culto a los difuntos; así se
explican la solicitud con que son recogidos los restos de los mártires y las
celebraciones que tienen lugar inmediatamente después de su muerte.
Por ejemplo, la esta de la Cátedra de Pedro en el s. IV se conecta con
la antigua costumbre romana de recordar a los difuntos con sacricios y
libaciones junto a su tumba.
No obstante, el culto a los mártires tiene sus propios acentos:
- Se tributa a los testigos de Cristo vivo, a quien se han congurado
en la muerte, y por eso se convierten en intercesores ante Dios, invocados
por la comunidad. En este sentido, resulta curioso que los perseguidores
de los mártires de la casa imperial, bajo Diocleciano, tuvieran miedo de
que estos fueran venerados como dioses
4
.
- No está circunscrito a la familia del difunto y a sus amigos, sino a
la comunidad entera, que es la familia espiritual del mártir;
- El día de la muerte se transforma en el dies natalis, el día del
nacimiento a la vida verdadera, que es la vida eterna reinando con Cristo:
la muerte martirial se transforma, pues, en victoria, en celebración festiva.
Así aparecen los calendarios litúrgicos (s. IV), donde constan el nombre,
la fecha de la muerte y el lugar de sepultura de cada mártir.
- Posteriormente, se expresa en el traslado de los restos de los
mártires desde los cementerios a las basílicas romanas y, más tarde, la
repartición de sus cuerpos para fundar nuevos lugares de culto.
Acá es preciso hacer una importante observación: la celebración
del aniversario del mártir no se convertía en una reivindicación de la
Iglesia y sus derechos, ni siquiera de los derechos de los propios mártires,
muchos de los cuales eran ciudadanos romanos, sino que se resaltaba
3
d. ruiz Bueno, Actas de los mártires, Madrid: BAC
4
1987, n. X, 430: [Perpetua:] en aquel
momento me desperté. Y entendí que mi combate no había de ser tanto contra las eras,
cuanto contra el diablo. Igualmente en el caso de los mártires africanos: ruiz Bueno, Actas
de los mártires, n. I, 972.
4
ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. 6, 875: “Había que desenterrarlos y arrojarlos tam-
bién al mar, no fuera que -así pensaban ellos- vinieran algunos a sus sepulcros a ado-
rarlos, teniéndolos por dioses”. Pablo y Bernabé ya fueron considerados dioses en Listra
por haber sanado a un paralítico, cosa que ellos rechazaron con vehemencia (cfr. Hch 14,
8-18).
42
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
la victoria del mártir en Cristo por el poder de Dios, o sea, la fuerza de la
gracia divina en el momento de la prueba suprema de delidad al Señor.
2. Marco teológico de la relación entre liturgia y martirio
a) Jesucristo, el rey de los mártires:
- Ef 5,2: El sacricio pascual de Cristo:
“Practiquen el amor, a ejemplo de Cristo, que se entregó por
nosotros como ofrenda y sacricio agradable a Dios”.
- Ap 1,4.5: Cristo, el testigo el:
Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte [...] de
Jesucristo, el Testigo el, el primero que resucitó de
entre los muertos, el rey de los reyes de la tierra. Él nos
amó y nos puricó de nuestros pecados por su sangre.
b) La ofrenda del cuerpo de los cristianos:
- Rm 12,1: víctimas agradables a Dios:
“Hermanos, yo los exhorto, por la misericordia de Dios,
a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva,
santa y agradable a Dios: éste es el culto espiritual que
deben ofrecer”.
- Ap 2,13b: el cristiano, un testigo el:
“A pesar de todo, permaneces el a mi nombre y no
has renegado de tu fe en mí, ni siquiera en la época
de Antipas, mi testigo el, al que mataron en el lugar
donde habita Satanás”.
c) El martirio es el supremo testimonio de Cristo y un don de la
gracia divina; no se busca ni se provoca, sino que es aceptado, si es que
se llama a la persona a ser mártir.
d) Según Justino (2024), la eucaristía es la memoria de la pasión
de Cristo. Por tanto, el sacricio de Cristo se realiza en el sacricio de la
Iglesia, que es su memorial.
e) La liturgia (que signica “obra del pueblo”) no es solo una
celebración, sino que es la participación real en la misma obra de salvación
de Dios, la cual incluye la llamada al martirio. La liturgia, y en particular la
misa, transforma a los participantes para que puedan vivir su fe de manera
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que se conviertan en “eucaristías vivientes”, es decir, ofrendas vivas,
preparándolos para los sacricios que la vida cristiana pueda demandar.
3. Datos litúrgicos en las Acta martyrum
Las Acta martyrum contienen abundante información litúrgica.
a) La negación de ofrecer incienso y sacricios a los dioses:
aparte de su signicación política, tiene un sentido litúrgico profundo: la
conciencia de que el culto propio de los cristianos es incompatible con
cualquier forma de idolatría, y de que culto y vida van unidos: “Sine
dominico non possumus”, `no podemos vivir sin celebrar el domingo´,
contestan los mártires de Abitina cuando se les reprocha haber seguido
celebrando la eucaristía a pesar de la prohibición
5
.
b) El martirio se prepara con la oración, los cantos y la celebración
de los sacramentos, para que los cristianos perseguidos se fortalezcan
en la debilidad durante los tormentos. De este modo, los cristianos se
dirigen al martirio con serenidad, alegría, mansedumbre y silencio, sin
faltar ocasionalmente la altivez.
c) Las profesiones de fe en el momento del martirio son un eco de
la liturgia bautismal y de las catequesis mistagógicas subsiguientes a la
celebración de la iniciación cristiana
6
. En este sentido, muchos relatos de
martirio terminan con una doxología a la Trinidad o a Cristo, y abundantes
referencias a la realeza de Cristo (cfr. Jn 18,37b).
d) La acción de gracias al escuchar la sentencia condenatoria
7
.
e) Las Actas proconsulares y las pasiones son leídas en la liturgia
de la Iglesia africana desde antiguo (Saxer, 1984, p. 27; Ortuño Arregi,
2024, p. 87).
5
Ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. XI, 984; también apenas modicada en n. XII, p.
986: Como si el cristiano pudiera pasar sin celebrar el misterio del Señor. En ibidem n.
IX, p. 981, y n. X, p. 882, entre otros lugares, encontramos una expresión análoga: el día
del Señor no puede interrumpirse.
6
Ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. 1, 904: los mártires de Palestina, “por haber confe-
sado a un solo Dios y un solo ungido Rey, Jesús”; o bien, ibidem: n. 7, p. 915: “[Teodosia]
se acercó a a un grupo de prisioneros que confesaban el Reino de Cristo y estaban sen-
tados delante del tribunal»; ibidem n. 8, p. 918: “Llegados a Cesarea, todos confesaron al
Dios del universo y a Cristo”.
7
Ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. V, p. 977: Doy gracias al Dios de los reinos [...].
Señor Jesucristo, somos cristianos, a ti servimos; eres nuestra esperanza, eres la
esperanza de los cristianos. Dios santísimo, Dios altísimo, Dios omnipotente. A ti rendimos
alabanzas, por tu nombre, Señor Dios omnipotente; ibidem n. XIII, p. 987: ¡Oh Cristo, a
ti te doy alabanzas!.
44
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
f) La profunda conciencia de que el mártir es una ofrenda sacricial,
como Policarpo. Por mismo eso, Aano es considerado un “cordero
inocente”, en evidente paralelismo con Cristo.
g) La celebración litúrgica festiva subsiguiente al martirio con
las reliquias rescatadas de los perseguidores. Para impedir estas
celebraciones, no era raro que los perseguidores ultrajaran las reliquias o
impidieran que los eles las recogieran.
h) Los mártires son considerados intercesores ante el Señor.
i) Los pastores sufren por la destrucción de los vasos sagrados y
de los otros inmuebles de la Iglesia (Ruiz Bueno, 2003, pp. 938; 933; 990;
1000; 1002; 1004; 275; 908; 761; 951; 276; 1014; 915; 935; 268).
Hallamos asimismo otros aspectos referentes a la liturgia:
Principios de teología litúrgica
- El culto divino de los cristianos se opone a la liturgia pagana, y
por celebrarlo, se sufre martirio
8
.
- Para Ireneo de Sirmium, sacricar a los demonios es negar a
Dios; cfr 1Cor 10,14-22). Para este mismo mártir, la confesión de
fe en la persecución es equiparada a un sacricio.
- Los tormentos son unciones para los cristianos martirizados.
- El sentido nupcial del martirio, pues Blandina iba hacia las eras
como si la invitaran a un banquete nupcial y los mártires de Lyon
iban como novias engalanadas hacia la muerte
9
.
- La viva consciencia de la comunión de los santos: la oración
por la Católica o por diversos colectivos, de Cipriano de Cartago;
Fructuoso ; los mártires de Palestina, o Policarpo.
- Maximiano entiende el bautismo como marca de Cristo (Ruiz
Bueno, 2003, pp. 1026; 1027; 652; 342; 756; 791; 921; 270; 948;
949).
8
Ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. 3, 906: [Timoteo] alcanzó la corona de los sagra-
dos vencedores en los combates por el culto divino.
9
Ruiz Bueno, Actas de los mártires, “Los mártires avanzaban las caras bañadas de gloria y
gracia; sus mismas cadenas las ceñían como un adorno y distinción, como viste una novia
engalanada sus franjas recamadas de oro.
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Celebraciones
- Realización de una vigilia en la víspera del martirio de Cipriano
de Cartago.
- Fructuoso de Tarragona celebra la estación litúrgica en la cárcel
y bautiza allí mismo a un catecúmeno.
- La oración con los brazos en cruz en medio de las llamas de
Fructuoso, de los mártires de Asia menor ante las eras, de un
joven de 20 años y de una virgen antes del martirio.
10
- El cuerpo del mártir es sepultado bajo el altar, como es el caso
del diácono Vicente de Zaragoza.
- Fructuoso y sus diáconos difuntos se aparecen ante su perseguidor
con los “ornamentos del cielo” (in stolis repromissionis), según
la traducción de Ruiz Bueno, o sea, participando de la liturgia
celestial.
- Se celebra al mártir Policarpo en el día de su natalicio, es decir,
en el aniversario de su muerte (Ruiz Bueno, 2003, pp. 745; 758;
759; 791; 789; 792; 877; 1017; 794; 612).
Relación entre Palabra de Dios y liturgia
- La constancia de que las sagradas Escrituras son leídas en
comunidad.
- Flaviano, prefecto de Palestina, ordena la destrucción de los
libros de la Escritura.
11
Por este motivo, es comprensible la rme
negación a entregar los libros de la Palabra de Dios.
- Los mártires escilitanos acuden al martirio con los libros de la
Palabra de Dios, entre ellos las cartas de Pablo (Ruiz Bueno,
2003, pp. 919; 986; 354).
El ejercicio del ministerio en el propio martirio
- La asistencia de los diáconos a Cipriano de Cartago en el
momento del martirio.
10
ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. 8, 921: la mártir reza por los judíos, los samaritanos,
el juez que la condenó y la masa que asiste a la ejecución.
11
ruiz Bueno, Actas de los mártires, n. 3, 870. También en la persecución africana, en tiem-
pos de Diocleciano y Maximino, junto a la estricta prohibición del culto; ibidem n. I, 973.
46
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
- El obispo es tomado preso con sus diáconos, que comparten
su suerte después de haberlo servido en la liturgia, como en el
martirio del obispo Fructuoso de Tarragona o el del diácono Vicente
de Zaragoza, que es muerto con Valerio, su obispo.
- El diácono Vicente de Zaragoza, por tener el encargo de predicar
la Palabra por la dicultad de su obispo, es también quien deende
la causa de los cristianos ante el tribunal (Ruiz Bueno, 2003, pp.
760; 1002).
4. El propio de la misa de Mons. Óscar A. Romero
12
Introducción
El propio de la misa de Mons. Óscar A. Romero es inusualmente
extenso, lo que revela la importancia que se le da a su persona. Está formado
por cuatro formularios completos, excepto el prefacio, los dos primeros
tomados del común de mártires, y los otros dos, del común de pastores.
El mensaje es claro: Mons. Romero no es solo un mártir, asesinado en
un momento difícil y duro para el pueblo salvadoreño, sino también un
modelo de pastor a imitar; esto último es lo que litúrgicamente universaliza
su gura, sin dejar de estar encarnada en la realidad latinoamericana.
Por tanto, el mártir san Romero de América, como lo llamaba el también
obispo Pedro Casaldáliga, sirve de ejemplo de pastor en cualquier lugar
del mundo, en cualesquiera circunstancias. Esto es determinante para su
culto. Fíjense cómo se menciona en el Martirologio: obispo y mártir; o sea,
primero se le considera pastor y luego mártir, aunque luego se pongan
en primer lugar los formularios como mártir, comprensiblemente en El
Salvador. Así se maniesta que su muerte no fue un simple asesinato por
motivos políticos, sino una auténtica muerte martirial, es decir por “odium
dei”.
El hilo conductor de los formularios es la oración colecta única,
permitiendo conservar la unidad esencial de la eucología y a la vez
presentar con mayores matices la personalidad de Romero en el resto
de las piezas eucológicas, ofreciendo un rico panorama de su vida y
ministerio pastoral, pero tomando prestados los lugares comunes de
los formularios, sin novedades personalizadas. Por otra parte, muestra
la apertura de las autoridades romanas competentes, que aprobaron los
12
Memoria de san Óscar Arnulfo Romero, obispo y mártir. Textos litúrgicos para la cele-
bración. Nueva edición totalmente revisada y aumentada. Con aprobación del Ordinario.
San Salvador 2018.
Vol. 24, N.
o
48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 35-53
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.546
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ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
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textos litúrgicos, hacia la causa de Mons. Romero, como superando, al
menos ocialmente, las pasadas reticencias curiales hacia su persona.
Por supuesto, acá está la inuencia del papa Francisco, que ya sacó su
expediente de canonización del atasco al que había sido sometido, “por
prudencia”, en la Congregación para la Doctrina de la Fe. No obstante,
es de justicia señalar la evolución del papa Juan Pablo II hacia Mons.
Romero, desde el rechazo inicial a la insistencia posterior a que fuera
incluido entre los mártires del s. XX citados en la celebración ecuménica
en el Coliseo de Roma. Además, hay que recordar su visita a la tumba
de Romero, fuera del programa ocial, en su primer viaje apostólico a El
Salvador en marzo de 1983. Así dijo en su alocución del 6 de marzo en la
catedral metropolitana:
Reposan dentro de sus muros [de la catedral] los restos mortales
de Mons. Óscar Romero, celoso pastor a quien el amor de Dios
y el servicio a los hermanos condujeron hasta la entrega misma
de la vida de manera violenta, mientras celebraba el Sacricio del
perdón y reconciliación.
El Papa no usa la calicación de mártir, porque todavía no había
sido reconocido como tal por la Iglesia.
Voy a subrayar los incisos que aluden directamente a Mons.
Romero introducidos en el texto de los formularios citados del misal.
13
La oración colecta única
Dios omnipotente y misericordioso,
que otorgaste a san Óscar, obispo,
dar su vida, cuando celebraba la Eucaristía,
en un acto supremo de amor a ti,
concédenos, te rogamos,
que así como a él le diste la gracia
de imitar con su muerte la pasión del Señor,
alcancemos nosotros,
siguiendo las huellas de tu mártir,
los gozos eternos. (Conferencia del Episcopado Mexicano, 2018)
13
A falta del misal salvadoreño, se toma como referencia la edición: Misal romano, edición
típica para México según la editio típica tertia.
48
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
Esta bella y expresiva oración procede del primer formulario común
del misal para un mártir en tiempo pascual, modicándola levemente en
su parte inicial:
14
“Dios omnipotente y misericordioso, que otorgaste a san
Óscar, obispo, dar su vida, cuando celebraba la Eucaristía, en un acto
supremo de amor a ti”. Como vemos, el inciso menciona el detalle de
las circunstancias de su martirio, durante la celebración eucarística. Juan
Pablo II ya citó este pormenor de una manera más completa incluyendo
su ministerio pastoral (“el amor de Dios y el servicio a los hermanos”). De
esta forma, se introduce en la eucología esta modalidad de muerte martirial
como acto supremo de amor a Dios. Por tanto, es una clara alusión a la
relación entre eucaristía y martirio; es el Sitz in Leben de la donación
existencial de Mons. Romero, en el que culmina su ejercicio episcopal.
No es baladí la referencia a la participación de Mons. Romero en
la pasión del Señor, pues es un lugar común en la eucología martirial
como forma más elevada de la imitación de Cristo, pero lo interesante es
que se habla de ello como una gracia, ya que el propio Romero habló de
su eventual martirio como de una gracia inmerecida: “El martirio es una
gracia de Dios que no creo merecer; pero si Dios acepta el sacricio de mi
vida, que mi sangre sea semilla de libertad y el signo de que la esperanza
pronto será una realidad”
15
.
Así, pues, no solo la vida sino hasta su propia muerte, se
interpretan teológicamente más allá de las circunstancias históricas,
descartando una muerte política. Esto se conrma cuando se pide que sus
imitadores alcancen “los gozos eternos”, en una referencia escatológica
a su intercesión. Está claro que se pretende insistir en una interpretación
fundamentalmente religiosa de su gura, sin desencarnarla de la realidad
histórica.
Formularios del común de mártires
Primer formulario
Oración sobre las ofrendas
“Señor, santica con tu bendición
estas ofrendas que te presentamos,
14
Misal romano, 936. La cláusula inicial original dice: Dios y Padre nuestro, que para glo-
ria de tu Iglesia te dignaste coronar con el martirio a san N..
15
Declaración telefónica realizada el 11 de marzo de 1980, publicada el 25 de marzo del
mismo año en el suplemento Revista de las revistas del tabloide mexicano El Excélsior.
Vol. 24, N.
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48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 35-53
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.546
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y concédenos la gracia
de vivir encendidos en el fuego de tu amor
que dio fuerza a san Óscar, obispo,
para soportar los tormentos”.
Oración después de la comunión
“Señor, que el sacramento que hemos recibido
nos dé la fortaleza con que el mártir Óscar, obispo,
se mostró siempre el a tu servicio
y vencedor en el tormento”.
La oración sobre las ofrendas se encuentra en el primer formulario
común del misal para un mártir fuera del tiempo pascual
16
. La de después
de la comunión, proviene del mismo formulario, con modicaciones
redaccionales. En ambas oraciones, lo único original es que se inserta
el nombre de Mons. Romero como obispo. La referencia a los tormentos
padecidos puede inferirse quizás de su muerte o de los padecimientos
sufridos en su ministerio pastoral, pero es evidente que en absoluto a
torturas acaecidas antes de su asesinato. Aquí es donde se nota que se
trata de textos genéricos readaptados.
Segundo formulario
Oración sobre las ofrendas
“Dios de misericordia,
derrama tu bendición sobre estos dones
y guárdanos en la fe
que tu mártir Óscar, obispo,
confesó con su sangre”.
Oración después de la comunión
“Reanimados por estos sacramentos
te rogamos, Señor,
que imitando la constancia de tu mártir Óscar, obispo,
merezcamos recibir de tus manos
el premio prometido a la paciencia”.
16
Misal romano, 931.
50
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
La primera oración se halla en el formulario común para un mártir
fuera del tiempo pascual,
17
y la segunda, en el mismo formulario
18
. Otra
vez, el inciso consiste en poner el nombre de Óscar, obispo.
Formularios del común de pastores
Primer formulario
Oración sobre las ofrendas
“Señor, dirige tu mirada propicia
sobre las ofrendas que te presentamos
en la festividad de san Óscar, obispo,
que ellas nos merezcan tu perdón
y gloriquen tu piedad y tu nombre”.
Oración después de la comunión
“Reanimados por estos sacramentos
te rogamos, Señor, humildemente
que, a ejemplo de san Óscar, obispo,
nos esforcemos en dar testimonio
de aquella misma fe que él profesó en su vida
y en llevar a la práctica todas sus enseñanzas”.
Localizamos la oración sobre las ofrendas en el primer formulario
del común de pastores, para un obispo;
19
la de postcomunión, en el mismo
formulario.
20
En ambas, nada más se inserta el sintagma “de san Óscar,
obispo”.
17
Misal romano, 932.
18
Misal romano, 933.
19
Misal romano, 944.
20
Misal romano, 944.
Vol. 24, N.
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48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 35-53
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.546
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Segundo formulario
Oración sobre las ofrendas
“Recibe, Señor, las ofrendas
que tu pueblo te presenta en la esta de san Óscar, obispo,
que ellas nos merezcan, como lo esperamos,
el auxilio de tu misericordia”.
Oración después de la comunión
“Alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
te suplicamos, Señor,
que lo que hemos celebrado con piedad sincera
produzca en nosotros los frutos
de una plena redención”.
La oración sobre las ofrendas procede del segundo formulario
del común de pastores, para un obispo;
21
la de postcomunión, del
mismo formulario.
22
En la primera, el único cambio es la mención a “san
Óscar, obispo”; en la segunda, no aparece siquiera su nombre, como
tampoco en la oración original se cita al mártir conmemorado.
Conclusiones
a) Los mártires experimentan vitalmente con su muerte, es
decir, con su sacricio existencial, lo que previamente habían celebrado
sacramentalmente en el bautismo y, especialmente, en la eucaristía. Por
eso, los mártires eran enterrados antiguamente bajo el altar o bien se
erigían altares sobre su tumba. Mons. Romero murió literalmente al pie
del altar en coherencia con esta venerable tradición, seguramente sin que
su asesino se diera cuenta de la densidad teológica de su acción.
b) La relación entre liturgia y martirio está ligada, pues, con el
concepto de “sacricio”, que es más que el simple derramamiento de
sangre heroico por unos valores determinados; en cristiano, el sacricio
es la entrega integral de la persona, su donación existencial por amor,
porque Dios les ha concedido concretamente esta gracia. Así, pues, la
memoria litúrgica de los mártires no es una “apoteosis” (divinización) de
21
Misal romano, 945.
22
Misal romano, 946.
52
Gabriel Seguí i Trobat
Liturgia y martirio del sacricio sacramental al sacricio existencial
su persona, sino una celebración doxológica de la victoria pascual de
Cristo en ellos. El mártir cristiano se distingue del héroe porque no muere
por iniciativa propia, como un valiente, desde sus propias fuerzas, sino
por iniciativa divina, que le conere el coraje necesario para enfrentar
la muerte. Acá suenan con fuerza las palabras del Señor a Pedro: “Te
aseguro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías;
pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá y te llevará
a donde no quieras ir. Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de
qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a gloricar a Dios con su
muerte” (Jn 21,18-19). Por esta misma causa, no celebramos la eucaristía
“en honor” de un mártir, como se dice incorrectamente a veces, sino “en
memoria” de él, a la luz de la Pascua del Señor.
c) La liturgia expresa lo que se juega la Iglesia y a lo que juega:
se juega y juega a dar la propia sangre a imitación del Maestro. Pero esta
dinámica es inseparable de su memoria, la eucaristía, donde convergen
el sacricio de Cristo y el de la Iglesia. Al relacionar liturgia y martirio,
resulta también evidente que el martirio no es simplemente la entrega de
la vida por un ideal o unos valores, sino es la culminación de la “sequela
Christi” (el seguimiento de Cristo): damos la vida por una Persona y unas
personas, los miembros de su Cuerpo místico.
d) Por denición, la liturgia martirial es ecuménica: por ser el
memorial del sacricio de Aquel que dio su vida por muchos, es memoria
de la muerte de todos los que han dado la vida por Cristo y los hermanos,
cualquiera que sea su Iglesia o confesión cristiana. En este sentido, una
celebración bellamente signicativa fue la que presidió el papa Juan Pablo
II el 7 de mayo de 2000 en el Coliseo de Roma durante el Jubileo de
dicho año, en la que se recordaron cristianos sin distinción de credos,
asesinados por su testimonio de fe.
e) Al celebrar el sacricio cruento de los testigos del Dios vivo,
no se puede olvidar el sacricio incruento diario, ofrecido también en la
eucaristía.
f) La memoria martirial muestra que, en la Iglesia, más allá de la
pompa y sus miserias por parte de su naturaleza humana, al nal sólo
queda el amor y el testimonio de la verdad en la justicia.
g) La ampliación del concepto de martirio obliga a replantear el
culto litúrgico a los mártires, que es imprescindible para que nosotros
conservemos su memoria e imitemos su testimonio. Igualmente, es preciso
depurar conceptos a partir de las reglas de la metodología teológica e
imaginar formas de memoria celebrativa para aquellos que murieron antes
de tiempo por cualquier motivo, especialmente por las virtudes teologales.
Vol. 24, N.
o
48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 35-53
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.546
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ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
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