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ISSN 1994-733X
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Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.545
http://hdl.handle.net/11715/2884
Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda
mutua durante el conflicto armado
Rethinking foreign aid: mutual aid initiatives during
the armed conflict
Zoe L. Blake
Universidad Centroamericana José
Simeón Cañas, Fulbright Scholar,
El Salvador
Correo electrónico: blakelzoe@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0002-5619-4820
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
Blake, Z. L. (2026). Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda mutua durante el conflicto
armado. Teoría y Praxis, 24(48). https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.545
Recibido: 28 de noviembre 2025
Aceptado: 10 de febrero 2025
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48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 70-83
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Resumen
Durante las décadas de 1980 y principios de 1990, el conicto armado en El
Salvador estuvo profundamente marcado por la intervención militar y económica
de Estados Unidos. Sin embargo, este énfasis en la política exterior estatal ha
tendido a eclipsar las múltiples formas de solidaridad y ayuda mutua impulsadas
por ciudadanos estadounidenses comunes. Este trabajo replantea el concepto
de ayuda exterior al analizar iniciativas de base —religiosas, comunitarias y
sindicales— que desaaron activamente la política ocial estadounidense. A
través del estudio del Movimiento Santuario, iglesias y organizaciones como el
Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador (CISPES) y Neighbor to
Neighbor (N2N), así como la participación de sindicatos como el International
Longshore and Warehouse Union (ILWU), el ensayo demuestra que la solidaridad
transnacional constituyó una fuerza política y moral signicativa. Estas acciones
no solo proporcionaron apoyo material y simbólico a los salvadoreños, sino que
también cuestionaron los discursos dominantes de la Guerra Fría, evidenciando
el papel de los ciudadanos como agentes activos en la construcción de justicia y
paz transfronterizas.
Palabras clave
Ayuda exterior, solidaridad transnacional, El Salvador, Movimiento santuario,
Guerra fría
Abstract
During the 1980s and early 1990s, the armed conict in El Salvador was deeply
marked by US military and economic intervention. However, this emphasis on
state foreign policy has tended to overshadow the many forms of solidarity and
mutual aid promoted by ordinary US citizens. This work reframes the concept
of foreign aid by analyzing grassroots initiatives—religious, community, and
union-based—that actively challenged ofcial U.S. policy. Through the study of
the Sanctuary Movement, churches and organizations such as the Committee
in Solidarity with the People of El Salvador (CISPES) and Neighbor to Neighbor
(N2N), as well as the participation of unions such as the International Longshore
and Warehouse Union (ILWU) and International Association of Machinists and
Aerospace Workers (IAM), the essay demonstrates that transnational solidarity
constituted a signicant political and moral force. These actions not only provided
material and symbolic support to Salvadorans, but also challenged the dominant
discourses of the Cold War, highlighting the role of citizens as active agents in the
construction of cross-border justice and peace.
Keywords
Foreign aid, transnational solidarity, El Salvador, Sanctuary Movement, Cold War
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Zoe L. Blake
Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda mutua durante el conicto armado
Introducción
En la década de 1980 y principios de la de 1990, el conicto
armado en El Salvador se vio avivado por los poderosos del norte
en un intento por proteger sus intereses. Por temor a que un nuevo
sistema político y económico se extendiera por todo el continente
americano, el Gobierno de los Estados Unidos envió un millón de
dólares diarios en ayuda militar al Gobierno de El Salvador, lo que
supuso un gasto total estimado de 6000 millones de dólares para
reprimir la rebelión popular que se estaba produciendo en el país
(Hayner, 2011).
A lo largo de la década de 1980, casi el 60 % de esa ayuda
“no fue aprobada por los comités de asignaciones del Congreso”
y se nanció con “fondos discrecionales presidenciales”, lo que
demuestra que esta nanciación del terror hacia el pueblo de El
Salvador no fue autorizada por el pueblo de los Estados Unidos,
sino por los poderosos de esta país (Pedersen, 2013). Este patrón
de asistencia militar subraya hasta qué punto las élites políticas y
económicas estadounidenses buscaban una victoria decisiva de
las fuerzas de derecha en El Salvador para preservar los intereses
regionales existentes (Howard, 2012). Si bien esta información es
fácilmente accesible, se ha prestado mucha menos atención a las
formas de solidaridad y ayuda mutua que surgieron en los Estados
Unidos durante este período. Este ensayo examina esos esfuerzos
de solidaridad y su importancia en el panorama más amplio de las
relaciones entre los Estados Unidos y El Salvador.
Para comprender de manera integral la participación de
Estados Unidos en el conicto armado salvadoreño, es necesario
tener en cuenta las formas de ayuda mutua que prestaron los
estadounidenses comunes y corrientes, además de la asistencia
militar que proporcionó el Gobierno de Estados Unidos, que es
la que se suele examinar con mayor frecuencia. El análisis de
las iniciativas de solidaridad internacional con El Salvador que
se llevaron a cabo en Estados Unidos permite obtener una visión
histórica más clara, ofrece vías para fortalecer las relaciones
interculturales y proporciona información sobre cómo se podrían
abordar los conictos transnacionales en el futuro.
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Este ensayo examinará en primer lugar el surgimiento del
Movimiento Santuario estadounidense y su posterior evolución
hacia un movimiento de solidaridad más amplio durante la década
de 1980 y principios de los 90, seguido de una visión general de
varias organizaciones activas dentro de este movimiento y las
estrategias que emplearon para apoyar a los salvadoreños y otros
centroamericanos durante la guerra fría.
Orígenes del Movimiento santuario
La adopción por parte de la Iglesia Católica de las enseñanzas
sociales articuladas en Medellín (1968) y rearmadas posteriormente
en Puebla (1979), basadas en las enseñanzas sociales del Concilio
Vaticano II y en sintonía con las demandas reprimidas de los sectores
populares, la reconvirtieron en defensora de la reforma estructural y
el cambio social participativo.
Al alinearse públicamente con estas posiciones, la Iglesia
rompió su antiguo pacto con el Estado, en virtud del cual recibía
privilegios a cambio de legitimar la autoridad estatal. Esta ruptura
provocó una reacción violenta por parte de las élites políticas y
económicas, que culminó en una intensicación de la persecución
de la base eclesial de la Iglesia (Trigo, 1987). Junto a clérigos
martirizados como Rutilio Grande y Óscar Romero, los laicos
católicos salvadoreños también soportaron el peso de la represión
estatal. La historia de Dora Rodríguez ilustra este patrón más amplio
de persecución entre los católicos laicos. Rodríguez, una líder juvenil
que trabajaba junto a las Hermanas Maryknoll de Norteamérica al
inicio del conicto armado, regresaba a casa después de una reunión
de grupo en enero de 1980 cuando oyó disparos y gritos. Tras huir
y refugiarse brevemente, salió y descubrió que su compañero líder
juvenil había sido asesinado.
Ese momento dejó claro que permanecer en El Salvador sería
incompatible con la supervivencia. Tras dos intentos fallidos, ella y
otras tres docenas de personas se embarcaron en un peligroso viaje
hacia el norte bajo la guía de coyotes durante una ola de calor en
junio de 1980. Sufriendo penurias extremas debido a la falta de agua
disponible, Rodríguez recurrió a su fe en el desierto, recitando el
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Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda mutua durante el conicto armado
Salmo 91 para misma y para los demás. Cuando su deshidratación
se volvió casi letal, fue recogida por la patrulla fronteriza y llevada
a un hospital local, donde ella y otros recibieron atención médica.
Dado que la ciudad donde estaba recibiendo tratamiento había
acogido recientemente a un estudiante de intercambio salvadoreño
que había perdido a tres amigos a manos de los escuadrones de
la muerte, los habitantes de la ciudad comprendían mejor que la
mayoría de los estadounidenses por qué ella estaba cruzando el
desierto, tratando de escapar de El Salvador.
Después de recuperarse lo suciente como para salir del
hospital, Rodríguez fue trasladada a una celda. Tras pasar algún
tiempo encerrada, un agente se acercó a ella y le anunció que iba
a ser puesta en libertad porque un grupo de iglesias de la zona
había ayudado a pagar su anza. El pastor John Fife, de la Iglesia
Presbiteriana Southside, con sede en Tucson, fue quien movilizó a
las iglesias locales para pagar la anza. Fife continuaría organizando
más acciones contra el gobierno de los Estados Unidos, llegando
incluso a declarar su iglesia—entre otras—como santuario, donde
la ley litúrgica era superior a la ley federal de inmigración (Rodríguez
& Carpenter, 2025).
En marzo de 1982, líderes religiosos de otras cinco iglesias
de todo el país se unieron valientemente y se declararon santuarios
para los centroamericanos que huían de la violencia que los estados
unidos perpetúan en el sur, lo que marcó el surgimiento formal del
Movimiento Santuario (Zinn Education Project, s.f.).
A medida que esta iniciativa se expandía, la red de refugios
basados en iglesias siguió creciendo y los participantes colaboraron
cada vez más con organizaciones seculares de base para estimular
acción directa y un diálogo a nivel nacional sobre la participación de
Estados Unidos en El Salvador (Lindskoog, 2023).
Comité en Solidaridad con el pueblo de El Salvador (CISPES)
La organización secular de base más destacada que surgió
del Movimiento Santuario fue el Comité de Solidaridad con el Pueblo
de El Salvador (CISPES). El grupo suscitó una gran controversia
debido a sus relaciones con los hermanos Hándal y su apoyo
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explícito a los insurgentes de izquierda que formaban parte del FMLN
y el FDR. En respuesta, el FBI inició una amplia investigación en la
que se alegaba que el CISPES estaba involucrado en actividades
terroristas internacionales (Shenon, 1988).
Las actividades calicadas como “terroristas” incluían
el establecimiento de secciones en todo Estados Unidos, la
organización de manifestaciones a nivel nacional y la coordinación
de delegaciones entre activistas estadounidenses y salvadoreños.
Entre estas actividades, las delegaciones patrocinadas por
el CISPES constituían posiblemente la forma de solidaridad
más trascendente de la organización. Al nanciar los viajes de
activistas salvadoreños por todo Estados Unidos, el CISPES facilitó
oportunidades para que los salvadoreños informaran al público
estadounidense sobre el conicto y cultivaran redes a través de
las cuales pudiera uir el apoyo material y relacional. La amenaza
percibida de estas conexiones transnacionales es evidente en un
documento desclasicado de la Central Intelligence Agency (CIA,
1986), en el que se señala que:
La creación de redes es parte integral de una iniciativa
más amplia en varios frentes para crear nuevas
organizaciones de solidaridad con el FMLN con el n
de proporcionar apoyo nanciero y moral ahora que
la insurgencia se encamina hacia una estrategia de
guerra prolongada.
El documento destaca además los intercambios entre
universidades de El Salvador y Estados Unidos, y describe una
infraestructura de solidaridad bien desarrollada a través de la cual los
activistas estudiantiles coordinaban campañas públicas, difundían
información y creaban redes tras las giras de conferencias de los
líderes estudiantiles salvadoreños, armando que:
La red de universidades ofrece un caso instructivo
sobre los objetivos y las técnicas utilizadas por la
izquierda en otros frentes de solidaridad... [Los
activistas estudiantiles] han revelado una red de apoyo
“solidaria” bien establecida, tanto en la [Universidad de
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Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda mutua durante el conicto armado
El Salvador] como en Estados Unidos. Los activistas
universitarios han puesto en marcha rápidamente una
campaña de relaciones públicas para denunciar las
detenciones de líderes estudiantiles y han establecido
una red de contactos telefónicos entre ellos y con
“partidarios” estadounidenses... [M]uchos de los
cuales se reunieron durante una serie de giras de
conferencias recientes en Estados Unidos realizadas
por líderes estudiantiles universitarios radicales
salvadoreños. (CIA, 1986)
Tras detallar estas actividades, el documento concluye
nalmente que la colaboración entre las organizaciones
estadounidenses y el FMLN reforzó la determinación de los
salvadoreños implicado en el movimiento popular al demostrar que
algunos sectores de la población estadounidense se oponían a las
políticas aplicadas por su Gobierno, armando que
Los grupos estadounidenses que colaboran con
el FMLN para dar a conocer que hay personas en
Estados Unidos que se oponen a la guerra que libra
nuestro Gobierno suponen un enorme estímulo para
la voluntad del pueblo de seguir adelante. (CIA, 1986)
Neighbor to Neighbor (N2N)
Como es habitual en los movimientos sociales, las diferencias
políticas internas provocaron la fragmentación organizativa y
la aparición de nuevos grupos. Neighbor to Neighbor (N2N), la
siguiente organización que se analizará, surgió como respuesta
al descontento con lo que algunos consideraban una orientación
excesivamente radical de CISPES.
Adoptando un enfoque más moderado y centrado en
las instituciones, N2N concentró sus esfuerzos en los distritos
electorales, trabajando directamente con los legisladores para
asegurar votos en contra de la ayuda militar de Estados Unidos al
gobierno salvadoreño. Cuando los funcionarios electos se negaron
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a oponerse a dicha ayuda, N2N apoyó a los candidatos que se
comprometieron a poner n a la participación de Estados Unidos en
la guerra civil salvadoreña. Esta estrategia resultó ecaz: gracias
a su compromiso electoral sostenido, N2N contribuyó a la elección
y la permanencia en el cargo de representantes que se oponían a
la ayuda militar a El Salvador a lo largo de la segunda mitad de la
década de 1980. En 1989, N2N había conseguido el apoyo de 161
legisladores para la H.Con.Res. 48, conocida como la “Resolución
Pelosi”.
La resolución fue el primer procedimiento legal formal
emprendido para poner n a toda la ayuda militar concedida al
Gobierno de El Salvador, en la que se armaba: “El Gobierno de
los Estados Unidos debe buscar una solución política negociada a
la guerra civil en El Salvador. Considerando que, tras nueve años,
3 000 millones de dólares de nanciación estadounidense y 70 000
muertos, es evidente que no se puede lograr una solución militar a
la guerra civil en El Salvador…” (H.Con.Res.48, 101st Congress,
1989). Presionar al Congreso para que impulsara dicha medida
representó el acto de solidaridad más trascendental de N2N, tanto
por expresar públicamente su oposición a la política estadounidense
como por establecer un marco legal para la retirada del conicto
armado.
Además de su labor de defensa ante el Congreso, N2N
organizó un boicot nacional al café salvadoreño a petición de los
líderes de la Unión de la Industria Cafetera de El Salvador (SICAFE).
Los líderes de la SICAFE argumentaron que un boicot exitoso
desaaría los intereses económicos de las familias oligárquicas
cuyo poder sostenía el conicto, armando que “el café es la historia
de El Salvador... Si se logra organizar un boicot exitoso, afectará
directamente a las 14 familias que han contribuido al problema y
eso supondrá un enorme impulso para la paz” (Fred Ross Project,
s.f.).
A raíz del asesinato de los jesuitas de la UCA y la continua
aprobación de la ayuda militar por parte del Congreso, N2N lanzó su
campaña para boicotear los granos de café salvadoreños antes de
lo previsto con la publicación de un controvertido anuncio en el que
se veía una taza con la bandera salvadoreña invertida derramando
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Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda mutua durante el conicto armado
sangre mientras un narrador decía: “Dile a tu supermercado que te
niegas a comprar Folgers, que utiliza café cultivado en El Salvador.
Boicotea el café Folgers, lo que elabora es miseria y muerte”
(Neighbor to Neighbor Salvadoran Coffee campaign, 2015).
El Sindicato Internacional de Estibadores y Almacenistas
(ILWU) e otros
Para reforzar el boicot al café, N2N colaboró estrechamente
con el Sindicato Internacional de Estibadores y Almacenistas (ILWU)
para interrumpir la cadena de suministro de café salvadoreño. El
presidente del ILWU, Jim Herman, llevaba aproximadamente una
década participando en diversas formas de solidaridad con el pueblo
salvadoreño. A través de la publicación mensual del sindicato, The
Dispatcher, Herman utilizaba regularmente su plataforma para
informar a los trabajadores sobre la política exterior estadounidense
y criticar el intervencionismo de Estados Unidos. En un periodico de
1980, advirtió que “la intervención diplomática y militar de Estados
Unidos en el extranjero es una amenaza real” (Herman, 1980), y
expresó su preocupación por los salvadoreños “que se atreven
a enfrentarse a sus nuevos gobernantes, ahora respaldados
rmemente por su nuevo amigo en Washington [D.C.]” (Herman,
1980). Más tarde argumentó que el presidente Reagan no podía
satisfacer el deseo de paz de los estadounidenses “intensicando
la carrera armamentística y enviando cañoneras a El Salvador”,
insistiendo en cambio en la necesidad de una coalición unicada
de organizaciones sindicales y comunitarias comprometidas con la
paz (Herman, 1980). Herman tradujo estas posiciones en acciones
directas.
Un artículo de Dennis Schaal publicado en The Guardian
en 1981 identicó a la ILWU como la organización que había
demostrado el acto de solidaridad más signicativo hasta la fecha
al negarse a cargar equipo militar estadounidense destinado al
Gobierno salvadoreño. Según informó Schaal (1981):
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El pasado mes de diciembre, el sindicato de estibadores
con sede en la costa oeste inició un boicot a todo el
equipo militar estadounidense destinado al régimen
de Duarte. Esta negativa a cargar y manipular armas
y suministros estadounidenses sigue vigente hoy en
día en 30 puertos.
La organización de este bloqueo militar de facto no solo
representó la intervención más trascendental de la ILWU, sino
también, posiblemente, la acción más impactante llevada a
cabo por cualquier organización dentro del movimiento solidario
estadounidense, ya que obstaculizó directamente las operaciones
logísticas del complejo militar-industrial estadounidense.
Es importante señalar que los esfuerzos solidarios de la ILWU
se vieron reforzados por una amplia coalición de organizaciones
sindicales estadounidenses. A pesar de la oposición sostenida de
los dirigentes de la AFL-CIO, que hacían hincapié en la colaboración
con el Instituto Americano para el Desarrollo del Trabajo Libre
(AIFLD), una organización que promovía iniciativas represivas de
reforma agraria en El Salvador y mantenía vínculos documentados
con la CIA, numerosos sindicatos internacionales y sus secciones
locales expresaron activamente su apoyo a los trabajadores y
campesinos salvadoreños. Entre ellos se encontraban, entre
otros, la Asociación Internacional de Maquinistas y Trabajadores
Aeroespaciales (IAM), el Sindicato de Trabajadores del Automóvil
(UAW), el Sindicato de Trabajadores Eléctricos (UE), el Sindicato
de Trabajadores Siderúrgicos (USW), el Sindicato Internacional de
Empleados de Servicios (SEIU), la Federación Estadounidense
de Empleados Estatales, Municipales y del Condado (AFSCME),
el Sindicato Nacional de Empleados de Hospitales y Centros de
Salud (NUHHCE), la Federación Unida de Maestros (UFT), el
Sindicato Amalgamado de Trabajadores de la Confección y el Textil
(ACTWU), el Sindicato Internacional de Sombrereros, Gorreros
y Modistas (UHCMW) y la Asociación Nacional de Empleados
y Técnicos de Radiodifusión (NABET-CWA). Si bien la UAW y la
EU también habían expresado sus propias críticas a la política del
Gobierno de los Estados Unidos respecto a El Salvador, la IAM
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Repensar la ayuda exterior: iniciativas de ayuda mutua durante el conicto armado
criticó directamente la postura y el comportamiento de la AFL-CIO,
armando:
Como sindicalistas y estadounidenses preocupados
por los derechos humanos de todos, condenamos
todas las formas de ayuda de los Estados Unidos al
actual régimen de El Salvador. La no intervención en
la guerra civil es la mejor política... Se promueve la
cción de que el gobierno salvadoreño en el poder es
moderado y está interesado en llevar a cabo reformas
sociales y agrarias... (Shaal, 1981)
Conclusión
En resumen, los esfuerzos de ayuda mutua y solidaridad con
sede en Estados Unidos de la década de 1980 y principios de la de
1990 revelan una faceta esencial, aunque a menudo pasada por
alto, del conicto armado salvadoreño.
Si la ayuda militar y económica que Estados Unidos
proporcionó al Gobierno salvadoreño tenía como objetivo reprimir
los movimientos populares y proteger los intereses de las élites,
los grupos de base, incluidas las iglesias del Movimiento Santuario,
CISPES, Neighbor to Neighbor y sindicatos como ILWU e otros,
demostraron que los ciudadanos de a pie podían resistirse a la
política estatal y participar en una solidaridad transnacional ecaz.
La defensa jurídica, la ayuda humanitaria, el cabildeo
político, los boicots económicos y las tácticas laborales militantes,
en conjunto, cuestionaron los discursos ociales de la intervención
estadounidense, proporcionando a los salvadoreños el apoyo
material y moral que tanto necesitaban. Al hacer hincapié en las
diversas estrategias y la amplia coalición que caracterizaron estos
esfuerzos, el análisis anterior subraya la importancia de situar la
ayuda y la intervención extranjeras en un contexto sociopolítico más
amplio, en el que los ciudadanos no son receptores pasivos del
poder estatal, sino agentes activos que conguran las posibilidades
de justicia, paz y solidaridad transfronteriza.
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En última instancia, la historia de estos proyectos de ayuda
mutua sirve para recordar que la resistencia a la violencia estructural
a menudo emana no solo de los ámbitos de la diplomacia y la lucha
armada, sino también de las acciones persistentes y basadas en
principios de personas comunes y corrientes dedicadas a la justicia
transnacional. Muchas de las redes de solidaridad mencionadas
anteriormente siguen funcionando, aunque con una fracción de los
recursos que tenían anteriormente.
A medida que nos enfrentamos a los numerosos retos del
siglo XXI, la inversión en estas redes puede ayudar a reconstruir
su potencial para generar un impacto positivo. Al fomentar la
colaboración y arrojar luz sobre historias compartidas, estas
iniciativas revelan puntos en común entre las comunidades y
suscitan un sentido de ciudadanía global.
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