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Vol. 24, N.
o
48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 11-34
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.543
http://hdl.handle.net/11715/2883
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
CC BY-NC-SA
respectivamente (Francisco, 2013, EG, nn. 115-121); porque cuando en
un pueblo ha sido inculturado el Evangelio se producen nuevas formas de
evangelizar (Francisco, 2013, EG, n. 122).
El papa Francisco siguiendo la Evangelii Nuntiandi expone que el
primer momento de la evangelización es el diálogo personal (2013, EG,
n. 127), no tanto con fórmulas aprendidas o palabras precisas (Francisco,
2013, EG, n. 129), pues la transmisión del Evangelio es un regalo, una
gracia de Cristo hacia toda la humanidad: profesionales, cientícos,
académicos, campesinos, obreros, etc. (Francisco, 2013, EG, nn. 130-
134); pero se detiene en varios numerales para explicar la importancia y
el modo de preparar la homilía, como el encuentro y cercanía del pastor
con su pueblo (Francisco, 2013, EG, nn. 146-148) para comprender la
realidad del pueblo y ser Buena Noticia para su realidad (Francisco, 2013,
EG, nn. 149, 154). De igual forma, comprender que la educación y la
catequesis también están al servicio de la evangelización, donde no sólo
hay que anunciar la verdad, la justicia, sino también colmar de esplendor,
de gozo profundo por el proyecto de Jesús, aún en medio de las pruebas
y del martirio prolongado o cruento (Francisco, 2013, EG, nn. 165, 167).
Evangelizar implica un acompañamiento que no se reduce a una
terapia psicológica, sino una peregrinación de toda la humanidad con
Cristo hacia el Padre (Francisco, 2013, EG, n. 170). Por eso, se necesitan
evangelizadores convencidos, prudentes, comprensivos, que tengan el
arte de esperar y la docilidad al Espíritu para cuidar diligentemente del
pueblo de Dios (Francisco, 2013, EG, n. 171).
El papa Francisco subraya un principio fundamental que, aunque
parezca obvio, no siempre se reeja en la praxis evangelizadora de la Iglesia:
“La Iglesia no evangeliza, sino que se deja evangelizar continuamente”
(2013, EG, n. 174), pues el evangelizador primordial es Cristo, nosotros
colaboramos en la evangelización con la ayuda del Espíritu de Cristo.
Evangelizando nos convertimos, evangelizando nos comprometemos y
evangelizando adquirimos la gracia hasta de dar la vida por los hermanos.