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48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 11-34
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.543
http://hdl.handle.net/11715/2883
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
CC BY-NC-SA
N.
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48 marzo-agosto 2026 pp. 11-34
ISSN 1994-733X
e-ISSN 2707-7411
Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.543
http://hdl.handle.net/11715/2883
Repensar la dimensión profética de la iglesia a
partir del concilio vaticano II y el magisterio del
papa Francisco
1
Rethinking the Prophetic Dimension of the Church
in Light of the Second Vatican Council and the
Magisterium of Pope Francis
Isaías Meléndez
2
Universidad Don Bosco
El Salvador
Correo electrónico: isaias.melendez@udb.edu.sv
ORCID: https://orcid.org/0009-0002-0481-2260
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
Meléndez, I. (2026). Repensar la dimensión profética de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano
II y el Magisterio del papa Francisco. Teoría y Praxis, 24(48). https://doi.org/10.61604/typ.
v24i48.543
Recibido: 20 noviembre 2025
Aceptado: : 10 de febrero 2026
1
Este ensayo forma parte de un proyecto de investigación que la Escuela de Teología de la
Universidad Don Bosco (El Salvador) desarrolla con el fin de analizar la dimensión profética
en los planes pastorales de las diócesis de El Salvador.
2
Doctor en teología por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma-Italia. Docente e
investigador en la UDB
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
12
Resumen
Este artículo busca analiza la evolución de la función profética de la
Iglesia Católica, partiendo de las reformas del Concilio Vaticano II y
su compromiso con la realidad social. El autor examina cómo el Papa
Francisco profundiza esta visión en la exhortación Evangelii Gaudium,
la cual actúa como un llamado a denunciar las injusticias y anunciar
el Reino de Dios. Se destaca la sinodalidad como el mecanismo
institucional clave para escuchar el sensus dei, reconociendo que
todos los bautizados poseen una voz profética esencial. El estudio
subraya que la misión eclesial exige discernir los signos de los
tiempos para transformar las estructuras de exclusión y pobreza.
Finalmente, se propone que esta base teológica sirva para evaluar
y mejorar los planes pastorales actuales bajo una perspectiva más
participativa y solidaria.
Palabras clave: Dimensión profética, Concilio Vaticano II, Signos de
los tiempos, Evangelii Gaudium, Sinodalidad.
Abstract
This article analyzes the evolution of the prophetic function of the
Catholic Church, beginning with the reforms of the Second Vatican
Council and its commitment to social reality. The author examines how
Pope Francis deepens this vision in the apostolic exhortation Evangelii
Gaudium, which serves as a call to denounce injustice and to proclaim
the Kingdom of God. Synodality is highlighted as the key institutional
mechanism for listening to the sensus dei, acknowledging that all the
baptized possess an essential prophetic voice. The study emphasizes
that the Church’s mission requires discernment of the signs of the
times in order to transform structures of exclusion and poverty. Finally,
it proposes that this theological foundation be used to evaluate and
improve current pastoral plans from a more participatory and solidarity-
based perspective.
Keywords: Prophetic dimension, Second Vatican Council, Signs of the
times, Evangelii Gaudium, Synodality.
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Introducción
Hablar del profetismo y de la dimensión profética de la Iglesia, en
muchos ambientes eclesiales actuales, no parece ser algo necesariamente
vinculado. Por una parte, se asocia el profetismo con la capacidad de
anticipar hechos futuros; por otra, con el compromiso activo y valiente de
anunciar el Reino de Dios en contextos de injusticia y pecado social. Sin
embargo, tanto la capacidad de anticipar el futuro como el compromiso
de denunciar las injusticias comparten un elemento esencial para nuestro
estudio: el discernimiento de la realidad. Es decir, la capacidad de anticipar
lo que sucederá en el futuro parte del presente histórico. Desde esa
perspectiva profética, el futuro puede ser favorable o desfavorable, según
las acciones y decisiones que se tomen en el presente. Y solo quien se
siente afectado por la realidad asume un compromiso activo y valiente
para iluminarla y buscar formas de liberación.
El camino que se recorrerá en el presente estudio tomará en cuenta
en primer lugar la novedad del Concilio Vaticano II sobre la dimensión
profética de la Iglesia. En un segundo momento nos centraremos en el
documento programático del ponticado del papa Francisco, la Evangelii
Gaudium, encontrando en tal documento un grito profético de anuncio,
denuncia y propuesta. Y, por último, haremos una breve revisión del
dinamismo sinodal impulsado por el pontíce argentino, en el que se
percibe el intento de reconocer la voz profética del santo pueblo el de
Dios. Al mismo tiempo, podremos comprender que esta sinodalización de
la Iglesia, ofrece el andamiaje institucional necesario para que esa voz
profética de todo el Pueblo de Dios pueda ser escuchada y discernida.
1. La dimensión profética en el Concilio Vaticano II
A 60 años del Concilio Vaticano II (1962-1965), este evento eclesial
sigue siendo un hito y punto de inexión histórico en la actualidad. No solo
por dejar a un lado los anatemas y las excomulgaciones dirigidos a quienes
discrepaban de la doctrina tradicional católica, sino también por asumir
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
14
una actitud humilde de aggiornamento, es decir, de actualizarse ante los
cambios de la época. Los padres en el Concilio eran conscientes de los
cambios en el mundo y de los grandes avances cientícos, tecnológicos,
médicos, económicos que marcaron un antes y un después en la historia.
Estos desarrollos proporcionaron a la humanidad nuevos ojos para ver
y juzgar la realidad. La Iglesia, por su parte, ve en estos avances tanto
luces como sombras, que oscurecían el campo de la ética, de la moral y
la espiritualidad, así como el grave impacto que causó en las estructuras
sociales y en las personas.
Ante esta realidad de cambios, la Iglesia comprende que para
poder dialogar con el hombre contemporáneo es necesario asumir un
lenguaje comprensible y abierto que le permita explicar cómo entiende su
presencia y su acción en el mundo. Y lo primero que hace en la constitución
“pastoral” de la Iglesia en el mundo Gaudium et spes
1
, es expresar su
solidaridad con la historia del género humano (Concilio Vaticano II, 1965,
Gaudium et Spes, n. 1) y responder con amor materno, las “preguntas
angustiosas sobre la evolución presente del mundo, sobre el puesto y
la misión del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos
individuales y colectivos, sobre el destino último de las cosas y de la
humanidad” (Concilio Vaticano II, 1965, GS, n. 3). Esta nueva perspectiva
de la Iglesia, de hacerse uno con la familia humana, le permite, sentir en
carne propia los “gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de
los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos
sufren” (Concilio Vaticano II, 1965, GS, n. 1).
Pero la forma de estar de la Iglesia en el mundo no se reduce
únicamente a acompañar al género humano en su peregrinación histórica;
también tiene la misión de discernir e iluminar la realidad histórica. Y aquí
es donde entra el tema del profetismo y la dimensión profética de la fe.
Si bien estos temas no fueron tratados sistemáticamente en el Concilio
Vaticano II, de modo que no encontramos un apartado especíco en sus
textos, esto no quiere decir que no se haya hablado de ello. Según el
1
En adelante GS.
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teólogo italiano Di Perri Santo (2018), lo que el Concilio hizo fue abrir una
nueva perspectiva en cuanto la comprensión de la dimensión profética
de la Iglesia, tanto así que la podemos encontrar en las palabras de los
Papas Juan XXIII y Pablo VI, y en los textos nales del concilio (pp. 24-
29).
1.1. Una nueva forma de ser Iglesia.
Sin lugar a duda, los papas Juan XXIII y Pablo VI fueron los grandes
arquitectos del Concilio. En ellos encontramos no solo palabras de fuego
que brotaban del corazón, sino también una mirada profética capaz de
ver la realidad de pobreza de muchos pueblos y la situación dramática
de muchos hombres y mujeres. La Iglesia del Concilio es una Iglesia que
carga y se encarga de la realidad humana. Un ejemplo signicativo de esta
opción es la santa misa que celebró el Papa Juan XXIII el 26 diciembre
1958, en el día de San Esteban, en la cárcel Regina Coeli-Roma. Este
evento histórico marcó un hito importante para la comprensión del tipo de
Iglesia que se gestará en el Concilio: una Iglesia madre, que no juzga a
sus hijos, sino que les ofrece el anuncio del Reino de Dios.
Otro momento importante fue cuando el Papa Pablo VI armó en
una santa misa para los campesinos colombianos que ellos eran “signos
e imagen”, es decir, un misterio de la presencia de Cristo. Este mensaje
causó asombro en muchos, ya que los llamó “sacramento, es decir, una
imagen sagrada del Señor en el mundo, un reejo que representa y no
esconde su rostro humano y divino” (Pablo VI, 1968, Homilía). Los “pobres
son Sacramento de Cristo”, y su presencia entre ellos no era para recibir
aclamaciones, más bien, estaba ahí para: “honrar al Señor en vuestra
persona, para inclinarnos por tanto ante ellas y para deciros que aquel
amor, exigido tres veces por Cristo resucitado a Pedro (cf. Jn, 21, 15 ss),
de quien somos el humilde y último sucesor, lo rendimos a Él en vosotros,
en vosotros mismos” (Pablo VI, 1968, Homilía).
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
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Entonces, hablar de la dimensión profética de la Iglesia es regresar
a lo esencial de la fe cristiana: volver a Cristo. El Cristo que no dudó en
perdonar al pecador arrepentido, levantar a la pecadora condenada por
la sociedad, hacerse amigos de los pobres y marginados, que tocaba con
mano al leproso y ofrecía el paraíso el ladrón arrepentido. La Iglesia en el
Concilio comprende esta necesidad de regresar a lo esencial y, por ello,
lo primero que hace es mirarse hacia adentro e interrogarse: quid dicis de
te ipsa? Porque solo entendiéndose a sí misma podrá explicar quién es.
Este camino abre una nueva posibilidad de imaginar y vivir, que surge de
su propia esencia: una forma más genuina, coherente y adecuada de ser
Iglesia.
1.2. Rasgos proféticos de la Iglesia en los textos del Concilio.
En los textos del Concilio, la dimensión profética de la Iglesia aparece
como don del Espíritu Santo, que se recibe a través del bautismo. Así,
esta dimensión no es un patrimonio exclusivo de unos pocos, sino que
se congura como una vocación universal dirigida a todos los bautizados.
Y la forma como se ejerce el profetismo es a través del discernimiento e
interpretación de los “signos de los tiempos” a la luz del Evangelio. En este
sentido, el profetismo en la Iglesia constituye una dimensión fundamental
tanto de su vida como de su misión. Esta misión implica una actitud activa
y crítica ante la realidad, que se concreta en el compromiso con la justicia,
la defensa de los más vulnerables, del medio ambiente y la construcción
de un mundo más fraterno.
En la constitución Lumen Gentium
2
, el Concilio arma que la triple
misión de Cristo —como sacerdote, profeta y rey— se prolonga en la
Iglesia. Por el sacramento del bautismo, todos los cristianos participan
de estos ocios; los laicos, en particular, está llamado a ejercer el munus
propheticum: es decir, ser testigo de la fe, anunciar el Evangelio y discernir
la presencia y el designio de Dios en los acontecimientos del mundo. El
Concilio insiste en que el santo Pueblo de Dios, movido por la fe, debe
2
En adelante LG.
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discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos de la época los
signos auténticos de la presencia o de los planes de Dios.
Este profetismo eclesial exige a la Iglesia escuchar, interpretar y
valorar las voces de su tiempo a la luz de la Palabra de Dios, para que la
verdad revelada sea percibida y expresada de la mejor manera en cada
contexto histórico de la humanidad. Es por esta razón que la Iglesia no
puede permanecer indiferente ante las injusticias ni limitarse a una vida
interior; su misión profética la compromete a transformar la realidad desde
el Evangelio, siguiendo el mandato de Cristo de anunciar la Buena Noticia
a todos los hombres y pueblos.
De esta forma, la Iglesia del Concilio asume de manera más plena su
misión profética, que implica escuchar, interpretar y responder a los signos
de los tiempos desde el Evangelio. Esta misión se expresa claramente en
los textos de la constitución Gaudium et Spes n. 4, n. 11 y n. 44. Veamos
uno a uno de los textos:
[…] Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos
de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que,
acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los
perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida
presente y de la vida futura, y sobre la mutua relación de ambas.
Es necesario, por tanto, conocer y comprender el mundo en que
vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que
con frecuencia le caracteriza. He aquí algunos rasgos fundamentales
del mundo moderno (Concilio Vaticano II, 1965, GS, n. 4).
Además, el mismo documento arma:
El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que
quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo,
procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos,
de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los
signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios (Concilio
Vaticano II, 1965, GS, n. 11).
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
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18
Y precisa:
Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los
pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con
la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo
y valorarlas a la luz de la palabra divina, a n de que la Verdad
revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada
en forma más adecuada (Concilio Vaticano II, 1965, GS, n. 44).
Como hemos visto, en el corazón de la dimensión profética de
la Iglesia se encuentra su dinámica: es decir, el anuncio del Evangelio.
Por lo tanto, si la Iglesia existe para anunciar el Reino de Dios, no puede
dejar de ser profética. La profecía está en el ADN de la fe cristiana y es
una expresión fundamental de su vocación y misión. Por esta razón, la
traducción del Evangelio en un mundo a menudo fragmentado solo puede
entenderse como anuncio profético.
De este modo, el Concilio Vaticano II potenció la dimensión profética
de la Iglesia, invitando a todos sus miembros a ser agentes activos en
la interpretación y transformación del mundo a la luz del Evangelio y del
Espíritu Santo. Podemos decir entonces que el profetismo y la dimensión
profética de la Iglesia nos recuerda que no hay dos historias, si no una
sola. Por eso, frente a la tentación de una visión dualista de la historia
—que separa radicalmente lo sagrado de lo profano—, es necesario
subrayar que existe una sola historia: la de la humanidad, en la que Dios
se hace presente y sigue actuando para la salvación y liberación de su
pueblo oprimido.
A partir de lo expuesto, debemos dar un paso más en nuestra
búsqueda de esa dimensión profética propia de la Iglesia, ahora
rastreándola en el documento programático del papa Francisco, Evangelii
Gaudium. En continuidad con la línea conciliar, el Papa argentino muestra
que la Iglesia es, en su esencia, profética, y advierte que el anuncio del
Evangelio del Reino implica tanto la denuncia del anti-Reino como la
propuesta concreta para que los valores del Reino de Dios germinen en
los corazones y transformen todas las realidades del mundo.
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2. Evangelii Gaudium: un grito profético de anuncio, denuncia y
propuesta.
La Iglesia tiene la misión primordial de anunciar la salvación integral
a la humanidad, pero en modo colectivo, como pueblo de Dios, dilatando
el Reino de Dios en este mundo (Rom 8,21). Por ello, como pueblo
mesiánico le corresponde unir, dar esperanza y salvar integralmente al
género humano (Mt 5,13-18; Concilio Vaticano II, 1964, Lumen Gentium,
n. 9). Además, por ser pueblo de Dios, la Iglesia deende la igualdad de
todos los seres humanos, aunque con diferentes carismas y funciones,
pero todos estamos llamados a edicar el Cuerpo de Cristo (1Cor, 12,11),
como símbolo y criterio de unidad que nos permite tener la certeza de que
el Espíritu de Dios nos asiste como sensus delium, como Iglesia sinodal,
como Iglesia de los pobres.
El Concilio nos exhorta que, para ejercer responsablemente la tarea
de evangelizar al mundo, es necesario estar continuamente actualizando
el mensaje evangélico para ser fermento y guía de la humanidad. Por eso,
la Iglesia procura ser el instrumento y sacramento de Cristo para instaurar
el proyecto de Dios: el reino de Dios predicado por Jesús (Concilio Vaticano
II, 1964, LG, nn. 1-4; 1965, GS, nn. 1,4,44); pero la ecacia de su misión
consiste en un seguimiento el de Cristo bajo los caminos de la pobreza
y persecución para comunicar a los hombres los frutos de la salvación
(2Cor 8,9); pues la Iglesia no está constituida para buscar la gloria de
este mundo. Por eso, la Iglesia deende a los aigidos por la debilidad
humana, los marginados, los excluidos, abandonados, pero, sobre todo,
reconoce en los pobres a su fundador pobre y paciente, se esfuerza por
aliviar las penas y pretende servir en ellos a Cristo (Concilio Vaticano II,
1964, LG, n. 8).
Bajo las anteriores coordenadas interpretativas sobre la misión de
la Iglesia, el papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium
3
expone
su propuesta programática de reforma eclesial para emprender una
3
En adelante EG.
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magisterio del papa Francisco
20
evangelización que retome el mandato de Cristo (Mc 16,15), la propuesta
de renovación dada en el Concilio Vaticano II, especialmente en Lumen
Gentium y Gaudium et Spes e incluyendo dos documentos claves de
Pablo VI: Populorum Progressio
4
y Evangelii Nuntiandi
5
.
El papa Francisco expone con Evangelii Gaudium un grito profético
ad intra eclesial de volver al Evangelio para lanzar un movimiento ad extra
de una evangelización hacia la periferia y hacia toda la humanidad; pero
para precisar este análisis debemos responder a estas tres interrogantes:
¿Qué es lo que anuncia? ¿Qué denuncia? y ¿Qué propone?
2.1. ¿Qué es lo que anuncia la Evangelii Gaudium?
En modo taxativo es asumir y construir una Iglesia en salida, hacia
las periferias en comunión pastoral y misionera (Francisco, 2013, Evangelii
Gaudium, nn. 25, 33; Pablo VI, 1964, Eclesiam suam
6
, n. 3) a partir de
una relectura actualizada y liberadora del mensaje evangélico (Francisco,
2013, EG, n. 34), sin la obsesión compulsiva del temor a equivocarnos
doctrinalmente (Francisco, 2013, EG, nn. 36, 46) y acompañar al humano
para que su vida se transforme hacia una evolución crística y cósmica
que relativice la estructura económica, social, política y cultural en la que
vive sometido, esclavizado o en modo idolátrico (Benedicto XVI, 2006,
n. 3; Francisco, 2013, EG, n. 49) para construir el reino de Dios, pues
“la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se
encuentran con Jesús” (Francisco, 2013, EG, n. 1).
La misión de la Iglesia es tarea de todos, porque la concreción
histórica del reino de Dios es a partir de un pueblo que le sigue (Francisco,
2013, EG, n. 111), pues la Iglesia es el pueblo de Dios (Francisco, 2013,
EG, n. 114), pero cada quien dentro de su propia cultura debemos aprender
a ser evangelizados para encontrar nuevos modos de evangelizar
creativamente que responda a la realidad en la que nos encontramos
4
En adelante PP.
5
En Adelante EN.
6
En adelante ES.
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respectivamente (Francisco, 2013, EG, nn. 115-121); porque cuando en
un pueblo ha sido inculturado el Evangelio se producen nuevas formas de
evangelizar (Francisco, 2013, EG, n. 122).
El papa Francisco siguiendo la Evangelii Nuntiandi expone que el
primer momento de la evangelización es el diálogo personal (2013, EG,
n. 127), no tanto con fórmulas aprendidas o palabras precisas (Francisco,
2013, EG, n. 129), pues la transmisión del Evangelio es un regalo, una
gracia de Cristo hacia toda la humanidad: profesionales, cientícos,
académicos, campesinos, obreros, etc. (Francisco, 2013, EG, nn. 130-
134); pero se detiene en varios numerales para explicar la importancia y
el modo de preparar la homilía, como el encuentro y cercanía del pastor
con su pueblo (Francisco, 2013, EG, nn. 146-148) para comprender la
realidad del pueblo y ser Buena Noticia para su realidad (Francisco, 2013,
EG, nn. 149, 154). De igual forma, comprender que la educación y la
catequesis también están al servicio de la evangelización, donde no sólo
hay que anunciar la verdad, la justicia, sino también colmar de esplendor,
de gozo profundo por el proyecto de Jesús, aún en medio de las pruebas
y del martirio prolongado o cruento (Francisco, 2013, EG, nn. 165, 167).
Evangelizar implica un acompañamiento que no se reduce a una
terapia psicológica, sino una peregrinación de toda la humanidad con
Cristo hacia el Padre (Francisco, 2013, EG, n. 170). Por eso, se necesitan
evangelizadores convencidos, prudentes, comprensivos, que tengan el
arte de esperar y la docilidad al Espíritu para cuidar diligentemente del
pueblo de Dios (Francisco, 2013, EG, n. 171).
El papa Francisco subraya un principio fundamental que, aunque
parezca obvio, no siempre se reeja en la praxis evangelizadora de la Iglesia:
“La Iglesia no evangeliza, sino que se deja evangelizar continuamente”
(2013, EG, n. 174), pues el evangelizador primordial es Cristo, nosotros
colaboramos en la evangelización con la ayuda del Espíritu de Cristo.
Evangelizando nos convertimos, evangelizando nos comprometemos y
evangelizando adquirimos la gracia hasta de dar la vida por los hermanos.
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
22
2.2. ¿Qué es lo que denuncia la Evangelii Gaudium?
El papa Francisco expone en modo claro unas características
que tipican la realidad en que vive la humanidad actualmente, pero para
ordenar las ideas lo clasicamos en dos aspectos: denuncia al mundo
contemporáneo y al mundo eclesial.
Denuncia al mundo contemporáneo: actualmente hay un acelerado
desarrollo cientíco, asistimos a una era del conocimiento e información
que no da tiempo de procesar y analizar profundamente sus consecuencias
más mínimas y, que muchas veces es anónima (Francisco, 2013, EG, n.
52). Nos envuelve una economía de la exclusión, globalmente injusta que
ha provocado una globalización de la indiferencia que, con sus empresas
de propaganda global nos anestesian para no ser críticos y no levantar
la voz. Hasta nos introducen en una cultura del bienestar cticio, pues no
provoca la felicidad integral en el ser humano (Francisco, 2013, EG, nn.
53-54).
Se habla de crisis nanciera, crisis ecológica, crisis energética,
crisis demográca, crisis alimentaria, pero todas estas crisis tienen su
origen en una crisis antropológica, que como en la propuesta capitalista
de la revolución industrial ha creado una versión nueva y despiadada del
fetichismo del dinero y la dictadura de la economía (Marx, 1990, pp. 77-
88) que anula un verdadero sentido humano y humanizador que permita el
desarrollo integral de todos los pueblos de la Tierra (Francisco, 2013, EG,
n. 55). Por eso, acontece una comprensión ramicada de anular al otro por
carecer de bienes o dinero; un culto divino al mercado global que legitima
injusticias nacionales, regionales y globales y públicamente se burlan de
los principios éticos y rechazan a Dios con sus acciones, manipulando
y degradando la persona humana; se promueve una cultura hedonista,
individualista y materialista donde se prioriza la apariencia, lo inmediato,
lo fácil, lo supercial y lo provisorio; nuevas conductas promovidas por los
MCS
7
(Francisco, 2013, EG, nn. 56-63; Pace, 2013, pp. 245-271).
7
Medios de Comunicación Social y redes sociales.
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Denuncia al mundo eclesial: entre los aspectos críticos que el
papa Francisco destaca, están: un predominio de lo administrativo sobre
la pastoral que se contenta con una sacramentalización rutinaria en lugar
de nuevas formas de evangelización (2013, EG, nn. 63); un proceso de
secularización que reduce la fe y relega la misión de la Iglesia al ámbito
privado e íntimo, debilitando el pecado social y estructural (2013, EG,
n. 66); tendencias religiosas individualistas, devocionales, fanáticas,
supersticiosas y relativistas que están alejadas del evangelio (2013,
EG, n. 75); una vida disociada de su identidad cristiana, asumiendo un
estilo terapéutico sin compromiso, sin pasión evangelizadora (2013,
EG, n. 79), una vida cristiana como si Dios, los pobres, los indefensos y
excluidos no existieran (2013, EG, n. 80); sacerdotes obsesionados por
su tiempo personal y un inmediatismo ansioso, lo que provoca cansancio,
tensión, pesadez, insatisfacción y rechazo de una vida auténtica cristiana
degenerada en mezquindad y pesimismo ante el reto de evangelizar
(2013, EG, nn. 82-85).
Muchos, en lugar de buscar la gloria de Dios, se alimentan de
la fascinación, del gnosticismo, del neopelagianismo autorreferencial
y prometeico de conar en sus propias fuerzas, de sentirse seguros de
la doctrina que profesan o de las conquistas socio-políticas obtenidas,
como si evangelizar es una funcionalismo administrativo, hasta provoca
en guerras internas por el poder y el dinero bajo un difuso compromiso
que destruye comunidades (Francisco, 2013, EG, nn. 94-99); existe un
excesivo clericalismo, tanto de clérigos como laicos, ignorando su identidad
propia y exacerbando el poder por encima de la igualdad, la fraternidad y
la humildad que debe caracterizar a los cristianos, pues muchos buscan
seguridad, poder y bienestar económico en la Iglesia (Francisco, 2013,
EG, nn. 102-107). Más aún, el papa Francisco reitera la búsqueda de
una Iglesia con ciertas características peculiares: “Preero una Iglesia
accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia
enferma por el encierro” (2013, EG, n. 49).
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
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Toda esta lista alarmante de errores en la vida cristiana actual nos
lleva a preguntarnos: ¿cuál es la propuesta de la Evangelii Gaudium?
2.3. ¿Qué propone la Evangelii Gaudium?
La propuesta del Papa es volver al Evangelio, que nos irradie, que
nos vuelva a cautivar, que nos dé la fuerza para renovar nuestro interior
y salir a anunciar a Cristo con libertad y amor; pero esto nace de una
relación personal con Dios, se trata de que Dios reine entre nosotros en
el ámbito de la fraternidad, la justicia, la paz, una dignidad para todos
(Francisco, 2013, EG, n. 180).
La evangelización debe tener en consideración la interpretación
de los signos de los tiempos (Paul VI, 1967, Populorum Progressio, n.
14; Acta Apostolicae Sedis, 1967, 59, 264; Evangelii Nuntiandi, n. 29:
Acta Apostolicae Sedis, 1976, 68, 25), pues se trata de construir un
reino que tendrá plenitud escatológica, pero que también nos lleve a
revisar y denunciar en el orden social lo incongruente con el mensaje
evangélico para obtener un bien común que permita el desarrollo de toda
la humanidad, especialmente de los más abandonados (Francisco, 2013,
EG, nn. 181-182); por tal razón, debe escuchar este clamor. Ahora, esta
solidaridad con los más pobres implica un cambio estructural de las cosas
de este mundo, que renueve las convicciones y actitudes para respetar
los derechos de las mayorías; sólo así se crece como humanidad. Este
es, primordialmente, un gran trabajo para los pastores (Francisco, 2013,
EG, nn. 188-191).
La necesidad de resolver las cosas estructurales no puede esperar,
pues la iniquidad es la raíz de todos los males (Francisco, 2013, EG, n.
202). Por eso, la dignidad de la persona humana y el bien común son dos
cuestiones, sine qua non, que deben estructurar toda la economía mundial
(Francisco, 2013, EG, n. 203); pues ya no se puede seguir conando
en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado para justicar
injusticias globales, pero sin caer en populismo irresponsables (Francisco,
2013, EG, n. 204).
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El papa Francisco arma que la belleza interna del Evangelio es
una opción por lo últimos que la sociedad descarta y desecha (2013,
EG, n. 195), pues el corazón de Dios tiene un sitio preferencial hacia los
pobres (2Cor 8,9; Francisco, 2013, EG, n. 197). Por ende, debe promover
el sensus delium con sus propios dolores, que implica valorar al pobre
en su bondad, en su forma de ser, en su cultura, su modo peculiar de
vivir la fe, pues “sólo de esta cercanía cordial podemos acompañarlos
adecuadamente en su camino de liberación” (Francisco, 2013, EG, nn.
198-199), ya que “La Iglesia, que quiere ser en el mundo entero la Iglesia
de los pobres, intenta servir a la noble lucha por la verdad y por la justicia,
a la luz de las Bienaventuranzas, y ante todo de la bienaventuranza de los
pobres de corazón. La Iglesia habla a cada hombre y, por lo tanto, a todos
los hombres” (Ratzinger, 1984, XI, 5; Francisco, 2013, EG, n. 201). Por
tanto, es indispensable prestar atención a los pobres para estar abiertos a
nuevas formas de pobreza y fragilidad donde debemos reconocer a Cristo
sufriente, aunque no nos aporte benecios económicos (Francisco, 2013,
EG, n. 210).
El papa Francisco exhorta a los países ricos una generosa apertura,
que en lugar de temer la destrucción de la identidad local (justicadora de
marginación colectiva de inmigrantes), sea capaz de crear nuevas síntesis
culturales, más asequibles, especialmente para las mujeres pobres y sus
hijos (2013, EG, nn. 210-215).
El último paso que daremos en esta búsqueda de descubrimiento,
valoración y ahora aplicación de la profecía en las profundas bras del
corazón eclesial, consiste en comprender el proyecto de la sinodalización
de la Iglesia como el mejor intento de escuchar la voz profética del santo
pueblo el de Dios. Con estos presupuestos podemos revisar con juicio
crítico los rasgos de la presencia o no de la dimensión profética de la
Iglesia en cualquier ordenamiento pastoral.
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
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3. La sinodalidad: escuchar la voz profética del santo pueblo el de
Dios
El ponticado del papa Francisco ha marcado un punto de inexión
en la vida de la Iglesia Católica, inaugurando lo que muchos teólogos
consideran una “nueva etapa en la recepción del Vaticano II” (Forestier,
2015). En el corazón de esta nueva fase se encuentra un concepto a la
vez antiguo y renovado: la sinodalidad. Lejos de ser una simple reforma
administrativa o un cambio de estilo pastoral, la sinodalidad, en la visión de
Francisco, es una “dimensión constitutiva de la Iglesia” (Francisco, 2015),
un modo de ser y proceder que emana de su propia naturaleza como
comunión. De ahí la idea de que para el papa Francisco, la sinodalidad
es el vehículo privilegiado y el método indispensable para escuchar la
voz profética del “santo pueblo el de Dios” (Castillo Pineda, 2025). Esta
voz no es otra que la manifestación concreta del sensus dei delium, el
sentido sobrenatural de la fe infundido por el Espíritu Santo en todos los
bautizados.
3.1. El Impulso Sinodal de Francisco
El papa Francisco, siendo el primer pontíce del período
posconciliar que no participó en las sesiones del Concilio, ha retomado su
legado con una perspectiva fresca y un impulso renovado. Su enfoque no
busca romper con el pasado, sino aplicar lo que Benedicto XVI denominó
la “hermenéutica de la reforma”, es decir, una “renovación dentro de la
continuidad del único sujeto-Iglesia” (Benedicto XVI, 2006). Este sujeto,
el Pueblo de Dios, es un organismo vivo que crece y se desarrolla en
el tiempo, leyendo los signos de los tiempos a la luz del Espíritu. La
contribución de Francisco consiste en orientar este dinamismo hacia una
nueva dinámica interna de comunión y un renovado ardor misionero.
El primer paso de esta nueva recepción se manifestó en la ya
analizada exhortación apostólica Evangelii Gaudium, donde Francisco
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recuperó el concepto de “diálogo” como método esencial para la misión.
Este principio, central en el Vaticano II y en el magisterio de Pablo VI,
es asumido por Francisco no solo como una estrategia pastoral hacia
el mundo, sino como una dinámica interna fundamental. En Laudato si',
este método se consolida, uniendo el diálogo a una revalorización de la
escucha. La Iglesia, para evangelizar, primero debe escuchar: a Dios, al
mundo, y a sí misma.
El segundo y más decisivo paso fue la recuperación explícita de
la sinodalidad, no como un evento esporádico, sino como una “dimensión
constitutiva de la Iglesia”. Con esta armación, Francisco trasciende la
noción de colegialidad episcopal para abarcar la participación de todo el
Pueblo de Dios. La sinodalidad, entonces, no es solo un “Sínodo de los
Obispos” en Roma, sino una “cultura eclesial” que debe impregnar la vida
de la Iglesia en todos sus niveles. Este relanzamiento busca hacer justicia
a la eclesiología del Vaticano II, que reconoció en todos los bautizados
la triple función de Cristo: sacerdote, profeta y rey (tria munera). Si el
Concilio fue una relectura del Evangelio para un nuevo contexto histórico,
el proceso sinodal es, a su vez, una relectura del Concilio —y por tanto,
del Evangelio— a la luz de los desafíos actuales. En este sentido, el
dinamismo sinodal de Francisco ha sido descrito acertadamente como
un “concilio que no quiere decir su nombre” (Theobald, 2023), un vasto
proceso de discernimiento comunitario para responder a lo que el Espíritu
dice a las Iglesias hoy.
3.2. El Sensus Fidei como voz profética de todo el Pueblo de Dios
Podemos decir que el fundamento teológico que sustenta toda la
visión sinodal de Francisco es la doctrina del sensus dei. En la Lumen
Gentium, el Concilio Vaticano II proclamó un principio fundamental: “La
totalidad de los eles (Universitas delium), que tienen la unción del
Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse en la fe (in credendo
falli nequit)” (1964, LG, n. 12). Esta infalibilidad en el creer se maniesta a
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
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través del “sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando 'desde
los Obispos hasta el último el laico' presta su consentimiento universal en
las cosas de fe y de costumbres”, según el citado documento.
Esta doctrina, aunque solemnemente armada, tuvo un desarrollo
limitado en el posconcilio inmediato. Es Francisco quien la rescata del
ámbito puramente teórico para convertirla en un eje fundamental de su
eclesiología. Para él, el sensus dei es el “olfato” que tiene la grey para
encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia. Esta intuición
no es una novedad, sino que hunde sus raíces en la más profunda
tradición de la Iglesia. Se puede inferir de textos bíblicos que hablan de la
comunidad poseyendo “la mente de Cristo” (1 Cor 2,16) o una “unción que
enseña sobre todo” (1 Jn 2,20.27). Los Padres de la Iglesia lo consideraron
un criterio de apostolicidad. Tertuliano hablaba de la “comunión de las
Iglesias como signo de la verdadera fe”, mientras que San Agustín acuñó
la célebre frase adoptada por el Concilio. Vicente de Lérins lo formuló en
su famoso canon: “lo que ha sido creído en todas partes, siempre, por
todos” (Famerée, 2016).
A lo largo de la historia, desde los escolásticos como Tomás de
Aquino, quien armó que la “Iglesia universal no puede errar porque está
gobernada por el Espíritu Santo”, hasta los teólogos del siglo XIX como
J.A. Möhler y J.H. Newman, que exploraron la “conciencia cristiana” de la
comunidad, esta doctrina fue madurando. En el siglo XX, teólogos como
Yves Congar profundizaron en la participación de los laicos en la función
profética de la Iglesia, sentando las bases para la teología del laicado en
Lumen Gentium y Apostolicam Actuositatem.
El papa Francisco retoma esta rica tradición para superar la rígida
separación entre la Ecclesia docens (la Iglesia que enseña, identicada
con la jerarquía) y la Ecclesia discens (la Iglesia que aprende, compuesta
por los laicos). En su visión, que bebe de la “teología del pueblo” argentina,
el “santo pueblo el de Dios” es un sujeto activo en la vida y misión de la
Iglesia. La escucha de este sensus dei no es una concesión populista
ni una encuesta de opinión, sino un acto de discernimiento teológico
fundamental. No se trata de constatar un consenso para cerrar un debate,
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sino de “liberar la palabra” para que, bajo la moción del Espíritu Santo, la
Iglesia pueda superar contradicciones y avanzar en la comprensión de la
fe.
Para que esta escucha sea fructífera, la Comisión Teológica
Internacional ha delineado una serie de disposiciones necesarias en
los eles: participación activa en la vida de la Iglesia, escucha atenta de
la Palabra de Dios, apertura a la razón, adhesión al Magisterio, y una
vida de santidad (2014, nn. 88–105, 113–119). Precisamente por ello, el
documento nal del sínodo sobre la sinodalidad insiste en la necesidad
de un “proceso de formación integral, continuo y compartido” para todo
el pueblo de Dios, pues sin formación, el sensus dei queda expuesto a
distorsiones (Francisco, 2024).
3.3. La institucionalización de la escucha: el proceso sinodal o
sinodalización de la Iglesia
Si el sensus dei es la voz profética del pueblo, la sinodalidad es el
oído institucional que la Iglesia desarrolla para escucharla. Podemos decir
con certeza que el impulso sinodal de Francisco no es otra cosa que la
institucionalización del sensus dei delium, proporcionándole un método,
un espacio y una estructura para su expresión. Lo que antes pudo ser un
principio teológico, ahora se ha convertido en una cultura eclesial en acto:
cultura sinodal.
El “camino sinodal” (2021-2024) fue el ejercicio más ambicioso
y concreto de esta institucionalización. Su misma estructura, con fases
consultivas a nivel local, nacional y continental, representó un esfuerzo
de escucha sin precedentes en la historia reciente de la Iglesia. El
proceso transformó la naturaleza misma del “Sínodo de los Obispos”, que
evolucionó para convertirse en un Sínodo de toda la Iglesia. La inclusión
de un número signicativo de miembros no obispos —laicos, religiosos y
religiosas— con pleno derecho a voto, fue un signo visible de este cambio
estructural.
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
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La propia metodología de la asamblea sinodal reejó esta nueva
eclesiología. La sustitución de las tradicionales graderías jerárquicas
por mesas redondas para el diálogo en el Espíritu no fue un mero
cambio estético, sino un potente símbolo de un modelo de Iglesia más
evangélico, cercano y dialogante. El método de la “conversación en el
Espíritu”, basado en la escucha recíproca y el discernimiento comunitario,
se estableció como la herramienta fundamental para que el sensus dei
pudiera expresarse y ser discernido.
Este proceso está generando una nueva “arquitectura eclesial”. En
ella, la dinámica ya no es exclusivamente de arriba hacia abajo. Se crea
una sinergia vital entre el centro y la periferia, donde lo universal y lo local se
enriquecen mutuamente. La jerarquía que aprende a escuchar al pueblo, y
un pueblo que se siente escuchado, se comprometen más activamente en
un caminar juntos corresponsable. En esta nueva sonomía, la vox populi
Dei, la voz de los christideles laici, encuentra un andamiaje favorable
para ser articulada y tenida en cuenta en el discernimiento del Magisterio.
La sinodalidad, tal como la propone el papa Francisco, es mucho
más que una estrategia pastoral; es un acto de recepción creativa del
Concilio Vaticano II y una llamada a la Iglesia a ser más el a su propia
naturaleza de comunión. Al denirla como una dimensión constitutiva y al
impulsar un proceso global de escucha, Francisco ha creado el principio
hermenéutico y el andamiaje institucional para que la voz profética de todo
el Pueblo de Dios, enraizada en el sensus dei, pueda ser escuchada y
discernida. La sinodalidad es la puesta en acción del munus propheticum
de todos los bautizados, reconociendo que el “olfato” de los eles es una
luz indispensable para la fe de toda la Iglesia (des Ecclesiae).
El camino emprendido es un proceso de eclesiogénesis, un nuevo
nacimiento eclesial que implica una triple conversión: pastoral, sinodal y,
nalmente, ministerial. La superación del clericalismo y la formación de
un laicado maduro y corresponsable son las condiciones indispensables
para esta transformación. La meta es la instauración de una sólida cultura
sinodal que recongure las relaciones y estructuras eclesiales, haciéndolas
más participativas, dialogantes y evangélicas.
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Conclusión
Esta investigación sobre la dimensión profética de la Iglesia a partir
del Concilio Vaticano II, pasando por la Evangelii Gaudium y nalizando
con el dinamismo sinodal del papa Francisco, nos ofrece las herramientas
para dar un paso más en un proyecto que debe continuar: realizar un
análisis de fondo y forma de los documentos que están a la base del
quehacer pastoral en las diócesis de El Salvador. Con este análisis
teológico previo tenemos los criterios de juicio para la revisión crítica de
dichos planes pastorales.
Puesto que la profecía está en el ADN de la fe cristiana, y es una
expresión fundamental de su vocación y misión, es de esperar que en
todo proyecto y practica pastoral de cualquier diócesis esté impregnado
de esta dimensión profética. Con los doce años del magisterio ponticio
del papa Francisco se cuenta con un bagaje indispensable para aplicar
esa dimensión profética siguiendo el programa delineado en la Evangelii
Gaudium y en el dinamismo de sinodalización eclesial emprendido en sus
últimos años de ponticado.
Puesto que los planes pastorales diocesanos son generalmente
diseñados para ejecutarlos en cinco años, necesariamente los últimos
planes elaborados y ahora ejecutados deberían tener no sólo la dimensión
profética perlada en el concilio sino también la comprensión de la
profecía según el papa Francisco. Esta revisión minuciosa de los planes
pastorales, siguiendo estos criterios teológicos, sería la segunda parte de
la investigación.
Isaías Meléndez
Repensar la dimensión profética de la iglesia a partir del concilio vaticano II y el
magisterio del papa Francisco
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