https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.542
http://hdl.handle.net/11715/2881
ANTIQUA ET NOVA
Nota sobre la relación entre la inteligencia
artificial y la inteligencia humana
ANTIQUA ET NOVA
Note on the Relationship Between Artificial
Intelligence and Human Intelligence
José Edmundo Aguilera Umaña
Investigador independiente
El Salvador
Correo electrónico: au240013@alumno.udb.edu.sv
ORCID: https://orcid.org/0009-0002-0602-4954
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
1
Estudiante de maestría en Teología en la Universidad Don Bosco
N.
o
48
Vol. 24, N.
o
48 marzo-agosto 2026 pp. 84-92
ISSN 1994-733X
e-ISSN 2707-7411
Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
Vol. 24, N.
o
48, semestral: marzo-agosto 2026 pp. 84-92
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.542
http://hdl.handle.net/11715/2881
ISSN 1994-733X e-ISSN 2707-7411
CC BY-NC-SA
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I. Cuestiones aclaratorias
La Nota Antiqua et nova, publicada el 28 de enero de 2025
por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la
Cultura y la Educación, constituye una intervención signicativa
del Magisterio ordinario de la Iglesia ante uno de los fenómenos
más decisivos de nuestro tiempo: el desarrollo acelerado de la
inteligencia articial (IA). Aprobada expresamente por el Romano
Pontíce y mandada publicar. Esta Nota se inscribe en el ámbito del
magisterio ordinario auténtico, solicitando a los eles el obsequium
religiosum del entendimiento y de la voluntad, conforme a Lumen
Gentium n. 25.
El documento responde a una realidad que el mismo Papa
Francisco ha descrito como un verdadero «cambio de época»
(n. 4), en el que la IA inuye de manera transversal en la vida
personal y social: relaciones humanas, educación, trabajo, arte,
sanidad, derecho, economía, guerra y relaciones internacionales.
Ante este escenario, la Iglesia no adopta una postura tecnófoba
ni ingenuamente optimista, sino que propone un discernimiento
teológico y ético enraizado en una antropología integral y en los
principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
La nalidad de Antiqua et nova no es denir nuevos dogmas ni
ofrecer soluciones técnicas, sino iluminar, advertir riesgos, precisar
conceptos y proponer criterios que orienten el desarrollo y el uso de
la IA al servicio de la dignidad humana y del bien común.
1. Naturaleza y alcance magisterial de la Nota
En la praxis eclesial contemporánea, una Nota es un documento
de orientación doctrinal y pastoral emitido por un Dicasterio de la Curia
Romana para abordar cuestiones nuevas o complejas. A diferencia
de una Encíclica o una Exhortación apostólica, no constituye un acto
magisterial directo del Papa; sin embargo, cuando es explícitamente
aprobada por él —como ocurre en Antiqua et nova— adquiere
autoridad magisterial y requiere asentimiento religioso.
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ANTIQUA ET NOVA
Nota sobre la relación entre la inteligencia articial y la inteligencia humana
Este género documental se caracteriza por su función aclaratoria
y orientadora: no dene verdades de fe, sino que articula principios
teológicos, antropológicos y éticos para guiar la conciencia cristiana
ante realidades inéditas. En este sentido, la Nota se presenta
como un instrumento privilegiado para el diálogo entre fe y razón,
tradición y novedad, sabiduría antigua y desafíos tecnológicos
contemporáneos.
2. El problema de fondo: un desafío antropológico y ético
El núcleo del discernimiento propuesto por Antiqua et nova es
la relación entre la inteligencia humana y la inteligencia articial. El
documento identica un riesgo fundamental: la tendencia a equiparar
funcionalmente ambos tipos de «inteligencia», reduciendo la
comprensión del ser humano a procesos computables y evaluándolo
en función de su eciencia o productividad.
Desde esta perspectiva, el problema es doble:
1. Antropológico: porque una visión funcionalista puede
erosionar la comprensión cristiana de la persona como unidad
de cuerpo y alma, abierta a la verdad, al bien, a la belleza y a la
comunión con Dios y con los otros.
2. Ético-social: porque la delegación acrítica de decisiones a
sistemas algorítmicos puede diluir la responsabilidad moral, reforzar
desigualdades, favorecer la manipulación y consolidar el paradigma
tecnocrático.
La IA, aunque capaz de simular ciertas operaciones asociadas a
la racionalidad, no piensa, no posee conciencia moral, no establece
relaciones auténticas ni puede asumir responsabilidad ética (n. 12).
Por ello, no debe ser comprendida como una forma alternativa de
inteligencia, sino como un producto de la inteligencia humana (n.
35).
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3. Antropología integral y límites de la IA
Uno de los aportes centrales del documento es la recuperación
de una comprensión integral de la inteligencia humana, enraizada
en la tradición losóca y teológica cristiana. La inteligencia no
se reduce al cálculo ni al procesamiento de información, sino que
involucra razón e intelecto, corporeidad y relacionalidad, apertura a
la verdad y orientación al bien.
La IA, por el contrario, opera mediante inferencias estadísticas,
procesamiento de datos y correlaciones probabilísticas. Aunque
sus capacidades analíticas son notables, permanece connada a
un ámbito lógico-matemático. Carece de corporeidad, de historia
personal, de experiencia vivida y de interioridad espiritual. Por ello,
no puede reproducir el discernimiento moral, la empatía auténtica ni
la dimensión contemplativa propia del ser humano.
Por consiguiente, establecer una equivalencia fuerte entre IA e
inteligencia humana conduce a una visión reductiva de la persona
y pone en peligro el reconocimiento de su dignidad intrínseca, que
no depende de capacidades, rendimiento ni utilidad social, sino de
haber sido creada a imagen de Dios.
II. Resumen del documento
Introducción (nn. 1–6)
La Nota abre con el horizonte bíblico de Mt 13,52: «con antigua y
nueva sabiduría» (n. 1), invitando a leer el desafío tecnológico desde la
creación: el ser humano, hecho «a imagen de Dios» (Gen 1,27), recibe el
don de la inteligencia para cultivar y custodiar la tierra (Gen 2,15), como
arma la Nota en su numeral 1. La Iglesia reconoce el valor de la ciencia y
la técnica como cooperación humana con Dios en el perfeccionamiento de
la creación, y subraya que las capacidades creativas, usadas rectamente,
glorican a Dios (n. 2).
El texto sitúa el núcleo del problema: la IA busca imitar la inteligencia
humana (n. 3), puede producir textos e imágenes indistinguibles, y por
ello se vuelve un factor en la crisis de verdad del debate público (n. 3).
Además, su capacidad de «aprender» y tomar decisiones introduce
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Nota sobre la relación entre la inteligencia articial y la inteligencia humana
cuestiones nuevas de responsabilidad ética y seguridad, repercutiendo
en toda la sociedad (n. 3). La Nota ubica la IA en el centro del «cambio
de época» (n. 4), y arma el objetivo del discernimiento: mitigar riesgos,
prevenir daños y orientar la IA al progreso humano y bien común (n. 4).
La Iglesia ofrece su aportación desde la «sabiduría del corazón»
(n. 5), exhortando especialmente a quienes transmiten la fe (n. 5).
Metodológicamente, anuncia el recorrido: (a) distinguir el concepto de
«inteligencia» en humanos y en IA, (b) fundamentar una visión cristiana
integral de la inteligencia humana, y (c) proponer líneas de acción para
que la IA respete dignidad y desarrollo integral (n. 6).
La inteligencia articial y el desafío antropológico (nn. 7–12)
La Nota ofrece una descripción sobria de la IA, recordando
su denición moderna desde 1956 como intento de reproducir
comportamientos considerados inteligentes (n. 7). Los sistemas
actuales —denominados «IA débil»— se caracterizan por ejecutar
tareas especícas mediante inferencias estadísticas y aprendizaje
automático (n. 8). Aunque estos sistemas pueden producir
resultados sorprendentes, la Nota advierte contra el uso equívoco
del término «inteligencia», cuando se aplica de modo indistinto
a la persona humana y a las máquinas (n. 10).El problema de
fondo es antropológico: si la inteligencia se reduce a rendimiento
funcional o capacidad de cálculo, se empobrece la comprensión del
ser humano. Por ello, el documento arma con claridad que la IA
puede simular procesos, pero no «pensar» en sentido humano (n.
12). Esta distinción resulta decisiva para evitar reduccionismos que
amenacen la dignidad personal.
3. La inteligencia humana en la tradición cristiana (nn. 13–
35)
El núcleo teológico de la Nota se encuentra en su exposición de
la inteligencia humana desde la tradición losóca y teológica. Con
Aristóteles y santo Tomás de Aquino, se distingue entre intellectus
y ratio, mostrando que el conocimiento humano no se agota en el
razonamiento lógico, sino que incluye intuición, contemplación y
apertura a la verdad (nn. 14–15).
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Esta inteligencia es siempre encarnada: el ser humano es
unidad de cuerpo y alma, y su conocimiento está mediado por la
experiencia corporal y relacional (nn. 16–17). Además, la inteligencia
es intrínsecamente relacional, pues se desarrolla en el encuentro
con los otros y se enraíza, en última instancia, en la comunión
trinitaria (nn. 18–20).
La Nota subraya que la inteligencia humana es un don «para
captar la verdad» (n. 21), y que el deseo de verdad orienta al ser
humano más allá de lo empírico, abriéndolo a la trascendencia (nn.
22–23). En este horizonte, se arma una comprensión integral de
la inteligencia que incluye creatividad, intuición, sabiduría práctica y
contemplación. De manera signicativa, el texto recuerda que «para
salvar lo humano hacen falta la poesía y el amor» (n. 27).
Desde esta visión, se establecen claramente los límites de la
IA: carece de corporeidad, de historia personal, de discernimiento
moral y de relaciones auténticas (nn. 30–32). Por ello, equiparar
la IA con la inteligencia humana conduce a un funcionalismo que
mide la dignidad por la utilidad, mientras que la dignidad humana
es intrínseca por estar fundada en la imagen de Dios (n. 34). La IA
debe ser entendida como producto de la inteligencia humana, no
como su equivalente (n. 35).
4. El discernimiento ético ante la IA (nn. 36–48)
La Nota arma que la tecnología no es moralmente neutra:
expresa visiones del mundo y opciones éticas (n. 36). Aunque
reconoce los benecios históricos del progreso técnico, advierte
que no toda innovación constituye auténtico progreso (n. 38). El
criterio fundamental de evaluación es la dignidad intrínseca de la
persona y su orientación al bien común (n. 42).
Un principio central del documento es la responsabilidad moral:
solo la persona humana es agente moral; las máquinas no pueden
asumir responsabilidad ética (n. 39). Por ello, se exige transparencia,
rendición de cuentas (accountability) y control humano efectivo
sobre los sistemas de IA (nn. 44–46). El discernimiento ético debe
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Nota sobre la relación entre la inteligencia articial y la inteligencia humana
considerar no solo los nes, sino también los medios y la visión
antropológica que subyace a cada aplicación tecnológica (nn. 40–
41).
5. Aplicaciones y ámbitos concretos (nn. 49–107)
La quinta sección aplica los principios anteriores a diversos
ámbitos de la vida social. En el plano social, la IA puede promover
el desarrollo, pero también aumentar desigualdades y concentrar
poder, reforzando el paradigma tecnocrático (nn. 49–55). En
las relaciones humanas, la IA no puede sustituir la empatía ni el
encuentro personal, y su antropomorzación constituye un engaño
éticamente grave (nn. 56–63).
En el ámbito del trabajo y economía, la Nota reconoce
oportunidades, pero advierte sobre la deshumanización y la
exclusión si la tecnología se impone sobre la persona (nn. 64–70).
En sanidad y educación, insiste en que la IA debe apoyar, pero nunca
reemplazar, la relación humana esencial (nn. 71–84). Se denuncian
con fuerza los riesgos de desinformación, vigilancia y social scoring
(nn. 85–89), el derecho a la privacidad y control (nn. 90-94), así
como el impacto ambiental de las infraestructuras tecnológicas (nn.
95–97).
Particular gravedad reviste el uso de la IA en contextos bélicos.
La Nota arma un principio categórico: «ninguna máquina debería
elegir jamás poner n a la vida de un ser humano» (nn. 98-103).
Finalmente, se advierte contra la tentación de absolutizar la
tecnología y convertirla en sustituto de Dios, lo cual constituye una
forma moderna de idolatría (nn. 104–107).
6. Conclusión: la verdadera sabiduría (nn. 108–117)
La Nota concluye armando que el aumento del poder
tecnológico exige un crecimiento proporcional en responsabilidad
ética y madurez espiritual (n. 108). La cuestión decisiva no es si
la IA progresa, sino si el ser humano se hace «verdaderamente
mejor», más consciente de su dignidad y más abierto a los demás,
especialmente a los más vulnerables (n. 109).
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Frente al reduccionismo digital, el documento propone
recuperar una sabiduría del corazón, que no puede ser delegada a
las máquinas (nn. 113–114). Esta sabiduría integra verdad, bien y
caridad, y permite orientar la tecnología al servicio de la fraternidad,
la justicia y la casa común. En última instancia, la perfección humana
no se mide por la cantidad de datos procesados, sino por el grado
de caridad vivida (n. 116).
En consecuencia, la Nota sitúa este discernimiento en un
horizonte explícitamente cristológico: los creyentes están llamados
a ser agentes responsables que orienten la IA hacia una visión
auténtica de la persona y de la sociedad, comprendiendo el progreso
tecnológico como parte del designio creador de Dios y ordenándolo
al Misterio Pascual de Jesucristo, en la búsqueda constante de la
Verdad y del Bien (n. 117).
III. Valoración crítica personal
La Iglesia no es únicamente depositaria de la fe recibida, sino
también su custodia responsable, llamada a velar para que el
contenido de la revelación conada por Cristo no sea deformado,
relativizado ni sustituido. A lo largo de más de dos mil años de
historia, el cristianismo ha debido afrontar múltiples intentos
externos e internos— no solo de reinterpretar de manera reductiva
el depósito de la fe, sino incluso de debilitar o eliminar a la Iglesia
misma como sujeto histórico y comunitario de la revelación.
En este contexto, el desarrollo de la IA no puede ser interpretado
únicamente como la cúspide del progreso cientíco y tecnológico,
sino también como una expresión ambigua del deseo humano de
autosuciencia, que en ocasiones roza la tentación de crear un
«dios» a su propia medida. Este riesgo, señalado implícitamente
en Antiqua et nova, no radica en la tecnología en sí misma, sino
en una comprensión antropológica empobrecida que absolutiza la
capacidad técnica y desplaza la apertura a la trascendencia.
Ante este escenario, considero que los cristianos afrontamos
uno de los desafíos más decisivos de nuestro tiempo: estudiar
seriamente la IA, comprender su lógica, sus algoritmos y sus límites.
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Solo desde un conocimiento riguroso y crítico será posible discernir
su verdadera función y valorar con lucidez tanto sus riesgos como
su potencial, particularmente en el ámbito de la evangelización y de
la comunicación de la fe en un mundo digitalizado.
Por ello, no se trata de temer a la tecnología ni de rechazarla de
manera acrítica, sino de acercarse a ella con responsabilidad ética
y discernimiento espiritual, reconociendo que la IA es una obra del
ingenio humano llamada a servir al ser humano y no a sustituirlo.
Cuando su uso se orienta desde una antropología integral y una
ética del bien común, la IA puede convertirse en una herramienta
privilegiada para la misión evangelizadora de la Iglesia, siempre
subordinada a la dignidad de la persona y a la centralidad del
Evangelio.
Finalmente, todo ello ha de ser asumido Ad maiorem Dei gloriam
(para la mayor gloria de Dios), a quien pertenece toda sabiduría
auténtica y ante quien toda obra humana encuentra su verdadero
sentido.