https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.540
http://hdl.handle.net/11715/2880
Nelson López Rojas. (2025). Lo que ellos
llaman amor. El Salvador: Celdas Ediciones.
198 pp. ISBN: 978-99983-66-39-8
Book Review
Nelson López Rojas. (2025). Lo que ellos llaman
amor. El Salvador: Celdas Ediciones. 198 pp.
ISBN: 978-99983-66-39-8
Cristopher Montero Corrales
Instituto de Estudios Latinoamericanos
Universidad Nacional
Heredia, Costa Rica
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1139-8686
N.
o
48
Vol. 24, N.
o
48 marzo-agosto 2026 pp.93-96
ISSN 1994-733X
e-ISSN 2707-7411
Editorial Universidad Don Bosco - El Salvador
Reseña de libro
Los artículos de la Revista Teoría y Praxis de la Universidad Don Bosco,
El Salvador, se publican bajo los términos de la Licencia Creative
Commons: Reconocimiento, No Comercial, Compartir Igual 4.0
1
Antropólogo. Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana con énfasis en literatura de la
Universidad Nacional de Costa Rica.
Cristopher Montero Corrales
Nelson López Rojas. (2025). Lo que ellos llaman amor. El Salvador:
Celdas Ediciones. 198 pp. ISBN: 978-99983-66-39-8
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Les cuento que he estado leyendo cosas extrañas, cosas extrañas
que aparecen mediadas con humor e ironía en el libro Lo que ellos llaman
amor de Nelson López Rojas. ¿Por qué nos sorprenden ciertas prácticas
contemporáneas como el olor a palo santo en los negocios, la sensibilidad
animalista, las contradicciones entre un café Musún y Starbucks, asesinar
a alguien por un Iphone 4 o una canción que celebra las relaciones
impropias para sacarle provecho a la inocencia? ¿Por qué nos genera
extrañeza si es la Centroamérica en la que vivimos?
He estado leyendo cosas extrañas en internet. Que se mató
una inuencer por miedo a las alturas, que una estrella porno
se cayó de un treceavo piso mientras grababa un trío, que una
cámara de seguridad captó a una pareja teniendo sexo en un
carro… uff, menos mal que no era yo, pero con esta mierda del
Big Brother que nos han impuesto, ya ni coger a gusto puede
uno (p. 51).
El big brother es esa exposición absoluta en la que vivimos como forma
de estar en el mundo y, si nos resulta extraña en la lectura de este libro,
a pesar de que es nuestra realidad más inmediata, es porque con ironía
nos cuenta diversas prácticas que como sociedad hemos normalizado.
Por ejemplo, la violencia social después de los tratados de paz. En este
libro no encontraremos la tragedia de la violencia centroamericana que
nos permitiría refundar la polis sino la vuelta absurda: “Jason se creía
inmortal en una ciudad donde la vida valía menos que un iPhone 4” (p.
103). La ironía nos presenta un choque de ideas, es la tensión de dos
visiones de mundo, como acabamos de ver: es el cruce entre la sensación
de inmortalidad y la vulnerabilidad donde la vida es fácilmente desechable
por un aparato tecnológico.
Justamente, con extrañeza reinterpretamos esta sociedad porque el
autor nos permite la distancia por medio del efecto que genera el humor
irónico. Es la risa del que no quiere o se sabe imposibilitado para cambiar
su sociedad y, entonces aparece la queja más individualizada:
Cada mañana era el mismo ritual: se quejaba de su puta y
sera vida, se encerraba en el baño con el celular y, desde
su trono, se reía con la soberbia de quien cree escribir como
Edgar Allan Poe (p. 90).
Aparece la queja más irrelevante e inocua como quejarse de mensajes
de audios largos (p. 117). Sus personajes son cómicos ya que no buscan
imitar a grandes referentes, no son las grandes quejas de la desigualdad
Vol. 24, N.
o
48, semestral: marzo-agosto 2026, pp. 93-96
https://doi.org/10.61604/typ.v24i48.540
http://hdl.handle.net/11715/2880
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ni de la injusticia, ni la necesidad de oportunidades laborales dignas. La
idea de un hombre trabajador, por ejemplo, ya no está como horizonte de
realización propia, pero si de contraste con las generaciones pasadas,
donde el valor del trabajo se mantiene:
Su abuela rio con una ironía que le pesó en el pecho—. Por
lo único que me venís a ver es para pedirme dinero o comida.
Si hubieras sido un hombre de verdad, ya estarías trabajando,
ya tendrías algo propio. Pero no, ahí estás, todo cenizoso,
triste y con hambre (p. 84).
Vemos también esto de imitar, con la comparación, es decir
el establecimiento de semejanzas entre dos elementos, pero cuya
comparación no es trágica sino risible. Es decir, se compara las habilidades
de caza de una gata con la tragedia de las deportaciones:
No la quiero. Pero caza los alacranes, come cucarachas,
espanta las arañas y las moscas, con una eciencia digna de
la policía migratoria de Trump. Me sirve (p. 37).
Por supuesto que lo nos evidencia el autor es la frialdad y el cinismo
ante el sufrimiento y, en este caso la razón utilitarista privilegiada.
Utilitarismo y frialdad, parte de la violencia obstétrica: “Tu matriz no sirve,
le dijo una doctora, pero igual nació Esperanza (p. 154). Lo que le sirve
al sujeto colectivo es lo justicado de mantener. No solo es el utilitarismo
sino el revanchismo que rebaja:
Yo sí tengo dignidad, si no me quiere, no me quiere, pero yo
sí me quiero. Me voy a la mierda, esta noche. Pero antes de
irme, le voy a dejar una cucaracha vomitada en la almohada.
A ver si eso le enseña algo a este perro sobre lo que es amor
(p. 42).
Con un diccionario sumamente contemporáneo donde aparecen
palabras como Facebook, Twitter, Instagram, Freelance, logo, banner,
Tiktok, y Uber. Este autor nos permite tomar distancia de lo que
hemos entendido como normal, incluso como sociedades modernas,
profundamente contradictorias:
No tenía dinero, pero era una tipa Starbucks, una contradicción
andante. Un at white, dijo con cara de bagre, el cabello mal
amarrado, la piel todavía impregnada del perfume barato que
usaba para disimular su pobreza. El ruido de los buses en la
calle le apretaba el pecho, porque le recordaba de dónde venía,
de las casas con techos de lámina y las calles sin pavimentar,
de la abuela que la crió entre rezos y regaños (p. 90)
Cristopher Montero Corrales
Nelson López Rojas. (2025). Lo que ellos llaman amor. El Salvador:
Celdas Ediciones. 198 pp. ISBN: 978-99983-66-39-8
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En este libro se nos muestra la Centroamérica hiper individualizada
sin culpa y es la ironía la que nos salva de la insensatez y nos permite la
extrañeza. Tal vez el primer paso para despertar antes de que colguemos
del techo más bien podamos rezar desde la herida.