TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
29
No.
SSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 19, No.38, enero-junio de 2021, p.29-44
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad DonBosco,
year 19, No.38, january-june 2021, p. 29-44
38
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
Ramón Obdulio Lara Palma
1
Resumen
Afrontar cristianamente la realidad crítica que impone el fenómeno de la
pandemia de la Covid, exige encontrar las claves de interpretación para
intervenir en esa realidad de manera ecaz. La pandemia, como toda crisis,
puede ser una gran oportunidad. El autor propone cuatro principios que sirven
como claves de lectura y ejes de acción para que esta crisis, como cualquier
otra situación crítica, sea aprovechada para avanzar hacia un futuro nuevo y
mejor. La encarnación, la responsabilidad, la esperanza y la profecía, elevados
a la categoría de principios, ofrecen la posibilidad de abordar cristianamente
la crisis generada por la pandemia con la nalidad de rediseñar el mundo post-
Covid de modo más digno y humano.
Palabras clave: pandemia, Covid-19, encarnación, realidad cósmica, principio
responsabilidad.
Abstract
To face the critical reality imposed by the phenomenon of the Covid pandemic
in a Christian way, requires nding the interpreting keys to intervene in that
reality eectively. The pandemic, like any crisis, can be a great opportunity.
The author proposes four principles that serve as reading keys and lines of
action so this crisis, like any other critical situation, is taken as an advantage
to move towards a new and better future. Incarnation, responsibility, hope
and prophecy, elevated to the category of principles, oer the possibility of
a Christian approach to the crisis generated by the pandemic to purposely
redesign the post-Covid world in a more dignied and humane mode.
Key words: pandemic, Covid-19, incarnation, cosmic reality, responsibility
principle
1
Licenciado en Teología Dogmática por la Ponticia Universidad Gregoriana, Roma
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
30
Introducción
La pandemia de la Covid-19 que la humanidad ha enfrentado desde el inicio del
2020 exige un indispensable abordaje desde la óptica cristiana. En los siguientes
párrafos propongo abordarla a la luz de cuatro conceptos que han sido elevados
a la calidad de principios. Aquí entendemos el término principio como “lo
que está en el origen de un proceso, pero que además permanece presente
y activo a lo largo de él, le otorga una determinada dirección y congura los
diversos elementos dentro del proceso”
2
. En ese sentido es que hablaremos
del principio-encarnación, principio-responsabilidad, principio-esperanza y
principio-profético.
En la exposición de los tres primeros principios se hablará sólo de realidad a
secas, pero obviamente la realidad palpitante que calladamente subyace es
la pandemia. Bajo la lógica de la encarnación, camino redentor diseñado por
Dios, es que nosotros debemos adentrarnos a la realidad de la pandemia. Con
actitud responsable, debemos verla, enjuiciarla y afrontarla. Y con la fuerza
de la esperanza estamos llamados a interpretarla y trascenderla para elevar
la mirada hacia un futuro que es una promesa de plenitud, que nos atrae y
compromete a trabajar con ahínco y conanza.
Pero no basta con ser responsables con la realidad que se ha asumido como pro-
pia (encarnada), ni con empujar hacia adelante mirando el futuro con esperan-
za. La realidad de la pandemia, como una realidad que nos coloca en medio de
una crisis, tiene que ser abordada proféticamente. Ayudados por la potente g-
ura de Mons. Romero, quien en su momento se enfrentó con una realidad suma-
mente crítica, podremos desvelar la existencia del necesario “principio-proféti-
co” como un instrumento indispensable para abordar toda situación de crisis. El
profetismo le da voz a los tres primeros principios y los articula para que sean
realmente ecaces en la transformación de la crítica realidad que nos envuelve.
2
J. Sobrino, El principio-misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucicados, Santander: Sal Terrae, 1992, 32.
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31
Los principios
El principio encarnación: encarnarse en la realidad
Pensar a Dios cristianamente implica encontrarse con el acontecimiento
encarnacional, que es un elemento distintivo del cristianismo: Dios se hizo
carne. H.U. Von Balthasar habla de un “cristianismo pretencioso”, porque se
presenta ante el concierto de las religiones con la verdad de un Dios encarnado,
o, visto desde el otro lado, la de un hombre en quien hay que reconocer a Dios
3
.
¡Qué pretensión!
La encarnación de Dios se constituye así en un principio fundante e identicador
de todo lo cristiano. Pensar a un Dios encarnado implica repensar toda la
realidad en sus múltiples facetas. Pensemos primero en la faceta de la “realidad
histórica”: con la encarnación el tiempo ahora está preñado de Dios, deviene en
kairós, y todo lo que en él acontece viene a ser historia de salvación.
Pensemos también en la “realidad humana”, pues con el Verbo encarnado, se le
“revela al hombre el propio hombre” (GS 22). El sagrado comercio de los Santos
Padres redene la realidad humana: Dios se hace hombre para que el hombre
llegue a ser como Dios
4
. La encarnación de Dios le permite al hombre encontrar
el camino verdadero que lo conduce a la vida divina (Jn 14,6). Lo humano
alcanza, con la encarnación de Dios, su deseo más primigenio: “ser como Dios”
(Gn 3,5). Con el Dios encarnado el hombre tiene que ser repensado
5
.
También la “realidad cósmica” es afectada con la encarnación de Dios. Puesto
que en Dios encarnado todo es recapitulado, ya que “todo fue creado por él y
para él” (Col 1,16), la creación entera sólo espera el momento glorioso de su
liberación, hasta cuando “Dios sea todo en todos” (1Cor 15,28). Si la creación ha
quedado en espera de su gloricación es porque al encarnarse –al creaturarse–
el creador sembró en toda su creación una semilla de eternidad: todo queda
tensionado hacia la “pascua de la creación”
6
.
Por el principio encarnación, que es una acción iniciada por Dios, toda la
realidad queda marcada, lo mismo que estimulada a seguir la misma lógica
encarnacional. Por eso, para el cristiano, no puede haber fuga mundi, como
tampoco puede dejarse engañar por el articio de un espiritualismo pegajoso
que pretende eximirle de su obligado camino de encarnación. El principio
encarnación habla de un Dios que asume toda la realidad. El cristiano, si lo es
verdaderamente, debe, igual e inexorablemente, encarnarse en la realidad.
3
Cfr. H.U. von Balthasar-J. Ratzinger, ¿Por qué todavía soy cristiano? ¿Por qué permanezco en la Iglesia?, Salamanca
:
Sígueme, 2005, 45-50
.
4
Cfr. San Justino, Dial con Tryph 124, 4; San Ireneo, Adv Haer III,19,1; Clemente de Alejandría, Protr 8, 64; Orígenes, Contra Celsum,
3, 28.
5
Cfr. L.F. Ladaria, Jesucristo, salvación de todos, Madrid: San Pablo – Comillas, 2007, 70-75.
6
Cfr. J.L. Ruiz de la Peña, La pascua de la creación, (Col. Sapiensa Fidei, 11), Madrid: BAC, 1996, 123-146.
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
32
El principio responsabilidad: encargarse de la realidad
Max Weber en su libro “La Política como vocación”
7
planteaba la urgente
necesidad de desarrollar y aplicar una clara ética de la responsabilidad, sobre
todo en el ejercicio de la política
8
. Retomando esa propuesta weberiana, H.
Jonas, a nales de los años setenta, expone su “principio responsabilidad”,
que es una respuesta ética al utópico “principio esperanza” de E. Bloch. El
“principio responsabilidad” viene a ser en Jonas un examen crítico al abuso del
dominio del hombre sobre la naturaleza, o sea, una fuerte crítica a la ciencia
moderna o la tecnociencia
9
.
Decía I. Ellacuría que “la realidad tarde o temprano se impone”
10
. Por eso
proponía plantarse ante la realidad con una actitud muy responsable
11
. En
otras palabras, hay que tener muy en cuenta “las consecuencias previsibles de
la propia acción” (M. Weber). Hay que acercarse a la realidad guiados por el
jonasiano “principio responsabilidad”. Una ética del presente y del futuro ha de
ser la consigna cuando nos posicionamos en el corazón de la realidad.
Nuestra relación con la realidad, siempre siguiendo a Ellacuría, implica hacer
una mirada responsable a la “realidad histórica”, en el sentido zubiriano de ese
concepto
12
. Y lo primero que hay que hacer es ver hacia el pasado para “hacerse
cargo” de la realidad. Signica asumir las responsabilidades históricas de un
pasado heredado mediante un profundo conocimiento de este para aprender de
los aciertos y los desaciertos cometidos. El pasado no se evade ni se esconde, se
asume con valentía, con respeto y con inteligencia.
La realidad histórica presente tiene también que ser tomada con mucha
responsabilidad. Ellacuría planteaba la necesidad de “cargar” la realidad
presente. Signica asumir el presente con todo su peso de realidad como una
tarea ineludible, es la “honradez con lo real”
13
. Implica, por tanto, salir de los
7
Cfr. M. Weber, La Política como vocación (1919): Una conferencia pronunciada en el invierno revolucionario de 1919, por invita-
ción de la Asociación Libre de Estudiantes de Múnich. Fuente: https://es.scribd.com/read/345940100/La-politica-como-vocacion#,
consultado: 21 julio 2020.
8
Ibid.: “Hay una diferencia abismal entre obrar según la máxima de una ética de la convicción, tal como la que ordena (religiosa-
mente hablando) ‘el cristiano obra bien y deja el resultado en manos de Dios’, o según una máxima de la ética de la responsabilidad,
como la que ordena tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción”.
9
Cfr. H. Jonas, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Barcelona: Herder, 1995. “Un
imperativo que se adecuara al nuevo tipo de acciones humanas ––corrigiendo el imperativo categórico de Kant–– diría algo así como:
‘Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra’;
o, expresado negativamente: ‘Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa
vida’; o, simplemente: ‘No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indenida de la vida humana en la tierra’”, pp. 39-40.
10
“Estamos abiertos a la realidad, instalados en ella. Pero además estamos religados a la realidad. La realidad no sólo se nos hace
presente, la fuerza de la realidad que se impone primariamente a la inteligencia, sino que se nos hace presente también como po-
der que nos domina”, I. Ellacuría, “La superación del reduccionismo idealista en Zubiri”. Razón, ética y política. El conicto en las
sociedades modernas (Palacios, X. y Jarauta, F. editores), Madrid: Anthropos, 1989.
11
Decía Ellacuría: “Este enfrentarse con las cosas reales en tanto que reales tiene una triple dimensión: el hacerse cargo de la rea-
lidad, lo cual supone un estar en la realidad de las cosas -y no meramente un estar en la idea de las cosas o en el sentido de ellas-,
un estar ‘real’ en la realidad de las cosas, que en su carácter activo de estar siendo es todo lo contrario de un estar cósico e inerte
e implica un estar entre ellas a través de sus mediaciones materiales y activas; el cargar con la realidad, expresión que señala el
fundamental carácter ético de la inteligencia, que no se le ha dado al hombre para evadirse de sus compromisos reales sino para
cargar sobre sí con lo que son realmente las cosas y con lo que realmente exigen; el encargarse de la realidad, expresión que señala
el carácter práxico de la inteligencia, que sólo cumple con lo que es, incluso en su carácter de conocedora de la realidad y compren-
sora de su sentido, cuando toma a su cargo un hacer real”, en I. Ellacuría, “Hacia una fundamentación losóca del método teológico
latinoamericano”, ECA, 1975, 322-323, p. 419. Son los tres momentos que contínuamente enarbolaba Ellacuría para enfrentar la
realidad: el momento noético, el momento ético y el momento práxico.
12
Cfr. I. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, San Salvador: UCA Editores, 1990, 491ss.
13
Cfr. J. Sobrino, “Terremoto, terrorismo, barbarie y utopía”. El Salvador, Nueva York, Afganistán, Madrid: Editorial Trotta, 2002, 67;
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
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anacronismos de culpar al pasado por lo que sucede en el presente con la única
nalidad de evadir compromisos; también implica liberarse de la perniciosa
angustia ante un futuro que muchas veces se plantea incierto. El presente es el
constructor del futuro y éste se dene cargando con todo el peso con que hoy
se impone la realidad.
La realidad histórica también hay que asumirla en perspectiva de futuro, por eso
Ellacuría plantea la necesidad de “encargarnos” de la realidad. Es el momento
práxico de nuestra confrontación con la realidad y es la forma más concreta
del principio responsabilidad en Jonas, quien critica la ética tradicional como
“próxima”, centrada en el aquí y ahora, sin tener en cuenta el creciente alcance
del obrar colectivo que, siguiendo el paradigma de la tecnociencia, pone en
peligro la vida humana en el futuro. La ética de la responsabilidad de la que
habla Jonas busca claramente tomar en serio, “encargarse”, de ese futuro.
El principio esperanza: trascender la realidad
El presente inventa el futuro y éste a su vez se tiene que ver con esperanza.
Aquí planteamos la esperanza como un principio que dene nuestra existencia,
no en el sentido blocheano, sino especícamente cristiano
14
. La esperanza
cristiana la debemos comprender con mayúscula, porque no es una cosa, un
objeto, sino una persona. La realidad presente se vive en la Esperanza, que es
Cristo, y con Esperanza, que es el Espíritu. Esta vida presente esperanzada se
asoma al futuro en cuanto el presente es trascendido. El presente no encarcela
la existencia del hombre porque cuando el hoy se vive en y con Esperanza
siempre será trascendido.
Trascender el presente lanzándose hacia el futuro mediante la esperanza, signica
que el futuro estará siempre abierto, convocando, incitando, atrayendo. Por
eso el cristiano cuando vive con y en la Esperanza encuentra energías interiores
que lo empujan hacia el futuro porque éste se presenta como una promesa
posible tan excesiva que lo arrastra con una fuerza tan potente, al punto de que
el hombre esperanzado opera y coopera con el mismo Dios para alcanzar esa
promesa planteada, que tiene su anticipación aquí y ahora
15
.
Id., “La honradez con lo real”, ST 80 (1992) 375-388.
14
Es verdad que Bloch comprende al ser humano como el ser de una radical apertura y lo describe como quien al situarse en el mundo
como “ser para la muerte” (Heidegger) no sucumbe a la “angustia” existencial decantada en nihilismo (Sartre) sino como quien al
hacer una anticipación utópica, o “conciencia anticipatoria”, sueña “sueños soñados despiertos”: “El sueño soñado despierto de una
vida perfecta, un sueño mediado objetivamente, y precisamente por ello no resignado, supera así tanto su proclividad al engaño
como la misma falta de sueños”, en E. Bloch, El principio esperanza III, Madrid: Trotta, 2007, 498. Sin embargo, la esperanza en
Bloch redunda siempre en el hombre y en la materia, sin llegar a explicar la fuerza motora que lleva al hombre a “esperar contra
toda esperanza” de modo que enfrentando su “ser para la muerte” no sólo se concentre en el “cuido de si” sino que hace de su vida
“un don de si hasta la muerte” que lo hace trascender y avanzar hacia su verdadera “patria” que comienza a construirse dentro de
las concreciones históricas de este mundo.
15
Planteamos aquí el “principio del exceso”, que es el concepto medular del pensamiento del gran teólogo belga Adolphe Gesché,
para quien Dios es “in mentis excesus” (la idea excesiva que es Dios), por la que la teología debe considerarse como la “ciencia de
las demasías”. Si Dios es esa “demasía”, la epistemología del exceso se convierte en el método para pensar al hombre, “Dios para
pensar al hombre”, al grado de que la teología es denida como “el discurso sobre hombre que habla de Dios en la fe” (Cfr. A. Ges-
ché, El hombre, Salamanca: Sígueme, 2010, 36). Dentro de ese discurso teológico del “Dios para pensar” y con la “epistemología del
exceso”, Gesché plantea el tema de la esperanza como “sabiduría”, porque “la sabiduría está ahí para hacer que las posibilidades de
la esperanza sean reales”, en A. Gesché, El sentido, Salamanca: Sígueme, 2004, 135. Gesché identica la esperanza con la sabiduría
porque ésta es “apertura” y “paciencia”, apertura para la alteridad ya que “la esperanza sólo puede venir del otro” y paciencia
porque el hombre tiene que aprender a ser hombre (aceptar sus límites) antes de querer ser “como Dios” (destino del hombre y
horizonte de la esperanza).
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
34
Cristianamente la esperanza es activa nunca pasiva. Esta esperanza siempre es
responsable con el presente porque se lanza hacia un futuro que se comienza
a diseñar en el aquí y ahora como un “ya pero todavía no” que va hacia una
plenitud. Aunque la realidad presente se imponga con su peso y hasta con
su agresividad, el cristiano que espera no se deja aplastar por ella, sino que
la trasciende por la misma fuerza de la esperanza porque sabe que ésta “no
defrauda” (Rm 5,5).
Aplicación de los principios
La pandemia de la Covid-19 es la realidad que hoy se impone en el mundo. Se
va desplegando en el tiempo con una fuerza avasalladora y aplastante. Todas
las esferas de la vida humana (social, político, económico, cultural) se han
visto afectadas. El mundo está en un “shock” generalizado. ¿Cómo responder
cristianamente a esta apabullante realidad? ¿Cómo interpretarla y afrontarla?
¿Qué hacer ante la estela de dolor y muerte que está dejando a su paso?
Me parece que una respuesta oportuna y sistemática la encontramos en los
principios arriba expuestos.
La realidad de la pandemia exige seguir el principio-encarnación
Dios en Jesucristo se ha encarnado en la toda la realidad y ha marcado el
camino a seguir: el cristiano tiene que ser un hombre encarnado en la realidad.
Vivir bajo la lógica de la encarnación durante esta pandemia implica seguir los
mismos movimientos que hizo Dios en su proceso encarnacional: abajamiento,
compasión y elevación. Si Dios se vació de mismo para solidarizarse con la
humanidad, también nosotros estamos llamados a vaciarnos de nosotros mismos
para ser solidarios con quienes nos rodean. Implica activar nuestros sentidos
para poder ver la necesidad, escuchar el clamor de todas las voces que reclaman
una cota de compasión. Implica cargar al caído y animar al abatido. Por eso,
el principio encarnación está unido al “principio misericordia” tal y como lo
propone el P. Sobrino, y que el Papa Francisco ha asumido con gran amplitud
(Misericordiae Vultus)
16
.
Encarnados en esta realidad sometida al peso de la pandemia, exige hacer
un minucioso discernimiento para superar los numerosos dilemas que van
apareciendo. Tal es el caso del dilema que ha surgido en el momento más denso
de la pandemia: salud o economía. Con mirada de fe, con un juicio evangélico
y con denidos valores para actuar, un dilema tal desaparece, pues la primacía
de la persona rompe ese tipo de dilemas: no se trata de uno o de otro, sino
de ambos, ya que, si el centro lo ocupa la persona, se hará todo lo posible por
salvar al enfermo (salud) y se hará hasta lo imposible por asegurar a todos un
futuro previsible y digno (economía).
16
S.S. Francisco (2015), Misericordiae Vultus, 10: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su
acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia
el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo.”
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La realidad de la pandemia obliga a seguir el principio-
responsabilidad
Teniendo a la base el principio encarnación, seguir el principio responsabilidad
resulta una obligación. Encarnados en la realidad no podemos presentarnos ante
ella indolentes e inermes sino proactivos y llenos de vigorosa responsabilidad.
Si queremos ser responsables con la realidad debemos aprender del pasado y
dejarnos aleccionar por él. Debemos ser acuciosos con el presente para corregir
los errores del pasado y poner en acto el nuevo imperativo ético como lo pro-
pone H. Jonas: “no poner en peligro la continuidad indenida de la humanidad
en la Tierra”
17
.
Ser responsables con la realidad implica atreverse a asumir roles de liderazgo
político sin miedos, sobre todo en el terreno de la política profesional, pero como
hombres con vocación política, que viven para la política y no de la política,
como señalaba Weber
18
. La responsabilidad elevada a un principio existencial
ha de ser la principal virtud que debe cultivarse en medio de la pandemia.
Bajo la lógica de la ética del presente, la responsabilidad debe guiar todo el
proceder desde el más humilde ciudadano hasta el más encumbrado funcionario
de gobierno. La corrupción puede convertirse en una lepra de la que hay que
huir y los que se han dejado tocar por ella han de ser vistos como parias de la
sociedad. Pero el principio-responsabilidad persigue más la lógica de la ética
del futuro, por eso se conecta plenamente con el principio-esperanza.
La realidad de la pandemia reclama el principio-esperanza
La pandemia con su aplastante peso está dejando una honda huella de dolor
y sufrimiento. Como cristianos estamos llamados a afrontarla desde una
perspectiva especíca, y puesto que es dolorosa, la pandemia reclama el
principio esperanza
19
. Cuando el dolor nos toca, cuando el luto nos envuelve, lo
primero que se pierde es la esperanza. Cuando se vive sin esperanza ya no se vive,
sino se vegeta. Sin esperanza nos volvemos “personas rotas”, despedazadas. Por
eso la esperanza tiene que sembrarse y cultivarse, pero no cualquier esperanza,
sino la cristiana, aquella que no defrauda, porque se funda en una persona y en
una promesa que nos excede y nos cautiva
20
.
17
H. Jonas, El principio de responsabilidad, 40.
18
M. Weber, La Política como vocación (ver cita n. 7): “Hay dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive ‘para’ la po-
lítica o se vive ‘de’ la política […] Vive ‘de’ la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos;
vive ‘para’ la política quien no se halla en este caso” Antes había armado: “Quien vive ‘para’ la política hace ‘de ello su vida’ en
sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia
de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de ‘algo’”.
19
Aunque E. Bloch dene al hombre como el 1 ser esperante`, su propuesta, como la criticó H. Jonas, deja a la humanidad encerrada
en su propia inmanencia. Las utopías marxistas de una vida perfecta, circunscritas a lo meramente histórico, con todas sus contingen-
cias, y conducidas por la dinámica dialéctica de la materia, eran el centro de la reexión blocheana. Jonas le recuerda a Bloch que
ese utopismo lleva a la humanidad a terminar en las garras de la tecnocracia y por tanto en una autodestrucción, por eso propondrá
el principio responsabilidad como un “Tractatus technoloticus-ethicus” para corregir el malogrado utopismo del principio esperanza.
20
Por eso no basta activar los sueños soñados despiertos, y ni siquiera es suciente agregarles la fuerza de la responsabilidad, sino
que es necesario, además, despertarle al mismo hombre la energía interior que nace de la relación personal con aquel que respeta
sus sueños, le activa la responsabilidad pero que también le hace trascender pasando por el umbral de la muerte. Esa energía es la
esperanza cristiana y esa esperanza es Cristo y su Reino, que convoca y provoca de una manera excesiva.
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
36
La esperanza cristiana se une plenamente con la responsabilidad, pues al
esperar nos toca ancarnos en el presente con perspectiva de futuro, pero
siendo activamente responsable hoy para preparar el mañana que se percibe
siempre mejor
21
. De este modo, mediante la esperanza encontramos energías
ocultas y aunque el dolor nos envuelva, la esperanza nos reconstruye y lanza
hacia adelante. Además, la esperanza es contagiosa. Y el cristiano, cuyo signo
de identidad es la esperanza, en medio de la penumbra de la pandemia, debe
contagiar al mundo con ese nuevo virus, contagiar a los abatidos para que
encuentren esa energía que se esconde tras las sombras del sufrimiento y del
dolor. La esperanza es la energía que cambiará el mundo-covid.
¿Cómo abordaría la pandemia Mons. Romero?
Estamos en crisis. La pandemia de la Covid-19 nos ha colocado en una situación
crítica en el terreno de salud pública y será más honda la crisis en el terreno
económico
22
. Para los griegos, el concepto κρίσις (separación) es una acción
determinante que, en el tiempo, permite distinguir, enjuiciar y decidir todo
lo que se juega entre la vida y la muerte. Por tanto, el tiempo de crisis es
sobre todo una gran oportunidad -puede volverse una tragedia, ciertamente-
que permite tomar la mejor decisión con inteligencia y valentía. Bien podemos
decir que toda crisis es un saludable kairos divino para crecer.
Aprendamos, pues, de la sabiduría de aquellos que mostraron capacidad para
enfrentar las crisis en el pasado. Mons. Romero en 1979 escribió una carta
pastoral con el título “Misión de la Iglesia en medio de la crisis del país”
23
, un
título muy oportuno para nuestro momento de crisis de salud y su consecuente
crisis económica que se avecina
24
. En la homilía del 6 de agosto de ese año,
Monseñor hizo una síntesis de la carta y tituló la homilía con el mismo nombre.
Recojamos las sugerencias fundamentales que ofrece nuestro profeta y mártir,
para así saber actuar ante la crisis reinante.
21
La Esperanza cristiana, que no es un concepto sino una persona (Cristo), le permite al hombre cruzar el umbral de lo histórico a
lo meta-histórico, sin anular lo histórico, llevándolo a un “exceso” inesperado (resurrección). Pero todo comienza en la historia,
mediante el encuentro y adhesión a Jesucristo (fe), que desata en el creyente el dinamismo que colma en el hombre sus “sueños diur-
nos” y perfecciona su “actitud responsable” al ser cristicado (liación adoptiva) y por tanto divinizado (salvación), pues el hombre
es “un ser destinado a compartir la vida de Dios”. Pero la divinización tiene una consecuencia colmante para el hombre: la libertad.
“Es la libertad de Dios la que se nos comunica (con la liación). Si queremos comprender hasta el fondo la revelación de nuestra
liación tenemos que llegar hasta ahí (la liberación)”, A. GESCHÉ, Jesucristo, Salamanca: Sígueme, 2002, 227. Libres hasta ser capa-
ces de dar la vida para generar vida. Esa manera de “ser esperante” hace superar cualquier crisis mientras se brega en la historia.
22
La comprensión de la pandemia de la Covid-19 como una crisis mundial es evidente. Los estudios, aunque someros, comenzaron a
salir pronto. Cfr. A. E. Gómez – J. G. Ramírez (coord.), Pensar la crisis. Perplejidad, emergencia y nuevo nosotros, Medellín: Editorial
EAFIT, 2020. Un poco más profundo son los estudios que sobre las repercusiones de la pandemia presenta la famosa revista francesa
Esprit: “Les virus dans la cité”, 2020/5 (mayo), pp. 194.
23
Cfr. Ó. A. Romero, Misión de la Iglesia en medio de la crisis del país: cuarta carta pastoral de Monseñor Óscar A. Romero,
Arzobispo de San Salvador, 1979. Dicho documento tuvo el propósito de aplicar las conclusiones de la Conferencia de Puebla a
la realidad concreta arquidiocesana de aquel momento. La lectura de la realidad que hace Monseñor para aplicar Puebla es la
de la “crisis”. La realidad es crítica y Monseñor quiere iluminar con su carta los caminos que debe recorrer la Iglesia en medio
de esa crisis. Un importante estudio que analiza con mucha amplitud el contexto crítico en el que vivió Mons. Romero es la tesis
doctoral presentada por H.R. Grenni, El Salvador en tiempos de Monseñor Romero: contradicciones de un período de violencia. La
evolución del pensamiento de Romero (tesis inédita), Sevilla, Universidad Pablo de Olavide, 2015, en línea: https://dialnet.unirioja.
es/servlet/tesis?codigo=102258 (consultada el 30 julio 2020).
24
La realidad actual en El Salvador es particularmente crítica, no sólo por el fenómeno de la pandemia, sino sobre todo por la agi-
tada coyuntura política, económica y social que se ha creado a raiz del cambio de un gobierno que, en manos de un grupo de poder
emergente, quiere imponerse sobre los grupos tradicionales de derecha y de izquierda del país. Como toda crisis, esta coyuntura
puede ser un paso hacia adelante en el proceso democrático y de desarrollo del país, o puede signicar, por el contrario, un profundo
retroceso. Los signos percibidos en el primer año y medio de este gobierno avivan una razonable preocupación.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
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Metodo de Mons. Romero para abordar la crisis: de lo general a lo
particular, de lo noético a lo práxico
Monseñor dividió el documento en cuatro partes, que encajan en el enfoque
que va de lo general a lo particular y pasa del momento noético al momento
práxico
25
. La primera parte es una lectura general de la realidad comprendida
desde la tercera conferencia: “La crisis del país, a la luz de Puebla”. La segunda
parte, que se enmarca en lo práctico, la tituló: “Contribución de la Iglesia al
proceso de liberación de nuestro pueblo”. Estas dos partes dan ese enfoque
general, noético y práxico, que Monseñor imprime en su escrito.
La tercera parte tiene un enfoque más especíco, pero con la intención de
comprender (iluminar) la realidad concreta de su diócesis: “Iluminación
de algunos problemas concretos” fue el nombre que le dio a esa parte. Así
mismo, la cuarta parte, con el enfoque especíco pero práctico, ofrece “La
línea pastoral de Puebla en la arquidiócesis”. Claramente se ve que Monseñor
eligió una estructura muy coherente y lógica para exponer sus ideas con el
n de aplicar las conclusiones de Puebla en la Arquidiócesis de San Salvador.
Analicemos su carta pastoral a la luz de esta metodología.
1 A. Momento noético general: comprensión de la realidad como
“crisis”.
Puesto que la realidad se presenta en plena crisis, Mons. Romero se acerca
a ella para analizarla desde dos ángulos: el social y el eclesial. Dentro de la
crisis social Monseñor resalta cinco aspectos cruciales: 1) la injusticia social,
2) deterioro político, 3) actitud gubernamental, 4) economía de precariedad
e ideología de seguridad nacional, 5) deterioro moral. Pero Monseñor también
analiza la crisis intraeclesial, de la que resalta: 1) la desunión, 2) ausencia de
renovación y adaptación, 3) desvalorización evangélica.
La situación crítica, social y eclesialmente hablando, le plantea a Monseñor
el reto de la honradez con lo real
26
. Por eso revisa con honestidad aquellos
aspectos que más aquejan a la sociedad y que están a la base de esa situación
socialmente crítica en la que vive la nación. Además, siempre en el marco
de la honradez con lo real, no esconde los serios problemas que se viven al
interno de la misma iglesia, comenzando por la dolorosa situación de división,
evidente y dramática, entre los mismos obispos y entre los presbiterios; acepta
honestamente el estancamiento pastoral en el que se había caído y en la
peligrosa deuda evangélica que la vida eclesial experimentaba. Analizada así la
realidad, resultaba urgente actuar.
25
Monseñor Romero decide abordar la situación crítica del país ciñéndose a una metodología bien denida. Su planteamiento co-
mienza con la necesidad de conocer a profundidad la realidad (momento noético) para luego intervenir en ella con un programa de
acción oportuno (momento práxico). A partir del conocimiento de la realidad se construye el edicio axiológico (valores) y a través
de este se dene la acción adecuada (ética): Cfr. Susi Ferrarello, “Thinking, Acting and Being”, en Filosofía UIS, Vol. 10, No. 1 (enero
– junio) 2011, pp. 177-190.
26
Cfr. J. Sobrino, “La honradez con lo real”, 375-388.
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
38
1 B. Momento práxico general: contribuir a la liberación integral.
El punto de partida para actuar frente a esa realidad en crisis es la “identidad
eclesial”, luego se debe promover una “evangelización integral”, que incluya
una sólida “orientación doctrinal” hasta llegar a la “denuncia profética” (señalar
el pecado y llamar a la conversión); a este momento práxico de la denuncia
profética Monseñor agrega el tema del “desenmascaramiento de las idolatrías”
de la sociedad, entre las que señala con precisión: 1) la absolutización de la
riqueza, 2) la absolutización de la seguridad nacional, 3) la absolutización de la
organización; termina Monseñor su planteamiento práctico general esbozando
la necesidad de “promover la liberación integral del hombre”, hacer urgentes
“cambios estructurales profundos” y no descuidar el “acompañamiento al
pueblo”.
Esta propuesta de acción, exhaustiva y ambiciosa, deja ver que Monseñor no se
contenta con respuestas triviales que al nal son inecaces por ser superciales.
Su propuesta es integral, tanto por la amplitud y la profundidad de la respuesta
que busca dar a la realidad crítica que antes ha analizado. Su punto de partida
es la vida eclesial para que desde su más pura identidad se lleve la buena noticia
de la salvación (evangelio) a toda la realidad social necesitada de ese mensaje
y de su consecuente acontecimiento salvíco. Para Monseñor, la contribución
que debe ofrecer la Iglesia es ese anuncio salvíco que se condensa en una sola
palabra: liberación. La salvación es liberación y esta debe ser integral, o sea,
que incluye a todo el hombre y a todos los hombres, en la dimensión eclesial y
particularmente en la dimensión social.
2 A. Momento noético especíco: realidad concreta abordada
desde la consulta.
En esta tercera parte, Monseñor apunta su mirada de análisis a tres problemas
que asume como “especiales”: 1) el problema de la violencia, 2) el problema
de la ideología marxista, 3) el reto del diálogo nacional. Esta es la parte más
pequeña de las cuatro, y Monseñor la presenta como el resultado del “diálogo
del pastor con sus comunidades”. Monseñor ha querido comprender la realidad
especíca de su diócesis sobre todo consultando a su pueblo, y fue de dicha
consulta que resultaron esos tres aspectos, dos como problemas candentes y el
tercero como un reto.
Seguramente tanto los miembros de las distintas comunidades eclesiales
consultadas, así como la de sus respectivos pastores, plantearon como
problema principal el de la violencia. Monseñor acoge ese punto y lo analiza
muy minuciosamente: comienza haciendo la relación entre la “justicia” y
la “violencia”, poniendo la primera como criterio de juicio de la segunda;
condena la “violencia estructural”, la “violencia del Estado”, la violencia de
la “extrema derecha” y la “violencia terrorista”, para terminar con la revisión
de la “violencia de la insurrección” y la “violencia de legítima defensa”,
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
39
aclarando que esta última tiene sus condiciones que deben respetarse para
que sea legítima. Habiendo analizado así el tema de la violencia cierra su
reexión sentenciando que “el cristiano es pacíco pero no pasivo”; sin duda
una sentencia que encierra una profunda sabiduría y una gran pedagogía.
Los otros dos temas que analiza Monseñor en este apartado especíco de
realidades es el problema de la ideología comunista y el reto de un diálogo
nacional. El tema de la ideología marxista surgió en la consulta dada la evidente
radicalización ideológica con fuerte inuencia marxista que se estaba dando
en los distintos grupos organizados; en ellos participaban muchos miembros de
comunidades de base y líderes eclesiales. Monseñor pide conocer el marxismo
en sus diversos sentidos para ganarle el campo de inuencia, además de hacer
notar que hay que analizar el “capitalismo igualmente peligroso”.
Por último, Monseñor plantea la “necesidad” de un “diálogo nacional” en el
que se respeten unas indispensables condiciones, tales como: 1) participación
de las fuerzas sociales, 2) cese de toda violencia, 3) centrado en el cambio
de las estructuras, 4) permita la libertad organizacional. Vemos que en esta
parte Monseñor se centra en aspectos especícos y candentes en la realidad
arquidiocesana de aquel momento. La consulta realizada le permitió sin duda ese
nivel de concreción para analizarla con detenimiento. Centrarse en la “realidad
actual” concreta es un paso indispensable ante las situaciones críticas.
2 B. Momento práxico especíco: aplicación de Puebla en la
arquidiócesis.
Monseñor Romero comienza planteando en esta última parte la necesidad de
reconocerse en medio de una realidad cambiante, por lo que advierte que “no
podemos quedarnos inmóviles ante las exigencias de un mundo en cambio”.
Por eso plantea la necesidad de ser una Iglesia con “actitud de búsqueda” y
arma tajantemente que “en esta actitud de búsqueda, debemos recordar que
la Iglesia es histórica, que está en camino”. Intrépidamente arma que “no se
posee una manera acabada de interpretar el Evangelio, aplicable exactamente
a todas las épocas y circunstancias”, y por eso “la Iglesia va evolucionando
de conformidad al momento histórico que vive en su forma de presentar el
mensaje único del Evangelio”. Para Monseñor, la Iglesia es peregrina y vive en
actitud de búsqueda.
Con ese presupuesto dinámico de la identidad eclesial, Monseñor va a recoger
los elementos prácticos que del “espíritu de Puebla” buscará aplicar en su
arquidiócesis, tales elementos son: 1) la opción preferencial por los pobres, 2) la
pastoral de conjunto, 3) la adaptación pastoral, que incluye: a) pastoral masiva
o evangelización extensiva, b) pastoral de comunidades de base (dinamizarlas y
puricarlas), c) pastoral de acompañamiento (pastoral política). Esos elementos
constituyen la síntesis práctica por medio de la cual Monseñor quiere hacer que
Puebla sea asumida en la realidad “crítica” de su arquidiócesis.
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
40
Sin duda son opciones concretas y especícas, que conllevan aplicabilidad
fáctica indiscutible. Son líneas extremadamente operativas.
Monseñor concluye su carta declarando su permanente “sentire cum ecclesia”,
es decir, su íntima vinculación con la Iglesia universal mediante su adhesión
al Papa; su comunión y adhesión al episcopado latinoamericano, mediante la
aplicación del “espíritu de Puebla” en la pastoral de su arquidiócesis; sintiéndose
bajo el soberano patrocinio del Divino Salvador del mundo, “base y cumbre de
toda nuestra pastoral”, y del amparo de la Virgen María, “modelo evangélico y
fuerza liberadora”, Madre de la Iglesia y de América.
Criterios que plantea Mons. Romero para afrontar la crisis:
desvelamiento del “principio-profético”.
Monseñor Romero afronta la crisis con el mismo espíritu con que los profetas
de Israel realizaron su misión
27
. Ese proceder profético lo colocamos aquí como
un “principio”, junto a los tres que ya hemos revisado. De tal modo que el
“principio-profético” se convierta igualmente en un elemento imprescindible
para poder hacer un auténtico abordaje cristiano de la pandemia. Sin duda que
los profetas son la voz en medio de la crisis. Eso indica que al presentarse una
situación crítica debe siempre aparecer el espíritu profético; la crisis reclama
la presencia del profeta, para que con su voz despierte la esperanza, llame a la
responsabilidad y haga aterrizar en la realidad a los distraídos (encarnación).
El profeta es sobre todo sembrador de esperanza.
Monseñor Romero, como verdadero profeta de Dios, alzó su voz para proclamar
con insistencia que no todo estaba perdido, que en medio de aquella situación
crítica que atravesaba el país, había espacio para la esperanza
28
. Pero la esperanza
que planteaba Monseñor es la que se funda en aquel que es la esperanza en
persona, Jesucristo, “nuestra esperanza” (1Tim 1,1). Por tanto, la suya no es
una esperanza ingenua, ni mucho menos falsa, sino realista. Monseñor Romero
sabe que la esperanza es falsa cuando se invita a esperar sin atacar las raíces
de las injusticias. Los falsos profetas de Israel invitaban al pueblo a multiplicar
sus actos de culto para alimentar la esperanza, pero sabemos que un culto sin
justicia sólo genera una esperanza falsa.
Por eso Monseñor Romero, en su homilía el 6 de agosto de 1979, día en que
presentaba su carta pastoral que hemos analizado, propone algunos criterios
que deben de tenerse en cuenta para alimentar la esperanza verdadera: 1) el
anuncio del evangelio que es Cristo, 2) la denuncia del pecado (la idolatría del
poder, la violencia, las múltiples formas de injusticia, etc.), 3) la propuesta de
soluciones, que para Monseñor incluyen: coherencia de la identidad (humana
27
Cfr. Cristóbal Sevilla Jiménez, “Crisis y esperanza en los profetas de Israel”, en Scripta Fulgentina, XXIV - Nº 47 (2014), 7-22.
28
Con rme elocuencia armaba: “Sembremos en esa tierra bien abonada la cepa de Cristo, la vid, la vida eterna, la fe, la oración,
nuestra misa dominical, los sacramentos, todo esto que nos eleva a perspectivas trascendentes y que nos hace esperar aun en medio
de las crisis y dicultades de las injusticias y atropellos de la tierra la gran esperanza de que no todo está perdido, porque la cepa
de Dios está bien plantada en nuestra tierra” (Homilía, 8 octubre 1978) (El subrayado es nuestro).
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
41
y eclesial), el diálogo respetuoso y profundo, acompañamiento cercano así
como el conocimiento de las causas de los problemas que generan la crisis del
momento. La esperanza profética no es ingenua ni pasiva, por eso al nal de la
homilía Monseñor armará: “Los que somos Iglesia, ricos o pobres, profesionales
o jornaleros, encarnemos el reto que Cristo nos hace para que cada uno de
nosotros colabore a la transguración de nuestra patria”
29
.
El profeta es reconstructor de la responsabilidad ética
El “prophetês” es el que “habla en lugar de”, es el nabíhebreo, es decir,
el “hablador”, el “proclamador” o “portavoz” de Dios ante el pueblo
30
. Tiene
la misión de dar a conocer al pueblo la voluntad de Dios. Tiene el carisma de
la intercesión entre pueblo y Dios, pero también se planta frente a los reyes y
poderosos cuando éstos no se rigen según los criterios divinos. Presentan a un
Dios cercano, que se relaciona con su pueblo, un Dios que habla, pero que es
santo y justo, y quiere que todos (gobernantes y gobernados) le rindan el culto
verdadero: el de la justicia y la misericordia. Ellos son los que verdaderamente
interpretan la historia y convocan al pueblo a reconstruirse, en medio de la
crisis, a través de la rectitud del corazón (responsabilidad ética).
Con esa misma actitud, Monseñor Romero se presentó en medio de la crisis que
vivía su país en aquel momento, para convocar a su pueblo a una verdadera
reconstrucción moral. Como todos los profetas, su llamado permanente fue el
de volver a Dios: “Otra gran contribución de la Iglesia es señalar que el único
camino de salida es, precisamente, esa conversión de los hombres y mujeres.
Y aunque esto parezca idealismo, utopía, ¿cuándo se van a convertir todos los
pecadores?, la Iglesia lo proclamará siempre; porque mientras El Salvador, desde
las altas esferas hasta las ínmas, no entre en caminos de conversión por la ley
de Dios, no podrá haber solución a las crisis que atenacean a nuestro pueblo”
(Homilía, 6 de agosto 1979).
Monseñor invita a cada uno de los salvadoreños a ser responsable de los destinos
de la nación. La reconstrucción moral que propone Monseñor comienza con
la conversión de las estructuras, y esta comienza, como ya hemos señalado,
con la conversión del corazón. El culmen de este proceso regenerador es el
restablecimiento de la institucionalidad, pues la crisis social se agudiza cuando
la institucionalidad está deteriorada, cuando el aparato de gobierno no funciona
por el deterioro moral (corrupción) y por la desarticulación (polarización).
Monseñor invita a reconocer “con franqueza el horrible dominio del misterio
del pecado en la sociedad salvadoreña, (cuya raíz subyace en) el tremendo
deterioro moral” (Homilía, 6 de agosto 1979).
29
O.A. Romero, Homilías: Monseñor Oscar A. Romero V, San Salvador: UCA Editores, 2008.
30
Cfr. L. Monloubou, Los profetas del Antiguo Testamento, Cuadernos Bíblicos 43, Navarra: Verbo Divino, 1987, 12.
Principios para un abordaje cristiano de la pandemia
42
El profeta invita al pueblo a la honradez con lo real: encarnarse
en la realidad.
Según Sicre, para comprender a los profetas primero hay que ver los
“datospreviosde la sociedad en que viven”
31
, en otros términos, hay que entender
que la realidad se impone sobre el proféta y determina su misión. Monseñor
Romero no dudaba en armar que “el pueblo es mi profeta” y que “con este
pueblo no cuesta ser pastor”. El profeta es un “mistico de ojos abiertos”
32
, por
lo que la realidad le cuestiona y lo enrola en la urgente tarea de transformarla.
Al presentarse ante la realidad, inevitablemente establece una relación de
confrontación con ella dada su delicada misión de anuncio y denuncia. Se
enfrenta contra los poderosos (Reyes y Estado), contra las idolatrías (violencia
e inhumanidad), contra el culto vacío (culto sin justicia) y no amagará por
instaurar la soberanía de Dios (Reino de Dios) en medio del mundo.
Si la realidad se impone, el profeta tiene que mostrar su honradez con lo real.
Esa fue la actitud de Monseñor Romero ante la realidad crítica de su momento.
En la lógica de la mística de ojos abiertos intenta sobre todo conocer la realidad
para adentrarse en ella lo más hondo posible. Por eso Monseñor buscaba ir a la
raíz de los problemas, tal y como lo demostró con su carta pastoral. Lo primero
que hay que tener en cuenta al estar en el corazón de la realidad, según
Monseñor, es la “actitud de búsqueda”, nunca instalados en la realidad sino en
actitud de peregrinos que avanzan al ritmo del tiempo. La segunda actitud es la
autocrítica. No se puede entrar al corazón de la realidad y querer cambiarla sin
hacer una profunda auto revisión. Por eso Monseñor aceptaba humildemente y
con dolor el drama de la división de la jerarquía; además, señala con tristeza la
“desvalorización de criterios evangélicos por criterios políticos” y acepta que la
conversión a los pobres no es una realidad generalizada.
En n, debemos decir que el modo cómo Mons. Romero abordó la crisis de su
tiempo nos revela a nosotros el “principio-profético”, es decir, la condensación
de los tres anteriores principios pero ahora “vocalizados”, teniendo resonancia
constante e insisiva, en la voz de los que asumen la misión profética en medio
de la crisis. Si la Iglesia es el “pueblo profético” en medio del mundo, las crisis
exigen que ese profetismo se actualice. No habría abordaje cristiano de una
crisis, como la pandemia, sin el “proncipio-profético”.
Conclusión
La realidad se impone con su peso y contundencia. En vistas a la honradez con
lo real, debemos abordarla con pertinencia y con pleno sentido cristiano. La
pandemia de la Covid-19 es la realidad que se nos ha impuesto en este último
año, su paso está dejando una secuela de dolor, muerte y mucha consternación.
Las secuelas post pandemia apenas las estamos vislumbrando. En denitiva, la
realidad actual ha colocado a toda la humanidad en una situación de crisis que
31
J.L. Sicre, Profetismo en Israel. El profeta. Los profetas. El mensaje, Navarra: Verbo Divino,
41998, 138.
32
J.B. Metz, Por una mística de ojos abiertos. Cuando irrumpe la espiritualidad, Barcelona: Herder, 2013.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
43
ineludiblemente debemos abordar desde nuestra fe.
En este breve trabajo de reexión hemos discurrido en cuatro conceptos a los
que les hemos reconocido la calidad de principios basilares para comprender,
interpretar y reaccionar ante la realidad crítica de la pandemia. Tres de esos
principios tienen una larga data de elaboración y de inuencia: encarnarse
en la realidad es el distintivo de lo cristiano, la responsabilidad ha sido
muy bien teorizada como fundamento de una ética de futuro, la esperanza
ha sido ampliamente reexionada losócamente desde el ángulo utópico y
teológicamente desde el ángulo escatológico.
Sin embargo, el profetismo, aunque de larga data en la historia del pensamiento
religioso judeo-cristiano, aquí lo proponemos como un principio al lado de los
tres primeros, porque es una clave de interpretación y, sobre todo, criterio
de actuación en medio de la crisis. El profetismo bíblico se caracteriza por
ser un fenómeno propio de los momentos críticos. Su presencia es exigida en
dichas circunstancias. Aquí lo hemos revisado como un aspecto esencial que
condensa y amalgama de manera proactiva y ecaz los demás principios, les da
voz y empuje práctico. El profeta invita a encarnarse en la realidad, incita a la
responsabilidad y siembra la esperanza en medio de la crisis.
El ejemplo de un profeta acreditado por el pueblo y por la histoira, que de
manera elocuente y expresa ejerció ese ministerio, es Mons. Romero. Nos
hemos centrado en la revisión de su cuarta carta pastoral que precisamente
títuló “Misión de la Iglesia en medio de la crisis del país”. Le hemos dado amplio
espacio de revisión a dicha carta porque en ella encontramos los elementos
fundamentales para comprender el proceder profético de Monseñor en medio
de aquel tiempo crítico que lo tocó enfrentar. Monseñor supo acercarse a la
realidad crítica con un método oportuno y con los criterios pastorales que son
un verdadero desvelamiento del principio-profético indispensable para afrontar
cualquier crisis.
La gran crisis coyuntural de la pandemia, que se inserta en la otra más grande
crisis que es el cambio de época actual, exige la presencia decisiva del
carisma profético. Si queremos abordar cristianamente estas crisis, debemos
inevitablente apelar al espíritu de profecía. Pero, ¿dónde están los profetas?
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