TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
3
No.
SSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 19, No.38, enero-junio de 2021, p.3-28
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad DonBosco,
year 19, No.38, january-june 2021, p. 3-28
38
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
Edgar Rey Sinning
1
Resumen
La ciudad de Santa Marta, en el Caribe colombiano, cerca de la desembocadura
del río Manzanares, fue una de las primeras ciudades fundadas por los españoles
en América. En palabras del autor, “la monarquía española fundó en América un
gran número de ciudades, villas y asentamientos cuyo n primordial era servir
a la política imperial de expansión territorial”.
En los primeros tiempos, desatendida por la Corona española -aunque de
aquí no tenga Vuestra Majestad ningunas rentas-, la ciudad sobrevivió por la
tenacidad y esfuerzos de los vecinos, que se negaban a abandonarla a pesar de
los contratiempos y de la escasez de riquezas minerales. La escasez de soldados
tornaba vulnerable la ciudad, que no tenía ni para pagar la estadía de 50
soldados, y nunca alcanzó a ser una verdadera fuerza para contener las entradas
y el desembarco de ejércitos irregulares dedicados al saqueo y el pillaje.
En los siglos XV n pequeño pueblo, de pocos vecinos, las casas no llegaban a
treinta, repartidas en seis u ocho manzanas`.
Palabras clave: Santa Marta, Caribe colombiano, Rodrigo de Bastidas, piratas
Abstract
The city of Santa Marta, located in the Colombian Caribbean, near the mouth
of the Manzanares river, was one of the rst cities founded by the Spanish in
America. The author says: “The Spanish crown founded a large number of cities,
villages and settlements in America, with the purpose of serving the imperial
policy of territorial expansion.”
In the beginning, neglected by the Spanish crown – `although Your Majesty has
no income coming from here`–, the city endured out of the tenacity and eort
1
Sociólogo e Historiador
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
4
of its inhabitants, who rejected the idea of leaving the town against all odds
and the shortage of mineral riches. The lack of soldiers weakened the city,
which couldn’t aord the stay of 50 soldiers, making the town unable to contain
the passing and disembarking of looters or plunderers.
During the 16th and 17th Centuries, the city was frequented by pirates – “It was
attacked almost 20 times” -, which sparked the scattering of its inhabitants,
who sought refuge in the farms nearby or emigrated to more secure cities.
Because of this, by the 17th Century the city “was no more than a small village,
with a small population and less than thirty houses spread over six or eight
blocks.”
Key words: Santa Marta, Colombian Caribbean, Rodrigo de Bastidas, pirates
La ola fundacional hispánica
Rodrigo de Bastidas, debió cumplir con las capitulaciones que había rmado
con la Corona Española y ésta era celosa en el cumplimiento de las normas
establecidas para la fundación de ciudad, villa o corregimientos. Éstas eran:
fundar la ciudad de Santa Marta seis meses después de llegar a Santo Domingo,
donde residía; con sus propios fondos debía construir una fortaleza, los gastos
se deducirían de los impuestos que posteriormente se recaudaran; no hacer
guerra a los nativos, ni maltratos, solo aquellos que fueran esclavizados y
por último debió rmar una garantía de cumplimiento de todo lo acordado.
En contraprestación don Rodrigo recibió el título de Capitán y de Adelantado
de Santa Marta; adicionalmente se le concedieron cinco años desde su
desembarco para repartir solares y garantizar agua los pobladores/fundadores
que llegaron con él y los que en lo sucesivo llegaran avecinarse en la recién
fundada ciudad. Por supuesto no alcanzó al término convenido, porque fue
asesinado en los primeros años de la fundación. Una tercera merced fue la
exención de los derechos portuarios que correspondían a las mercancías con
destino a Santa Marta; licencia para pescar perlas teniendo un testigo ocial;
libertad para descuajar el monte y vender la madera de los árboles derribados
como: guayacanes y el apetecido Palo Brasil, que la provincia tenía una gran
producción y otros privilegios que la Corona le garantizaba a Bastidas.
El acto fundacional tuvo las mismas características que señalan los historiadores
como Romero y sin que él mencione a Santa Marta, esta ciudad formó parte de
lo que él denomina “la primera ola fundacional”, dado que su fundación fue el
“fruto de un proceso externo, que se origina en el designio de los conquistadores
(Bastidas). Por eso la fundación fue un acto político. Los hechos se repitieron
muchas veces de manera semejante. Un pequeño ejército de españoles o
portugueses mandado por alguien que poseía una autoridad formalmente
incuestionable, y generalmente acompañado por cierto número de indígenas,
llegaba a determinado lugar y, previa elección más o menos cuidadosa del sitio,
se instalaba en él con la intención de que un grupo permaneciera denitivamente
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
5
allí”
2
. De tal manera que ese no es más que un acto político, respaldado por
la fuerza de las armas e ideológicamente consecuente con la religión católica,
por ello, entre los primeros actos, además de colocar una cruz en símbolo de
conquista, se ociaba una misa y se iniciaba la construcción del templo.
En el fondo, el acto de fundar una nueva ciudad era una forma de extender
el poder de la monarquía española, aumentar el territorio a través de la
posesión del mismo y por último sujetar a los nativos habitantes. Esto llevaba
a la eliminación de todos los obstáculos que se presentaran, como por ejemplo
las tradiciones culturales, las autoridades tradicionales, en síntesis, la nueva
ciudad, era en lo posible, el remedo de una ciudad europea que cumplía
funciones claves para el desarrollo urbano. “La ciudad se vuelve…un centro
regulador donde todo converge; ella desempeña, para el tejido social, el papel
de ´la cabeza en el cuerpo humano´. Por una parte, concentra, difunde y
distribuye, y por otra, dirige y ordena. Se le concibe cada vez más como una
empresa creciente desde el punto de vista económico, político y cultural. Esta
modicación de la forma de pensar la ciudad favoreces evoluciones internas
en diversos ámbitos: los vínculos sociales, el ordenamiento del espacio y las
funciones culturales. Lo que se produce en el siglo XVIII es el ascenso de la
actividad económica como ´matriz de una nueva urbanidad´”
3
, por eso Santa
Marta y otras ciudades hispanoamericanas entrarán a cumplir las funciones de la
nueva “ciudad urbana”: militar, comercial, política y residencial.
En esa misma dirección escribe el sociólogo catalán Manuel Castells al señalar
que las ciudades coloniales en América Latina cumplían dos funciones básicas:
1. La administración de los territorios conquistados y 2. El comercio, sobre su
área geográca, sobre todo la relación con la metrópoli. Una de estas funciones
es preponderante sobre otra. Lo que en la práctica signicaba que “las ciudades
hispanas asumían básicamente el papel de gobierno, como correspondía a la
política mercantilista de la Corona de Castilla, mientras que las implantaciones
portuguesas en Brasil estaban mucho más centradas sobre la rentabilidad del
intercambio de productos y de las explotaciones intensivas en las zonas cercanas
a los puertos”
4
.
Santa Marta se inscribe, en esa ciudad moderna, que, a pesar de sus dicultades,
se convierte estratégicamente, en cabeza visible de un proceso colonizador
diseñado en España, ejecutado en sus primeros años, desde Santa Marta. De
este puerto sobre el Caribe, salieron las tropas conquistadoras hacia Cartagena
de Indias y su provincia, luego hacia el interior hasta llegar a la fundación
de la ciudad de Santa Fe, que perteneció inicialmente a la Gobernación de
Santa Marta, luego convertida en capital del Nuevo Reino de Granada. Además,
los conquistadores españoles durante el siglo XVI mantuvieron una actividad
fundacional hacia el interior de la provincia muy importante: San Sebastián de
2
Romero, José Luis. Latinoamérica. Las ciudades y las ideas. p. 61.
3
Adriana María Álzate Echeverri. “Cuerpos bárbaros” y vida urbana en el Nuevo Reino de Granada (siglo XVIII). En: Historia de la vida
privada en Colombia, Tomo 1. Las fronteras difusas del siglo XVI a 1880. Jaime Borja Gómez y Pablo Rodríguez Jiménez (Coord.).
Bogotá: Taurus, 2013, p. 258
4
Castells, Manuel. La cuestión urbana. México: Siglo Veintiuno, 1980, p. 72-73.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
6
Tenerife, Tamalameque, Valledupar, Nueva Salamanca de la Ramada, Córdoba
y Sevilla, Ocaña y ya en 1539 se fundó Riohacha que pasó a formar parte de la
gobernación de Santa Marta en 1592. Luego se da un poblamiento más lento,
hasta que en 1739 se reinicia un proceso intenso y de lucha contra los Chimila,
que al nal España funda y refunda, en cabeza del Maestre de Campo José
Fernando de Mier y Guerra poblaciones a la orilla del río Magdalena, en la Sierra
Nevada de Santa Marta y en áreas comunicables con el río
5
.
Por otra parte, otro estudioso de las fundaciones de las ciudades
hispanoamericanas, Jorge E. Hardoy, señala que entre la Navidad de 1492 y el
siglo XIX, la monarquía española fundó en América un gran número de ciudades,
villas y asentamientos cuyo n primordial servir a la política imperial de
expansión territorial. Nunca hubo un conocimiento sobre todas, pero se deduce
que fueron muchas, algunas se sostuvieron, otras trasladas y otras fueron
abandonadas denitivamente. Hoy la mayoría de las capitales nacionales,
departamentales o regionales de toda la América Hispánica son las fundadas en
ese lapso de tiempo y “los conquistadores y colonizadores cumplieron un papel
fundamental en este proceso ya que a su directa iniciativa se debieron muchas
de las fundaciones principales, iniciativas que casi siempre fueron conrmadas
por los Reyes o sus representantes. La Corona, a su vez, ordenó frecuentemente
la fundación de una ciudad o villa para cumplir funciones predeterminadas,
para aanzar la conquista de un territorio o, simplemente, para complementar
la iniciativa privada de sus súbditos”
6
. La actividad fundacional más importante
por el número de ellas se ubica entre 1520 y nes del siglo XVI, como se ve Santa
Marta está entre las primeras fundaciones, que como se ha dicho se enmarcan
en la política de expansión territorial de la Corona española y cumplió al pie
de la letra de punto intermedio, de reagrupamiento para continuar hacia la
conquista del interior del territorio.
La Corona española no invertía un solo peso en estas aventuras, los conquistadores
y colonizadores de estas nuevas tierras asumieron los costos de las expediciones,
de tal manera que las incursiones que se iniciaban a tierra rme eran por cuenta
y riesgo de los intrépidos andaluces, catalanes, gallegos, vascos, extremeños
y de otras regiones que formaban parte de la Corona española. Bastidas que
ya había atesorado y acumulado dinero, tierras, ganados y otras propiedades
en Santo Domingo, arriesgó su tranquilidad, su capital trabajado al rmar las
capitulaciones que le autorizaron sus incursiones a Tierra Firme, especícamente
a Santa Marta, área de la costa Caribe que conocía, puesto que desde comienzos
del siglo XVI había iniciado un recorrido que lo llevó a descubrir el primero
de abril de 1501 la desembocadura del Río que el bautizó como Grande de
5
Estas nuevas poblaciones son: Nuestra Señora del Carmen de Barrancas (hoy Guamal), San Sebastián de Menchiquejo, Nuestra
Señora de La Candelaria de El Banco, Santa Bárbara de Tamalamequito, Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Chimichagua,
San Vicente de Ferrer de la Nueva Saloa del Cascajal, San Zenón de Navarro, San Fernando de Carvajal, Santa Ana de Buenavista,
Santa Bárbara de Pinto, Santa Cruz de San José (hoy Sitio Nuevo), Remolino, Pijiño del Carmen y en la Sierra Nevada de Santa Marta
San Sebastián de Rábago. Consúltese: Orlando Fals Borda. Historia Doble de la Costa, Tomo 1. Mompox y Loba, Carlos Valencia 1979;
Hermes Tovar Pinzón Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada 1750-1830. Bogotá: Archivo Ge-
neral de la Nación, 1994 y Edgar Rey Sinning. Poblamiento y Resistencia. Los Chimila frente al proceso de ocupación de su territorio.
Siglo XVIII. Santa Marta: Gobernación del Magdalena, 2012.
6
Hardoy, Jorge E. La forma de las ciudades coloniales en la América Española. En: Estudios sobre la ciudad Iberoamericana, Francisco
de Solano (Coord.), Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientícas, 1983, p.316.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
7
la Magdalena y pasar por las playas y sus bahías tranquilas de la hoy ciudad,
con sus ríos que bajan de la Sierra Nevada, que más tarde se llamó de Santa
Marta, con un territorio plano, con un clima más saludable que el de Urabá,
donde habían fracasado las fundaciones de las ciudades San Sebastián de Urabá
y Santa María de la Antigua del Darién.
En esa playa con una bahía tranquila desembarcó Bastidas un lejano 29 de
julio de 1525 acompañado de 450 hombres, apareado de todo lo necesario para
iniciar una fundación que le permitiera engrandecer su ego como Capitán y
Adelantado, tal vez aspirando a adquirir otros títulos como fundador de ciudades,
pero además interesado en acrecentar su riqueza. Los reyes estuvieron muy
complacidos cuando se enteraron de la nueva fundación y la primera en Tierra
Firme. “El gobierno español no deseaba colonias competidoras, sino posesiones
que acrecentaran con impuestos y dádivas el tesoro real”
7
sus nanzas y
su poder económico, político y militar. La fundación de Santa Marta
8
fue el
complemente que la Monarquía necesitaba para sus planes expansionistas, lo
que le garantizaba aumentar sus ingresos y recibir donaciones permanentes
de sus vasallos enviados al Nuevo Mundo a conquistar y fundar ciudades en su
nombre y para aumentar su grandeza. Pero la nueva fundación entraba a cumplir
una importante función para mantener el equilibrio en la región, ya que Santo
Domingo se había especializado en la cría de caballos y ganado vacuno, en Cuba
por su parte la producción de azúcar y la elaboración de artesanías, ahora Santa
Marta se encargaría de suministrar a todo el Caribe maderas (guayacán, palo
Brasil), oro, perlas y esclavos, según los reyes “la subsistencia de los colonos la
atenderían las tribus locales sumisas y empeñadas. Acontecimientos posteriores
quitaron piso a tantas ilusiones”
9
.
Rodrigo de Bastidas escogió la bahía, no solo por la tranquilidad de las aguas y la
belleza natural del territorio, sino que además se dio cuenta del puerto natural
que poseía, adicionalmente los nativos que encontró fueron amigables, con
todos esos aspectos a su favor y a favor de la Corona, pero sobretodo la actitud
amistosa de los aborígenes permitía una convivencia entre sí, por ello, Bastidas
al tomar posesión de la tierra, colocar una cruz en símbolo de conquista de la
tierra para el Rey y para Dios (el Papa), inició el diseño de la ciudad. Recorrió
el área ocupada, comenzó la construcción de las viviendas para quienes lo
acompañaron en la aventura, la casa de gobierno, la iglesia para adorar a Dios
y construyó las instalaciones portuarias que le garantizaron la llegada y salida
de embarcaciones. Pero todo lo pensado y arreglado se comenzó a derrumbar
muy pronto.
7
Martínez, Carlos. Apuntes sobre el Urbanismo en el Nuevo Reino de Granada. Bogotá: Ediciones del Banco de la República, 1967,
p.25.
8
El historiador Hermes Tovar Pinzón, plantea que mientras Santa María la Antigua del Darién se estableció como un centro de
operación, “tanto Santa Marta (1526) como Cartagena (1533) reejaron el reordenamiento de los conceptos espaciales que habían
predominado hasta entonces, haciendo de ellas cabeceras de jurisdicciones que cobijaban incognitos territorios en la tierra adentro.
Denir tales límites y conocer la potencialidad de sus espacios, fue una de las primeras tareas de los pobladores que llegaron a
estas recién fundadas ciudades […] Esta concepción diferente del espacio hizo distinto el poblamiento de Santa María la Antigua
del Darién, del de las otras ciudades tempranas que se fundaron en los bordes del mar Caribe. Santa María nació como un centro de
operaciones y no como un asentamiento para perdurar, tal como fueron concebidas Cartagena y Santa Marta y luego la mayoría de
las ciudades de los Andes”. Tovar, Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada 1750.1830. Bogotá:
Archivo General de la Nación, 1994, p.18.
9
Ibíd.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
8
La inconformidad de los compañeros de Bastidas propició permanentes
amotinamientos, tanto que el fundador y jefe de la ciudad fue acuchillado
de muerte, situación que produjo una desbandada de los pocos vecinos que
quedaban. Además los africanos que llegaron con Rodrigo de Bastidas se
sublevaron y destruyeron la naciente ciudad en 1529, según nos lo informa el
cronista don Antonio de Herrera
10
; la ciudad fue quemada, asaltada, saqueada;
situación que fue arruinando a los vecinos, a sus viviendas, a los escasos edicios
públicos. Dos años más tarde se incendia el 26 de febrero de 1531, el testimonio
de la situación crítica, la ofrecen los mismos vecinos que quedaban para ese
año cuando le informaron al Rey en carta fechada el 20 de abril de esa misma
calenda, que “lo que sucedió por nuestros pecados, el segundo día de cuaresma
a media noche, se nos quemó todo este pueblo que ha sido la mayor compasión
del mundo, que nunca fuego se ha visto de tanta perdición”
11
. Esta es una de las
razones del porqué nunca se pudo encontrar el acta de fundación de la ciudad,
situación semejante le pasó a Santa Fe, que un incendio en 1550, se quemó el
incipiente archivo que convirtió en cenizas, no solo el acta de fundación, sino
que se privó de conocer las primeras actuaciones del cabildo Santafereño.
A pesar de todo eso la ciudad y su puerto se consolidaron mínimamente y desde
el 28 de abril de 1526 se hicieron los primeros nombramientos, además del de
Rodrigo de Bastidas como gobernador, para esa fecha se nombraron ociales
Reales: Luis de Mayorca, como Veedor; Alonso Muñiz como escribano; Francisco
de Herrera como alguacil y como factor a don Rodrigo de Grajeda, días después
(5 de mayo) recibió otro nombramiento como Regidor de la ciudad, es decir,
el primer Regidor del Cabildo de Santa Marta. Ya desde el 6 de mayo de 1525
se había nombrado como Tesorero a Pedro de Espinoza. Con este primer
contingente de funcionarios públicos se inicia un proceso de conquista del
territorio de lo que hoy se llama Colombia. El historiador Juan Friede arma
sobre la fundación de Santa Marta que se constituyó “como el primer intento
conocido en todo lo que es el continente suramericano de erigir una base para
colonización permanente; una acción muy diferente de otros de sus “colegas”,
conquistadores o exploradores, que en aquel entonces recorrían las islas y
costas del Caribe dedicados sólo al despojo de los indios de sus bienes y a su
captura como esclavos”
12
.
La actitud de Bastidas bien interesante, de hecho la ciudad/puerto sirvió de
punto de embarque de varias de las fundaciones que se iniciaron en el actual
territorio de Colombia: Cartagena de Indias y Santa Fe de Bogotá, como
ejemplos representativos de esa estrategia utilizada por la Corona, ejecutada
10
El registro del cronista don Antonio de Herrera, está en la Década IV, del libro V, 1729, que dice: “Entre tanto que esto pasaba, una
noche de gran viento, que llaman Brisa, se incendió fuego en la primera casa de la ciudad de la parte del viento: y como sola la casa
del Gobernador era de piedra, y todas las otras de paja, y el viento grande, en un momento se quemaron, sin que los vecinos tuviesen
lugar para poder salvar más de sus personas; y apenas las armas y caballos: quedó con grandísima brevedad, por la fuerza del fuego,
abrazada la ciudad, sin aceite, pan, ni vino, ni ropa de vestir, ni cama: con que se vieron en tanta angustia y confusión, que no sabían
qué hacer, adonde los indios no esperaban ningún género de socorro, sino que cada hora habían de ir a combatirlos: y pensando que
los indios habían hecho el daño, mientras duró el fuego, recogiendo las mujeres, niños, y la gente menuda y enferma a la casa del
Gobernador: la gente armada rodeaba la ciudad. Entendieron después, que este incendio hicieron ciertos negros que andaban alza-
dos: los cuales caminando de secreto desde la Ramada a donde estaban llegando de noche, pusieron fuego y se volvieron” p. 122-123.
11
Citado por Friede, Juan. La fundación de Santa Marta. En: Primer Congreso Nacional de historiadores y antropólogos, Santa Marta
8-9-10 y 11 de noviembre de 1975. Medellín: 1976, p. 93.
12
Friede, Juan. La fundación de Santa Marta. 1976, p. 93.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
9
inicialmente por Bastidas y luego por los otros conquistadores y colonizadores
que llegaban a Santa Marta y días después reanudaban su labor rumbo al
interior del territorio de Tierra Firme (Nuevo Reino de Granada). Justamente la
expedición de don Gonzalo Jiménez de Quesada partió de Santa Marta llevándose
recursos nancieros de la ciudad, la mayoría del equipamiento fue aportado
por el Gobernador Pedro Fernández de Lugo, como la mayoría de hombres que
muchos eran vecinos de Santa Marta, se llevó soldados de la ciudad y cuando
salió de ella a comienzo del mes de abril de 1536, tres meses después de haber
llegado, se produce un despoblamiento y empobrecimiento de la ciudad. Es el
inicio, sin duda, de un proceso de utilizar a Santa Marta como punto estratégico
para organizar expediciones, ya antes había sucedido cuando en diciembre de
1532 don Pedro de Heredia parte a conquistar las tierras de los calamaríes,
llegando el 20 de enero a fundar la ciudad de Cartagena de Indias.
Este comienzo con tantos tropiezos, no impidió que la corona utilizara la ciudad y
su puerto como estrategia para sus propósitos expansionistas, más, sin embargo,
la ciudad cayó en estado de somnolencia, abandono y en un ostracismo total,
por parte de las autoridades monárquicas, les pareció mucho más oportuno
y pertinente atender y fortalecer a Cartagena de Indias y más tarde a Santa
Fe, que se convirtió en la capital del Reino. No obstante, Cartagena asumió
su liderazgo en el Caribe y por temporadas fue la capital del reino, ahí residió
varias veces el Virrey de turno.
Un primer plano sobre la ciudad
Es Friede quien publica en la revista “Hojas de Cultura Popular” que dirigía
Arango, un primer plano de la ciudad, que el historiador ubica hacia 1529 y 1534.
Es posible que este mapa reeje la organización de la ciudad dada por Bastidas.
Después de todos estos percances los vecinos no la abandonaron del todo, hasta
que en 1544 Juan de Céspedes fue comisionado para replantearla en forma
ordenada. Asumiendo que el plano publicado por Juan Friede se sitúa en los
años señalados, nos lleva a una reexión que retomamos del arquitecto Carlos
Martínez, cuando arma que: “este diseño, para su época, es un interesante
ejemplo de planimetría urbanística. El autor concibió un conjunto ordenado
dentro de una zonicación muy denida; se destacan, en la gran plaza, las
casas destinadas a la administración y gobierno, en el eje de una composición
simétrica. Se puede deducir de la claridad del diseño, el rumbo y cauce de
las calles, la disposición en rectángulo alargado de las manzanas, y en estas
la asignación del correspondiente solar a cada una de las viviendas. Es una
composición con notorio pragmatismo: la ermita, la iglesia y el convento se
localizaron apartados del bullicio y del trajín portuario, cuyo muelle es una de
las componentes de la plaza. No olvidó el autor señalar la orientación asignada a
su diseño: las cuatro estrellas del ángulo superior derecho o Cruz del Sur indican
el sur; en la esquina opuesta el norte presentado por la Estrella del Norte”
13
.
El plano establece una numeración que localiza cada una de las zonas,
13
Martínez, Carlos. Apuntes sobre el Urbanismo en el Nuevo Reino de Granada. 1967, p.25.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
10
indicando el Sur, el Norte, la parte Llana, el río (Manzanares), El Morro, El
Puerto, la Caldera, adicionalmente señala donde quedaba la Iglesia (Catedral),
el Convento, la Ermita, la Plaza y las calles. Lo cierto es que el segundo
gobernador de la provincia nombrado por la corona Don García de Lerma en
1529 le informa a la Reina Juana Primera de Castilla, que no ha construido
una casa de calidad por no existir cal, pero que por el contrario edicó “una
casa llana de ladrillo y barro y piedra, que dizque basta para la defensa de
esa ciudad y puerto”
14
. Así escribía la Reina el 22 de diciembre de 1529 y a
renglón seguido pregunta, cuánto cuesta la casa, que le explique si es fuerte
y si realmente puede cumplir la función de defender la ciudad. Ese mismo día
la Reina redacta una Cédula Real señalándoles a los ociales reales de Santa
Marta que vieran la conveniencia de edicar algunas casas fuertes, como lo hizo
don Diego García de Lerma
15
. Muy temprano el espacio de la naciente ciudad
comenzó a urbanizarse. Se discute en la ciudad hoy, si el lugar donde se localiza
la que se conoce como “Casa de la Aduana” fue el sitio donde García de Lerma
construyó su casa en 1529, que dio inicio a la conquista y colonización del Nuevo
Reino de Granada
16
. Muchos de los españoles tocaban tierra samaria y luego
penetraban remontando el río Magdalena hasta el interior de las tierras recién
conquistadas, rumbo a Los Andes, hasta el Perú.
Es interesante –solo a nivel de información- apreciar cómo se inició el proceso
de urbanización de un territorio ocupado por siglos, por los nativos taironas.
Santa Marta sigue en pie, en el mismo lugar escogido por Bastidas en el siglo XVI,
por las potencialidades que avizoró a diferencia de las dos primeras ciudades
fundadas en tierra de los urabaes y darienses que desaparecieron. La ciudad
nunca necesitó ser trasladada como otras en Latinoamérica: Veracruz fue
traslada dos veces, Santo Domingo, que fue destruida por un huracán, cambió
de lugar, a donde está localizada hoy y otras más. Frente a este proceso José
Luis Romero señala que “en busca de mejor sitio fue abandonada Nombre de
Dios en 1596, en reemplazo de la cual surgió muy cerca Portobello. San Juan
de Puerto Rico y Quito fueron mudadas, como también por diversas razones, La
Victoria, Mariquita, Huamanga –hoy Ayacucho-, Arequipa, Santiago del estero,
Tucumán, Mendoza y Buenos Aires entre otras”
17
, por el contrario Santa Marta
no, por lo que la escogencia del sitio correspondía a las premisas establecidas
en el manual de instrucciones para fundar ciudades
18
. Fue una ciudad-puerto
14
Cedulario de las Provincias de Santa Marta y Cartagena de Indias (Siglo XVI), Carta de la Reina que solicita “Que se envíe relación
de lo que costó a García de Lerma un fuerte que había construido”. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1913, p.26.
15
Cedulario, Op. Cit. 1913, pp. 27-28.
16
Muy posiblemente la conocida “Casa de la Aduana”, donde funciona el Museo Tairona en la ciudad, calles San Francisco (13) y de El
Cuartel o Cárcel (14), con carrera segunda fue el lugar donde arribó Bastidas y sus acompañantes, además de esa casa, el territorio
primigenio ocupaba la casa del General Carlos Soublette, quien vivió en ella desde 1848, (desapareció para darle vida al Parque
Venezuela, luego Café del Parque y hoy Juan Valdez y una parte del actual Parque Bolívar. Se vuelve a saber de la casa en 1730 como
propiedad de los hermanos españoles Domingo y Nicolás Jimeno quienes la habían adquirido, la reconstruyeron y le adicionaron el
segundo piso. Se convirtió en casa de familia y sede de sus negocios. Veinte años más tarde aparece como propiedad de Nicolás
Jimeno y su esposa Francisca Martínez. En 1799 la heredó José Nicolás Jimeno Martínez, hijo de Nicolás y Francisca, quien vivirá
allí con su esposa Ramona Oligós. En 1817 la heredó Ramona, hija del comerciante catalán Pablo Oligós, capitán del ejército del
cuartel del jo de Santa Marta. En 1830, cuando El Libertador Bolívar se hospedó en la casa, era conocida como el Consulado Español
y el Tribunal de Comercio. En esta casa se alojó Bolívar entre el 1 y 6 de diciembre de 1830, y, luego de su muerte, fue traído de
nuevo para ser velado en cámara ardiente del 17 al 20 de diciembre. De ahí la casa tuvo varios propietarios y varios usos hasta que
el Gobierno Nacional en 1970 la declaró Monumento Nacional, en 1973 fue expropiada a Enrique Fuentes y pasó a la Nación y por
último la adquirió el Banco de la República, en 1979, iniciando las obras de restauración integral para instalar allí el Museo del Oro
Tairona, recientemente reinaugurado.
17
Romero, José Luis. Latinoamérica las ciudades y las ideas. Buenos Aires: Siglo veintiuno, 2001. p.64.
18
Romero señala al respecto lo siguiente: “El solar urbano obligaba a levantar casa, modesta al principio, como los bohíos que cons-
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
11
con una bahía excelente para atracar barcos y salir, pero esa condición fue,
tal vez, su principal problema porque se convirtió en objetivo militar de los
enemigos de la Monarquía española y presumiendo los piratas que se guardaban
riquezas fue objeto de muchos saqueos por parte corsarios antes de cumplir los
primeros años de existencia.
La ciudad sobrevivió durante los siglos XVI y XVII gracias a la tenacidad de algunos
vecinos obstinados en no abandonarla, lo que sí hizo la Monarquía que dedicó la
mayoría de sus esfuerzos a fortalecer a la ciudad de Cartagena de Indias. Aunque
en Santa Marta se construyeron algunas forticaciones, nunca alcanzaron el
perfeccionamiento, el tamaño y la grandeza de las murallas de Cartagena
de Indias, que aún hoy se constituyen en el principal atractivo turístico de la
ciudad como su contorno arquitectónico del denominado “Centro Histórico”.
Por el contrario las forticaciones de Santa Marta no fueron más que un remedo
muy débil, que adicionalmente fueron destruidas en forma permanente por los
piratas y bucaneros que la atacaron, saquearon e incendiaron desde el siglo XVI,
como arma Álvaro Delgado que “para colmo de males, desde 1543 Santa Marta
y Cartagena fueron víctimas de las incursiones de los piratas, quienes saquearon
tesoros expropiados a los indígenas” y las pocas propiedades de los peninsulares
que habitaban la ciudad y las iglesias, por los ornamentos religiosos, alhajas y
algún dinero en efectivo.
La presencia de piratas, la ciudad resiste
El primer pirata que arrasó la ciudad fue el francés Roberto Waal o Ball, quien
antes estuvo en el Cabo de La Vela. Este hecho histórico marcó un hito en
la historia de la piratería en la ciudad e inclusive en toda la Costa Caribe de
Colombia, su llegada se localiza entre los años de 1543 y 1544, de ahí hacia
adelante la historia da cuenta que la ciudad fue la mejor presa que tuvieron
estos asaltantes para “visitarla” con mucha regularidad. Sin duda, los piratas
conocían las condiciones escasas de defensa, no solo en la debilidad de sus
fuertes y castillos, sino en el exiguo número de efectivos militares. Algunos
gobernantes realizaron mejoras en la infraestructura militar, compraron
pertrechos, incrementaron el número de soldados, pero nunca alcanzaron a
ser una verdadera fuerza para contener las entradas y desembarco de ejércitos
irregulares dedicados al saqueo y el pillaje.
En esa centuria, la ciudad fue atacada por lo menos 20 veces por piratas de
varios países europeos. De hecho, la población se redujo a funcionarios de la
Corona, pequeños grupos de soldados y unas pocas familias de peninsulares.
truyeron en Bogotá los compañeros de Jiménez de Quesada, pero cada vez mejor, en adobe o piedra, con el andar del tiempo. El po-
blador podía tener, además, a corta distancia tierras para labranza –las chacras- y más lejos las haciendas o estancias. Estas últimas
estaban ya fuera del límite urbano; y entre éste y la zona rural circundante, se reservaba a la ciudad una zona para posible expansión
y uso común –el rossio o ejido- y otra para propiedad municipal, termo o propios, en Brasil y en Hispanoamérica respectivamente.
Fundada la ciudad, restaba transformarla en una realidad física, proceso que fue de duración variada” (Romero, p. 62). Por su parte,
Páramo y Cuervo arman que: “la fundación de la ciudad se hace siguiendo un patrón en el que se busca que los asentamientos se
ubiquen cerca de las montañas y fuentes de agua. El centro de la ciudad se organiza alrededor de la Plaza Mayor y cuatro manzanas,
en forma de cruz, que la enmarcan y reciben la totalidad de los edicios de las instituciones de gobierno: militares, civiles y religio-
sas. La Plaza es el único espacio libre público previsto”. Páramo, Pablo y Cuervo Prados, Mónica. Historia social situada en el espacio
público de Bogotá desde su fundación hasta el siglo XIX. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2006, p. 67.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
12
Muchas de ellas se refugiaron en la zona rural donde se localizaban haciendas
como: Santa Cruz de Gaira, San Pedro Alejandrino, Santa Cruz de Papare,
La Concepción, El Mayor, entre otras que producían caña de azúcar, cacao,
añil, tabaco y una variedad de frutas como mango, tamarindo, guayabas y
otras tantas. Adicionalmente poseían una corta producción pecuaria, nada
trascendente, como sí tenía el interior de la provincia como Valencia de Jesús
y otras poblaciones. Según el cosmógrafo Juan López de Velasco, hacia 1572
la ciudad estaba despoblada en comparación con los años anteriores y arma
“estuvo antiguamente más poblada que ahora, que no hay en ella más de veinte
y cinco vecinos, todos encomenderos, y algunos más, pobladores y tratantes;
aunque en su comarca hay muchos indios, están todos en guerra o los más, y así
no sirven sino los que quieren y cuando quieren y con lo que quieren. Reside en
esta ciudad el gobernador de esta provincia y no hay ociales propietarios en
esta ciudad sino tenientes, que ponen los del Nuevo Reino, aunque antiguamente
hubo…”
19
, es decir, la ciudad estaba decreciendo poblacionalmente, lo que no
garantizaba la estabilidad de la vecindad, situación que empeoraba cada vez
que se tenían noticias que las costas del Caribe estaban siendo a punto de ser
asaltadas por los piratas y bucaneros.
En un informe presentado al Consejo de Indias por parte del Gobernador Don
Luis de Rojas y de Guzmán, el 20 de abril de 1572, dice “y estas tierras de Indias
son muy diferentes de las de Castilla y principalmente esta que tiene ocho
o nueve vecinos solamente, y tan pobres que tienen todos necesidad de que
Vuestra Majestad les haga a toda limosna para sustentar este puerto y poderse
sustentar ellos, pues es tan importante al servicio de Vuestra Majestad. Y causa
de ser tan pobres y necesitados, aunque los deudores tengan algunos bienecillos
de que poder pagar, no hay quien los compre ni los ponga en precio, que para
esta razón sería necesario, siendo Vuestra Majestad servido, de que hubiese
persona con poder de los dichos prior y cónsules para que pudiese sacar los
bienes y llevarlos a vender a donde tuviesen salida de ellos…”
20
.
El gobernador Rojas presenta una situación de la ciudad muy crítica, solicita
permanentemente se envíe un grupo de 50 o más soldados para defender el
puerto y a los vecinos, de los ataques por tierra y mar. Meses más tarde insiste
en la crítica situación y señala que los vecinos además de pobres, la mayoría
están enfermos, que él mismo ha enfermado y le dice al Monarca Felipe II (1527-
1598), el 15 d diciembre de 1572, que la situación crítica de la ciudad aumenta
por los constantes ataques de los nativos de Bonda y Mamatoco, lamenta que en
ese tiempo existía la mayor necesidad de vecinos, a pesar de ello “se me fueron
de ella dos vecinos a la de Cartagena (y) que había de más de treinta años que
vivían en ella, teniendo los mejores repartimientos de indios que en ella había:
el uno, factor de la Real Hacienda de Vuestra Majestad, y el otro Contador, y
ambos capitanes de la guerra y defensa de esta ciudad”
21
.
19
López de Velasco, Juan. Geografía y descripción universal de las Indias, Madrid, Real Academia de la Historia, 1894, p. 381.
20
Friede, Juan. Fuentes Documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. Desde la Instalación de la Real audiencia en
Santafé, Tomo VI 1568-1575. Bogotá: Banco Popular, 1976, p. 164.
21
Friede, Juan. Fuentes Documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. 1976. p. 194.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
13
Los vecinos que huyen a Cartagena de Indias son: Álvaro de Ballesteros es el
factor de la Real Hacienda y Francisco González de Castro, el contador que
huyó al ser condenado y estar bajo arresto, pagó ocho mil pesos de anza y
se escapó. El Gobernador envía un ocio a su par de Cartagena de Indias para
que los devolviera, pero no tuvo efecto su solicitud, y acusa al Gobernador
cartagenero de darle albergue a uno de ellos y además en una comedia que se
representó en su vivienda actuada por González de Castro “en un entremés de
ella, sacaron al gobernador de Santa Marta diciendo muchos males de él, para
que Vuestra Majestad sea servido de remediarlo…”
22
.
Detenerse en estos años, tal vez, los más críticos de la ciudad, obliga a señalar
que la población no tiene los recursos para sufragar la paga a los 50 soldados,
dineros que deben entregarse cada 29 días. Por lo que el gobernador implora al
Rey Felipe II, que socorra a los vecinos y el puerto, de los ataques de nativos,
franceses e ingleses, por lo que suplica a la mayor brevedad posible se apoye a
la ciudad “porque aunque de aquí no tenga Vuestra Majestad ningunas rentas,
importa a su Real servicio en que se sustente esta ciudad y puerto por la
disposición que tiene, para que si en ella se fortaleciesen enemigos franceses,
harían gran daño a las otas y a otros muchos navíos, que es su derecha derrota
este puerto, y ni más ni menos cerrarían el comercio del Nuevo Reino de
Granada, por tener el río Grande de su mano”
23
, entonces, el Gobernador prevé
lo que puede suceder si no se atiende a la ciudad, además, va a insistir que
evidentemente el Rey no recibe rentas, pero el puerto si es un punto estratégico
para garantizar la expansión colonizadora de España.
Otro factor que ayudó a mantener en el ostracismo a Santa Marta y sus vecinos
fue quitar de la ruta de los galeones el puerto. En este periodo la ciudad “quedó
olvidada y aislada. Chaunu arma que desde 1545 a 1593 Santa Marta no aparece
en los registros de Sevilla”
24
.
El puerto samario tenía –las conserva aún- las mejores condiciones naturales
para convertirse en el gran puerto español que la Corona necesitaba en América
Hispana, pero se prerió al puerto cartagenero a pesar de sus problemas, que no
es del caso tocar en este trabajo. Este aspecto afectó la economía samaria y de
los samarios, los productos que comenzaron a escasear llegaban vía Cartagena
a mayor costo, por lo que los samarios recurrieron a adquirir sus mercancías vía
contrabando, una práctica recurrente y que tiene vigencia actualmente. Es una
práctica económica socialmente aceptada.
Sin embargo, los vecinos de la ciudad Juan de Torquemada, Gonzalo de Vega,
Bartolomé Gutiérrez, Juan de Ríos, Manuel Viveros y Francisco Campuzano, le
escriben al Rey el 20 de abril de 1573, solicitándole que mande “que las otas y
armadas que vienen para Tierra Firme toquen siempre en este puerto y tengan
demora en él de los días que Vuestra Majestad fuere servido. Y que queriendo
22
Ibíd., p. 231.
23
Ibíd., p. 200.
24
Miranda Vázquez, Trinidad. La Gobernación de Santa Marta (1570-1670). Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1976,
p. 75.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
14
los mercaderes del Reino [descargar] aquí a su hacienda y mercaderías, se las
descarguen, den y entreguen, como siempre se solía hacer, pues se excusan
los daños y riesgos y robos que los enemigos les hacen desde Cartagena al Río
Grande, que muchas veces les roban sus haciendas, y los vecinos de este puerto
recibiremos mucho bien en ello, porque se excusará enviar por lo que habemos
menester para nuestras casas y familia y para sustentar los indios en Paz a
Cartagena, a donde nos cuesta mucho más y nos costea mucho [sic] y es con
grande riesgo de los enemigos”
25
, los vecinos de Santa Marta respaldan en todos
los aspectos al Gobernador, piensan, y se lo expresan a Felipe II, que si aprueba
esta propuesta la ciudad se volverá a habitar por nuevos vecinos y volverán los
mercaderes, lo que permitirá fundar otras poblaciones en los valles de Tayrona,
Pocigueyca y Betoma y Carbón, con lo que se beneciará la Corona y aumentará
sus rentas, recibiendo gran cantidad de oro que se extraerá de las minas de
estos territorios.
Por otra parte, la población mestiza era aún insignicante y la presencia indígena
se centraba en la zona rural en las poblaciones vecinas de Gaira, Mamatoco,
Masinga, Taganga y Bonda. Ninguna de las dos era signicativa a la hora de
tomar algunas decisiones que beneciaran su presencia y conservación. Porque
en estos 75 años del siglo XVI la ciudad sobrevivirá por la tenacidad de los
peninsulares que tienen sus pequeños negocios y por los mismos encomenderos
que se sienten cómodos por no tributar rigurosamente argumentando la poca
producción y la comercialización de los productos por falta de compradores
locales o regionales.
La ciudad sobrevive al asedio de los piratas
El siglo XVII se constituirá en el siglo en el que la ciudad sufrirá por el incremento
de los factores que la sumieron en la miseria en el anterior siglo XVI. La ciudad
no era más que un pequeño pueblo, de pocos vecinos, las casas no llegaban a
treinta, repartidas en seis u ocho manzanas. Los materiales utilizados para la
construcción de las viviendas eran de muy mala calidad, ladrillo, lo más usado
fue el barro que se extraía de las orillas del río Manzanares, para entechar se
utilizó la palma amarga y otras variedades, casas frescas, pero en inminente
riesgo de quemarse por las fuertes brisas que soplaban –aún soplan- en los meses
de septiembre, hasta entrado marzo y a veces abril. Las autoridades vivían en
edicaciones de mampostería, pero de muy mala calidad, la ciudad no contaba
con mano de obra preparada para diseñar, orientar y construir edicaciones
de gran envergadura, de tal manera que tanto las residencias del Gobernador,
como la casa del obispo se mantenían en pie en condiciones lamentables.
La catedral que se había construido en 1617 en el gobierno eclesiástico del
obispo Fray Sebastián de Ocando, quien gobernó los asuntos de la iglesia desde
1581 hasta 1619 duró 38 años al frente del mismo, nunca salió de su iglesia.
Además, los conventos de San Francisco, Santo Domingo de Guzmán, con sus
25
Friede, Juan. Fuentes Documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. p. 223.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
15
respectivas iglesias, un tanto envejecidas y medio abandonadas por la escasa
presencia de frailes y las ermitas de Santa Ana y Veracruz.
Según Bermúdez la ciudad fue objeto de saqueo, incendio y pillaje
aproximadamente 46 veces. El primer ataque fue comenzando el siglo, en 1600
y el último de ese siglo en 1693. De tal manera que los samarios no les quedó
otra opción que migrar de la ciudad, algunos lo hicieron hacia el interior de
la provincia y su vecina Cartagena como Mompox, villa que ostentaba mucho
prestigio y peso político, social y cultura en todo el Nuevo Reino de Granada.
Otros viajaron siguiendo las aguas del río Magdalena hasta Tenerife, pueblo
colonial de suma importancia para el gobierno español y siguiendo la misma
vía del río, familias completas alcanzaron a remontarse hasta Honda. Los
peninsulares emparentados con familias españolas vecinos de Cartagena y
con cartageneros mestizos huyeron hacia esa ciudad donde se acomodaron y
recibieron todo el respaldo de las familias aristocráticas de esa ciudad, además
de las mismas autoridades virreinales. La estampida llevó familias a otros pueblos
de adentro de la provincia samaria, tal el caso de Valledupar y sobretodo Ocaña
que mantuvo cierta preferencia de los peninsulares por el clima, aunque tenía
la dicultad de comunicación con el río Magdalena que era la vía expedita para
subir a la capital del reino, Santa Fe o para viajar a la península ibérica, bien
vía Cartagena de Indias entrando por el Canal del Dique o Santa Marta, después
de atravesar la Ciénaga Grande de su mismo nombre.
La estampida de samarios en el siglo XVII llegó hasta otras ciudades como
Maracaibo y la huida le alcanzó a familias completas residenciarse en otros
puntos del Caribe insular: La Habana, Santo Domingo, Aruba, y otras. En
realidad, la ciudad quedó literalmente vacía, despoblada, con una vecindad
reducida casi a nada, su población no alcanzaba un ciento. De tal manera
que estuvo a punto de desaparecer, sobre todo después de la incursión de
1655
26
del corsario Vicealmirante Guillermo (Henry) Goodson, lo llamaban los
samarios como “Gauzón” o mejor “Golonzón”, de nacionalidad inglesa y su
compañero Juan Cuchillo un prófugo de la justicia española, llegaron con seis
urcas y tres barcos con dos mil hombres armados y con ansias de arrasar con
todo. Con esta acción la desbandada de la vecindad fue grande, situación que
agudizó la crisis de la ciudad. Fue una incursión de tierra arrasada, las casas
asaltadas, quemadas, saqueadas, al igual que la iglesia, los conventos y todas
las edicaciones públicas, fue tanta la arremetida que los samarios salieron a
esconderse en los montes y haciendas vecinas, hasta allá fueron alcanzados,
el vandalismo fue total. Se derrumbaron las construcciones que servían de
defensa de la ciudad, como los fuertes de San Juan y San Vicente, la catedral de
Ocando construida como se dijo en 1617 quedó convertida en cocina mientras
la ocupación. Las imágenes hermosas de las patronas Santa Ana y Santa Marta
fueron quebradas, arrastradas por las calles en un acto de barbarie.
26
José Nicolás de La Rosa arma que fue el 3 de diciembre, p.94 y Ernesto Restrepo Tirado que fue el 3 de septiembre, p.394 T.I. Am-
bos coinciden que fue ese año. Es más creíble la versión de este último porque cita documentos del AGI y por el contrario el primero
señala al Padre Zamora que tiene deciencias. Estas incursiones a Santa Marta en 1655 y a Riohacha en 1656 tenían la complacencia
de la Corona Inglesa, Goodson había tomado a Jamaica y desde esa isla preparó todos los ataques al Caribe español.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
16
Dos miradas en diferentes momentos han escrito sobre la presencia de Goodson
y Cuchillo en Santa Marta, ambas coinciden en el grado de violencia, barbarie
y sevicia utilizada por los piratas y corsarios asaltantes. Una de las primeras
versiones se encuentra en la versión del Alférez Real José Nicolás de La Rosa que
arma que: “…echando en tierra dos mil hombres, robó cuando pudo… Luego
que recogió las riquezas que pudo, así de vecinos y otros particulares, como
las alhajas todas de los templos, les alquitranó las vigas para que ardiesen a su
satisfacción, y se fue dejando dado fuego a todo el lugar… A este enemigo le
corrompieron el apellido, llamándolo comúnmente GOLONZON, cuyo nombre
horroriza hasta hoy a los vecinos de Santa Marta, porque los dejó pobres para
toda su vida”
27
. Días después los samarios y las autoridades se enteraron que
la escasa resistencia de los soldados de Su Majestad obedecía a que la pólvora
utilizada no era pura y estaba mezclada con arena, los militares la habían
vendido porque les debían varios meses de salarios, situación que fue recurrente
en Santa Marta y otras ciudades que contaban con infantería y artillería. La otra
versión la extractó Restrepo de los documentos del AGI, lo lleva a decir que “en
una hora el enemigo se adueñó de la plaza, y durante quince días que en ella
permaneció, se entregó al saqueo y taló los montes: Cuando ya no tuvo que
robar puso fuego a los templos y a los demás edicios y se llevó unas dieciséis
personas de las más caracterizadas”
28
. Entre los prisioneros iba el sargento
mayor Juan Gutiérrez, alcalde de Santa Marta y castellano de la fortaleza de
San Juan, por muerte del titular.
Como puede verse, este acontecimiento nefasto para la sostenibilidad de
la ciudad, sumió una vez más a los vecinos, -sin distingos de grupos socio/
raciales-, en la pobreza, la tristeza, zozobra, angustia, desesperación. Tanto así
que muchos que habían vuelto, o algunos recién llegados volvieron a marcharse
hacia otras ciudades, villas y pueblos más seguros de los ataques de los
corsarios. Gobernaba la provincia don Ramón de Zagarriga quien al enterarse
de la presencia de los piratas se embarcó en cuatro canoas con su familia con
el pretexto de visitar los pueblos ribereños. No tuvo ni el coraje, la valentía o
el liderazgo de organizar la defensa de la ciudad y cobardemente huyó. Cuando
regresó, en una actitud despreciable comenzó a vender licencias a costos muy
altos para que los pocos vecinos que quedaban en la ciudad emigraran. Nunca
tuvo la voluntad contraria de atraer vecinos, organizarlos y fortalecerlos en una
comunidad unida para defenderse de los piratas, quienes volvieron a atacarla
27 días más tarde y acabaron de arruinar lo que quedaba en pie.
El Rey Felipe IV consternado por las noticias que le llegaban del Nuevo Mundo
y la forma como los corsarios ingleses atacaban y arrasaban sus ciudades
Hispanoamericanas, incluidas las casas de adoración a Dios, como la catedral y
los otros templos, tomó la decisión de ordenar al gobernador edicar una nueva
Catedral en lugar que seleccionara, que cumpliera condiciones de seguridad,
más protegida, un lugar sencillamente “más a propósito”. La forma de nanciar
la obra se dividió de la siguiente manera: la tercera parte se sacaría de los
27
De La Rosa, José Nicolás. Floresta de la santa iglesia catedral de la ciudad y provincia de Santa Marta. P. 94-95.
28
Restrepo Tirado, Ernesto. Historia de la provincia de Santa Marta.Tomo I, p.395.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
17
recursos de la Real hacienda, la otra tercera parte fue una contribución de
los nativos, lo faltante fue cubierto por los encomenderos, recursos del mismo
Felipe IV en calidad de Rey, de acuerdo a sus haciendas.
Justamente el misionero carmelita descalzo, Antonio Vásquez de Espinosa
arma en su libro escrito antes de 1630 que “la ciudad fue en los principios de
buena población, por ser la tierra rica y abundante, aunque ha ido a menos,
despoblándose los vecinos y desamparando la tierra por las vejaciones que de
ordinario les hacen los gobernadores. Al presente tendrá hasta 60 vecinos; asiste
a ella el Obispo y Gobernador de estas provincias. Tiene iglesia Catedral, que es
muy buena y dos conventos, de Santo Domingo y San Francisco”
29
. Interesante
la opinión de este fraile puesto que a pesar que, de haber consultado obras
escritas con anterioridad, tuvo la ventaja de ser un viajero por el Nuevo Mundo,
de tal manera que la información consignada en su “Compendio y Descripción
de las Indias Occidentales” es bastante aproximada. Demuestra que conoce
el Nuevo Reino de Granada, porque arma que en un principio tuvo la ciudad
buena población y 100 años después está despoblada por causa de las actitudes
de los gobernadores, muchos de ellos auspiciaban el abandono de la ciudad,
vendiendo el pasaporte de salida y autorizándolos para residenciarse en la
vecina Cartagena e inclusive salir del Nuevo Reino de Granada.
Los pocos vecinos samarios se las arreglaron para sobrevivir liderados por el
Capitán y Sargento Mayor Marcos del Puerto, Caballero de la Orden de Santiago,
nombrado Gobernador y Capitán General de Santa Marta y Riohacha, el 20 de
marzo de 1658. Fue poco lo que se pudo hacer por la reconstrucción de la ciudad,
pero lo que sí sabemos, es que el corto número de samarios que aún vivían en la
ciudad celebraron con mucha alegría y regocijo la rma de la Paz entre España e
Inglaterra en 1660, dando n a una guerra iniciada en 1655, entre cuyos hechos
que incidieron en ella, fueron los asaltos a Santa Marta y Riohacha. No era para
menos que los samarios festejaran, era por lo menos descansar de los ataques
de los corsarios y piratas ingleses, es decir, en teoría un enemigo menos. Que
no fue tal, porque ingleses, franceses y holandeses siguieron sus actividades
anualmente y durante todo el siglo XVII. Una primera conclusión a la que llega
la historiadora española Trinidad Miranda Vásquez sobre estos dos siglos (XVI-
XVII) en la provincia “fueron en este aspecto [ataques de corsarios] desastrosos
quedando las ciudades de Santa Marta y Riohacha completamente desechadas
y a punto de ser abandonadas, dada la miseria suma de indefensión en que se
encontraban sus habitantes”
30
.
La escasa población de la ciudad
Trinidad Miranda Vázquez sobre la base de documentos del AGI y fuentes impresas
reconstruye la evolución de la población desde 1533, sin embargo, desde su
fundación hasta 1537 la población fue signicativa, tuvo picos altos que llegó
29
Vásquez de Espinosa, Antonio. Compendio y Descripción de las Indias Occidentales. Madrid. Biblioteca de Autores Españoles, 1969,
p. 222.
30
Miranda Vázquez, Trinidad. La Gobernación de Santa Marta (1570-1670). 1976, p. 132.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
18
a tener 600 vecinos y en otros no alcanzó a 20, aunque según el Gobernador
don Luis De Rojas en 1572 solo había ocho vecinos algunos enfermos, aumentó
cuando llegaron los 50 militares para la defensa de la ciudad. Miranda arma
que en 1533 la ciudad tiene 600 vecinos; dos años después la habitan 500; en
1574 había 25 habitantes; bajó a 14 vecinos en 1575, ocho años después aumentó
a 25, en 1592 los vecinos aumentaron a 42. Al iniciarse el siglo XVII la ciudad
tenía 200 armas, en 1622 tenía 50 habitantes, en 1630 llegó a 60 y en 1649 los
habitantes ascendían a 100. Por su parte, las ciudades y la villa de la provincia,
su población tampoco era signicativa, adicionalmente la información era muy
fragmentaria, por ejemplo, en algunos años solo existe información para Santa
Marta, para las otras no, como es el caso del año de 1592 y así sucesivamente
31
.
Las principales causas para la disminución de la población obedecieron a
las enfermedades como la viruela, los saqueos y ataques de los piratas, las
constantes refriegas con los nativos y por último la migración a otras ciudades
como Cartagena de Indias, Panamá, Portobello, La Habana, entre otras.
De los últimos 50 años del siglo XVII es poco lo que se sabe en número de
pobladores de la ciudad y la provincia, lo cierto es que los gobernadores, obispos
y otras autoridades informaban a Su Majestad que la ciudad era muy pobre, no
tenía vecinos, solo soldados, protegiéndola de las invasiones de los piratas. La
mayor población vivía diseminada por toda la provincia, hacendados con uno
que otro esclavo, comerciantes que se asomaban a la ciudad a ofrecer algunos
productos de la tierra e indígenas reducidos y otros libres, como los chimila.
La misma histor iadora Miranda plantea que “a nes del siglo XVII, durante
los años que desempeñó su ocio pastoral don Fray Juan Vitores de Velasco,
Santa Marta estaba despoblada, y los pocos vecinos que quedaban estaban
dispuestos a abandonarla. Fue el aliento tanto espiritual como material de este
obispo el que mantuvo la población, e hizo a los vecinos capaces de soportar las
dicultades tanto externas, por parte de los corsarios, como el malestar interno
que atravesaba la gobernación en aquellos momentos”
32
, esa impresión era la
que todas las autoridades llegadas a la ciudad tenían de ella. Se podría decir
que la población se resistía a abandonarla del todo, quedaban peninsulares
obstinados en permanecer en ella
33
.
Algunos protagonistas desde la fundación hasta el siglo XVII
Una mirada rápida a algunos protagonistas que llegaron a la ciudad y su
provincia con Rodrigo de Bastidas, nos muestra, que sin duda sus orígenes
fueron desconocidos, y lo poco que se conoce son unos nombres aislados, sin
mayor información sobre sus orígenes familiares y abolengos. A lo sumo eran
pequeños mercaderes, con muchas deudas como el mismo Bastidas, capitanes
de Nao y Carabelas, entre ellos Bastidas. Algunos tenían nociones de navegación,
31
Miranda Vázquez, Trinidad. La Gobernación de Santa Marta (1570-1670), 1976, pp. 53-54-55.
32
Ibíd., p. 57-58.
33
Entre los que resistían estaba una colonia de extranjeros bastante signicativo si se tiene en cuenta el número de habitante de la
provincia. Los portugueses era mayoría, 42 de los 50, que se sabía residían en el territorio, dos eran alemanes, dos amencos, un
borgoñón y un griego. La mayoría de ellos estaban localizados en la capital 27 en total. Su ocupación era variada como: escribanos,
encomenderos, mercaderes, mayordomos de estancias, pescadores de perlas, carpinteros y artilleros. La condición de encomendero
a extranjeros obedecía al hecho de estar casado con española, aunque se encontró un soltero. Ibíd., p. 59.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
19
categorizados como “prácticos”, pero la mayoría sólo eran aventureros que se
lanzaron a la mar en busca de nuevos horizontes para ellos y sus familias, eran
“necesitados que no tenían ningún porvenir en su patria. También venía personas
nobles arruinadas, como […] Montesinos o Martín de Rueda, y valerosos soldados
con mucha experiencia, como Rodrigo Álvarez Palomino que había luchado en la
conquista de México”
34
. De ese primer grupo que llegó con Bastidas se destacan,
además de Palomino, como se le conocía, que fue Maestre de Campo; Francisco
Vallejo, que cumplió la función de Contador Real; Pedro de Porras, sevillano,
fue Alcalde Mayor de Santa Marta en 1527. Con ellos llegaron dos sacerdotes de
la Orden de la Merced Juan Rodríguez y Diego de Peñas, fueron los encargados
de la construcción de la primera iglesia dedicada a Nuestra Señora Santa María
de la Merced. Otros que integraban el grupo fundacional que llegó con Bastidas
cumpliendo funciones reales fueron: Alonso de Montesinos, Tesorero en 1527,
era hijo del Maestro Antonio de Lebrija; Miguel de Lucio fue escribano en 1527;
Pedro Villafuerte nombrado Teniente de Gobernador; Juan de Cuadros, Alférez;
los ociales portugueses Antonio Díaz Cardozo, cumplió funciones de médico,
más bien sangrador y Alonso Martín, Juan Blánquez, tejedor; y Antonio Ponce,
reconocido comerciante. Los demás acompañantes fueron ilustres desconocidos,
y con ocios igualmente.
Entre este primer grupo deben destacarse los 50 labradores y artesanos, los
primeros, desde que llegaron descuajaron la selva y cultivaron la tierra, fueron
los primeros agricultores, que más tarde reclamaron a la Corona se les asignara
la tierra en la que habían sembrado productos nativos y de otras latitudes del
Viejo Mundo y de África. Con ellos se inició el proceso de adjudicación de tierras
y aparecieron los hacendados que prosperaron. Según Bermúdez las listas de
estos hacendados fueron: El portugués Alonso Martín, Gonzalo Pérez, Andrés
Valero y Juan de Moscoso.
Más tarde al conocerse la noticia de la muerte de Rodrigo de Bastidas, en La
Habana, la Audiencia nombró a Pedro de Vadillo, hermano del Oidor Juan de
Vadillo. Vadillo trajo al Capitán Pedro de Heredia, nombrado como General
de las Fuerzas en Santa Marta, más tarde fundador de Cartagena de Indias. Su
Majestad nombró a García de Lerma como gobernador. Antes de partir a Santa
Marta, el 30 de mayo de 1528, el nuevo gobernador rma una capitulación con
Sebastián Bello Cabrera, originario de Portugal, en la cual se comprometía éste,
llevar de su país o de las islas Azores 50 colonos, 25 casados, con sus mujeres,
con sus armas, tenía la obligación de llevar semillas de trigo, centeno, cebada,
pastos y otras plantas, que le garantizaran a los nuevos pobladores productos
para alimentarse y sobrevivir, adicionalmente, cultivar la tierra, criaron ganados
vacunos y caballar. Indudablemente que García de Lerma está pensando en
conquistar territorios para la Monarquía en cumplimiento de la capitulación
que rmó con la Reina. García de Lerma tenía en su cuerpo de apoyo a dos
familiares muy cercanos: su primero Juan de Lerma, lo nombró como capitán de
la gente de caballo y su sobrino de 18 años Pedro de Lerma, a quien le asignaba
responsabilidades militares en sus salidas a reducir a los nativos, como la de ir
hasta el río Grande de La Magdalena. La Audiencia de Santo Domingo decidió
nombrar al doctor Rodrigo Infante, Oidor de la Audiencia para que residenciara
34
Bermúdez Bermúdez, Arturo E. Don Rodrigo de Bastidas, Adelantado de Santa Marta Santafé de Bogotá: Fondo Mixto de Promoción
de la Cultura y las Artes del Magdalena “FONCULTURA”, 2000, p. 57.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
20
al gobernador
35
. Al nal Infante volvió a su cargo de Oidor de la Audiencia de
Santo Domingo, en 1536. Dejó encargado como gobernador al teniente Antón
Bezos
36
, quien sólo duró dos meses y medio, luego regresó el capitán portugués
Antonio Díaz Cardoso, de sus correrías a sucederlo, y el encargado del mando
militar Juan de Céspedes
37
, pero a los 15 días arribó al puerto el adelantado
don Pedro Fernández de Lugo. Era hijo del adelantado Alonso Luis Fernández de
Lugo, quien conquistó las islas Canarias.
Fernández de Lugo llegó con su equipo de colaboradores encabezado por su
teniente general Gonzalo Jiménez de Quesada, por capitanes a Diego de Cardona,
Pedro Portugal, Diego de Urbina y a Gonzalo Suárez Rendón, por alférez a Antón
de Olalla y por maestre de campo a Juan Orejuela, y muchos más ociales. A los
pocos días gestó, organizó y nanció la primera expedición al Nuevo Reino de
Granada, puso al frente al licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada
38
, fundador
de Santa Fe. Con él fueron varios de los hombres de conanza de don Pedro,
muchos no quisieron embarcarse en esta aventura, sin embargo, la ciudad
quedó con pocos vecinos.
A la muerte de Fernández de Lugo lo reemplazó don Antón Bezos, el mismo
que sustituyó a García de Lerma, quien ocupaba el cargo de teniente. Cuando
la noticia llega a Santo Domingo se nombra a Jerónimo Lebrón de Quiñones,
quien vivía en la isla La Española, era hijo del distinguido licenciado Cristóbal
Lebrón
39
. Lebrón trajo consigo a Luis de Manjarrez, como capitán los envió a
controlar a los indígenas de Bonda que eran los más revoltosos. Lebrón se subió
a Santafé dejando encargado del gobierno al Obispo Juan Fernández de Angulo.
Todos estos personajes nombrados interinamente para reemplazar a otros
encargados, no dejaba de ser irónico, todos llegaron en busca de fortuna y
emprendían viaje a El Dorado y a el Perú. La Capitulación que le dio la Corona
a don Pedro Fernández Lugo, fue por dos vidas, por lo tanto al morir, le
correspondió a su hijo don Alonso Luis de Lugo, canario como su padre, “tercer
adelantado de Canarias, caballero de la orden militar de Santiago y adelantado
y gobernador perpetuo de las provincia de Santa Marta y del Nuevo Reino de
Granada”
40
, arribó a la ciudad en 1542. Estaba casado con dama de la alcurnia
española doña Beatriz de Noroña, hermana de doña María de Mendoza, esposa
de Francisco de los Cobos, comendador de León. Luego de organizar otra
expedición al interior del territorio dejó encargado a Luis de Manjarrez, este
viajó a España a buscar que lo nombraran en propiedad y dejó encargado a don
Juan de Cepeda, volvió Luis de Manjarrez con el título de gobernador; por estos
tiempos llegó a la ciudad el comisionado especial y gobernador don Miguel Diez
de Armendariz. Su presencia fue traumática por lo que hacía 1551 fue nombrado
como Alcalde Mayor y Gobernador Luan López.
El Licenciado Montaño envió preso ante el Real Consejo al gobernador Luis
35
Aunque ya Lerma había sido juzgado y condenado por la Audiencia de La Española, por ladrón se apropió de unos 30 000 pesos oro
de la monarquía.
36
Restrepo Tirado, Ernesto. Historia de la provincia de Santa Marta.Tomo I, 1953, p. 129.
37
El investigador Karl Henrik Langebaek, arma que Juan de Céspedes ejerció el mando hasta que llegó Don Pedro Fernández de
Lugo. Historia de Colombia: El establecimiento de la dominación española. Biblioteca Virtual. Biblioteca Luis Ángel Arango www.
banrepcultural.org/blaavirtual/historia/hicol/hico5.html
38
Avellaneda, José Ignacio. La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada al Mar del Sur y la creación del Nuevo Reino de Granada.
Bogotá: Banco de la República, 1995, 370p.
39
Ibíd., p. 322.
40
Ibíd., p. 3.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
21
de Manjarrés, al poco tiempo volvió absuelto y reintegrado a su cargo de
Gobernador, reemplazado por Gregorio Suárez de Deza, este a su vez por Rafael
Figuerola, luego encargaron a Juan de Otálora. Más tarde a Martín de las Alas,
rápidamente fue nombrado Pedro Fernández del Busto y terminó esta seguidilla
de Gobernadores enfrentados, unos contra los otros, persiguiendo indígenas,
intentando fundar pueblos en el valle de los Tayronas, don Luis de Rojas con el
cargo de Gobernador, Capitán General y Juez de Residencia. Don Luis de Rojas
fue reemplazado por don Lope de Orozco, en 1576, y él fue nombrado en la
gobernación de Venezuela. Luego arribaron al puerto samario otros gobernadores
como don Diego Hidalgo De Montemayor, nombrado por la Audiencia de Santa
Fe, en 1586, no existe constancia que haya llegado a la ciudad.
Pero Lope de Orozco, había rmado las Capitulaciones por dos vidas, es decir, su
hijo, con su mismo nombre debía ser nombrado para sucederlo, pero no fue así,
era muy joven y en la Corte había comentarios e informes de ser una persona con
malos antecedentes. Sin embargo, el cuñado de Orozco y por supuesto tío del
retoño, el Capitán Francisco Marmolejo, asumió las riendas de la Gobernación,
previa rma de una Capitulación en Cartagena de Indias, el 18 de julio de 1589,
con el doctor Antonio González, quien se desempeñaba como Presidente del
Nuevo Reino y de la Audiencia de Santa Fe. Estos tres personajes (los dos Orozco
y Marmolejo) unidos familiarmente, recibieron la mala noticia, cuando el 24
de junio de 1592 llegó al puerto de la ciudad el licenciado Francisco Manso de
Contreras con el cometido de residenciar a los tres. Fue reemplazado por don
Juan Guiral Belón, a quien se le dio el título de Gobernador y Capitán General
de Santa Marta, Riohacha y pesquería de las perlas. En 1606 fue reemplazado
el Gobernador Guiral por don Andrés de Salcedo, quien tuvo como capitán a
Cristóbal de Almonacid y a Diego Nevado, a quien se le dio el título de Capitán
y Teniente. Nombró a Baltasar Rivadeneira, quien no tenía aptitudes, ni
conocimientos sobre el arte de la guerra, otro personaje lo fue el Maestre de
Campo Antonio de Hincapié, todos ellos adelantaron acciones contra los nativos
sublevados en la región de Valledupar.
En los primeros 75 años desde la fundación de Santa Marta, y tal vez, más
fueron de lucha constante por tratar de reducir a los nativos: tupes, arhuacos,
motilones, guajiros y sobre todo a los chimilas, esa lucha fue muy dura. Con
estos últimos duró hasta comienzos del siglo XIX
41
. Al gobernador Salcedo, por
ejemplo, se le acusó de ser un pésimo estratega militar, no fue cruel con los
nativos, pero no logró atraerlos al cristianismo y a la Monarquía, prerió nombrar
a sus familiares sin experiencia frente a otros experimentados en asuntos de
la guerra. Pero se le abona que protegió a los nativos de sus encomenderos
desalmados, lo que le grajeó de enemigos muy poderosos, lo que no le importó.
Siguiendo esta revisión sobre los Gobernadores de la Provincia y de otros
funcionarios el siglo XVII continúa con la misma tónica del anterior siglo.
Gobernadores y funcionarios tratando de someter a los nativos, frenar el
contrabando, enfrentarse con los obispos, visitar la provincia en busca de
recaudar los impuestos del Rey. Para reemplazar a Salcedo fue nombrado don
Diego Fernández de Argote y Córdoba, desde que llegó solicitó a Su Majestad
que le pagaran sus salarios con las cajas de Cartagena de Indias, porque la
41
Consúltese a Edgar Rey Sinning. Poblamiento y Resistencia. Los Chimila frente al proceso de ocupación de su territorio. Siglo XVIII.
Santa Marta; Gobernación del Magdalena, 2012, 379p.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
22
pobreza de Santa Marta era tal, que los recaudos no alcanzaban para pagarle.
Para reemplazar a don Diego de Argote fue nombrado don Francisco Martínez de
Rivamontán Santander, todavía en diciembre de 1617 estaba en Sevilla, le dieron
un ultimátum, ya que era urgente residenciar a don Diego de Argote, como no
partía el titular, se expidió una Real Cédula encargando a don Luis de Coronado
que ocupaba el cargo de Teniente de Gobernador de Cartagena. A Coronado le
fue asignado un juez por la Audiencia de Santa Fe para adelantar su residencia,
don Fernando de Sarria, hombre petulante, llegó haciendo y deshaciendo. Sarria
haciendo uso del poder, nombró para alguaciles a un hermano y a un primo, a
pesar de conocer el estado de pobreza de la provincia nombró jueces para
los pueblos con salarios excesivos, hasta de ocho pesos diarios, inclusive, para
Valledupar y Pueblo Nuevo nombró como juez receptor a su criado, un mulato,
sin preparación. Asimismo, aprovechando su condición de funcionario de la
Audiencia con poderes ilimitados trajo a Santa Marta mercancías, sin pagar
impuestos y las hacía vender por su cuenta. Por esa actividad fue denunciado,
y antes que llegaran las autoridades entregó la mercancía a un primo para que
continuara con el negocio
42
.
Por n llegó a Santa Marta el gobernador en propiedad don Francisco Martínez
de Rivamontán Santander, el 17 de junio de 1619. Encontró a la ciudad y sus
habitantes preocupados por la presencia de los corsarios y de un posible ataque.
Recorría la provincia recogiendo los impuestos, cuando le llegó la noticia que
había sido nombrado su reemplazo el doctor Pedro de Castro Valenzuela. En
la Real Cédula se precisaba que Santander debía retirarse de la provincia por
tres meses, durante los cuales Castro se encargaría de la Gobernación, los tres
meses se reemplazaría por uno de los alcaldes ordinarios. El juez no quiso dejar
el poder y conceptúo que ninguno de los alcaldes podía ocupar el cargo de
gobernador, porque todos tenían cargos en su contra. Los problemas generados
por Castro y los partidarios de Santander hicieron que el Cabildo nombrara al
alcalde Juan Núñez de Ávila como gobernador, era amigo de Santander, por
lo que uno de sus primeros actos públicos fue ponerlo libre. La Audiencia de
Santa Fe entendió que el problema político/administrativo en Santa Marta era
complicado, por lo que debía actuar con prontitud, nombrando un Gobernador
competente, por lo tanto, nombró a don Francisco Maldonado de Mendoza
vecino de Santa Fe. Por su parte Castro, en los pocos días que gobernó dejó un
número grande de enemigos, resentimientos, además era vulgar. Clientelista a
morir, no pagaba a los funcionarios a su cargo, por ejemplo, a Alonso Muñoz,
cuñado suyo, lo hizo venir de España como criado, ofreciéndole una cantidad
de promesas que no le cumplió. Lo nombró varias veces en comisión en distintos
pueblos de la provincia y nunca le reconoció los honorarios. Cuando Castro
terminó la residencia a Santander salió a la visita a Zaragoza por orden de la
Audiencia. Fue un personaje detestable en la historia política de la ciudad. A
pesar de su comportamiento le tocó organizar las exequias por la muerte de
Felipe III y la proclamación de Felipe IV.
El nuevo gobernador don Francisco Maldonado de Mendoza, reemplazó a
Núñez, nombrado por el Cabildo. Maldonado tenía sus abolengos, “era nieto
del valeroso capitán de la conquista Antón de Olalla, Caballero del hábito de
Calatrava, valeroso soldado de la guerra contra los pijaos, <caballero bien
42
Restrepo Tirado, Ernesto. Historia de la provincia de Santa Marta. Tomo I, p.314.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
23
entendido, pacíco y cuerdo…bienquisto y hábil”
43
. Su mandato fue muy corto,
pocos meses, desde España llegó con el título de gobernador en propiedad don
Jerónimo de Quero, aunque su nombramiento tiene fecha del 25 de octubre de
1630, ya en 1625, el Rey le ordena que cada año debe enviarle una relación de
las mercedes que hiciere en su nombre, como también que le remita una lista
de las encomiendas existentes en la provincia de Santa Marta. Para reemplazar
a De Quero, el once de octubre de 1629 fue nombrado por Su Majestad como
gobernador y capitán general de la provincia don Rodrigo de Velasco. Como
sucesor de Velasco llegó a la ciudad don Marcos Gedler Calatayud y Toledo,
nombrado como gobernador y capitán general por medio de la Real Cédula
fechada en Madrid el 16 de febrero de 1635. Levantó un castillo al frente de
la ciudad y lo dotó con doce piezas de artillería, de hierro colado. A los cinco
años cumplidos el periodo del gobernador don Marcos Gedler Calatayud, le fue
nombrado su sucesor don Francisco Martín Vidal Centeno y Neira, Caballero de
la Orden de Santiago, se le expidió el título de gobernador y capitán general.
Pero en mayo de 1642 se retiró a Cartagena de Indias, -con previo permiso
del Cabildo- intentó encontrar cura a sus males. Dejó encargado del gobierno
provincial al teniente Juan de Mendoza. La mejoría no fue posible, murió el
30 de julio y el 31 fue recibido Mendoza por el Cabildo como gobernador de la
provincia. Al enterarse la Audiencia de Santa Fe, fue nombrado en interinidad
don Diego de Mendoza y Acevedo.
Después de elaborar pliegos de cargos contra Vidal, de sus tenientes y demás
ociales, el juez Vicente de los Reyes Villalobos, fue nombrado como gobernador
y capitán general, era un hombre avaro, severo e injusto, codicioso como su
mujer, según la carta del Cabildo enviada a Su Majestad con fecha de 7 de
septiembre de 1645. Adelantaba pleitos contra los vecinos y antes de dar el
veredicto lo enviaba a su esposa doña Agustina Sarmiento, quien arreglaba la
cantidad según su saber y entender, el nivel de corrupción y chantaje fue tan
alto que en dos años habían acumulado unos cincuenta mil pesos, no obstante,
la pobreza de la gente. La corrupción del gobernador fue tan grotesca que
mientras recorría los pueblos vendía a precios altos mercancías, sin el pago de
derechos, por su parte la mujer se apoderó del negocio del pan, del vino, las
velas, el jabón y otros productos del consumo diario, arruinando a los pequeños
comerciantes.
Los comerciantes, tenderos y pulperos sintieron la mano dura de doña Agustina
cuando Villalobos llegó a la senectud perdió la memoria y otras facultades.
Todo el poder quedó en manos de la esposa, la casa del gobernador era un gran
almacén donde se vendía toda clase de mercancías, bollos, guarapo, los pulperos
se convirtieron en revendedores por el monopolio que la señora controlaba.
Para lograr el control total publicó un auto, prohibiendo, tener tienda pública,
para poder tenerla tenían que solicitarle a ella y si lo consideraba expedía la
licencia o no. Las nativas hilaban para ella y su marido, sin recibir paga por
ello, en la casa se jugaba naipes, se vendían cartas, en n, cometió tantas
tropelías que terminó peleando con el Cabildo, se enfrentó con el regidor
Juan de Torquemeda, por negarse a rma una solicitud para que Villalobos
siguiera en el cargo por cinco años más. Los samarios vivieron una pesadilla
con estos dos personajes, fueron muchos los agravios que sufrían, causados
43
Restrepo Tirado, Ernesto. Historia de la provincia de Santa Marta. Tomo I. p. 350.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
24
por un gobernador avaro y una esposa codiciosa. Las gentes se quejaron a la
Corte, además los comentarios no eran nada buenos, hasta que por n se tomó
la decisión de nombrar su reemplazo, responsabilidad que recayó en don Juan
Modesto Meler. Residía en Cartagena de Indias, al llegar envió a doña Agustina a
Cartagena de Indias. El hijo de Villalobos, Isidro era contador en Santa Fe salió a
Cartagena de Indias con engaños y de ahí se embarcó para España, ha intrigar en
la Corte a favor de sus padres. De acuerdo a los acontecimientos el presidente
de la Audiencia de Santa Fe, Juan Fernández de Córdoba y Coella, Marqués de
Miranda, Caballero de la Orden de Santiago, nombró a don Jerónimo de Ortega
y Arellano, para desempeñar el cargo de gobernador, mientras el Rey nombraba
en propiedad.
En la segunda mitad del siglo XVII la provincia tuvo 18 gobernadores, es decir,
un promedio de 2.77 años por gobernador, cuando el periodo estaba establecido
en cinco años- El primer grupo estuvo integrado por diez funcionarios. El
primero fue el capitán de lanzas, Gabriel de Mencos, Caballero de la Orden
de Calatrava, nombrado como gobernador y capitán general de la provincia de
Santa Marta y Riohacha, viajó en uno de los galeones de su hermano Carlos de
Mencos. Su sucesor fue Ramón de Zagarriga, fue el culpable de que la ciudad se
despoblara, ya que, en 1655, recibió la noticia de que la ciudad sería atacada
por los corsarios, salió a recorrer a la provincia y abandonó a los habitantes,
literalmente huyó.
Cumplido el periodo al gobernador Zagarriga, su reemplazo fue el Capitán y
Sargento Mayor Marcos del Puerto, Caballero de la Orden de Santiago, se le
expidió título de gobernador y capitán general de Santa Marta y Riohacha.
Don Marcos murió al cumplir sus cinco años de mandato, sus contemporáneos
destacaron los atributos y el cumplimiento de los mandatos del cristianismo.
Mientras llegaba el funcionario nombrado en propiedad se encargó de
la gobernación el capitán Álvaro López de Vega. La Audiencia de Santa Fe,
nombró interinamente al capitán Juan Betín y Viñas, quien ocupaba el cargo de
ayudante de ingeniero militar, sus vecinos sólo atinaban a decir que era el peor
gobernador que habían tenido en los 80 años. Entregó encomiendas a gentes sin
méritos, a cambio de recibir dinero, una encomienda la entregó a un individuo
para que no declarara en contra de él.
En Madrid se expidió la Real Cédula el 13 de agosto de 1664 a don Salvador
Barranco, como gobernador y capitán general de Santa Marta, Riohacha y
Pesquerías de las perlas, con autorización para residenciar a los dos anteriores
gobernadores. El gobernador escribió largos informes sobre la situación de la
provincia y le correspondió organizar los festejos en la proclamación de Carlos
II –un poco tarde- y las exequias a Felipe IV. Para reemplazar a Barranco el
Sargento Mayor Vicente Sebastián Mestre fue nombrado el 21 de febrero de
1672 y se posesionó el 13 de mayo de ese mismo año. Desde el momento
de su posesión se le ordenaba estar atento a las posibles incursiones de los
corsarios. Santa Marta fue atacada y quemadas todas las viviendas, los corsarios
se llevaron preso al obispo, al gobernador, al Deán y a otros vecinos. Por esta
razón don Mateo Mata y Ponce de León que había sido comisionado por el Rey
para residenciar a Maestre se abstuvo de hacerlo, porque el estado de los
funcionarios, si volvían a la ciudad debía ser lastimero. Mientras se nombraba
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
25
gobernador en propiedad, en remplazo de Mestre ejerció el mando el capitán
Diego de Olivares, por nombramiento que le hizo la Real Audiencia de Santa Fe,
gobernó desde el 31 de mayo hasta el dos de diciembre de 1678. Mientras en
España ya se había nombrado el Sargento Mayor don Francisco Mesía y Alarcón,
el 21 d febrero de 1678. Don Diego de Olivares le entregó al gobernador en
propiedad por lo menos 18 Cédulas que indicaban diversos aspectos de cómo
administrar la provincia de Santa Marta, entre ellas se destacaba la de controlar
a los indígenas y la actividad del contrabando.
Mesía murió tempranamente en Tenerife camino a Cartagena a conseguir
remedio para sus males, dejando encargado del gobierno a su teniente Francisco
González Vega. Solo duró seis meses gobernando la provincia, la Audiencia
de Santa Fe nombró por gobernador interino a don Ignacio Espinosa, quien al
llegar a Tenerife tomó posesión del cargo el ocho de abril de 1680. El gobierno
de Espinosa fue muy controversial, no quiso gastar en la manutención de los
prisioneros, por lo que los remitió a Cartagena.
Para residenciar a estos tres últimos gobernadores el 30 de marzo de 1683 fue
nombrado el maestre de campo, capitán de caballos corazas, Pedro Jerónimo
Royo, quien recibió el título de gobernador y capitán general de las provincias
de Santa Marta y Riohacha. Un detalle de la actividad política del gobernador
fue el enfrentamiento con la Real Audiencia de Santa Fe, sobre la jurisdicción
de esta. Murió Royo en Santa Marta en el año de 1692. Sin perder tiempo la
Audiencia de Santa Fe procedió a encargar al capitán de infantería Pedro
Fernández de Azcanio y Vallines, sin embargo, los miembros del Cabildo no le
obedecieron.
Su Majestad Carlos II nombró para reemplazar al gobernador Royo, al maestre
de campo Pedro de Olivera Ordoñez, Caballero de la Orden de Santiago, recibió
el título de gobernador y capitán general de la provincia de Santa Marta. La
ciudad estaba despoblada, solo había doce vecinos blancos y veinte, entre
mulatos y negros, además la población indígena que vivía en la cercanía y
algunos “pobres de todos los colores”. Su primera tarea fue lograr que la paz
volviera a la ciudad, los vecinos estaban enemistados, muchos se habían ido a
vivir a Cartagena y otros a los pueblos del interior de la provincia. Contó con
el apoyo del alcalde Domingo Pérez Ruíz. Estuvo de gobernador solo treinta
y dos meses, fue sustituido por el capitán de corazas Ignacio Espinosa de los
Monteros, su gobierno fue de sólo tres meses. El tres de enero de 1698 murió
repentinamente. Después del sepelio, el cuatro de enero, el Cabildo de la
ciudad se reunió y encargó interinamente, -siguiendo la tradición y las normas-,
al alcalde más antiguo don Juan Fernández del Valle en lo político y en lo
militar a don José Ortiz. Esta situación precipitó algunos comentarios entre los
nobles samarios y el mismo obispo fray Juan Vítores de Velasco, de la orden de
San Benito tomó partido, no se veía bien tener el gobierno de la ciudad en dos
personas, por ello el Cabildo determinó nombrar al obispo como gobernador
militar. Pero aun así continuaron las críticas y Del Valle le propuso al Cabildo
que nombrara al obispo como único gobernador y así sucedió.
El cuatro de febrero de 1692, el presidente, gobernador y capitán general del
Nuevo Reino de Granada don Gil de Cabrera y Dávalos, en Tenerife nombró
a su sobrino Juan Eusebio Dávalos, como gobernador interino. Duró escasos
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
26
ocho meses, lo único destacable era el afán de enriquecerse, prueba de ello
fue que entraron a las Cajas 18 mil pesos y todos desaparecieron, el situado
seguía retrasado. Fue sustituido por la misma Audiencia por Lorenzo de Ganda,
personaje nefasto para la provincia, grosero, abusivo, atrabiliario, en los pocos
meses se endeudó, no tuvo con qué pagar y salió para la corte vía Cartagena
para ser juzgado.
El último gobernador del siglo XVII fue el maestre de campo, Francisco García
de Labarcés, nombrado el 24 de septiembre de 1698 en Madrid, se le expidió
el título simple de gobernador. Tardó varios meses para llegar a la ciudad, lo
que sucedió el nueve de marzo de 1699 y fue recibido inmediatamente por el
Cabildo. Murió el 25 de junio de 1700, su esposa doña María Álvarez de Perea,
fue condenada por los delitos de su esposo a pagar 6.000 pesos de multa.
El historiador Ernesto Restrepo Tirado, que nos sirvió de apoyo para esta
reconstrucción de los gobernadores y de otros funcionarios protagonistas de
la historia de la ciudad y su provincia, llegó a la conclusión que “al nalizar el
siglo XVII muy poco había adelantado en lo material la ciudad de Santa Marta.
Incendiada y saqueada tantas veces por los corsarios, los cinco gobernadores
que había tenido en los últimos cuatro años la habían esquilmado, sacando de la
provincia más de 130.000 pesos, y la habían desmoralizado, vendiendo los puestos
militares y beneciando los políticos, las residencias y las encomiendas”
44
.
Adicionalmente, se puede agregar que el cargo de gobernador fue ejercido por
muchos hombres de pocos valores éticos, con alta corrupción y una grosera
actividad clientelista y despótica, donde se beneciaban públicamente de las
prerrogativas que brindaba el poder, como nombrar hijos, sobrinos, cuñados
y por supuestos, sus esposas. En muchos casos tenían el control total, no solo
de las actividades político/administrativa del gobierno provincial, sino el
monopolio de la mayoría de los negocios existentes en la ciudad. Este nivel de
corrupción y clientelismo, se aprecia igualmente, en la entrega de encomiendas
a personas no apropiadas, pero que usando el poder del dinero le compraron al
gobernador de turno el derecho de la asignación; en el decomiso de mercancías
de contrabando los gobernadores y otros funcionarios arreglaron con el
contrabandista dejándolo ingresar, sin restricciones y cuando se decomisaban
se repartía entre quienes participaban y solo una pequeña parte se registraba,
restringiéndose así la participación de los derechos del Rey.
Sin duda, que es una elite que durante dos siglos se enriqueció con lo poco que
ingresaba, realmente no se convirtieron en grandes comerciantes, casi todos
fueron a prisión, debieron pagar multas grandiosas, algunos fueron eximidos de
responsabilidad alguna, pero la mayoría murieron pobres y en las cárceles del
monarca. Fueron en su gran mayoría, gobernantes, sin escrúpulos, politiqueros
que se movían en la administración colonial con mucha facilidad, como el caso
de Luis de Manjarrés y otros personajes de dudosa reputación social, política y
económica. Su comportamiento estaba lejos de lo que debería ser un gobernante,
de todas maneras, la ciudad cayó, posiblemente, en las peores manos de los
españoles que llegaban sabiendo que durante los cinco años o menos, que en
ese tiempo debían recuperar la inversión que habían hecho en el momento de
pagar en la Corte los derechos que costaba el cargo. De tal manera que no se
44
Restrepo Tirado, Ernesto. Historia de la provincia de Santa Marta. Tomo I. p. 438.
TEORÍA Y PRAXIS No. 38, enero-junio 2021
27
llegaba a administrar, sino a robar. Adicionalmente, varios son miembros de
la Orden de Santiago, lo que muestra la inuencia de esta organización en las
decisiones de la monarquía para nombrar a sus funcionarios en Santa Marta y
otras ciudades de Hispanoamérica.
Fortalezas
Siguiendo algunos de los documentos revisados, los textos y sobre todo el libro
del historiador Juan Manuel Zapatero
45
, se pueden apreciar estas construcciones
desde el primero que organizó una fortaleza, el capitán Pedro de Heredia
en Bahía Concha en 1528 para obligar a Álvarez Palomino y en general a los
samarios para que no los atacaran. Fue una construcción sencilla con troncos de
árboles, a manera de estaca para defender un edicio de mampostería, llamado
Palenque.
Luego vino el proyecto sobre el puerto de la ciudad pensado y puesto en marcha
su construcción por el gobernador García de Lerma (1528-1531) llamado la
fortaleza en la playa de Santa Ana. Hacia 1536 un nuevo intento de construir dos
fortalezas bajo la gobernación de Pedro Fernández Lugo, y entre 1571 y 1573
siendo gobernador de la provincia y capitán general Luis De Rojas se diseñan y
construyen fortalezas, casas fuertes o torres fuertes, para defender la ciudad
por mar y tierra sobre todo en los límites con los nativos de Bonda. Pero nada
contuvo a los piratas Francis Drake, venció la resistencia y la invadió, la destruyó
totalmente, estuvo en ella hasta el diez de febrero de 1597
46
.
La entrada al siglo XVII encuentra a la ciudad y su puerto desguarnecida, las
fortalezas del gobernador Rojas habían sido destruidas y se imponía la necesidad
de edicar unas nuevas y así sucedió. El primero que inició la adecuación
para defender la ciudad fue en el tiempo del gobernador Juan Guiral Belón
(1600-1606), quien reforzó la fortaleza y la torre-fuerte de la playa, dándole
mayor consistencia, artillándola con algunos cañones de bronce. La bautizó
con el nombre de fuerte de San Juan de Las Matas. De hecho, los sucesivos
gobernadores intentaron reorganizar las defensas de la ciudad, le cupo al
gobernador Vicente de los Reyes Villalobos, (1643-1648) el deber de reconstruir
la fortaleza destruida por Drake, edicada por Rojas, y le colocó el nombre de
Fuerte San Vicente.
Años más tarde en la administración del gobernador Capitán Marcos del Puerto,
los ataques de los piratas lo llevaron a plantearse un nuevo esquema de defensa
de la ciudad y el capitán Sebastián Fernández de Gamboa, preparó un proyecto
para defender la ciudad de los ataques de los piratas, documento enviado al
Rey Felipe IV. En resumen se planteaba no reforzar los fuertes de San Juan de
Las Matas y San Vicente, desecharlos a cambio proponía la construcción de una
nueva forticación acorde con los nuevos tiempos
47
.
Los planos y toda la documentación llegaron a Madrid, cinco años después, ya
había fallecido el Rey y la reina viuda doña Mariana de Austria organizó una
junta y hasta ahí llegó todo.
45
Zapatero Juan Manuel. Historia de las Fortalezas de Santa Marta y Estudio Asesor para su restauración. Bogotá: Academia Colom-
biana de Historia, 1980. 454p.
46
Ibíd., p. 89.
47
Ibíd., p. 103.
Vicisitudes económicas y sociales de la ciudad de
santa marta para resistir en los siglos XVI y XVII
28
Referencias
Álzate Echeverri, Adriana María, `Cuerpos bárbaros` y vida urbana en el Nuevo Reino de Granada
(siglo XVIII). En: Historia de la vida privada en Colombia, Tomo 1. Las fronteras difusas del siglo XVI
a 1880. Jaime Borja Gómez y Pablo Rodríguez Jiménez (Coord.). Bogotá: Taurus, 2013.
Avellaneda, José Ignacio. La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada al Mar del Sur y la
creación del Nuevo Reino de Granada. Bogotá: Banco de la República, 1995.
Bermúdez Bermúdez, Arturo E. Don Rodrigo de Bastidas, Adelantado de Santa Marta. Santafé de
Bogotá: Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes del Magdalena “FONCULTURA”, 2000.
Castells, Manuel. La cuestión urbana. México: Siglo Veintiuno, 1980.
Cedulario de las Provincias de Santa Marta y Cartagena de Indias (Siglo XVI), Carta de la Reina
que solicita “Que se envíe relación de lo que costó a García de Lerma un fuerte que había
construido”. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1913.
De La Rosa, José Nicolás. Floresta de la santa iglesia catedral de la ciudad y provincia de Santa
Marta.
Fals Borda, Orlando, Historia Doble de la Costa, Tomo 1. Mompox y Loba, Carlos Valencia 1979.
Friede, Juan. La fundación de Santa Marta. En: Primer Congreso Nacional de historiadores y
antropólogos, Santa Marta 8-9-10 y 11 de noviembre de 1975. Medellín: 1976.
Friede, Juan. Fuentes Documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. Desde la
Instalación de la Real audiencia en Santafé, Tomo VI 1568-1575. Bogotá: Banco Popular, 1976.
Hardoy, Jorge E. La forma de las ciudades coloniales en la América Española. En: Estudios sobre la
ciudad Iberoamericana, Francisco de Solano (Coord.), Madrid: Consejo Superior de Investigaciones
Cientícas, 1983.
Langebaek, Karl Henrik. Historia de Colombia: El establecimiento de la dominación española.
Biblioteca Virtual. Biblioteca Luis Ángel Arango, www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/
hicol/hico5.html
López de Velasco, Juan. Geografía y descripción universal de las Indias, Madrid, Real Academia de
la Historia, 1894.
Martínez, Carlos. Apuntes sobre el Urbanismo en el Nuevo Reino de Granada. Bogotá: Ediciones
del Banco de la República, 1967.
Miranda Vázquez, Trinidad. La Gobernación de Santa Marta (1570-1670). Sevilla: Escuela de
Estudios Hispanoamericanos, 1976.
Páramo, Pablo y Cuervo Prados, Mónica. Historia social situada en el espacio público de Bogotá
desde su fundación hasta el siglo XIX. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2006.
Romero, José Luis. Latinoamérica las ciudades y las ideas. Buenos Aires: Siglo veintiuno, 2001
Rey Sinning, Edgar, Poblamiento y Resistencia. Los Chimila frente al proceso de ocupación de su
territorio. Siglo XVIII. Santa Marta; Gobernación del Magdalena, 2012.
Tovar Pinzón, Hermes, Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva
Granada 1750-1830. Bogotá: Archivo General de la Nación, 1994.
Vásquez de Espinosa, Antonio. Compendio y Descripción de las Indias Occidentales. Madrid.
Biblioteca de Autores Españoles, 1969.
Zapatero Juan Manuel. Historia de las Fortalezas de Santa Marta y Estudio Asesor para su
restauración. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 1980.