TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
3
Ramón Obdulio Lara Palma
1
Recibido en 22 septiembre de 2016, aceptado el 1
o
de noviembre de 2016
Resumen
El autor intenta explicar la identidad de la Iglesia como sacramento
universal de salvación, o sea, comprender la Iglesia como signo e
instrumento de la unión de los hombres con Dios, de los hombres entre
sí y de los hombres con la creación. Esa triple relación permite al mismo
tiempo denir lo que la fe cristiana comprende como salvación: la vida
que sólo se encuentra en la unión con Dios y la comunión que debe ser
plena con los demás y con la misma creación. La argumentación pasa por
dar una valoración a los ejes con los que la sacramentalidad de la Iglesia
se desdobla: los siete sacramentos. Al nal el lector podrá comprender
que la salvación es un don sobrenatural y al mismo tiempo una tarea que
la Iglesia debe cumplir como expresión de su misma identidad.
Palabras claves
Iglesia, sacramentos, salvación, comunión, vida, servicio.
Abstract
The author tries to explain the identity of the Church as universal
sacrament of salvation, that is, to understand the Church as the sign and
instrument of the union of men with God, of men among themselves and
men with creation. This triple relationship allows at the same time to
dene what the Christian faith understood as salvation: life found only
in union with God and the communion which must be full with others and
with creation itself. The argument goes through giving an assessment to
the axes with which the sacramental nature of the Church unfolds: the
seven sacraments. At the end the reader will be able to understand that
1. Licenciado en Teología Dogmática por la Ponticia Universidad Gregoriana, Roma. Profesor del
Seminario Mons. Óscar A. Romero, Santiago de María, El Salvador. ramon.lara@udb.edu.sv
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco, año 15, No.30, Enero-Mayo de 2017, p.3-23
La Iglesia, sacramento
universal de salvación.
La mediación salvíca de la Iglesia
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
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salvation is a supernatural gift and at the same time a task that the Church
must fulll as an expression of their own identity.
Keywords
Church, sacraments, salvation, communion, life, service.
Introducción
«La Iglesia es el pueblo de Dios neotestamentario, fundado por Jesucristo,
estructurado jerárquicamente, que sirve a las exigencias del dominio de Dios
y a la salvación de los hombres, y que existe como cuerpo místico de Cristo»
2
.
Más precisamente, la Iglesia es Pueblo de Dios
3
que existe como cuerpo de
Cristo para ser en el mundo sacramento de salvación. ¿Cómo actúa la Iglesia
esa salvación que de la cual ella es portadora? Llanamente podemos decir que,
sobre todo y principalmente, bajo dos acciones concretas: sirviendo a la vida y
posibilitando la comunión.
El aporte que ha ofrecido la reexión teológica latinoamericana ―a partir de
la lectura conetextualizada del Concilio Vaticano II y de una hermenéutica
bíblica también contextualizada― es que la salvación, de la cual la Iglesia es
portadora, se identica con la liberación integral del hombre y de la historia.
Tal liberación puede ser equiparada a su vez con los conceptos «vida» y «amor»,
o bien, con «vivicación» y «comunión» ―teniendo en cuenta que sólo el amor
unica―. Somos liberados en cuanto que somos trasladados desde la condición
de enemistados con Dios «lejos de su rostro» (Sal 51,13), para estar en comunión
con Él «contemplando su rostro» (Sal 11,7): Coram Deo. O mejor, somos
trasladados de la muerte a la vida, del aislamiento a la perfecta comunión, del
pecado a la gracia. Con razón el Concilio Vaticano II ha denido la salvación
como la «comunión de los hombres con Dios y comunión de los hombres entre
sí»
4
. La Iglesia, por ser sacramento de esa salvación ―signo e instrumento―,
tiene la tarea de unir a todos los hombres ―y todo el hombre― con Dios (vida)
y unir a todos los hombres entre sí (comunión fraterna).
Esta misión de ser sacramento de salvación, o bien, la misión de unir a los
hombres con Dios y a los hombres entre sí, le viene a la Iglesia por su relación
íntima con la Trinidad: Ecclesia de Trinitate. Indudablemente la Iglesia tiene su
origen en la Trinidad, posee una forma trinitaria y tiene su destino en la misma
Trinidad. El Dios que se nos ha revelado como Trinidad se identica como el
2. R. SCHNACKENBURG-J. DUPONT, «Boletines. La Iglesia como pueblo de Dios», Concilium 1(1965) 106.
3. La expresión «Pueblo de Dios» usada en este estudio presupone toda la eclesiología del capítulo
II de la Lumen Gentium, a la que nos remitimos. Cfr. Y. CONGAR, «La Iglesia como pueblo de
Dios» en Concilium, Revista internacional de teología 1(1965) 9-33; R. SCHNACKENBURG-J. DUPONT,
«Boletines. La Iglesia como pueblo de Dios», Concilium 1(1965) 105-113; J. RATZINGER, El nuevo
pueblo de Dios, Barcelona: Herder, 1972 [1969].
4. LG., n. 1.
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
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Dios de la vida y del amor: fuente de la vida plena y de la comunión perfecta.
La Iglesia va en gozosa peregrinación actuando la misma obra salvadora de
Cristo en el dinamismo del reditus intratrinitario, pero ahora bajo la fuerza del
Espíritu Santo, hasta alcanzar la vida plena y la comunión perfecta.
Las siguientes reexiones intentarán puntualizar en qué sentido y en qué modo
la Iglesia puede actuar esa salvación en el aquí y el ahora de nuestra historia.
Podremos vericar que la eclesiología sacramentaria no anula los empeños
históricos, no se desatiende de las aicciones concretas de los eles, sino que,
como teología viva, trata de iluminar las realidades palpitantes dentro de las
cuales se mueve la Iglesia. Además, podremos constatar que la sacramentaria
«in specie» encuentra una luz nueva para resituar y esclarecer la función de
los sacramento dentro de la Iglesia. Ya que los siete signos sacramentales
condensan de modo muy preciso y elocuente la manera como la Iglesia continúa
la obra salvadora de Cristo.
1. Pueblo de Dios al servicio de la vida
«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).
Pero esta vida debe ser comunicada, cuidada y servida. Entendiendo vida,
obviamente, como la experiencia de profunda comunión con Dios: vida en
plenitud. Es una vida que, incluyendo el aspecto histórico-biológico, tiene
el rasgo de ser trascendente y supra histórica, por eso divina. La Iglesia es
fuente de esa vida y a la vez es su servidora. Es fuente en cuanto que la gracia
vivicante de Dios uye en ella como la sabia uye en la corteza del árbol. Ser
injertados en la vida de la Iglesia es ser injertados en la vida divina. La Iglesia es
servidora de la vida divina en cuanto que tiene la misión de ofrecer los medios
necesarios para que esa vida sea nutrida, curada y comunicada.
Esos medios pueden ser identicados particularmente en los sacramentos
y demás celebraciones de la Iglesia; en la vida moral que es guiada por los
mandamientos y particularmente por la caridad; además, en la vida interior
que busca el diálogo comunicativo con Dios en la oración. Pero esos medios
son al mismo tiempo la misma vida interna de la Iglesia: pues no hay Iglesia sin
la liturgia (sacramentos), sin la caridad y sin la oración
5
. Por tanto, la Iglesia
tiene una vida interior que debe ser cuidada. Centrémonos, pues, brevemente
en la dimensión litúrgico-ritual de la vida de la Iglesia, para luego analizar el
modo como la comunidad mesiánica
6
actúa la salvación cuando celebra los ritos
sacramentales.
5. Cfr. Hc 2, 42-47. Cfr. también J. A. FITZMYER, Los hechos de los apóstoles, I, Salamanca: Sígueme,
2003, 363-371.
6. A lo largo de este estudio también utilizaremos la expresión “Pueblo Mesiánico” o “Comunidad
Mesiánica” siguiendo las intuiciones de Yves Congar, quien preere llamar a la Iglesia con esos
títulos a partir de la eclesiología del No. 9 de la Lumen Gentium. Cfr. Y. CONGAR, Un pueblo
mesiánico, 108.
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
6
Con el término rito se pretende resumir el esencial accionar salvíco que se
realiza en la Iglesia por ser ella continuadora de la salvación obrada por Cristo.
Hay que tener en cuenta que el rito no sólo se reduce a un esquema que guía
una celebración religiosa, sino que implica todo el conjunto de acciones ―sean
estas simbólicas, biológicas o sacramentales― que en su globalidad dan sentido
a la existencia humana
7
. La actual teología sacramentaria está redescubriendo
el papel del rito dentro de la vida de la Iglesia, con el propósito de revitalizar el
rol de los signos sacramentales que maniestan lo esencial del accionar salvíco
realizado por la Iglesia
8
. La necesidad de pasar de unos ritos descontextualizados,
ahistóricos y lejanos a la vida concreta de la gente es un imperativo tomado
muy en serio en los últimos tiempos
9
.
Puesto que el centro de los nuevos planteamientos de la teología sacramentaria
está en la recuperación del rito, los sacramentos son comprendidos ahora in genere
ritus. Ya no sólo se habla de «forma verbal», sino de «forma ritual»; es decir, una
acción ritual contextualizada
10
. Se quiere con ello superar el minimalismo ritual
y el formalismo rubricista que hace de las celebraciones rituales una experiencia
insignicante. Los nuevos planteamientos insisten en que el rito sacramental debe
recoger el contexto vital en que vive el cristiano y revitalizar los empeños concretos
que éste realiza en medio de las faenas del mundo
11
. Ya que
Incluso entre los mismos practicantes, es fácil vericar la esquizofrénica
separación entre sacramento y vida, entre rito y compromiso,
celebración litúrgica y ética social. Por lo que fácilmente el sacramento
se reduce a mero rito, a mundo paralelo, a participación mecánica, a
tradición o costumbre sin referencias e incidencias vitales
12
.
7. La acción ritual es algo originario, fundamental, en la existencia humana. Hoy se distingue un
actuar representativo, simbólico, que carga de sentido la existencia, y un actuar práctico que sólo
satisface las necesidades primarias y básicas de la vida biológica. Pero hay otras acciones que están en
la frontera de estas dos. Son acciones que tienen una profunda carga simbólica-existencial pero que
son acciones concretas de la vitalidad humana. Estas serían las acciones rituales sacramentales. Las
acciones rituales devienen acciones sacramentales porque maniestan visiblemente una identidad
más profunda, es decir, la gracia de Dios que actúa y se maniesta mediante representaciones
concretas y tangibles, constatables en el cotidiano vivir. Cfr. A. GRILLO, «L´azione rituale, ovvero
“ció che precede e sopravanza la ragione”», en G. TANGORRA-M. VERGOTTINI, eds., Sacramento e
azione, Milano: Glossa, 2006, 179-192.
8. Cfr. A. GRILLO, Grazia visibile, Grazia vivibile. Teologia dei sacramenti «in gere ritus», Padova:
Messaggero, 2008; F. GIACCHETTA, ed., Grazia Sacramentalitá Sacramenti, Assisi: Cittadella Editrice,
2008; G. TANGORRA-M. VERGOTTINI, eds., Sacramento e azione; A. GRILLO-M. PERIONI-P.-R. TRAGAN,
eds., Corso di Teología Sacramentaria, I-II, Brescia: Queriniana, 2000.
9. Cfr. K. PECKLERS, Liturgia en Contexto, Caracas: Paulinas, 2007, 119; C. GIRAUDO, In unum
corpus. Trattato mistagogico sull´eucaristia, Milano: San Paolo, 2001, 597-604.
10. Cfr. A. GRILLO, Grazia visibile, Grazia vivibile. Teologia dei sacramenti «in gere ritus», 82-87.
11. Cfr. D. BOROBIO, Sacramentos y etapas de la vida, Salamanca: Sígueme, 2000, 13-64.
12. Ibid., 15.
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
7
Separar la liturgia de la vida, entendiendo liturgia como la celebración de la fe,
ha colaborado en la «ruptura entre evangelio y cultura, que es sin duda alguna
el drama de nuestro tiempo»
13
.
Dado que la Iglesia continúa la misión y la acción salvadora de Cristo, como
sacramento del mismo Señor, entonces los siete signos que acompañan la vida
del cristiano se convierten en la proyección histórica de los actos esenciales
de Cristo salvador
14
. Esta ritualidad, o sea, este accionar salvíco actuado en
el hoy de la Iglesia puede sintetizarse en las nociones: iniciar, sanar y servir
15
.
El catecismo de la Iglesia organiza el septenario sacramental bajo la ya clásica
triada: sacramentos de iniciación, sacramentos de curación y sacramentos de
servicio
16
. Esta triada puede fácilmente identicarse con lo que según Yves
Congar, fue el accionar salvíco de Cristo: acoger ―entendiendo el hecho de
la acogida como la intención de iniciar al hombre en una vida de comunión con
Dios―, sanar y establecer nuevas relaciones
17
.
1.1. Iniciar a la vida: unir al hombre con Dios
Cuando Cristo acoge a los pecadores y excluidos del reino, realiza con ellos
un camino de iniciación a la vida divina: une al hombre con Dios. Así como los
que se encontraron con Jesús quedaron sumergidos en la vida divina y fueron
congurados con Cristo, así también los bautizados que entran a la vida de la
Iglesia, quedan congurados con Cristo y son sumergidos en esa vida divina. Los
que se encontraron con Jesús y fueron acogidos por Él fueron también colmados
con el don de lo alto, el Espíritu del amor, que los conrmó como auténticos hi-
jos en el Hijo; los acogidos en la Iglesia son ungidos (crismados) para conrmar
la presencia del Espíritu que los convierte en verdaderos hijos de Dios e hijos
de la Iglesia. Por último, Jesús comparte la mesa con aquellos excluidos para
13. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 20.
14. La idea de «actos esenciales salvícos» realizados por Jesús, era ya insinuada por Edward
Schillebeeckx, cuando hablaba de los «actos humanos salvícos» realizados por Jesús, los que a su
vez constituyen la esencia de los siete sacramentos. Cfr. E. SCHILLEBEECKX, Cristo, Sacramento
del encuentro con Dios, San Sebastián: Dinor, 1963, 71. Rahner, por su parte, hace la extrapolación
de esta idea hacia la Iglesia, cuando arma que «los sacramentos son las esenciales realizaciones
de la Iglesia misma». Cfr. K. RAHNER, La Iglesia y los Sacramentos, Barcelona: Herder, 1967, 23.
En las palabras introductorias Rahner había armado: «En la intención del presente análisis, estos
dos conceptos ―el de Iglesia y los Sacramentos― se deben iluminar recíprocamente, de tal manera
que se llegue a comprender más profundamente a la Iglesia al preguntarse qué son en realidad los
sacramentos y, por otra parte, se logre una mayor comprensión de estos al considerar qué es en
realidad la Iglesia», Ibid., 9. Cfr. también R. ARNAU, Tratado general de los sacramentos, Madrid:
BAC, 1994, 31.
15. La sistematización de la sacramentaria que ofrecen A. GRILLO-M. PERIONI-P.-R. TRAGAN, eds.,
en Corso di Teologia Sacramentaria, II, 95-444, los autores dividen el tratamiento de los sacramentos
in specie bajo los ejes: «Confesar la fe en la vida: la iniciación cristiana», «Curar la vida: anunciar
la misericordia y la resurrección» y «Promover la vida: edicar la comunidad».
16. Cfr. CEC, nn. 1212-1666.
17. Cfr. Y. CONGAR, Un pueblo mesiánico. La Iglesia sacramento de salvación, Madrid: Cristiandad,
1976, 153-165.
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
8
mostrarles la total compenetración de vida entre el que es acogido y su persona,
Cristo y el cristiano forman un solo cuerpo; también el bautizado y conrmado
por la Iglesia comparte la mesa eucarística para consolidar su identidad de ser
miembro vivo del cuerpo de Cristo, que es esa misma Iglesia.
El catecismo sintetiza diciendo que
mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la
Conrmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida
cristiana. “La participación en la naturaleza divina que los hombres
reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía
con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto,
los eles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de
la Conrmación y nalmente, son alimentados en la Eucaristía con el
manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la
iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de
la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad”
18
.
Pero esta vida ritual-sacramental debe hacerse además existencial
19
. En tal sen-
tido, el episcopado latinoamericano reunido en la quinta conferencia (Apare-
cida-Brasil), fundamenta todo el tejido conceptual del documento conclusivo
bajo las líneas teológicas de la cristología de la vida y la eclesiología del en-
cuentro
20
. La vida resulta ser el concepto guía de todo el documento: la vida
en Cristo mediada por la Iglesia
21
. La primera parte es titulada: «La vida de
nuestros pueblos hoy», que corresponde al paso metodológico del «ver»; la se-
gunda: «La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros», correspondiendo al
paso del «juzgar»; y la tercera: «La vida de Jesucristo para nuestros pueblos»,
que corresponde al paso «actuar». Según Aparecida, el acceso a la vida en Cristo
18. CEC, n. 1212. Cfr. también D. SARTORE, «I sacramenti dell´iniziazione cristiana» en R.
FISICHELLA, dir., Catechismo della Chiesa Cattolica, Casale Monferrato: Edizioni Piemme, 2003,
866: «Bautismo, conrmación y eucaristía son considerados los sacramentos de la iniciación cristiana
porque constituyen los fundamentos de la vida cristiana, en cuanto introducen completamente a los
hombres en el misterio de Cristo y de la Iglesia».
19. Cfr. L. BOFF, Los sacramentos de la vida, Santander: Sal terrae, 1991, 95: «El sacramento exige
compromiso. Por lo demás la palabra “sacramentumn” signicaba ya para los primeros cristianos
de lengua latina, exactamente un compromiso, compromiso de cambio en la praxis, conversión que
no era sólo una apropiación de nuevas convicciones acerca de Dios, del destino del hombre o de
la esperanza de su liberación por medio de Jesucristo…se percibe claramente que el sacramento
signica la culminación de todo un proceso de conversión, de compromiso y de servicio a la causa
renovadora y liberadora de Cristo».
20. Cfr. M. GRONCHI, Trattato su Gesù Cristo glio di Dio salvatore, Brescia: Queriniana, 2008, 791-
829. Cuando Gronchi analiza la cristología latinoamericana percibe como cristología dominante esa
«cristología de la vida».
21. Siendo un documento eminentemente pastoral la insistencia en el tema de la vida no es por
casualidad. La preocupación por defender la vida en todas sus dimensiones incluye: la situación
sociocultural (43-59), económica (60-73), socio-política (74-82), ecológica (83-87). La vida en Cristo
incluye: la dignidad humana (387-390), pobreza (391-398), la justicia social (382-386), así como
nuevas realidades tales como la cultura (476ss.) y la globalización (406ss.). Vale la pena revisar los
numerales 347-364, que hablan de la «Misión de los discípulos al servicio de la vida plena».
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
9
se hace mediante la Iglesia, pues ella se convierte en el lugar del encuentro con
el Señor, el señor de la vida. Sólo con el encuentro con Cristo es que se puede
tener vida en abundancia
22
. Además, la Iglesia como servidora de la vida tiene la
misión de defenderla y cuidarla cuando sea amenazada o desatendida.
1.2. Sanar la vida: curar alma y cuerpo
Para Yves Congar las curaciones eran evidentes manifestaciones de la obra
salvadora de Cristo
23
. La Iglesia continúa esa obra salvadora mediante los signos
sacramentales que ahora se conocen como «sacramentos de curación»
24
. El
hombre herido por el pecado necesita ser sanado y restituido a la vida plena,
o sea, recobrar la amistad y cercanía de Dios. Así mismo, quien es tocado
por el misterio del dolor mediante la enfermedad, necesita ser restituido a
la tranquilidad de una vida sana, o al menos confortado y acompañado en
ese camino de sufrimiento. Puesto que Jesús no fue indiferente ante quienes
sufrían, sea por la condición de pecadores, sea por la condición de enfermos,
también la Iglesia se muestra solícita ante la vida amenazada y disminuida
25
.
El catecismo sobre este aspecto arma que
por los sacramentos de la iniciación cristiana, el hombre recibe la vida
nueva de Cristo. Ahora bien, esta vida la llevamos en “vasos de barro”
(2 Co 4,7). Actualmente está todavía “escondida con Cristo en Dios”
(Col 3,3). Nos hallamos aún en “nuestra morada terrena” (2 Co 5,1),
sometida al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva
de hijo de Dios puede ser debilitada e incluso perdida por el pecado.
El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos,
que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo
(cf Mc 2,1-12), quiso que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu
Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios miembros.
Este es nalidad de los dos sacramentos de curación: del sacramento de
la Penitencia y de la Unción de los enfermos
26
.
22. Cfr. D. VITALI, «Jesucristo camino, verdad y vida: eje transversal de Aparecida» en PONTIFICIA
COMISIÓN PRO AMÉRICA LATINA, Aparecida 2007. Luces para America Latina, Vaticano: Editrice
vaticana, 2008, 20-37. Según Vitali, es posible identicar la terna fe-esperanza-caridad con la terna
camino-verdad-vida. Camino correspondería a la esperanza, la verdad a la fe y vida al ágape. La
vida cristiana, entonces, que es fe, esperanza y caridad, es un vivir en Cristo camino, verdad y vida.
Esta vida en Cristo se da sólo dentro de la Iglesia, ya que los dones de la fe, esperanza y caridad son
otorgados mediante la inserción en la Iglesia, puesto que Cristo es la cabeza y comunica todos los
dones y gracias a su cuerpo.
23. Cfr. Y. CONGAR, Un pueblo mesiánico, 153.
24. Cfr. CEC, nn. 1420-1532. Cfr. también PABLO VI, Sacram Unctionem (1972), la constitución
apostólica que aprueba el nuevo ritual de la unción; JUAN PABLO II, Reconciliatio et Paenitentia
(1984).
25. Cfr. G. FLÓREZ, Penitencia y Unción de enfermos, Madrid: BAC, 1993, 358-365.
26. CEC, nn. 1420-1421. Antonio Miralles advierte que entre el sacramento de la penitencia y el
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
10
Pero la Iglesia, sacramento de salvación, no reduce su misión sanadora a la
celebración de algunas rúbricas litúrgicas. El catecismo precisa que la misión
sanadora de Cristo se da en el campo del pecado y en el campo de la enfer-
medad corporal; la Iglesia lo hace igualmente, pero lanzada hacia derroteros
más amplios, ya que ni el pecado se reduce a un acto de alcance estrictamente
individual ni la enfermedad es sólo sufrimiento del cuerpo
27
. Además, dado que
Jesús sanaba a los enfermos para conrmar la presencia de Reino de Dios y
manifestar la innita misericordia y compasión del mismo Señor, la Iglesia ejer-
ciendo su obra sanadora testica ese Reino en el hoy de la historia y actualiza
la misericordia divina
28
.
Curación del pecado. El pecado es una enfermedad que tiene amplias conse-
cuencias, que van más allá del drama personal
29
. En tal sentido el episcopado
latinoamericano ya desde 1968 había advertido de estas amplias repercusiones
hablando de «estructuras injustas»
30
, o como Puebla precisa, de un «pecado
estructural»
31
. Este pecado estructural se maniesta concretamente mediante
las injusticias, la explotación del pobre y del débil, así como por la marginación
de grandes masas sociales. Ante una realidad en la que la vida se vea amenazada
y reducida a condiciones inhumanas, es obvio que la Iglesia quiera defenderla,
atacando la raíz, o sea el pecado y sus estructuras, y llamando al pecador a la
conversión. O en otras palabras, trabajando para que el Reino de Dios que es
«el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de
la justicia, el amor y la paz»
32
, sea realmente instaurado.
Dado que la pobreza es signo de muerte, la opción por los pobres es una opción
por la vida: el Dios de la vida exige vida para sus hijos
33
. Como el buen samarita-
de la unción existe una relación de continuidad. Además, recuerda que según Trento «toda la vida
cristiana debe ser una penitencia continua» (DS, 1694), Cfr. A. MIRALLES, «L´unzione degli infermi»,
en R. FISICHELLA, dir., Catechismo della Chiesa Cattolica, 902.
27. Cfr. A. MARTÍNEZ SIERRA, 100 Fichas sobre temas controvertidos del sacramento de la
reconciliación, Burgos: Monte Carmelo, 2008, 20-27; M. NICOLAU, La unción de los enfermos.
Estudio histórico-dogmatico, Madrid: BAC, 1975, 222-234.
28. Cfr. PH. ROUILLARD, «L´unzione degli infermi e i riti funebri», en A. GRILLO-M. PERIONI-P.-R.
TRAGAN, eds., en Corso di Teologia Sacramentaria, II, 363-364.
29. Cfr. JUAN PABLO II, Reconciliatio et Paenitentia (1984), 14-18.
30. Cfr. II CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Medellín. Conclusiones: La
Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio, Bogotá: CELAM, 2002,
Justicia, n. 2.
31. Cfr. III CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Puebla: La evangelización
en el presente y el futuro de América Latina, Bogotá: CELAM, 2000, n. 1258: «Son muchas las causas
de esta situación de injusticia, pero en la raíz de todas se encuentra el pecado, tanto en su aspecto
personal como en las estructuras mismas». La Reconciliatio et Paenitentia habla del «Pecado Social»
en los siguientes términos: «Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en
virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado
de cada uno repercute en cierta manera en los demás», n. 16.
32. Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey.
33. Cfr. G. GUTIÉRREZ, «Pobres y Opción Fundamental», en I. ELLACURÍA–J. SOBRINO, dirs., Mysterum
Liberationis. Conceptos Fundamentales de la Teología de la Liberación, I, Madrid: Trotta, 1990, 304-
313; N. VÉLEZ, «Puebla: la opción por los pobres», Theologica Xaveriana 51-52 (1979) 299-307.
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
11
no, la Iglesia se acerca al que está despojado y herido: despojado de su dignidad
y herido por la injusticia. La solidaridad ante el dolor es el signo distintivo de la
Iglesia
34
. Con razón los obispos en Medellín concluyeron en que «el Episcopado
Latinoamericano no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias
sociales existentes en América Latina, que mantienen a la mayoría de nuestros
pueblos en una dolorosa pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana
miseria»
35
. Puesto que el pecado es muerte, en el amplio sentido de la palabra,
la Iglesia como servidora y defensora de la vida tiene en este campo una gran
misión que realizar.
Curación de la enfermedad. Actuar la salvación en el terreno del dolor y la en-
fermedad es también misión de la Iglesia
36
. Claro que el sufrimiento tiene valor
salvíco
37
. Sin embargo, la Iglesia como continuadora de la obra salvadora de
Cristo sabe muy bien que el diseño originario de Dios es la vida íntegra de sus
eles, que el reino divino excluye toda forma de disminución de la vida pues
esta debe vivirse en plenitud. Por eso implora al «Señor que sana» (Ex 15,20)
por la salud de los enfermos. El signo sacramental que por antonomasia expresa
esa solicitud de la Iglesia por el enfermo es el Sacramento de la Unción
38
.
Entre los efectos de la gracia que conere este sacramento están: la unión del
enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia; el consuelo, la
paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad
o de la vejez; el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo
por el sacramento de la penitencia; el restablecimiento de la salud corporal,
si conviene a la salud espiritual; la preparación para el paso a la vida eterna
39
.
Para propiciar la experiencia de esos efectos de la gracia sacramental de
la unción, la Iglesia como comunidad mesiánica no debe dejar de promover
insistentemente la pastoral de enfermos y la instauración de sistemas de
prevención, curación e investigación sanitaria allá donde no los haya
40
. Además,
debe ofrecer las orientaciones ético-morales ante los nuevos panoramas de
la investigación cientíco-genética y las demás ciencias sanitarias, pero sin
apagar las legítimas iniciativas
41
. En otras palabras, la Iglesia tiene la misión
34. Cfr. V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Aparecida. Documento
conclusivo, Bogotá: CELAM, 2007, 26.
35. MEDELLÍN, Paz, n. 16
36. Cfr. D. BOROBIO, Sacramentos y etapas de la vida, 274.
37. Cfr. JUAN PABLO II, Salvici doloris (1984), n. 1.
38. Cfr. CEC., n. 1511.
39. Cfr. CEC., n. 1532.
40. M. Nicolau nos recuerda que el Vaticano II en la Sacrosanctum Concilium n. 2 enfatiza en el
carácter social de los sacramentos: «El carácter social de todos los sacramentos queda maniesto
en las palabras del texto conciliar: los sacramentos están ordenados a la “edicación del Cuerpo
de Cristo” y más adelante: “a ejercitar la caridad”»: M. NICOLAU, La unción de los enfermos, 172.
41. Cfr. F. J. BLÁZQUEZ-RUIZ, «Nueva genética, regulación jurídica y privacidad» en ID., dir., 10
palabras claves en nueva genética, Navarra: EVD, 2006, 31-74; D. BORORBIO, «Conciencia moral y
participación litúrgico sacramental» en Phase 209 (1995) 357-384.
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
12
de humanizar el dolor y la enfermedad, o mejor dicho, tiene la misión de
cristianizar estas realidades, pues la misericordia y la compasión de Dios deben
palparse en todas las áreas de la vida. El dolor y la enfermedad denitivamente
ofrecen a la comunidad mesiánica un gran campo de acción.
1.3. Servir a la vida: por la donación y el encuentro
Yves Congar sostiene que la obra salvadora de Cristo toca el campo de las rela-
ciones interpersonales: Cristo salva recreando profundas relaciones fraternas
42
.
En la vida interna de la comunidad mesiánica domina el ágape fraterno, que
trasforma la autoridad en verdadero servicio en función de la comunidad y
trasforma la relación entre el hombre y la mujer en una experiencia de per-
fecta comunión que está abierta a la vida
43
. Con el pasar de los siglos la Iglesia
reconoció estas realidades como eventos salvícos: sacramentos. «El Orden y
el Matrimonio, están ordenados a la salvación de los demás. Contribuyen cier-
tamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que
prestan a los demás. Coneren una misión particular en la Iglesia y sirven a la
edicación del Pueblo de Dios»
44
.
El Sacramento del orden promueve y edica la vida eclesial
45
. El Catecismo
ciñe la identidad sacramental del servicio a la comunidad (Orden) al «minis-
terio apostólico»
46
. El Orden es el sacramento del ministerio apostólico
47
. El
ministerio apostólico tiene la misión de la representatividad sacramental y el
ordenamiento de los carismas y ministerios dentro de la misma comunidad.
Cierto que todos los bautizados participan del sacerdocio común que conere
el bautismo, pero dentro de la comunidad de bautizados surgen los que reciben
la misión de participar del sacerdocio de Cristo, participando de la misión de
Cristo como Cabeza y Pastor de la comunidad
48
.
42. Cfr. Y. CONGAR, Un pueblo mesiánico, 162-165.
43. Cfr. J. F. PUGLISI, «Il ministero Ordinato: Episcopato, presbiterato, diaconato» en A. GRILLO-M.
PERIONI-P.-R. TRAGAN, eds., en Corso di Teologia Sacramentaria, II, 379-414; R. ARNAU, Orden y
Ministerios, Madrid: BAC, 1995, 190-205; M. ALIOTTA, Il matrimonio, Brescia: Queriniana, 2002, 67-
108; G. FLÓREZ, Matrimonio y Familia, Madrid: BAC, 1995, 108-113.
44. Cfr. CEC n. 1534. La jación dogmática de los sacramentos la encontramos cerrada hasta Trento.
Cfr. DS, 1601-1613.
45. Cfr. Cfr. J. F. PUGLISI, «Il ministero Ordinato: Episcopato, presbiterato, diaconato», 379.
46. CEC n. 1536.
47. Este ministerio apostólico se participa en modo diferenciado: «Desde los orígenes, el ministerio
ordenado fue conferido y ejercido en tres grados: el de los Obispos, el de los presbíteros y el de los
diáconos. Los ministerios conferidos por la ordenación son insustituibles para la estructura orgánica
de la Iglesia: sin el obispo, los presbíteros y los diáconos no se puede hablar de Iglesia», CEC n. 1593.
48. R. ARNAU, Orden y Ministerios, 34: «El máximo momento en el que Cristo vincula a su propia
potestad el poder que concede a los Apóstoles ocurre tras la resurrección, en el diálogo a la vez
purgativo y constitucional del ministerio de Pedro, en el que Cristo le conere ser pastor de los
corderos y de las ovejas. A la vista de estas referencias se ha de concluir que los Apóstoles, por la
misión recibida de Cristo, son pastores en la Iglesia».
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
13
Este sacerdocio ministerial diere del sacerdocio común porque conere el pod-
er de ejercer en nombre de Cristo, y para edicación de la comunidad, la misión
de enseñar (munus docendi), celebrar el culto (munus liturgicum) y gobernar
(munus regendi)
49
. Por medio de este sacramento la comunidad mesiánica es
ordenada en sus distintos carismas y servicios que construyen y fortalecen la
misma comunidad. En pocas palabras, podemos decir que el dinamismo salví-
co de Cristo actuado ahora por la Iglesia en forma de diakonía tiene su cauce
de realización al interno de la comunidad en el sacramento del orden. Pero la
diakonía de la Iglesia que se sacramentaliza en el Orden no sólo convierte a los
miembros del Orden en servidores de la koinonía del Señor, sino también en
servidores del mundo: la consecratio mundi
50
.
Por otra parte, en cuanto servidor de la vida, el pueblo mesiánico ejerce su mis-
ión salvíca también bajo el signo de la íntima comunión de vida y amor que sus
miembros comparten en la unión esponsal
51
. Ciertamente que el matrimonio,
la sexualidad y la familia son experiencias profundamente humanas
52
. Sin em-
bargo, la experiencia esponsal, aun teniendo un carácter natural y netamente
humano, «fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento
entre bautizados»
53
. Trento canoniza esta dignidad sacramental al indicarlo en
el elenco de los siete sacramentos
54
. Si es sacramento, quiere decir que el ma-
trimonio comunica la gracia salvadora de Cristo
55
.
49. Cfr. LG, nn. 18-29. El Concilio hizo grandes renovaciones en el campo de la teología del ministerio
y del sacramento del orden. El Decreto Christus Dominus (28 de octubre 1965) y el Presbyterorum
Ordinis (7 de diciembre 1965) recogen y amplían el capitulo tres de la Lumen Gentium.
50. Los ministros ordenados, o mejor dicho la Jerarquía de la Iglesia, existe para servir y edicar la
comunidad cristiana y para santicar el mundo: mediante el testimonio de caridad y de comunión
fraterna. Cfr. M. R. Rodríguez, El presbiterio y la fraternidad sacerdotal, Madrid: BAC, 2008, 97-
113. El tema de la Consacratio mundi, o sea «la inserción del mundo en el plan de la salvación que
Dios ha querido para la humanidad y para el mundo entero», es según B. Mondin uno de los ejes
primordiales del pensamiento de Y. Congar. Cfr. B. MONDIN, La Chiesa primizia del regno, Bologna:
Deoniano, 1986, 170.
51. Cfr. S. LOUAY, Santicazione e valore salvico del matrimonio, Tesi PUG 1433 (2008). Louay
analiza el carácter salvíco del amor esponsal según san Pablo en 1Cor 7, 12-16 y en Efesios 5,
25-33.
52. Cfr. R. TAGLIAFERRI, «Dedicare la vita: Il matrimonio e la famiglia» en A. GRILLO-M. PERIONI-P.-R.
TRAGAN, eds., en Corso di Teologia Sacramentaria, II, 226-281. Tagliaferri habla de la dimensión
psico-biológica y mitológica del matrimonio para luego concretizar el carácter teológico de esta
experiencia humana.
53. CEC n. 1601; CIC, can. 1055,1.
54. Cfr. DS, 1601. Y particularmente los cánones sobre el matrimonio: DS, 1797-1816.
55. El enganche bíblico-teológico de este sacramento encuentra su asidero en el pasaje de Ef. 5,
32, ya retomado en Trento (Cfr. DS, 1799). Inmerso en las coordenadas cristológicas y eclesiológicas,
el matrimonio se convierte en un espacio-lugar de revelación y de salvación: revela la relación
Cristo-Iglesia y comunica la gracia salvadora en cuanto que la relación conyugal vive en la misma
dimensión del amor divino. La Gaudium et Spes n. 48 sintetiza: «Cristo nuestro Señor bendijo
abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado
a semejanza de su unión con la Iglesia. Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a
su pueblo por una alianza de amor y de delidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de
la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio».
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
14
Del Matrimonio surge la familia, Iglesia doméstica, célula fundamental de
la sociedad. Además, la familia cristiana representa la reserva más segura e
inmediata para que la vida cristiana pueda incidir en la esfera pública: familias
verdaderamente cristianas transformarán radicalmente la sociedad. Puesto
que la Iglesia nació en el contexto familiar, se fundamentó bajo la estructura
familiar, hoy más que nunca la comunidad mesiánica debe apostarle a la familia
para continuar su misión salvíca en el aquí y ahora de la historia
56
. La Iglesia y la
sociedad necesitan verdaderas y sanas familias cristianas, ellas son verdaderos
santuarios de vida y amor.
2. Pueblo de Dios instrumento de comunión
El pueblo mesiánico es signo e instrumento de la comunión con Dios y de los
hombres entre sí. La salvación la hemos identicado como ese dinamismo que
lleva a la comunión, o más bien, la experiencia de la salvación encuentra su
máxima expresión en la perfecta comunión con Dios, con los demás hombres y
con la misma creación. Podemos decir, además, que la comunión de la cual la
Iglesia es servidora anca sus raíces en el humus cristológico y pneumatológico:
la comunión es unidad en un solo Cuerpo (eclesiología eucarística) y es ac-
ción del Espíritu Santo (eclesiología pneumatológica)
57
. Es que la dimensión eu-
carística y pneumatológica son parte constitutiva de la identidad de la Iglesia
y son indispensables en su misión sacramental y salvíca, o sea, como instru-
mento de esa comunión triple de la que a continuación hablaremos.
2.1. Comunión de los hombres con Dios
Cristo es el sacramento del encuentro con Dios. Él pontica la íntima comunión
con lo divino. La Iglesia, en Cristo, continúa esa misión: «es en Cristo como
un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios»
58
. La Iglesia
actúa esa diaconía de comunión, como hemos podido constatar, a nivel litúrgico-
ritual. Los sacramentos de iniciación cristiana, sobre todo, celebrados y vividos
en la Iglesia, fungen como puentes para posibilitar la comunión íntima con Dios.
Pero la misión salvíca de la Iglesia, o sea, unir al hombre con Dios, no se re-
duce a la celebración de los sacramentos. Yves Congar lo había armado muy
56. Los numerosos documentos que el magisterio contemporáneo ha emitido indican la preocupación
por la realidad matrimonial y familiar. Sin embargo el trabajo en este terreno es todavía muy
grande. Cfr. PIO XI, Casti Connubii (1930); CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes nn. 47-52 (1965),
Pablo VI, Humanae Vitae (1968); JUAN PABLO II, Familiaris Consortio (1981); ID., Carta de los
derechos de la familia (1983); ID., Carta a las familias (1994); CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA
DE LA FE, Instrucción sobre los matrimonios mixtos (1966); COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL,
DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL MATRIMONIO (1977), entre otros.
57. J. FONTBONA, Comunión y sinodalidad, Barcelona: Facultad de Teología de Catalunya, 1994,
252-256.
58. LG, n. 1.
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
15
categóricamente
59
. Es evidente, por tanto, la presencia de otras vías que la
comunidad mesiánica ofrece a los hombres para poder iniciar, profundizar y
consolidar esa comunión con Dios
60
. Entre estas otras diversas vías podemos
mencionar: el cultivo de la vida interior (la espiritualidad), la vivencia, ense-
ñanza y defensa de los valores profundamente humanos/cristianos (la moral),
y la infatigable búsqueda de comunión en un mismo credo (la comunión de
fe). Mediante una auténtica espiritualidad cristiana
61
, una precisa moral
62
y una
cada vez más clara doctrina
63
, la Iglesia ofrece unos esenciales vehículos para
entrar en esa comunión divina.
El autor principal de estas nuevas vías, y todas las que a nosotros aún son
desconocidas, es el Espíritu Santo. Él es quien impulsa al hombre a buscar en lo
más íntimo de su corazón para encontrarse con el mismo Dios; es el que mueve
la conciencia del hombre a ceñirse a los hondos valores que perfeccionan el
vivir humano; además, es el Espíritu quien ilumina la mente para profundizar
cada vez más los misterios revelados y contenidos en el precioso depósito de la
fe custodiado y comunicado por la comunidad mesiánica.
Pero también el pueblo mesiánico que vive esa profunda sintonía con el Espíritu,
que practica los mismos valores fundamentales, que profesa una misma fe,
que celebra los mismos ritos sacramentales, constituye la más genuina realidad
eucarística
64
. La eucaristía es el sacramento que recoge todo lo que en el pueblo
59. Y. CONGAR, Un pueblo mesiánico, 95.
60. Congar mencionaba entre otros canales: la Palabra revelada y su predicación, la oración, el
testimonio de una caridad activa, etc. Cfr. Y. Congar, Un pueblo mesiánico, 95. Sin embargo, el
conocimiento de todos los modos concretos por medio de los cuales Dios puede comunicarse a
todos los hombres escapa al dominio cognoscitivo de la Iglesia. La Gaudium et Spes 22 reconoce
humildemente: «Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una
sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la
posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual» (el cursivo
es nuestro).
61. Cfr. S. GAMARRA, Teología espiritual, Madrid: BAC, 1994, 51: «No basta el mero reconocimiento
de Dios; se necesita cultivar y vivir la relación interpersonal con Dios. La espiritualidad, si es
verdadera, supone una actitud contemplativa que debe ser atendida. Se trata de contemplar al
verdadero Dios de Jesucristo, Dios uno y trino».
62. Cfr. J.R. FLECHA ANDRÉS, Teología moral fundamental, Madrid: BAC, 1994, 149-154. Flecha
sostiene la condición de sujeto y objeto de la moral en el hombre dada su identidad de ser imagen
de Dios: «Esa intrínseca e inabdicable religación del hombre a Dios […] constituye un fundamento
imprescindible para la ética cristiana», Ibid., 153. El hombre, imagen de Dios, cultivando las
virtudes mediante la gracia divina alcanza su mayor semejanza con Dios: entra en comunión cada
vez más perfecta con el creador.
63. Cfr. J.L. ILLANES – J.I. SARANYANA, Historia de la teología, Madrid: BAC, 1995, XVI. Los autores
trazan una línea diacrónica en la investigación teológica con el propósito de señalar las huellas que
la profundización de la fe ha ido dejando. Por lo que es posible armar que cuanto más se conoce
la fe, más se encuentran puntos de convergencia que permiten una «confesión única de la fe», pues
la Iglesia es también «congregatio delium». Es interesante también notar cómo el movimiento
ecuménico ha encontrado en el campo de la profundización doctrinal un camino de comunión
entre las Iglesias. El trabajo de la comisión Fe y Constitución lo demuestra. En pocas palabras, el
profundizar los misterios de la fe no sólo nos une más con Dios sino que nos une más como Iglesias.
64. Cfr. PO, n. 5: «Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
16
mesiánico tiene color de comunión, ya que es el banquete que pregura «la
reunión de los hombres en el reino de Dios»
65
. La eclesiología de la comunión es
eclesiología eucarística
66
. Además, la Eucaristía es la fuente y la cumbre de la
vida cristiana-eclesial
67
.
Eucaristía y la comunión eclesial se exigen y se corresponden. Cada una
es camino y condición para la otra. Se participa en la eucaristía porque
se pertenece a la Iglesia y se pertenece a la Iglesia porque se participa
en la eucaristía. Se comulga eucarísticamente porque se está en comunión
con la Iglesia y viceversa… la eucaristía signica a la Iglesia en su ideal de
unidad y de santidad
68
.
«La Eucaristía edica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía»
69
. La insistencia
en el tema eucarístico es necesaria ya que la Iglesia como gran synaxis eu-
carística es quien por antonomasia posibilita la comunión de los hombres con
Dios: «En cada Celebración eucarística se realiza sacramentalmente la reunión
escatológica del Pueblo de Dios. El banquete eucarístico es para nosotros an-
ticipación real del banquete nal, anunciado por los profetas (cfr. Is 25,6-9) y
descrito en el Nuevo Testamento como “las bodas del cordero” (Ap 19,7-9), que
se ha de celebrar en la alegría de la comunión de los santos»
70
. Si la Iglesia tiene
la misión de unir a los hombres con Dios, repitámoslo una vez más, mediante el
misterio eucarístico lo realiza en modo supremo.
2.2. Comunión de los hombres entre sí
La Iglesia es también instrumento de la comunión de los hombres entre sí. El
hombre que ha establecido una profunda comunión con Dios es lanzado al en-
obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en
efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua». Cfr.
también Y. CONGAR, «L´Eucarestia e la Chiesa della Nuova Alleanza» en Le vie del Dio vivo, Brescia:
Morcelliana, 1965, 165-183.
65. Cfr. J.M. TILLARD, «La eucaristía, sacramento de la comunión eclesial», en B. LAURET–F.
REFOULE, dirs., Iniciación a la práctica de la teología, III, Madrid: Cristiandad, 1985, 422. «En el
Antiguo testamento el tema de la comida estaba ligado a los dos extremos de la aventura de Yahvé
con su pueblo: la conclusión de la alianza en el Sinaí por un gran “sacricio de comunión” que
sellaba el pacto (“contemplaron a Dios y luego comieron y bebieron”, Ex 24,11), el día mesiánico
en que todo debía terminar en la alegría del banquete con Dios», Ibid., 321.
66. Cfr. B. FORTE, La Chiesa nell’Eucaristia per un’ecclesiologia eucaristica alla luce del Vaticano
II, Napoli: D´Auria, 1975, 35.
67. Cfr. LG, n. 11: «(Los eles cristianos) participando del sacricio eucarístico, fuente y cima de
toda vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y a mismos juntamente con ella […] Pero
una vez saciados con el cuerpo de Cristo en la asamblea sagrada, maniestan concretamente la
unidad del pueblo de Dios aptamente signicada y maravillosamente producida por este augustísimo
sacramento».
68. D. BOROBIO, Eucaristía, Madrid: BAC, 2005, 347.
69. Cfr. JUAN PABLO II, Ecclesia de Eucharistia (2003), n. 26. «La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta
verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el
núcleo del misterio de la Iglesia», Ibid., n. 1.
70. BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis (2007), n. 31.
TEORÍA Y PRAXIS No. 30, Enero-Mayo 2017
17
cuentro de su hermano. La salvación como comunión con Dios no es completa
sin la comunión fraterna. La misma constitución personal del hombre le exige
la comunión, pues en cuanto que es persona, no se realiza sino en la interco-
municación
71
.
Para el cristiano la unidad de cada persona en sí misma y con las otras
personas está producida ya radicalmente por virtud del bautismo que
lo renueva en el Espíritu Santo con el don de la fe. El hombre nuevo
es sólo aquel que tiene conciencia de pertenecer a Cristo, y que le
pertenece juntamente con todos los demás, y quien sabe que todos
los demás son parte constitutiva de él mismo, porque también ellos
pertenecen a Cristo, como Cristo pertenece al Padre
72
.
El hombre, pues, es un ser relacional por naturaleza y por ser cristiano es
además vinculado. «Creer en Dios y cerrarse, aunque sea a un hombre solo, es
contradicción. “La relación del hombre para con Dios Padre y la relación del
hombre para con los hombres sus hermanos están de tal forma unidas que la Escritura
llega a decir: el que no ama, no ha conocido a Dios” (1Jn 4,8)»
73
. El vínculo que
nace de la fe y se concretiza en la caridad permite al hombre construir nuevas redes
de relaciones: fraternas y solidarias
74
.
El hombre vive en comunión. Siempre vinculado al otro. Y con el paso del tiempo
ha ido modicando su convivencia social. Además, ha creado una gran diversidad
de modelos sociales: desde los más simples (primitivas sociedades gregarias)
hasta los más complejos (moderna sociedad funcional y tecnológica). Esta connatural
dimensión societaria del hombre y la actual experiencia funcional y tecnológica,
permiten reconocer un dinamismo de unicación nunca antes visto ni pensado,
71. Las diversas aproximaciones antropológicas a partir del personalismo de Emmanuel Mounier,
pasando por la losofía de la alteridad de Emmanuel Lévinas hasta llegar a la intersubjetividad
de Zubiri, dan muestras de cómo el hombre puede ser entendido como ser de relaciones. Cfr. E.
MOUNIER, El personalismo. Antología esencial, Salamanca: Sígueme, 2002; W.H. ADAMCZEWLKI, Il
signicato del dialogo nell´incontro interumano alla luce della losoa di Levinas, Roma: Editrice
PUG, 2007; J.A. CID, La intersubjetividad en Xavier Zubiri, Roma: Editrice PUG, 2006.
72. A. BANDERA, Comunión eclesial y humanidad, Salamanca: San Esteban, 1978,17, citando a E.
Corecco.
73. Ibid., 18. Cfr. también J.-M. R. TILLARD, Carne della Chiesa carne di Cristo, Colonia: Qiqajon,
2006, 46, quien desde una clara eclesiología de comunión arma: «Los creyentes que el Señor
resucitado reúne en el fuego del Espíritu son frente a Dios un sólo corazón y una sola alma en la
fe y en la oración, en el compartir los bienes espirituales y materiales, en las relaciones sociales
de fraternidad que representan una exigencia del Reino. Su solidaridad viviente (koinonía) es
realización del ágape, pero en una forma extremadamente concreta, en la cual la relación con Dios
(que es primaria y determinante) no es nunca desligada de la relación con los otros».
74. Cfr. JUAN PABLO II, Ecclesia in America (1999), 52: «La conciencia de la comunión con Jesucristo
y con los hermanos, que es, a su vez, fruto de la conversión, lleva a servir al prójimo en todas sus
necesidades, tanto materiales como espirituales, para que en cada hombre resplandezca el rostro
de Cristo. Por eso, “la solidaridad es fruto de la comunión que se funda en el misterio de Dios uno
y trino, y en el Hijo de Dios encarnado y muerto por todos. Se expresa en el amor del cristiano que
busca el bien de los otros, especialmente de los más necesitados”».
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
18
conocido como fenómeno de la globalización
75
. Este fenómeno, que si bien es
cierto actualmente tiene sólo los rasgos comunicacionales, económicos y culturales,
representa el más genuino y profundo anhelo humano de vivir en comunión
76
. Por
tanto, la Iglesia, signo e instrumento de la comunión de los hombre entre sí,
puede y debe ejercer un rol fundamental en este dinamismo sociológico actual.
Por último, hay que reconocerlo, es innegable la necesidad de comunión entre
los creyentes. Los esfuerzos ecuménicos no deben cesar. En el último siglo ha
habido grandes avances, pero el camino por recorrer es todavía largo
77
. Además,
junto al desafío de la comunión al interno de los creyentes en Cristo existe el
reto de entrar en diálogo con las otras religiones
78
. El sentimiento religioso es
común a todo ser humano, pero las diferencias en cómo expresar y vivir ese
sentimiento son innegables. Por tanto, la Iglesia, instrumento de la comunión
entre los hombres, puede y debe ofrecer su humilde servicio de mediadora para
alcanzar esa gran comunión querida y suplicada por Jesús: «Padre que todos
sean uno» (Jn 17,21)
79
.
2.3. Comunión de los hombres con la creación
A la comunión con Dios y con los demás hombres hay que agregar la comunión
con la creación. Pues el hombre es un ser situado y su sitio está en medio
de la creación. Es «en este mundo, durante la historia terrena, que el cielo
se prepara», dirá Congar
80
. Por eso el hombre debe establecer una relación
respetuosa y responsable con el mundo creado. Es más, «la creación entera
gime hasta el momento y sufre dolores de parto en espera de la revelación
gloriosa de los hijos de Dios» (Rm 8, 19). «Vendrá un día el sábado de Dios: un
día del Señor, en una tierra nueva, trasformada plenamente en la tierra del
Señor. Dejaremos de llevar a cabo obras que solo eran nuestras obras y que nos
atribuíamos, para saber y reconocer que Dios lleva a cabo todo el bien, para
dejarle nalmente ser plenamente Dios, es decir, actuar de forma soberana»
81
.
75. Cfr. R. PAPINI, dir., Claves de la globalización, Madrid: Ediciones Palabra, 2004, 94-113.
76. J.-J. TAMAYO-ACOSTA, dir., Diez palabras clave sobre globalización, Navarra: EDV, 2002, 358-395.
77. A. GARUTI, Saggi di ecumenismo, Roma: Antonianum, 2003, 15-17. Con la Conferencia Misionera
Mundial, en Edimburgo (1910), inicia este movimiento el cual irá evolucionando progresivamente. A
nivel de la Iglesia católica se creó el Secretariado para la unidad de los cristianos (1960), convertido
después en el Ponticio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos (1988).
78. Cfr. Y. CONGAR, Verdad y dimensiones de la salvación, 231. Cfr. también PONTIFICIO CONCILIO
PER IL DIALOGO INTERRELIGIOSO, Dialogo interreligioso nell´insegnamento ufciale della Chiesa
Cattolica dal Concilio Vaticano II a giovanni Paolo II (1963-2005), Vaticano: Edictrice Vaticana, 2006.
79. Es necesario recalcar que en Y. Congar tenemos un pionero del ecumenismo dentro de la Iglesia.
Su programática obra Les chrétiens désunis (1937) delinea lo que posteriormente será el más
apasionado teólogo ecuménico católico, ya que como él mismo lo arma su «vocación eclesiológica
y ecuménica surgió en 1929 y 1930, durante el año de mi preparación al sacerdocio»; es decir,
estamos ante un estudioso que se siente interiormente llamado a cumplir claramente esa misión
teológica dentro de la Iglesia. Cfr. Y. CONGAR, Diario de un teólogo (1946-1956), Madrid: Trotta,
2004, 25.
80. Y. CONGAR, Verdad y dimensiones de la salvación, 96.
81. Ibid., 99.
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Efectivamente, «el hombre no se salva sólo, como individuo desconectado de
las demás criaturas, sino más bien como parte de una colectividad humana y
un totum cósmico. Así, su plenitud nal como persona sólo es imaginable como
un misterio de comunión»
82
.
Si el hombre tiene un destino inseparable con la creación, ya que el proceso
salvíco diseñado por Dios afecta todo lo creado, los esfuerzos por cuidar de
la casa que Dios nos ha regalado (ecología), mientras estamos en camino a la
patria denitiva, nunca serán suciente. Ciertamente «los cielos son del Señor,
la tierra se la dio a los hombres» (Sal 115,16), pero como dice Congar, debemos
«aprender a ver el mundo como un mundo que tiene por principio el corazón y
las manos del Padre, y como n sus brazos y su corazón. No solamente como un
mundo del hombre, ni tampoco como un mundo solo para sí»
83
.
La humanidad necesita aprender a vivir en comunión con lo creado
84
. Por eso
la Iglesia, pueblo mesiánico-instrumento de comunión, también debe ponticar
esa comunión, hasta «cuando la realidad creada cobre su cabal estatura: cuando
Cristo, en la majestad de su gloria, lleve el reino de Dios a su plenitud con el
juicio escatológico, la resurrección de los muertos y los cielos y la tierra nuevos,
de modo que toda la creación conozca su pascua»
85
. Debe además velar para
que se respete una genuina y equilibrada autonomía de las realidades terrenas,
como bien lo reconoce y pide la Gaudium et Spes:
Si por autonomía de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y
la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha
de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legíti-
ma esta exigencia de autonomía. No es sólo que la reclamen imperio-
samente los hombres de nuestro tiempo. Es que además responde a la
voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creación,
todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias
y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el
reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte.
Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si
está realizada de una forma auténticamente cientíca y conforme a las
82. J.J. ALVIAR, Escatología. Balance y perspectivas, Madrid: Cristiandad, 2001, 127. J. Ratzinger,
por su parte, y siempre en términos escatológicos, había armado: «Repitamos para nalizar que la
salvación del individuo es total y plena sólo cuando se haya alcanzado la salvación del universo y de
todos los elegidos», Cfr. J. RATZINGER, Escatología, Barcelona: Herder, 2007 [1977], 254.
83. Y. CONGAR, Verdad y dimensiones de la salvación, 95. Antes había armado: «Tantos hombres
que no niegan la existencia de Dios, sin embargo son, en la práctica, ateos, en el sentido de que
usan la tierra como si Dios no existiese», Ibid., 93-94.
84. Ese aprendizaje es la apuesta del Papa Francisco con su encíclica Laudato si’, donde propone
los ejes fundamentales para aprender a “cuidar la casa común” bajo la perspectiva de una gran
interrelación que existe entre el hombre, Dios y la creación. Cfr. FRANCISCO, Laudato si` (2015).
85. J.L. RUIZ DE LA PEÑA, La pascua de la creación, Madrid: BAC, 2000, 123.
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
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normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las
realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios
86
.
Ciertamente que como el mismo documento advierte, «si autonomía de lo tem-
poral quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los
hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a
quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras»
87
.
En denitiva, la Iglesia, pueblo de Dios, signo e instrumento de comunión, tiene
una gran misión que realizar en el campo del diálogo con las realidades de
este mundo. Ser canal de comunión con todas estas realidades, no dudamos en
armarlo, es también la vocación más profunda de la Iglesia. Y parafraseando
la expresión del Papa Pablo VI podemos decir que ser instrumento de comunión
constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más
profunda. Ella existe para unir, es decir, ser canal del don de la gracia divina
88
.
3. Conclusión
Denir la identidad de la Iglesia no es fácil. Una denición unívoca sería falsa
o por lo menos incompleta. Por eso a lo largo de este trabajo hemos manejado
la comprensión de la Iglesia como «misterio de salvación» (a la luz del capítulo
I de la Lumen Gentium) y como «pueblo de Dios» (siguiendo el capítulo II).
Pero el concilio ofreció un documento en el que se dene a la Iglesia como
«servidora del mundo», en cuanto que tiene una misión que cumplir en esta
historia (hablamos de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes). La Iglesia, por
tanto, está en el mundo como pueblo de Dios para ser sacramento universal de
salvación.
Servir al mundo ofreciéndole la salvación de Cristo es la misión de la Iglesia. Esa
misión nace de su identidad. La Iglesia es, por tanto, mediadora de la salvación
de Cristo. Nuestro interés ha sido ahondar y describir cómo la Iglesia mediatiza
esa salvación, entendida esta como unión con Dios (vida) y unión con los demás
(comunión). Por eso, iniciamos nuestra argumentación con la convicción de que
la Iglesia se hace instrumento de salvación sirviendo a la vida y posibilitando
la comunión. Argumentamos que el modo más adecuado y pertinente que tiene
la Iglesia para servir a la vida es a través de los signos sagrados (sacramentos
especícos) con que celebra y actualiza la salvación de Cristo.
Los sacramentos, al ser celebraciones actualizantes de la salvación, no deben
celebrarse como ritos vacíos, desligados de la vida y alejados de los compromisos
86. GS, n. 36.
87. Ibid.
88. Cfr. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi (1975), 14. El Papa habla evidentemente sobre la tarea
evangelizadora de que por antonomasia también identica a la Iglesia.
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más urgentes que mejoran la existencia humana. Los compromisos históricos
deben alimentarse a través de la profunda vivencia de los sacramentos, puesto
que ellos dan la vida, la curan y la sirven. El ritualismo y rubricismo minimalista
con que generalmente son celebrados los sacramentos, opacan y desnaturalizan
la gran fuerza salvadora que ellos contienen. Ello exige una profunda revisión
de la pastoral sacramental en la Iglesia, y sobre todo una más clara y profunda
comprensión de la teología sacramental que debe ofrecerse a la nueva
generación de cristianos.
La Iglesia mediatiza la salvación siendo instrumento de comunión. Dicha
comunión la hemos orientado hacia tres horizontes: Dios, los demás y el mundo.
Posibilitar la comunión con Dios es la más importante misión de la Iglesia, de ahí
le nace su identidad sacramental y su estructura condensada en los siete ritos
sacramentales. De estos ritos hemos concentrado la atención al sacramento de
la Eucaristía, que es el sacramento de comunión con Dios por excelencia. En la
primera parte argumentamos que esta comunión con Dios es la que hace posible
la vida plena para el hombre.
Pero la Iglesia tiene la misión de unir a los hombres entre si. El hombre es
ser de relaciones, necesita establecer sólidos vínculos interpersonales. Sin em-
bargo, la comunión humana es tarea siempre pendiente para la Iglesia, pues no
siempre se historiza esa innata necesidad del hombre. Por eso es que la Iglesia
siempre ha tenido la conciencia de ser mediadora de conictos, posibilitadora
de diálogos, servidora de la comunión. No es extraño que la Iglesia se ofrezca o
sea llamada a tareas delicadas de mediación, podríamos decir que es su espe-
cialidad. La comunión debe también reejarse internamente entre los que cree
en Cristo, por eso la Iglesia debe abanderar el esfuerzo del diálogo ecuménico.
Lo mismo ha de suceder con el diálogo interreligioso. Todo miembro de la Igle-
sia ha de tener una arraigada actitud dialogante y conciliadora. Sincretismos y
sectarismos no caben en la Iglesia.
Por último, hemos visto que la Iglesia tiene la misión de posibilitar la comunión
del hombre con la misma creación. En esta línea es paradigmática la extraor-
dinaria encíclica Laudato si`, del Papa Francisco. Este documento ha venido a
poner las sólidas bases para que esa relación con la naturaleza sea responsable,
armoniosa y rica para el hombre. El Papa apela a la responsabilidad al invitarnos
a «cuidar la casa común»; nos pide además tratar la naturaleza con delicadeza
y respeto, ya que estamos plenamente interrelacionados con toda la creación,
y perder esa armonía es atentar contra nosotros mismos. Además, puesto que
la creación es nuestra casa, debemos disfrutar de lo mejor de ella, mantenerla
siempre bella e íntegra para que gocemos de sus innumerables benecios. Sin
duda este documento es pionero de otros que el magisterio de la Iglesia deberá
ofrecer sobre esta temática, para que con una doctrina tal, todos los cristia-
nos tomemos conciencia de que como Iglesia somos mediadores de una sana
relación-comunión del hombre con la naturaleza.
La Iglesia, sacramento universal de salvación.La mediación salvíca de la Iglesia.
Ramón Obdulio Lara Palma.
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