TEORÍA Y PRAXIS No. 31, Junio-Diciembre 2017
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Nuestros lectores opinan
Rutilio Grande: Lo social es
de competencia de la Iglesia
Julio Gutiérrez
Introducción
A mediados de 1970, el sacerdote jesuita Rutilio Grande publicó una serie de
artículos de opinión en los medios escritos de comunicación social del país
sobre el papel de la Iglesia ante la realidad. En ese mismo lapso publicó un
artículo, mucho más y mejor elaborado, en la revista ECA de la Universidad
Centroamericana “José Simeón Cañas”, titulado “Violencia y situación social”,
en el que fundamentó con rigurosidad académica las tesis que desarrollaba en
los artículos de los periódicos
1
. Este segundo artículo es el que sirve de base al
presente ensayo.
La motivación que llevó al P. Rutilio a hacer esas publicaciones fue la necesidad
de responder al malestar que había, en algunos sectores de la sociedad
salvadoreña, ante el hecho de que la Iglesia se estaba “metiendo en asuntos
que no le competían”, tales como la situación social, cuestiones políticas y
problemas económicos que había en el país.
Hoy vamos a recuperar el tema central del artículo del P. Rutilio porque nos
parece relevante y de actualidad. Relevante porque la voz de la Iglesia ante
la problemática nacional hoy sigue siendo necesaria; de actualidad porque
aquella problemática, así como sus causas y sus consecuencias, no fue resuelta
de manera satisfactoria y sigue siendo un desafío para nosotros hoy.
¿A qué se debió el cambio de postura de la Iglesia?
Ciertamente había habido un cambio de postura de la Iglesia ante la situación
social que se vivía en El Salvador; cambio que había iniciado desde nales de la
década de los 60, y que se debió, fundamentalmente, a la decisión del Arzobispo
de San Salvador, Mons. Luis Chávez y González, de asumir como línea pastoral
1. Rutilio Grande, Violencia y situación social, Estudios Centroamericanos ECA, julio 1970, pp. 369-
375.
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco, año 15, No.31, Junio-Diciembre de 2017, p.113-118
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Julio Gutiérrez
de la arquidiócesis las orientaciones dadas por el Magisterio latinoamericano
(Documentos de Medellín), que a su vez estaba asumiendo las orientaciones del
Magisterio universal, dadas por el Papa Pablo VI y por el Concilio Vaticano II.
En efecto, en 1969, Mons. Chávez, apoyándose en los documentos de Medellín,
escribió: “Por lo mismo, allí donde la PAZ social no existe; allí donde se encuen-
tran injustas desigualdades sociales, económicas y culturales, hay un rechazo
del don de la PAZ del Señor; más aún, un rechazo del Señor mismo”
2
. Y más
adelante, en el mismo documento, arma que:
Para edicar la paz -nos dice el Concilio- se requiere ante todo que se desarraiguen
las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras.
Entre esas causas deben desaparecer principalmente las injusticias. No pocas
de éstas provienen de las excesivas desigualdades económicas y de la lentitud
de la aplicación de las soluciones necesarias
3
.
Esta postura de Mons. Chávez se ve raticada en la Carta Pastoral de 1970,
titulada “El Misterio Pascual vivido en el seno de la Iglesia”, en la que habla
explícitamente de una línea y estilo pastoral:
¡Cómo se ilumina también con nuevas luces al considerar este misterio salvíco
de la dignidad humana, un tema que nos es muy querido y que hemos querido
hacer como la línea y el estilo de nuestras Cartas Pastorales: nos referimos al
tema de la promoción integral de los hombres y de la justicia y de la caridad
sociales…!
4
.
Y más explícitamente en el siguiente párrafo, donde retoma la relación entre
la paz y la justicia social, que había sido ampliamente desarrollada en la Carta
Pastoral del año anterior, y la vincula con el tema del Misterio Pascual:
Pero la paz es obra de la justicia, según la misma revelación divina. Paz y
justicia podría llamarse el Misterio Pascual contemplado desde las perspectivas
sociales. Qué oportunas vienen entonces a esta nueva Pascua las reexiones
teológicas y sus aplicaciones a nuestros pueblos, elaboradas por la Jerarquía
Latinoamericana, hace año y medio, en Medellín, a propósito precisamente de
nuestros problemas de justicia y de paz
5
.
El P. Rutilio Grande utilizó estas Cartas Pastorales y otros documentos del Magis-
terio de la Iglesia Universal, como marco doctrinal para fundamentar, justicar,
2. 42° Carta Pastoral de Mons. Chávez y González, 1969, p. 11. Mons. Chávez está citando a
Medellín: Paz, n. 14.
3. Ibídem, p. 16. Mons. Chávez tiene como referencia el n. 29 de la Constitución Pastoral Gaudium
et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, de los documentos del Concilio Vaticano II
4. 43° Carta Pastoral de Mons. Chávez y González, 1970, p. 6.
5. Ídem, p. 18.
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defender y promover el cambio de postura de la Iglesia ante la problemática so-
cial que se vivía en El Salvador en ese tiempo. Arma, por ejemplo, lo siguiente:
“Desde León XIII echamos de ver una notable insistencia en el hecho de que las
cuestiones económicas no pueden ser disociadas de la moral. Y lo moral com-
pete directamente a la Iglesia”
6
. Más especícamente, armó que “la Iglesia,
ya hace tiempo, insiste sobre el hecho de que los problemas en cuestión no son
“puramente económicos”, sino que afectan también a la moral, y por tanto
entran, en su tanto, dentro de su competencia”
7
. Y con Pablo VI recuerda que
el “desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico
debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo hombre”
8
.
Con este tipo de argumentación, el P. Rutilio sostuvo que la Iglesia no sólo
tiene el derecho, sino también el deber de pronunciarse ante los problemas
sociales, políticos y económicos que afectan a la población, especialmente a la
más pobre, porque son problemas humanos, por tanto, morales. Todo aquello
que impide el desarrollo integral del ser humano es inmoral y le preocupa a la
Iglesia.
Además, era falso que la Iglesia había empezado a “meterse en materia social” en
esos años, sino que ya venía haciéndolo desde nales del siglo XIX, tal como muestra
la mención al Papa León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum en 1891.
¿Cuál era la situación social de El Salvador en los 70?
Para comprender la verdadera complejidad del problema salvadoreño, el P. Rutilio
hace primero una descripción de la problemática a escala latinoamericana. Esto
fue posible debido a que la realidad latinoamericana estaba siendo objeto de un
permanente análisis social, con muchas discusiones y reexiones; y porque la
realidad de cada país estaba estrechamente vinculada con aquella. “La situación
de Latinoamérica es impresionante”, escribió el P. Rutilio en su artículo de
la revista ECA
9
, y a continuación ofrece una serie de datos sobre la situación
demográca y socioeconómica de la región, que realmente impresionan.
En cuanto a la situación demográca, señala que la población era mayoritari-
amente joven, rural, desempleada o empleada pero recibiendo salarios insu-
cientes para vivir dignamente; en cuanto a lo socioeconómico, señala la ex-
istencia de una injusta distribución interna de la riqueza, pues “en casi todos
nuestros países menos del 10% de la población recibe más del 60% del producto
nacional”
10
; en cuanto al régimen de tenencia de la tierra, también aquí señala
una injusta distribución de la misma: ncas de grandes extensiones -de más de
6. Rutilio Grande, 369.
7. Ibídem, 370.
8. Pablo VI, Populorum Progressio, n. 14.
9. Rutilio Grande, 370.
10. Rutilio Grande, 371.
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mil hectáreas cada una-, que abarcaban el 65% de la tierra cultivable, en poder
de un pequeño número de propietarios
11
.
La realidad salvadoreña no era diferente, ni mejor; por el contrario, la pequeña
extensión territorial de nuestro país hacía que el crecimiento poblacional se
tornara más problemático en El Salvador que en cualquier otro país del conti-
nente, particularmente para la juventud: “Lo excesivamente joven de nuestra
población trae consigo los problemas de alimentación, vivienda, vestido, sa-
lubridad, educación, etc.”, escribió el P. Rutilio ese año
12
. Pero el problema
salvadoreño no era ni el ritmo de crecimiento de la población por sí mismo, ni
que la población fuera mayoritariamente joven; el verdadero problema estaba,
al igual que en el resto de países de la región, en la injusta distribución de la
riqueza y de la tierra: el 0.94% de ncas de entre cien y mil hectáreas abarcaba
el 47.71% de la tierra cultivable y el 0.05% de ncas de más de mil hectáreas cu-
bría el 15.47% de tierra cultivable, lo que muestra que más del 63% de la tierra
cultivable estaba en ncas de grandes extensiones; en contraste, el 85.19% de
ncas menores de 5 hectáreas representaba solamente el 15.64% de la tierra
cultivable, lo que signica que un pequeño trozo de tierra cultivable estaba di-
vidido en una gran cantidad de pequeñas ncas
13
, o lo que es lo mismo, mucha
tierra en pocas manos y poca tierra en muchas manos. Esta situación llevó al
P. Rutilio a armar que había grandes necesidades y marcadas desigualdades
sociales, y que éstas constituían enormes desafíos para la Iglesia. Lectoras y
lectores pueden consultar las fuentes y constatarán que hay muchos más datos
sobre el régimen de propiedad de la tierra de esa época, y que son mucho más
impresionantes.
¿Qué hizo el P. Rutilio ante esa situación?
En primer lugar, encontramos que el P. Rutilio era plenamente consciente, tanto
de la complejidad de la situación social que tenía frente a sí, como de la grave-
dad de la responsabilidad cristiana ante esa realidad: “No ignoramos la comple-
jidad de las soluciones…, pero tampoco ignoramos que es un gran delito contra
el hombre y la humanidad el quedarse con los brazos cruzados porque los
problemas son complicados”
14
. Es decir, en primera instancia, la búsqueda de
caminos de solución para esa problemática era responsabilidad individual, es-
pecialmente para el cristiano. En segundo lugar, vemos cómo leyó esa realidad
a la luz del Magisterio y de la Sagrada Escritura: “Dios ha destinado la tierra y
cuanto ella contiene para uso de todo el género humano. En consecuencia,
los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, bajo la égida de la
justicia y con la compañía de la caridad…”
15
. De esta manera fundamentaba el
11. Cfr. Rutilio Grande, 371.
12. Rutilio Grande, 372.
13. Cfr. Rutilio Grande, 372.
14. Rutilio Grande, 371. Negrita del P. Rutilio Grande.
15. Ibídem.
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papel de los cristianos en la lucha por transformar esa realidad, mostrando que
era injusta y que no respondía al plan original de Dios.
Para el P. Rutilio, la raíz del problema social descrito en el párrafo anterior, está
en la errónea concepción del derecho de propiedad privada que tienen aquellos
grupos que se han adueñado de la mejor tierra cultivable del país. A estos gru-
pos les recuerda la enseñanza de la doctrina social del Magisterio: “La Iglesia
ha reprobado como contrario al derecho natural el derecho ilimitado sobre la
propiedad privada” (Pío XII); “La propiedad privada no constituye para nadie
un derecho incondicional y absoluto”. “No hay ninguna razón para reservarse
en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los demás falta
lo necesario” (Pablo VI); “El derecho de propiedad privada tiene también, por
su misma naturaleza, una índole social cuyo fundamento reside en el destino
universal de los bienes” (Gaudium et spes)
16
.
Relación entre el régimen de tenencia de la tierra y la violencia social
En su análisis del hecho de la violencia social, el P. Rutilio descubre un factor
que se debe estudiar muy cuidadosamente: la injusticia social. Para él:
Tan evidente como la actual violencia es “la situación de injusticia que puede
llamarse violencia institucionalizada cuando, por defecto de las estructuras de
la empresa industrial y agrícola, de la economía nacional e internacional, de
la vida cultural y política, poblaciones enteras faltas de lo necesario, viven
en una tal dependencia que les impide toda i niciativa y responsabilidad, lo
mismo que toda posibilidad, de promoción cultural y de participación en la vida
social y política, violándose así derechos fundamentales. Tal situación exige
transformaciones globales, audaces, urgentes y profundamente renovadoras.
No debe, pues extrañarnos que nazca en América Latina la tentación de la
violencia”
17
.
La extensa cita anterior, tomada de los documentos de Medellín, muestra la re-
lación entre situación social injusta y violencia, según el P. Rutilio: la injusticia
social está en la raíz de la violencia, es su causa principal. La cita anterior -
naliza así: “No hay que abusar de la paciencia de un pueblo que soporta durante
años una condición que difícilmente aceptarían quienes tienen una mayor con-
ciencia de los derechos humanos”
18
. No es descabellado, entonces, sospechar
al menos, que la violencia que hay en El Salvador hoy podría hundir su raíz en
aquella injusticia social de los 70, que no fue resuelta de manera satisfactoria,
y que hoy se nos plantea como un desafío urgente de atender.
16. Cfr. Rutilio Grande, 373.
17. Rutilio Grande, 374, citando Medellín: Paz, n. 16.
18. Ibídem.
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Julio Gutiérrez
Unas breves conclusiones
En El Salvador hoy hay pobreza y exclusión social, como también hay abundancia
y despilfarro, lo que signica que persiste la injusticia social. Así como en los
70, hoy es necesario buscar la verdad sobre esta realidad. Para esto contamos
con muchos más recursos y oportunidades que en aquella época; por tanto, no
entender nuestra realidad hoy es, además de incomprensible, una tremenda
irresponsabilidad.
Si la injusticia social es la causa principal, o al menos una de las principales
causas, de la violencia, entonces es necesario que busquemos cómo superar la
injusticia social en nuestro país hoy para que la violencia, que afecta al país
hoy, empiece a ceder paulatinamente.
Entender estas cosas se nos impone como un deber moral ineludible. El P.
Rutilio nos ofrece un camino: ir a la realidad, especialmente a la realidad de los
pobres, y desde ahí buscar qué debemos hacer. Para esta búsqueda contamos
con la enseñanza de la Iglesia, y con el testimonio del mismo P. Rutilio, que ya
hizo ese camino. Aunque no es un camino exento de consecuencias.
El camino que hizo el P. Rutilio Grande lo llevó al martirio cristiano. Fue asesinado
el 12 de marzo de 1977, emboscado en la carretera que va de Aguilares a El
Paisnal, cuando iba a celebrar la Eucaristía en una de las comunidades de la
parroquia. Iba acompañado por el sacristán, el señor Manuel Solórzano, de 72
años, y el niño Nelson Rutilio Lemus, de 15 años
19
.
19. Rodolfo Cardenal, Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande, UCA editores, San Salvador
2016, página 510.