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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
La revolución cubana (1959), y su inuencia creciente en sectores
signicativos de las sociedades latinoamericanas –especialmente, estudiantes
universitarios e intelectuales—, sostiene la convicción castrense de que la
seguridad nacional está en peligro y de que para salvaguardarla hay que
actuar sin contemplaciones de ningún tipo
8
. El surgimiento de grupos político-
militares de izquierda (Tupamaros, Ejército Revolucionario del Pueblo,
Movimiento Al Socialismo) y, en 1970, el triunfo electoral de Salvador Allende,
en Chile, los convence de que la “amenaza comunista” es algo real y de
que, por tanto, en sus manos está la defensa del mundo libre, occidental y
cristiano, tal como lo enseña la Doctrina de la Seguridad Nacional
9
. Así, “la
toma de poder por los militares, en Brasil, creó el primero de lo que llegaría a
ser toda una serie de regímenes con economía de mercado, no sólo eliminando
el gobierno civil sino suprimiendo también a los dirigentes y organizaciones
laborales, cerrando todos los canales establecidos de disidencia política y
social e invirtiendo radicalmente la política económica nacional”
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.
El cierre de la década de los sesenta y los inicios de la década
siguiente ponen de maniesto la encrucijada en que se debatirá la región
latinoamericana a partir de entonces, y hasta nales de los años ochenta.
La violencia política, que tendrá como uno de sus focos a los Estados
autoritarios y como otro la violencia revolucionaria de agrupaciones de
izquierda, comienza a abrirse paso, sumándose a otras violencias de carácter
estructural e institucional. Es este el contexto en el que se realiza la Segunda
Conferencia de Obispos en Medellín. En 1968, la represión no se ha desatado
abiertamente, y con la fuerza que lo hará después, sobre un movimiento
popular –estudiantil, sindical, campesino— que, organizadamente, reclama
sus derechos no sólo económicos y sociales, sino también políticos. Hay unas
ansias de cambio en amplios sectores sociales que, en esos momentos, se
revelan como incontenibles para quienes temen por sus privilegios
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. Hay
sufrimiento material y exclusiones políticas, pero también hay esperanza.
Los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín se hacen cargo
de esta situación crítica y esperanzada. Mejor preparados que en 1955,
no dan la espalda a los retos que les plantea en esos momentos la realidad
histórica latinoamericana. Y ello por dos razones, una de carácter interno
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También en Estados Unidos se refuerza esa convicción, misma que lleva no sólo a fortalecer a
los ejércitos latinoamericanos, sino a propiciar un esquema de asistencia económica y social para
América Latina a través de la Alianza para el Progreso, creada en 1960. Cfr., S. Webre, Revoluciones
inevitables. La política de Estados Unidos en Centroamérica. San Salvador, UCA Editores, 1989, pp.
191 y ss.
9
Cfr. J. Comblin, El poder militar en América Latina. Salamanca, Sígueme, 1978.
10
J. Sheahan, Modelos de desarrollo en América Latina. México, Alianza Editorial Mexicana, 1990,
p. 252.
11 Cfr. D. Camacho, R. Menjívar (Coordinadores), Los movimientos populares en América Latina.
México, Siglo XXI, 1989; R. Katzman, J. L. Reyna (Coordinadores), Fuerza de trabajo y movimientos
laborales en América Latina. México, El Colegio de México, 1979.