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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
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MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA
AMÉRICA LATINA. SUCESOS
RELEVANTES PREVIOS
José Othmaro Menjívar
1
Recibido el 7 de febrero de 2018, aceptado el 27 de abril de 2018
SUCESOS RELEVANTES PREVIOS A MEDELLÍN
No hay dudas de que la Segunda Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano en Medellín, Colombia, en 1968, fue un acontecimiento
histórico y relevante, no solo para la Iglesia latinoamericana, sino también
para el pueblo católico empobrecido del nuevo continente. El documento
signicó un reluciente renacer, cargado de esperanzas, para el pueblo creyente
latinoamericano. Lo mismo podría decirse del Concilio Vaticano II para la Iglesia
y la población Católica Mundial.
En ese contexto, resultan preciosos antecedentes las Encíclicas Mater et
Magistra en 1961, y Paz en la Tierra en 1963, ambas del Papa Juan XXIII; y “El
Progreso de los Pueblos”, en 1967, del Papa Pablo VI, las tres por su énfasis en
la cuestión social.
No debe pasarse por alto mencionar que estos documentos vieron la luz durante
la década de los años sesenta, en los tiempos de dos Papas: Juan XIII y Paulo VI,
ambos de profunda inuencia en su tiempo.. No cabe duda que, sin su liderazgo,
esas buenas nuevas no hubieran sido posibles.
1
Psicopedagogo en el Departamento de Atención Psicopedagógica en la Universidad Don Bosco,
jose.menjivar@udb.edu.sv
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
year 16, No.33, July-December 2018, p. 93-111
iISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 16, No.33, Julio-Diciembre de 2018, p. 93-111
No. 33
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MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
En 1968 habían transcurrido 77 años desde que el Papa León XIII, en plena
revolución industrial con sus estragos, publicaba, en 1891, la Encíclica Rerum
Novarum.
Lo común en estos documentos es la preocupación de la Iglesia por las difíciles
condiciones de vida de las grandes mayorías de la población, quienes clamaban
no solo por la satisfacción de sus necesidades espirituales, sino también de sus
necesidades materiales.
El primero de estos documentos que afrontan la cuestión social es la encíclica
Rerum Novarom, que mencionamos. En este trabajo quizá valga la pena hacer un
breve recordatorio de la misma. En la época de del Papa León XIII, la Revolución
Industrial estaba en su apogeo, y había generado grandes transformaciones, no
solo a nivel tecnológico, sino también a nivel socio-cultural, y, sobre todo, a
nivel socio-económico.
En este aspecto, se destacaban grandes fenómenos, como el crecimiento
económico de las empresas de los grandes empresarios, quienes cada vez
más se convertían en verdaderos imperios económicos a costa del trabajo y la
explotación de la clase trabajadora, que se hundía cada vez más en la miseria.
Ante esa realidad, como una reacción legítima, los oprimidos y explotados
reaccionaban en busca de mejores condiciones laborales y de vida. Un hecho
relevante, entre otros, fue la revuelta de la ciudad de Chicago del 1 de mayo de
1886 que provocó una masacre de trabajadores. No se puede dejar de mencionar
otro hecho importante: en 1867 se publicaba el primer tomo de la obra “El
Capital”, iniciada ese año por Carlos Marx y concluida por Federico Engels en
1894, cuyas pretensiones eran darle una herramienta teórica al proletariado de
la época en función de su liberación.
Ante esa compleja y difícil realidad, el Papa León XIII, publicó la Encíclica Rerum
Novarum. Ya desde sus primeras líneas, armaba que
“es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de
condición humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente
en una situación miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado
siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a
llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes
de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente
entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de
los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores. Hizo
aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por
la autoridad de la Iglesia, es practicada, no obstante, por hombres
codiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. Añádase a esto
que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones
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comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos,
hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y
adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una
muchedumbre innita de proletarios”.
2
.
Como puede verse, el Papa León XIII, con sabio acierto y asumiendo su rol de pastor
y guía, denuncia de manera contundente y clara la realidad deshumanizante
que afectaba a los trabajadores de la época. Al hacerlo, también señala el
desamparo en el que se encuentran los trabajadores y el aprovechamiento de
esa condición de quienes poseen los medios de producción que, como hoy, eran
minorías que no solo se enriquecían a costa del producto del trabajo de las
mayorías trabajadoras, sino que hundían a éstas en condiciones cada día más
degradantes.
La Encíclica señala, además, el derecho del trabajador a obtener una retribución
justa por el trabajo que realiza, de modo que le sirva
“para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello,
merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero y perfecto derecho
no sólo a exigir el salario, sino también para emplearlo a su gusto”.
3
Asimismo, señala la solución socialista como inadecuada, por atentar contra la
libertad individual y la propiedad privada de los bienes, y propone la solución
de la Iglesia que pasa porque cada parte, el obrero, el patrono y el Estado,
tomen lo que en justicia corresponde a cada uno orientados por las enseñanzas
de la Iglesia.
Setenta años después de esta Encíclica, en 1961, el Papa Juan XXIII, publicaba
su Encíclica Mater et Magistra. Tres décadas antes, en 1931, el Papa Pío XI
había publicado una nueva encíclica la Carta Encíclica Quadragesimo Anno,
conmemorando los 40 años de la Rerum Novarum. Y pocos años después, en
1963, el mismo Papa Juan XXIII publicaba una nueva encíclica, Mater et Magistra,
y en 1967, el Papa Pablo VI publicaba la Carta Enciclica Populorum Progressi”,
en 1967. Por su importancia y cercanía a “Medellín”, solo nos referiremos a
continuación, y brevemente, a estos tres últimos documentos. Sin duda, para el
Papa Juan XXIII en 1961, las denuncias y aportes que la Rerum Novarum había
hecho hacía setenta años seguían con una vigencia incuestionable, solo que
requerían ser visualizadas de acuerdo a los signos de los tiempos de su época.
2
León XIII, Carta Encíclica Rerum Novarum., 1, en http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/
encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
3
León XIII, Carta Encíclica Rerum Novarum., 3, en http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/
encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
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En Madre Maestra, Juan XIII, señalaba la misión de la Iglesia en la tierra
delegada por Cristo: la santa Iglesia, aunque tiene como misión principal
santicar las almas y hacerlas partícipes de los bienes sobrenaturales,
se preocupa, sin embargo, de las necesidades que la vida diaria plantea
a los hombres, no sólo de las que afectan a su decoroso sustento, sino
de las relativas a su interés y prosperidad, sin exceptuar bien alguno y
a lo largo de las diferentes épocas”.
4
En esa cita, el Papa, pone en claro la visión integral del ser humano que la
Iglesia tiene, lo que demanda atender sus necesidades no solo espirituales,
sino, inclusive, el resto de las mismas, pues, también, son importantes para su
realización plena en esta etapa temporal de su vida. Esto queda rearmado en
el número 4:
“Al realizar esta misión, la Iglesia cumple el mandato de su fundador,
Cristo, quien, si bien atendió principalmente a la salvación eterna del
hombre, cuando dijo en una ocasión: “Yo soy el camino, la verdad y
la vida” (Jn 14,6); y en otra: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12),
al contemplar la multitud hambrienta, exclamó conmovido: “Siento
compasión de esta muchedumbre” (Mc 8,2), demostrando que se
preocupaba también de las necesidades materiales de los pueblos. El
Redentor manifestó este cuidado no sólo con palabras, sino con hechos,
y así, para calmar el hambre de las multitudes, multiplicó más de una
vez el pan milagrosamente”.
5
Más adelante, después de rescatar las enseñanzas que sus tres predecesores
habían ofrecido en sus respectivos magisterios sobre la Doctrina Social de la
Iglesia, el Papa Juan XIII rearma el derecho a la propiedad privada y el deber
del Estado de intervenir para garantizar la función social de los bienes privados.
Al constatar la crítica situación del salario de los trabajadores, en el número
68, dice:
“Una profunda amargura embarga nuestro espíritu ante el espectáculo
inmensamente doloroso de innumerables trabajadores de muchas
naciones y de continentes enteros a los que se remunera con salario tan
bajo, que quedan sometidos ellos y sus familias a condiciones de vida
totalmente infrahumana. Hay que atribuir esta lamentable situación
al hecho de que, en aquellas naciones y en aquellos continentes, el
proceso de la industrialización está en sus comienzos o se halla todavía
4
Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra, 3, en https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/es/
encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html
5
Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra, 4, en https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/es/
encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html
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en fase no sucientemente desarrollada”.
6
Ante tal situación, plantea no solo la necesidad del establecimiento de salarios
que posibiliten la satisfacción de las necesidades fundamentales del trabajador
y sus respectivas familias, sino que, éstos puedan tener mayor participación en
la empresa para la que trabajan, y que puedan existir condiciones laborales que
respeten su dignidad humana. También urge en que el desarrollo económico se
vincule con el desarrollo social.
Asimismo, se reere a la situación del trabajador agrícola, señalando las razones
por las que dejan el campo, las cuales están relacionadas a su condición de ser
un “un sector deprimido, tanto por lo que toca al índice de productividad del
trabajo como por lo que respecta al nivel de vida de las poblaciones rurales”.
7
.
Ante esa realidad urge a los Estados para que subsidiariamente gestionen la
creación de condiciones para que el desarrollo sea más equilibrado, posibilitando
su impulso a nivel rural, incluyendo el establecimiento de los servicios básicos
necesarios para que sus condiciones de vida sean más adecuadas al lograr
la satisfacción integral de sus necesidades tanto materiales, culturales y
espirituales.
Cierra el documento con la exhortación sobre la necesidad impostergable de
La reconstrucción de las relaciones de convivencia en la verdad, en la justicia
y en el amor”,
8
para lo cual dene la directrices a seguir.
En abril de 1963, ya iniciado el concilio Vaticano II y a unos días de su muerte,
el Papa Juan XXIII, publica la Encíclica “Paz en la Tierra”. En dicho documento
pone de maniesto las condiciones que deben cumplirse para que la paz sea una
realidad en la humanidad.
El Papa, después de aclarar que la paz es una aspiración humana y que es algo
que Dios quiere para la humanidad, hace referencia a los derechos inalienables
del ser humano, los cuales no solo deben ser reconocidos sino también
cumplidos. Los mismos, también, implican los deberes: el cumplimiento de esos
derechos es una condición para la paz. Queda también planteado el deber de
dejar de trabajar porque esos derechos se cumplan, a ser artesanos de la paz,
la cual requiere ser construida. Como puede verse, esta concepción de la paz
es exigente no solo porque la misma reclama o se asocia con el cumplimiento
de los derechos humanos, lo cual es todo un desafío, pero que, al lograrlo,
se sientan bases sólidas para la paz, es una concepción de la paz muy seria,
6
Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra, 68, en https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/es/
encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html
7
Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra, 124, en https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/
es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html
8
Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra, IV, en https://w2.vatican.va/content/john-xxiii/es/
encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html
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MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
exigente y responsable. Ello pone en evidencia la seriedad con la que, el Papa,
trata el tema de la paz.
Más adelante, quizá para ponerle un sello evangélico, dice que las bases
fundamentales de la convivencia humana son la verdad, la justicia, el amor y la
libertad. En el n° 37 dice:
Se trata de un orden que se funda en la verdad, debe practicarse
según los preceptos de la justicia, exige ser vivicado y completado por
el amor mutuo, y, por último, respetando íntegramente la libertad, ha
de ajustarse a una igualdad cada día más humana”.
Con lo antes dicho, el Papa deja en claro que la paz no es algo teórico y que
no está dada sin más, sino que la misma requiere de ciertas condiciones y
de la participación activa de las personas, con lo que, implícitamente, deja
planteada la exigencia de que hay ponerse a trabajar para su construcción, que
es necesario asumir un rol activo y no de contemplación.
También plantea la necesidad de una autoridad, que no debe perderse de
vista, que la principal es la que emana de Dios, y en el orden temporal, una
autoridad que gobierne democráticamente y que trabaje por el cumplimiento
de los derechos humanos y el bien común; asimismo, plantea directrices para la
relación entre las naciones y la paz mundial.
Cierra la Encíclica con el llamado a la acción. En el número 146 plantea:
“Al llegar aquí exhortamos de nuevo a nuestros hijos a participar
activamente en la vida pública y colaborar en el progreso del bien
común de todo el género humano y de su propia nación. Iluminados
por la luz de la fe cristiana y guiados por la caridad, deben procurar
con no menor esfuerzo que las instituciones de carácter económico,
social, cultural o político, lejos de crear a los hombres obstáculos, les
presten ayuda positiva para su personal perfeccionamiento, así en el
orden natural como en el sobrenatural”,
con lo que nos deja la responsabilidad de ser los constructores de la paz y el
mensaje de que la misma es una conquista y no una dádiva.
Antes de su muerte, en 1962, su Juan XXIII, inauguró lo que fue uno de sus
mejores legados, el Concilio Vaticano II, que concluyó en 1965, y clausurado por
el Papa Pablo VI.
El Concilio Vaticano II es un hecho histórico de gran relevancia para la Iglesia
católica del siglo XX. Fue un acontecimiento de apertura y de renovación de la
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Iglesia, pero sin cambiar sus fundamentos doctrinales. Se trató más bien de una
redenición del modo de actuar condicionada por los signos de los tiempos, lo
cual constituye un avance sin precedentes, una verdadera ‘buena nueva’ para
la comunidad cristiana católica.
El Concilio Vaticano II constituye un indiscutible antecedente de Medellín, en
el que no solo se inspira y al que tiene como guía, sino también el donde busca
llevar a la acción en nuestra América Latina.
En marzo de 1967, el Papa Pablo VI publica su Encíclica El Progreso de los
Pueblos. Inicia con una directa alusión al tema del verdadero desarrollo, que
según sus palabras, para ser tal cual debe ser integral, como un proceso al que
la Iglesia, los gobiernos y los propios pueblos están invitados a atender, dadas
sus implicaciones para la realización plena del ser humano como persona y
como grupo. En el n°1, dice:
“El desarrollo de los pueblos, y muy especialmente el de aquellos que se
esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades
endémicas, de la ignorancia; que buscan una participación más intensa
en los frutos de la civilización, una más activa apreciación de sus
humanas peculiaridades; y que, nalmente, se orientan con constante
decisión hacia la meta de su pleno desarrollo, es observado por la Iglesia
con atención. Apenas terminado el Concilio Ecuménico Vaticano II, una
renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico
obliga a la Iglesia a ponerse al servicio de los hombres para ayudarles
a captar todas las dimensiones de este grave problema y convencerles
de la urgencia de una acción solidaria en este cambio decisivo de la
historia de la humanidad”.
9
Como puede verse, el Papa, pone de maniesto no solo una clara conciencia del
problema del desarrollo que afecta a los pueblos excluidos, sino su interés en
abordarlo con decidido compromiso y por trabajar junto a su rebaño en función
de crear una conciencia y compromiso colectivo tanto en los destinatarios
del desarrollo como en los responsables de hacer las transformaciones que
sean necesarias para que dicho desarrollo sea una realidad con todas sus
implicaciones, que no es otra cosa que el pueblo empobrecido vaya obteniendo
aquellas condiciones de vida que le permitan su realización cada vez más plena.
Más adelante, en el número 14, el Papa comparte la concepción cristiana del
desarrollo: “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para
ser auténtico, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos
9
Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio, 1, en http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/
encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html
100
MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
los hombres y a todo el hombre”.
10
Contrario a lo que comúnmente se entendía por desarrollo, el Papa plantea que
el mismo solo es desarrollo si es integral; es decir, debe ser posibilitador de la
satisfacción no solo de necesidades materiales, sino también de las culturales,
espirituales, ambientales…; en n, de las condiciones que sean necesarias para
que tanto cada persona como la colectividad puedan tener y ser cada vez más
de cara a su felicidad individual y colectiva. Por eso, el Papa, casi al nal de
la Encíclica, plantea que “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.
11
Por
supuesto, ese desarrollo, debe ser tal como él lo ha denido antes, de modo
que los derechos fundamentales del ser humano no solo deben reconocerse
como inalienables a cada persona, sino también deben ser cumplidos tal cuales.
MEDELLÍN
Hemos querido hacer el anterior esbozo sobre esos acontecimientos porque
puede ayudarnos a ubicar y a lograr una mejor comprensión del sentido y
signicado de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
en Medellín, que es a la que nos estamos reriendo en este trabajo. Después
de varios meses de preparación, era inaugurada por el papa Paulo VI el 24 de
agosto de 1968 en la catedral de Bogotá, Colombia.
La realización de Medellín tuvo móviles parecidos a los del Concilio Vaticano II,
solo que esta vez visualizando los signos de los tiempos en América Latina, o
más bien dicho, buscando una ‘latinoamericanización’ del Concilio Vaticano II,
pues la realidad socio-histórica de América Latina lo demandaba.
Al revisar los documentos nales (o conclusiones) de Medellín, identicamos
sus áreas de trabajo:
I. Promoción humana (Justicia, Paz, Familia y demografía, Educación,
Juventud);
II. Evangelización y crecimiento en la fe (Pastoral Popular, Pastoral de
Élites, Catequesis, Liturgia); y
III. La Iglesia visible y sus estructuras (Movimiento de Laicos, Sacerdotes,
Religiosos, Formación del Clero, La Pobreza de la Iglesia, Pastoral
de Conjunto, Medios de Comunicación Social).
10
Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio, 14, en http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/
encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html
11
Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio, 76, en http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/
encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html
101
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Los obispos participantes en Medellín al abordar cada área de trabajo lo hicieron
con el método utilizado por la iglesia:
VER (hechos),
JUZGAR (reexión teológica), y
ACTUAR (líneas pastorales de trabajo o actuación).
Este método supera el sesgo que deja el limitarse a tomar conciencia de
la realidad, pero quedarse solo con eso, dejando de lado la actuación
transformadora de esa realidad
A continuación revisaremos lo que consideremos más relevante de cada área y
haremos nuestra valoración al respecto, relacionándola con el momento actual.
En la Introducción del documento los obispos participantes aclaran que el
punto de atención de la Iglesia Latinoamericana, reunida en esa II Conferencia,
es el hombre en su contexto histórico latinoamericano a la luz de la palabra del
Dios de la vida. Al visualizar la realización histórica de ese hombre, identican
“luces y sombras”, realidad que demanda pasar de las palabras a los hechos.
En el n° 3, dice:
“No basta, por cierto, reexionar, lograr mayor clarividencia y hablar;
es menester obrar. No ha dejado de ser ésta la hora de la palabra,
pero se ha tornado, con dramática urgencia, la hora de la acción.
Es el momento de inventar con imaginación creadora la acción que
corresponde realizar, que habrá de ser llevada a término con la audacia
del Espíritu y el equilibrio de Dios. Esta asamblea fue invitada a “tomar
decisiones y a establecer proyectos, solamente si estábamos dispuestos
a ejecutarlos como compromiso personal nuestro, aun a costa de
sacricio”.
12
Más adelante, en el número 5, también plantea: “No podemos, en efecto, los
cristianos, dejar de presentir la presencia de Dios, que quiere salvar al hombre
entero, alma y cuerpo”.
13
En el número 6 del mismo documento, citando a su vez los números 20 y 21 de
la Encíclica Populorum Progressio, asume los desafíos que sobre el verdadero
12
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documentos Finales de Medellín, Introducción, 3, en http://www.celam.org/documentos/
Documento_Conclusivo_Medellin.pdf
13
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documentos Finales de Medellín, Introducción, 5, en http://www.celam.org/documentos/
Documento_Conclusivo_Medellin.pdf
102
MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
desarrollo plantea su el Papa Paulo VI y que, en síntesis, plantea que el mismo
debe ser facilitador del paso de condiciones menos humanas a unas de verdadera
plenitud humana para los hombres y mujeres de este planeta.
La contundencia de las palabras de esas citas pone de maniesto el espíritu de
trabajo de los obispos participantes, las cuales no solo borran por completo el
estigma de ‘la religión, opio de los pueblos’, sino que ratica la voluntad de
asumir la misión del Cristo Liberador quien, desde el momento de su nacimiento,
al escoger un pesebre para nacer y pasando por su estilo de vida con sus
obras, hasta llegar a ofrendar su vida por la salvación de la humanidad, optó
por el desvalido, por el empobrecido en pos atender no solo sus necesidades
espirituales, sino también las materiales. Los obispos participantes marcan
diferencia de aquella iglesia indiferente y que se acomoda en su zona de confort.
En nuestro país, encabezados por el gratamente recordado Arzobispo, Monseñor
Luis Chávez y González, un buen sector de nuestra iglesia (sacerdotes y laicos)
asumió Medellín al pie de la letra. Monseñor Chávez y González escribió, en esa
época, valientes cartas pastorales en las que denunciaba la crítica situación de
las grandes mayorías empobrecidas y excluidas de nuestro país, pasando por
sus exhortaciones a los responsables de esa situación para que trabajaran por
el cambio. Él mismo, generó sendas iniciativas de promoción humana dirigidas
a obreros, pequeños comerciantes y campesinos del país. Asimismo, no se
puede olvidar la persecución de la que fueron objeto los sacerdotes Inocencio
e Higinio Alas, inclusive, la desaparición y muerte de su hermano el Dr. Sabino
Alas, solo por el delito de su parentesco. Diez años después de Medellín, fue
asesinado el sacerdote Rutilio Grande con sus campesinos acompañantes, y así
sucesivamente, muchos sacerdotes y seglares más.
I. La Promoción Humana.
Como ya se ha señalado antes, los obispos, al darle tratamiento a cada área,
primero hacen el ejercicio de ver la respectiva realidad manifestada en los
hechos, luego hacen la fundamentación doctrinal y, nalmente, plantean las
proyecciones pastorales.
En esta área abordan los siguientes temas: Justicia, Paz, Familia y demografía,
Educación, Juventud.
Cada tema representa una realidad compleja. Para el caso de la justicia,
los obispos constatan las condiciones de miseria y exclusión, con todos sus
derivados, de las grandes mayorías de América Latina, lo cual es una expresión
del pecado individual y social en nuestras tierras. Existen hombres y mujeres
poderosos duros de corazón, pero también estructuras injustas que impiden
niveles de justicia aceptables para el bienestar de esas mayorías. En síntesis,
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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
todo ello es una viva expresión del egoísmo humano y una clara amenaza para
la vivencia de la paz.
Esa realidad de injusticia es contraria a lo que Dios quiere para su pueblo,
por eso los obispos, citando varios documentos de la iglesia, en el apartado
dedicado a la Justicia, dicen
“La Iglesia Latinoamericana tiene un mensaje para todos los hombres
que, en este continente, tienen “hambre y sed de justicia”. El mismo
Dios que crea al hombre a su imagen y semejanza, crea la “tierra y todo
lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los
pueblos, de modo que los bienes creados puedan llegar a todos en forma
más justa” [GS 69], y le da poder para que solidariamente transforme
y perfeccione el mundo [Cf. Gén 1, 26; GS 34]. Es el mismo Dios quien,
en la plenitud de los tiempos, envía a su Hijo para que hecho carne,
venga a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a que los
tiene sujetos el pecado [Cf. Jn 8, 32-35], la ignorancia, el hambre, la
miseria y la opresión, en una palabra, la injusticia y el odio que tienen
su origen en el egoísmo humano”.
14
Los obispos aclaran que no confunden el bienestar del ser humano en este
mundo con el Reino de Dios, sin embargo, arman que ese bienestar es querido
por Dios.
Creemos que el amor a Cristo y a nuestros hermanos será no sólo la
gran fuerza liberadora de la injusticia y la opresión, sino la inspiradora
de la justicia social, entendida como concepción de vida y como impulso
hacia el desarrollo integral de nuestros pueblos”.
15
Para el logro de ese desarrollo es necesario actuar, eso ya lo han dejado claro
los pastores antes, de ahí que, en consecuencia, propongan sus proyecciones
pastorales, las cuales, esencialmente, están dirigidas a contribuir a la
transformación de la conciencia de los creyentes, de modo que ello les lleve
a fortalecer su fe y compromiso para trabajar por el cambio personal y social.
Lo primero que recomiendan es la reforma del quehacer de las estructuras sociales
fundamentales, empezando por la familia como grupo primario, y siguiendo
por la organización de los profesionales, y; las empresas, que necesitan un
cambio, pues su verdadera naturaleza no debe ser denida solo por los dueños,
14
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documentos Finales de Medellín, Justicia, 3, en http://www.celam.org/documentos/Documento_
Conclusivo_Medellin.pdf
15
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documentos Finales de Medellín, Justicia, 5, en http://www.celam.org/documentos/Documento_
Conclusivo_Medellin.pdf
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MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
sino también por los trabajadores, quienes necesitan estar organizados y deben
trabajar en ese sentido. Lo mismo, ven la urgencia de las transformaciones
agrarias, las cuales requieren ser integrales, de modo que no solo se piense en
que los campesinos sin tierra la posean la tierra que necesitan para trabajar,
sino formación humana, técnica, nanciera y que puedan organizarse.
Asimismo, proponen reformas políticas de modo que la política cumpla su
cometido que trabajar por el bien común, todo ello demanda formación para
que la población, no se trata de evitar hablar de política, debe haber educación
al respecto para que los pueblos la utilicen como un instrumento para lograr las
transformaciones que puedan conducir a su desarrollo integral.
Con el tema de la paz, los obispos, plantean que si ‘el desarrollo es el nuevo
nombre de la paz’, el subdesarrollo que vive América Latina niega la posibilidad
de que la paz sea una realidad. Sin dejar de reconocer los esfuerzos que se
hacen por el desarrollo de los pueblos, existe aún mucha distancia para lograrlo.
Situaciones como la tensión entre las clases sociales de cada país, cuya asimetría
es cada vez más pronunciada, las relaciones de producción injustas, las opresiones
de las clases dominantes sobre las clases pobres. Estas relaciones de desigualdad
entre clases de los respectivos países, con su propia especicidad, también
se dan entre los países pobres y los ricos, con sus respectivas consecuencias
negativas para el desarrollo de los pueblos en desventaja, así como para la paz
mundial.
Al leer lo escrito por los obispos, se constata un abordaje serio y completo de la
realidad latinoamericana, lo cual constituye un acto indispensable para el logro
de un adecuado diagnóstico de dicha realidad sin el cual el tratamiento corre
el riesgo de no ser exitoso; sin embargo, los bispos, cual sabios doctores de la
realidad socio-pastoral, iluminados por el Espíritu Santo, cumplen su papel con
impecable ecacia, lo que era una garantía para las necesarias las concreciones
de sus directrices de trabajo.
Indudablemente, la realidad de América Latina y el mundo no ha sido ni es
facilitadora de la paz, ni en tiempos de Medellín ni 50 años después. Sin
embargo, eso no niega ni la vigencia ni la validez de los principios doctrinales
emitidos por los obispos: la paz es fruto de la justicia, es un proceso y se
construye, y es fruto del amor. Esta visión cristiana de la paz constituye una
verdadera utopía, pero no como la de Tomás Moro, sino, con la que se vincula
con la esperanza, con la que nos energiza para luchar por las causas justas
o por la que nos alienta para creer que otra sociedad es posible. Esa utopía
que da sentido a nuestras vidas y quehaceres, que nos invita a usar nuestra
inteligencia y creatividad en esa búsqueda, que nos invita a renunciar al uso de
la violencia y de cualquier otro medio degradante de nuestro ser. Eso es lo que
105
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
los obispos aspiran y constituye el camino correcto a seguir. Por eso exhortan a
sus colaboradores a ejercer un magisterio de denuncia y de anuncio, que lleve
a la feligresía a tomar conciencia de sus derechos, de sus deberes, a que se
organicen para que trabajar de ese modo por las transformaciones que sean
necesarias:
“Alentar y favorecer todos los esfuerzos del pueblo por crear y
desarrollar sus propias organizaciones de base, por la reivindicación
y consolidación de sus derechos y por la búsqueda de una verdadera
justicia”.
16
(n°27).
Al referirse a la familia en América Latina, reconocen que es una la institución
muy impactada por el subdesarrollo de nuestros pueblos, así como por la injusta
distribución de los bienes del país y, luego, todo lo que de esa situación se
deriva en detrimento de su adecuado funcionamiento, incluyendo el problema
demográco.
Ahora bien, su difícil situación no quita a la familia su importancia estratégica
para el desarrollo de sus integrantes. Los obispos reivindican su condición de
institución formadora, de educadora de la fe y de promotora de desarrollo.
Ese desarrollo solo será una realidad cuando tenga las condiciones para que
pueda ejercer su función de educadora y para poder lograr satisfacer el resto
de necesidades de sus miembros: alimentación, salud, vivienda, psicológicas,
entre otras.
Los obispos, a n de contribuir a la reivindicación plena de la familia, recomiendan
fortalecer la pastoral familiar, la cual necesita estar incluida en el Plan de
Pastoral de Conjunto y, desde ahí, realizar acciones a n de su fortalecimiento
y de que pueda ejercer mejor su función de promotora de desarrollo de sus
integrantes, ya sea internamente como hacia afuera. Lógicamente, lo que
desde el trabajo de pastoral se pueda hacer por la familia no será suciente,
de ahí que urja trabajar porque la misma vaya ganando terreno como agente
promotora de transformación social, eso pasa por dar cumplimiento a lo que ya
antes recomiendan los obispos, que es gestar su organización local para que
haga sentir su rol protagónico el función del cambio. Ello era una necesidad en
tiempos de Medellín y en una urgencia de primer orden en la actualidad.
Al referirse al campo de la educación en América Latina, señalan no solo las
limitadas coberturas y el mismo analfabetismo, sino que, la misma, es una
educación bancaria y en función del mantenimiento de las estructuras opresoras
y deshumanizantes imperantes en nuestros países, entre otros males. De ahí
16
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documentos Finales de Medellín, Paz, 27, en http://www.celam.org/documentos/Documento_
Conclusivo_Medellin.pdf
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MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
que clamen no solo por una democratización de la educación para que pueda
llegar a todo el pueblo, sino que, la misma, requiere ser liberadora, humanista
y con valores cristianos.
Los obispos urgen por los cambios en educación, creen muy necesario la
reivindicación de su importante papel para el desarrollo de los pueblos. Desde
la iglesia, ratican su compromiso no solo de seguir desarrollando una educación
integral del ser humano, sino que denen líneas pastorales para sus agentes
educativos con sus estructuras, a n de que hagan efectiva una educación
promotora de desarrollo y que debe empezarse con la familia.
Sabemos que la época de Medellín fue también la del educador católico Paulo
Freire, quien, después de sus experiencias en Brasil, publica, en 1967, su libro
“La Educación como Práctica de Libertad”. Este educador propugna por una
nueva forma de entender y de hacer educación, la cual debe ser promotora
de conciencia crítica y de liberación. Sin duda alguna, Medellín, reivindicó esa
forma de ver y hacer la educación. Ahora bien, ¿cómo inuyó esa forma de hacer
educación en nuestros pueblos? La respuesta es de luces y sombras, ya que en
los sistemas educativos formales de nuestros países, inclusive en la educación
católica, no se alcanzan a ver frutos, más bien el status quo ha prevalecido,
aun después de 50 años. Sin embargo, a nivel de educación popular o no formal,
los impactos, sí fueron sentidos. En nuestro país tuvieron mucha inuencia los
trabajos de educación comunitaria desarrollados en algunas parroquias, tales
como las de Aguilares, Suchitoto, Tecoluca, San Martín, entre otras. Quizá
esas experiencias educativas tengan alguna relación con el orecimiento de
las poderosas organizaciones campesinas que existieron en la década de los
setenta y que fueron borradas del mapa por la feroz represión que realizaron
los tiranos que gobernaron en ese entonces.
Medellín cierra el área de Promoción Humana pronunciándose por los jóvenes.
Para los obispos la importancia de la juventud no solo radica en que es una
etapa decisiva en desarrollo de la persona, sino también, en que es la población
mayoritaria en América Latina. La situación de la juventud también es de luces
y sombras. Es un grupo poblacional diverso en donde se encuentran sectores
con inquietudes y reexivos por la dinámica de su realidad socio-histórica,
otros absorbidos por el sistema, por la sociedad de consumo y la indiferencia;
otros que buscan su sobrevivencia afectados por la miseria reinante en nuestros
países. Actualmente, esa realidad es mucho más compleja, a la pobreza se
agrega, de manera acentuada, la delincuencia, la violencia, el narcotráco, la
narconet, entre otros males, afectando a muchos jóvenes.
Es necesario retomar lo que Medellín plantea: “La Iglesia ve en la juventud la
constante renovación de la vida de la humanidad y descubre en ella un signo
de sí misma”.
17
17
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
107
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Es necesario reivindicar el sentido de la juventud, la cual es esperanza, cambio,
entusiasmo, vigor, búsqueda, denición de ideales; es decir, es necesario
cambiar nuestro enfoque sobre la juventud, ya no se vale visualizarla como
la etapa problemática o rebelde, es necesario acompañarles para encausar
sus potencialidades en función no solo de su desarrollo, sino también en la
edicación de ciudadanía responsable en ellos y ellas, así como capacidad de
tomar adecuadas decisiones, todo ello en función de la edicación de un nuevo
ser humano y una nueva sociedad.
II. Evangelización y Crecimiento en la Fe
Los obispos comienzan esta área abordando lo tocante a la Pastoral Popular.
Quizá ello sea una mirada hacia adentro, una mirada a sus métodos de hacer
iglesia, los que, reconocen, datan de tiempos muy lejanos y que claman por
poner en vigencia las enseñanzas del Concilio Vaticano II, cuna de la Nueva
Evangelización. Identican la realidad de una vivencia de la fe también de luces
y sombras: utilitarista, individualista, mágica, supersticiosa…que demanda su
rescate, su reevangelización, educación en la fe, la vivencia comunitaria, en n,
una Nueva Evangelización que todo esto conlleve a una vivencia del evangelio
de manera más plena y eso incluye también no solo a la Pastoral Popular sino
a los diversos sectores como a las Élites que son aquellos gremios que tienen
mucha incidencia en la vida económica y sociocultural de los países y requieren
de una atención, formación y acompañamiento de acuerdo a su realidad, a n
de que tengan las bases que posibiliten dar sus aportes de la mejor forma.
Está claro que los obispos partiendo de renovada mirada de los signos de los
tiempos, urgen, también, de una nueva forma de difundir la buena nueva, de
hacer Catequesis y la acción Litúrgica. Son procesos que prevén como urgentes y
que requieren de una adecuada pedagogía de modo que pueda irse desarrollando
esa renovación en forma paulatina, respetuosa, rescatando y revalorizando
todo lo positivo de la religiosidad popular, de manera participativa, preparando
adecuadamente a los agentes de pastoral, teniendo en cuentan la importancia la
vida comunitaria tanto en la celebración litúrgica como a nivel de comunidades
de base, estas últimas ameritan una atención especial no solo en su formación
pastoral, sino también en la búsqueda de una mayor presencia territorial. En
síntesis, esta nueva manera de vivir la fe requiere de la iglesia una revisión
de su forma de ver la realidad, de sus formas de trabajo y de anunciar la buena
nueva, a través de medios múltiples y creativos, de modo que la presencia de
Cristo Sacerdote, Profeta y Promotor de desarrollo sea, cada vez, más visible en
nuestras sufridas naciones propiciando un mayor acercamiento entre el orden
temporal y reino de Dios, al hacer de nuestra tierra una aldea más facilitadora
de bienestar para la humanidad.
Documentos Finales de Medellín, Juventud, 10, en http://www.celam.org/documentos/Documento_
Conclusivo_Medellin.pdf
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MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
III. La Iglesia visible y sus estructuras
Ésta es la última área en la que trabajó Medellín. Sin dudas, los obispos estaban
conscientes de que una renovación en la misión de la Iglesia no podía dejar
por fuera la realidad del ser y quehacer de sus agentes y de sus estructuras
eclesiales.
Se constata que los obispos muestran mucho interés en el laico, lo cual es una
gran novedad, como lo es todo Medellín, no solo por su papel en el proceso de
transformación de las difíciles condiciones de vida en las que les toca vivir,
sino en la misma renovación de la iglesia. Reconocen que el papel del laico
no siempre estuvo a la altura de las exigencias de cambio que la realidad
de América Latina demandaba y de su adecuada integración al trabajo de
pastoral de la iglesia y eso se tornaba en un desafío, quizá muchos de ellos,
según fuera su posición, en vez de trabajar por el cambio, eran contribuyentes
con el status quo prevaleciente, de ahí la necesidad de crear y fortalecer
los movimientos laicales con la formación necesaria no solo para mejorar sus
niveles de participación en las diferentes pastorales de la iglesia, sino para
trabajar por las transformaciones sociales en sus países que su condición de
laico en cumplimiento de la triple misión profética, sacerdotal y de servicio.
En el número 9, los obispos, citando a la Gaudium et Spes y a la Populum
Progressio rearman la nueva misión del laico:
“conscientes de las exigencias de la fe y vigorizados con sus energías,
acometan sin vacilar, cuando sea necesario, nuevas iniciativas y
llévenlas a buen término... No piensen que sus pastores estén siempre
en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en
todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión.
Cumplan más bien los laicos su propia función con la luz de la sabiduría
cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del Magisterio” [GS
43]. Y, como lo dice el llamamiento nal de la Populorum progressio,
“a los seglares corresponde, con su libre iniciativa y sin esperar
pasivamente consignas y directrices, penetrar de espíritu cristiano la
mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad
en que viven [PP 81]”.
18
No se puede dejar de destacar la exhortación que los obispos al incentivo de
la creación y acompañamiento de equipos de laicos formándoles en adecuado
discernimiento de los signos de los y a trabajar por la transformación de un
mundo menos a uno más humanizante, inspirados en Jesucristo Liberador.
18
Consejo Episcopal Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documentos Finales de Medellín, Movimientos de laicos, 9, en http://www.celam.org/documentos/
Documento_Conclusivo_Medellin.pdf
109
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Otra gran novedad de Medellín es su mirada atenta hacia su interior manifestada
al revisar la realidad de los sacerdotes y religiosos, la cual, como otras a las
que han hecho referencia, es, también, de luces y sombras. Los obispos hacen
un reconocimiento a los aciertos del ejercicio sacerdotal, pero también hacen
serios señalamientos, aunque siempre guiados por un espíritu constructivo y
esperanzador. Esos señalamientos aluden a diversos aspectos que van desde
la desactualización, hasta las crisis personales y de fe, de antitestimonio o
parcialidad en su trabajo pasando por alto que su labor debe ser reejo de
Jesús sacerdote, profeta y rey o servicio. Asimismo, señalan las asimetrías en la
distribución de los sacerdotes, en lugares hay más de los necesarios y otros son
limitados o inexistentes, entre otras dicultades.
No menos importante es el llamado que hacen los obispos a sacerdotes y
religiosos a asumir una toma de conciencia de la naturaleza de ser y quehacer, un
compromiso con el cambio que sea necesario y luego trabajar en consecuencia.
Asimismo, hacen el llamado al fortalecimiento de unidad orgánica entre
presbíteros y obispos, pero también la unidad en la acción, para hacer efectivo
el servicio a su iglesia atendiendo al llamado de su misión guiada por el ver
la realidad, reexionar sobre ella y luego actuar. Esto pasa por la planicación
pastoral de conjunto de modo que, como el cuerpo de cristo, la iglesia actúe
como un todo articulado y concretando la triple misión de Jesús.
No puede dejar de mencionarse el llamado que hacen a vivir con la sencillez
de Jesús, a renunciar a la opulencia, al estilo de vida que les aleja del pueblo
que carga la cruz de la pobreza y la exclusión, de ese pueblo pobre por el que
recomiendan optar y trabajar por su salvación desde este orden temporal y que
iluminados por el Evangelio faciliten la trascendencia esperada.
Urge también atender la formación, la dinámica de cambios que se maniesta
en los signos de los tiempos demanda la preparación continua, actualización;
pero, a su vez, la generación de nuevas vocaciones adecuada e integralmente
formadas.
Todo lo planteado en las tres áreas de trabajo de Medellín requería un abordaje
adecuadamente administrado, por eso, con la misma sabiduría que habían
hecho el abordaje de esas áreas, los obispos, visualizaron la necesidad de la
planicación pastoral de conjunto. Sin dudas sabían que los desafíos que se
estaban planteando también requerían la redenición de las formas de hacer
el trabajo de pastoral, y eso pasa por empezar bien desde el principio con
la planeación adecuada, la creación de nuevas estructuras eclesiales, por la
creación, desarrollo y acompañamiento de comunidades eclesiales de base, el
trabajo en equipo presbiterial, una coordinación dinámica interpresbiterial y
entre presbíteros y obispos; es decir, un trabajo con una verdadera comunión
y participación, haciendo efectiva un comunicación de doble vía, inclusive,
110
MEDELLÍN, BUENA NUEVA PARA AMÉRICA LATINA. SUCESOS RELEVANTES PREVIOS
aprovechando las ventajas de los medios de comunicación social; guiados por el
espíritu santo, con una nueva manera de ver la realidad socio-histórica, con una
nueva forma de trabajar por contribuir a que el orden temporal se transformara
de menos a ser más facilitador de desarrollo integral de la sociedad, teniendo
como fuente de energía la palabra de Jesús Liberador para, también, alimentar
la esperanza de la salvación eterna.
A MANERA DE CONCLUSIÓN
En 1968, con Medellín, pasó el Dios de la vida por América Latina. Sin dudas fue
un acontecimiento sin precedentes en la historia de la Iglesia Latinoamericana,
esto así no porque no haya habido un Bartolomé de las Casas u otro profeta que
de manera individual haya trabajado en defensa de los desvalidos, sino porque
no hubo antes un esfuerzo de la iglesia institucional en función de la causa de
los pobres.
Después transcurridos 50 años, Medellín, no solo sigue vigente y siendo necesario,
sino que requiere ser reimpulsado, los signos de los tiempos actuales así lo
demandan. Está claro que las condiciones socio-históricas de nuestra América
Latina actuales, quizá con un rostro diferente, siguen siendo propiciadoras
de deshumanización. Las grandes mayorías de su población son cada vez más
pobres, las desigualdades siguen siendo abismales, las reformas políticas que se
han concretado cuando ha sido posible no han logrado los cambios con el nivel
de profundidad necesarios, al grado que en los últimos años hemos vuelto a los
golpes de estado, inclusive militares, como el caso de Honduras. Pero también
existen nuevas modalidades como las que se han dado en Brasil y Paraguay.
Muchos de nuestros países se han vuelto expulsores de su gente con todo el
problema de las migraciones. La violencia social, la delincuencia, el desempleo,
los bajos salarios, el décit habitacional, la desnutrición, la narco delincuencia,
el narconet provocado por el uso indebido de las redes virtuales, la prevalencia
de regímenes neoliberales con todos sus estragos en las condiciones de vida de
la población, entre otros problemas. De ahí que la situación sea, cada vez, más
crítica, y la ansiada justicia, la paz y el necesario desarrollo aún siguen muy
distantes, lo cual pone aprueba nuestra esperanza, que debe negarse a morir.
No podemos dejar de reconocer los esfuerzos y sacricios que muchos pastores
han hecho con sus enseñanzas y hechos en la búsqueda de transformaciones.
Nuestra iglesia salvadoreña es un vivo ejemplo de ello al grado que hasta
un obispo ofrendó su vida, se suman, además, varios sacerdotes y miles de
laicos que también fueron asesinados; sin embargo, después del liderazgo
de su Santidad Paulo VI, inclusive, en la misma iglesia, tomaron mucho auge
movimientos fundamentalistas que sesgaron la misión encomendada por
Medellín, prolongando la tradición abstraída de la realidad socio-histórica y ,
quizá, en muchos casos volviendo al quehacer de la iglesia preconciliar con la
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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
indiferencia o anuencia de las jerarquías eclesiales. En nuestro país, después
de la partida de los tres pilares: Mons. Luis Chávez y González, El Beato Oscar
romero y Galdámez y Mons. Arturo Rivera Y Damas, Medellín casi fue sepultado,
pese a los esfuerzos del actual Cardenal Gregorio Rosa Chávez (que siempre fue
aislado) o el gratamente recordado Mons. Ricardo Urioste, que, también, corrió
igual suerte.
Ahora, con el liderazgo del Papa Francisco, renace la esperanza y, quizá, que
el espíritu de Medellín también reviva, es necesario.