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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Es necesario reivindicar el sentido de la juventud, la cual es esperanza, cambio,
entusiasmo, vigor, búsqueda, denición de ideales; es decir, es necesario
cambiar nuestro enfoque sobre la juventud, ya no se vale visualizarla como
la etapa problemática o rebelde, es necesario acompañarles para encausar
sus potencialidades en función no solo de su desarrollo, sino también en la
edicación de ciudadanía responsable en ellos y ellas, así como capacidad de
tomar adecuadas decisiones, todo ello en función de la edicación de un nuevo
ser humano y una nueva sociedad.
II. Evangelización y Crecimiento en la Fe
Los obispos comienzan esta área abordando lo tocante a la Pastoral Popular.
Quizá ello sea una mirada hacia adentro, una mirada a sus métodos de hacer
iglesia, los que, reconocen, datan de tiempos muy lejanos y que claman por
poner en vigencia las enseñanzas del Concilio Vaticano II, cuna de la Nueva
Evangelización. Identican la realidad de una vivencia de la fe también de luces
y sombras: utilitarista, individualista, mágica, supersticiosa…que demanda su
rescate, su reevangelización, educación en la fe, la vivencia comunitaria, en n,
una Nueva Evangelización que todo esto conlleve a una vivencia del evangelio
de manera más plena y eso incluye también no solo a la Pastoral Popular sino
a los diversos sectores como a las Élites que son aquellos gremios que tienen
mucha incidencia en la vida económica y sociocultural de los países y requieren
de una atención, formación y acompañamiento de acuerdo a su realidad, a n
de que tengan las bases que posibiliten dar sus aportes de la mejor forma.
Está claro que los obispos partiendo de renovada mirada de los signos de los
tiempos, urgen, también, de una nueva forma de difundir la buena nueva, de
hacer Catequesis y la acción Litúrgica. Son procesos que prevén como urgentes y
que requieren de una adecuada pedagogía de modo que pueda irse desarrollando
esa renovación en forma paulatina, respetuosa, rescatando y revalorizando
todo lo positivo de la religiosidad popular, de manera participativa, preparando
adecuadamente a los agentes de pastoral, teniendo en cuentan la importancia la
vida comunitaria tanto en la celebración litúrgica como a nivel de comunidades
de base, estas últimas ameritan una atención especial no solo en su formación
pastoral, sino también en la búsqueda de una mayor presencia territorial. En
síntesis, esta nueva manera de vivir la fe requiere de la iglesia una revisión
de su forma de ver la realidad, de sus formas de trabajo y de anunciar la buena
nueva, a través de medios múltiples y creativos, de modo que la presencia de
Cristo Sacerdote, Profeta y Promotor de desarrollo sea, cada vez, más visible en
nuestras sufridas naciones propiciando un mayor acercamiento entre el orden
temporal y reino de Dios, al hacer de nuestra tierra una aldea más facilitadora
de bienestar para la humanidad.
Documentos Finales de Medellín, Juventud, 10, en http://www.celam.org/documentos/Documento_
Conclusivo_Medellin.pdf