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Migración intrarregional y mercados laborales en Centroamérica: desafíos para la integración
norteamericana para engrosar las las militares como por la expansión de
actividades ligadas a la guerra misma – una migración de clase trabajadora
tomó alguna fuerza desde América Central hacia los Estados Unidos de América.
En los años setenta, la conictiva situación política y económica en Centroamérica
impulsó la migración, y la región fue progresivamente dejando de ser el destino
principal, lugar que fue ocupado por los Estados Unidos, país que a su vez
tenía demandas insatisfechas de mano de obra. Es también el período de
mayor movilización de ciudadanos de Belice y República Dominicana hacia el
norte, pese a no tener las mismas condiciones internas. Las regulaciones para
la inmigración, más laxas que las existentes en el presente, permitió a muchos
legalizar su situación en el país de destino, y en numerosos casos incorporar
legalmente a su familia, junto a una buena cantidad que se establecieron
allá sin la documentación requerida. Para el caso de El Salvador – país con
alta densidad de población en el que coincidían cronológicamente el retorno
de una buena cantidad de expatriados desde Honduras con el inicio de una
inestabilidad sociopolítica acompañada de altas dosis de represión – el ujo de
personas hacia la economía más grande del mundo fue muy intenso, llegando
a tener entre 1976 y 1980 una tasa de migración neta de – 7,4 por millar
6
. Un
fenómeno similar se da para Guatemala en la que la tasa para esos mismos
años llegó a – 6,81 por millar, en ambos casos muy por debajo de la tasa de
Belice que fue de – 19,88 por millar según la misma fuente. La migración extra-
regional, como ya se ha dicho, había sustituido en importancia a la migración
intrarregional como característica principal de la movilización de personas para
la región centroamericana en su conjunto. No tan importante en número, pero
sí cualitativamente, fue el ujo de dirigentes políticos, sociales y religiosos
que migraron fuera de la región – además de los que continuaron haciéndolo
intrarregionalmente – para encontrar refugio político o para realizar actividades
de apoyo a sus grupos de pertenencia.
En la década de los ochenta de la centuria pasada el ujo de migraciones
extrarregionales tuvo un nuevo impulso para los países de la región que padecían
de conictos político-militares más intensos. Para El Salvador la tasa de migración
neta subió hasta un – 14,75 por millar para el quinquenio 1981, mientras para
Nicaragua la cifra subió de – 3,96 a – 6,31, en tanto Guatemala mantenía estable
su tasa y Belice la veía reducida a menos de la mitad. El recrudecimiento de
la confrontación armada y la agudización de condiciones económicas negativas
estimularon aún más la decisión de buscar mejores horizontes. Las redes
establecidas en los años setenta facilitaron no sólo la migración legal sino la más
numerosa migración no documentada que encontraba acogida y posibilidades
de obtener ocupación. Belice, por su parte, baja drásticamente su tasa neta de
migración a – 6,53, e inicia un declive sostenido hasta el día de hoy en el que es
6
Estas cifras, y las del párrafo siguiente, aparecen en Proyecto Estado de la Región 2008, p. 253,
tomadas de datos de la CEPAL.