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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
La paz y la justicia en el
Documento de Medellín
Héctor Grenni
1
Recibido el 21 de abril de 2018, aceptado el 6 de junio de 2018.
Resumen
El presente artículo se detiene en el análisis de dos ideas que el autor
considera de fundamental importancia en el Documento de Medellín:
las ideas de paz y de justicia. Corresponden a los apartados 1 y 2 del
Documento, que llevan, precisamente, esos nombres. El escrito hace
hincapié en dos ideas que considera fundamentales: la de que ‘la paz
es, ante todo, obra de la justicia’, y por lo tanto, no podrá existir la
primera sin la existencia previa de la segunda; y la idea de que ‘la paz es
una construcción permanente’. El Documento de Medellín estableció una
íntima unión entre ambas como condición necesaria para una vida social
humana.
Palabras clave: paz, justicia, América Latina, Medellín, sociedad, Iglesia
latinoamericana
Abstract
This article is stopped in the analysis of two ideas that the author
considers of paramount importance in the document Medellin: the ideas
of peace and justice. Correspond to paragraphs 1 and 2 of the document,
which, precisely, those names. The writing emphasis two ideas that are
considered fundamental: that ‘peace is, above all, the work of Justice’,
and therefore may not exist the rst without the existence prior existence
1
Investigador del Centro de Investigación en Pedagogía y Espiritualidad Salesiana (CIPES) en la
Universidad Don Bosco de San Salvador, hector.grenni@udb.edu.sv
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
year 16, No.33, July-December 2018, p. 33-4
iISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 16, No.33, Julio-Diciembre de 2018, p. 33-49
No. 33
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La paz y la justicia en el Documento de Medellín
of the second; and the idea that ‘peace is a permanent construction’. The
Medellin document established an intimate union between the two as a
necessary condition for human social life.
Key words: peace, justice, Latin America, Medellin, society, Latin American
Church
Presentación
En 1968, la Conferencia Episcopal de América Latina (CELAM)
2
, reunida en
Medellín, Colombia, dio a conocer sus Conclusiones.
3
El documento lleva el título
‘La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio.
Conclusiones’. Se compone de dieciséis documentos breves, agrupados en tres
grandes temas: Promoción humana, Evangelización y crecimiento de la fe y La
Iglesia visible y sus estructuras. Tuvo amplia repercusión en América Latina, y
es el expresión del contexto social y eclesial de la región.
Eran los años del ‘mayo francés’, la ‘primavera de Praga’, la revolución cultural
china, las revueltas estudiantiles de Tlatelolco y Córdoba, los Beatles y el
cartel de Medellín, las guerras de Vietnam y Argelia, del Che Guevara, cuando
todas las utopías parecían cercanas. En ese contexto, los obispos de América
Latina, convocados por el papa Pablo VI, se reunieron en la conictiva ciudad
de Medellín y redactaron el documento que conocemos como ‘documento de
Medellín’, que tuvo una inmensa inuencia en América Latina y que inspiró
una gran cantidad de movimientos que buscaban cambiar la sociedad por otra,
más justa y fraterna. Algunos teólogos han considerado que con el documento
de Medellín ‘nació’ la Iglesia Latinoamericana como tal, casi como un ‘acta de
fundación’.
4
En este trabajo nos detendremos en los conceptos de ‘paz’ y ‘justicia’, que en el
documento aparecen íntimamente ligados. La idea que guía todo el documento
en cuanto a la paz y la justicia es ‘La paz es, ante todo, obra de la justicia’,
5
que alude directamente a la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo
2
http://www.celam.org/
3
El documento emanado de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
reunida en Medellín, Colombia, entre el 24 de agosto y el 26 de setiembre de 1968, ha sido publicado
en numerosos medios. Para este trabajo hemos usado la publicación del CELAM, recuperado de
http://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Medellin.pdf. el 19.02.2018. Las citas
en este trabajo estarán referidas a la citada publicación.
4
El mayor fruto de la Asamblea de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) en 1968
fue haber dado a luz a la Iglesia latinoamericana en cuanto latinoamericana. Los Documentos de
Medellín representan el “acto de fundación” de la Iglesia de América Latina (AL) a partir y en
función de sus pueblos y de sus culturas... Esos textos constituyen la “Carta magna” de la Iglesia
del Continente.” Clodovis Boff, La originalidad histórica de Medellín, en http://servicioskoinonia.
org/relat/203.htm, recuperado el 06.03.2018.
5
CELAM, Documentos Finales de ZMedellín, 2 Paz, 14.
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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
moderno del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo,
6
que, a su vez, reere al
libro de Isaías del Antiguo Testamento.
7
1.Antecedentes
Las ideas acerca de la paz y la justicia tienen una larga historia en las tradiciones
cristiana y judía. En la primera de ellas, la idea de justicia iba ligada a la de paz
y a la de misericordia. En el Antiguo Testamento, el libro del Éxodo presenta una
apasionada defensa de las viudas y los huérfanos,
8
y el libro de los Proverbios
de los pobres y los indigentes.
9
La idea de justicia aparece con frecuencia en
el libro de los Salmos,
10
en los profetas anteriores al exilio de Babilonia y en los
profetas sapienciales.
En el Nuevo Testamento, la idea de justicia aparece ligada a la de la delidad
a la comunidad, especialmente en el Evangelio de Lucas y en las cartas de San
Pablo a los Romanos
11
y a los Gálatas. Y en las cartas de San Pedro adquiere un
carácter escatológico.
12
En los primeros siglos de la era cristiana, los Padres de la Iglesia, especialmente
Ireneo de Lyon, Agustín de Hipona y Gregorio de Nisa, distinguiendo entre justicia
distributiva y justicia conmutativa, presentaron la idea de amor fraterno como
radicalización de la justicia.
13
La cuestión de la justicia estará presente ya desde los primeros documentos
de la Iglesia que afrontaron el problema social. En 1891, la encíclica Rerum
Novarum planteaba la justicia en estos términos:
6
Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno, 78, Ed. Paulinas, Santafé de Bogotá,
1995, pág. 124. Esta Constitución Pastoral se conoce como ‘Gaudium et spes’: ‘Gozos y esperanzas’,
por sus primeras palabras: “El gozo y la esperanza, las lágrimas y angustias del hombre de nuestros
días, sobre todo de los pobres y de toda clase de aigidos, son también gozo y esperanza, lágrimas
y angustias de los discípulos de Cristo, y nada hay de verdaderamente humano que no tenga
resonancia en su corazón”, pág. 3.
7
Biblia de Jerusalén, Isaías 32,7, Ed. Desclée de Brower, Bilbao, 2009, pág. 1.128.
8
No vejarás a viuda alguna o a huérfano. Si los vejas y claman a mí, yo escucharé su clamor,
se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos
huérfanos”. Biblia de Jerusalén, cit., Éxodo, 22,21-24, pág. 98.
9
Quien oprime al pobre ultraja a su Creador, quien se apiada del indigente le da gloria”. Biblia de
Jerusalén, cit., Levítico 14,31, pág. 929.
10
El Salmo 85 (84) liga la idea de justicia a la de paz: “Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y
Paz se besan; Verdad brota de la tierra, Justicia se asoma desde el Cielo”. Biblia de Jerusalén, cit.,
Salmos, 85 (84), 11, pág. 759.
11
Siempre que sea posible, y en cuanto de vosotros dependa, vivid en paz con todos. No os toméis
la justicia por vuestra propia mano...”. Biblia de Jerusalén, cit., Romanos 12, 18-19, pág. 1667.
12
“...esperamos unos cielos nuevos y una nueva tierra, en los que habite la justicia”. Biblia de
Jerusalén, 2 Pedro, 3,13.
13
Llorenc Sagalés Sisquella, ‘Justicia’ y ‘Derecho’ en los Padres de las Iglesia, Barcelona, 2002, en
http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/5191/1/DIKE%20Llorens.pdf
36
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
“Pero entre los primordiales deberes de los patronos se destaca el de
dar a cada uno lo que sea justo”.
14
Y cuarenta años después, la encíclica Quadragesimo Anno asimilaba la justicia,
la paz y la equidad a la caridad ‘la única capaz de someter... los corazones y las
voluntades de los hombres a las leyes de la justicia’, y que, más allá de ‘dar a
cada uno lo suyo’, requería ‘socorrer al necesitado’.
15
La encíclica volvía sobre
las propuestas de un mundo de paz y justicia, tan caro a los Padres de la Iglesia.
Entre los años 1962 a 1965, el Concilio Vaticano II, convocado por los papas
Juan XXIII y Pablo VI, redactó una serie de documentos que renovaron la vida
de la Iglesia católica. Entre ellos, probablemente el más representativo sea
el documento sobre la Iglesia: la Constitución Pastoral Gaudium et Spes sobre
la Iglesia en el mundo actual, que citamos arriba. Este documento reclama
un nuevo orden social en el mundo, y, si bien reconoce la existencia de
‘desigualdades justas’ entre los seres humanos, denuncia el escándalo de las
desigualdades excesivas, presentándolas como ’contrarias a la justicia social y
a la paz’.
16
Y el documento de Medellín completará esta armación:
“Creemos que el amor a Cristo y a nuestros hermanos será no solo la
gran fuerza liberadora de la justicia y la opresión, sino la inspiradora de
la justicia social, entendida como concepción de vida y como impulso
hacia el desarrollo integral de nuestros pueblos.”
17
El documento no presenta la justicia y la paz solamente como ideas ligadas entre
sí, sino que llama a la acción para construir ambas en el tiempo presente y en
14
Carta Encíclica Rerum Novarum del Sumo Pontíce León XIII sobre la situación de los obreros,
15, en http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_
rerum-novarum.html,.
15
“... Esa sublime ley de justicia y de caridad, en virtud de la cual estamos obligados no sólo a
dar a cada uno lo que es suyo, sino también a socorrer a nuestros hermanos necesitados como si
fuera al propio Cristo Nuestro Señor”. Carta Encíclica Quadragesimo Anno Sobre la restauración
del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica al celebrarse el 40º aniversario de
la encíclica “Rerum Nnovarum” de León XIII, 125, y “...sobresalgan en una prudencia y discreción,
ajena a todo extremismo, y estén penetrados sobre todo por la caridad de Cristo, que es la única
capaz de someter, a la vez suave y fuertemente, los corazones y las voluntades de los hombres a las
leyes de la justicia y de la equidad, 142, y “De esta nueva difusión por el mundo, pues, del espíritu
evangélico, que es espíritu de templanza cristiana y de universal caridad, conamos que ha de
surgir la tan sumamente deseada y plena restauración de la sociedad humana en Cristo y esa “paz
de Cristo en el reino de Cristo”, 138, en http://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/
documents/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html.
16
Más aún, aunque existen desigualdades justas entre los hombres, sin embargo, la igual dignidad
de la persona exige que se llegue a una situación social más humana y más justa. Resulta escandaloso
el hecho de las excesivas desigualdades económicas y sociales que se dan entre los miembros y
los pueblos de una misma familia humana. Son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la
dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional.” Gaudium et spes, 29, cit., 41.
17
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 1 Justicia, 5.
37
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
el lugar de actuación. En este contexto, la lucha por la justicia va equiparada a
la construcción de la paz,
18
y a cimentar la paz en la justicia’.
19
Esta incitación a la acción toma formas concretas: solidaridad, caridad, denuncia
de las injusticias y disposición al diálogo:
“Debemos agudizar la conciencia del deber de solidaridad con los
pobres, a que la caridad nos lleva. Esta solidaridad signica hacer
nuestros sus problemas y sus luchas, saber hablar por ellos. Esto ha de
concentrarse en la denuncia de la injusticia y la opresión, en la lucha
cristiana contra la intolerable situación que soporta con frecuencia el
pobre, en la disposición al diálogo con los grupos responsables de esa
situación para hacerles comprender sus obligaciones.”
20
En esa misma línea, este documento del Concilio señala las tres características
que luego el documento de Medellín hará suyas, para proponer un concepto
cristiano de paz: obra de la justicia, quehacer permanente y fruto del amor.
21
2. La justicia en el documento de Medellín
En el documento de Medellín, las ideas acerca de la paz y la justicia están
ligadas a las ideas de liberación de las injusticias y a las de solidaridad con
los oprimidos y las víctimas de esas injusticias. En Medellín, las ideas acerca
de la paz y la justicia recatan la tradición judía y la de los documentos del
Concilio Vaticano II. El documento de Medellín, ‘hijo de su tiempo’ e ‘hijo del
68’, rescata la ola de optimismo y de renovación que se diseminaba por el
mundo, nacida de los nuevos paradigmas culturales de los cuales el documento
18
“Los cristianos que toman parte activa en el movimiento económico-social de nuestro tiempo y
luchan por la justicia y caridad, convénzanse de que pueden contribuir mucho al bienestar de la
humanidad y a la paz del mundo”. Gaudium et spes, 72, cit., pág. 113.
19
“Por esto el Concilio, al tratar de la nobilísima y auténtica noción de la paz, después de condenar
la crueldad de la guerra, pretende hacer un ardiente llamamiento a los cristianos para que con el
auxilio de Cristo, autor de la paz, cooperen con todos los hombres a cimentar la paz en la justicia
y el amor y a aportar los medios de la paz”. Gaudium et spes, 77, cit, pág. 123-124.
20
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 14 Pobreza de la Iglesia, 10.
21
La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas
adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se
llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su
divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar
a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus
exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está cometido a continuos cambios; por
eso la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de
la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante
dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima. Esto, sin embargo, no basta.
Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación
espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente
necesario el rme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el
apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. Así, la paz es también fruto del
amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.” Gaudium et spes, 78, cit. pág. 124.
38
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
se alimentaba y a los cuales enriquecía, y provocó una profunda revisión en la
Iglesia y en la forma como ésta se relacionaba con el mundo.
Algunos conceptos usados en el documento, como ‘educación liberadora’,
comenzaban a usarse ya en esos tiempos, y cobraron nuevas formas y nuevas
interpretaciones a partir de Medellín. Otros, nacieron de interpretaciones del
documento de Medellín, y tuvieron mucha aceptación en algunos sectores que
proponían cambios sociales profundos, como la idea de ‘hombre nuevo’ o la
necesidad de una ‘toma de conciencia’.
El documento ‘centró su atención en el hombre de este continente, que vive
un momento decisivo de su proceso histórico’.
22
Muchos movimientos populares
buscaron llevar a la práctica sus propuestas, con experiencias sumamente
novedosas, como las que se dieron con las ‘comunidades eclesiales de base’.
23
En
El Salvador, si bien esta experiencia comenzó con algunas concreciones antes de
1968, los intentos de llevar a la práctica el documento de Medellín le dieron un
gran impulso, y contaron con el apoyo del arzobispo de San Salvador, Monseñor
Chávez y González. De hecho, cuando Monseñor Romero fue nombrado sucesor
de Chávez y González, encontró un clero que, en buena parte, adhería a las
propuestas del Concilio Vaticano II y Medellín.
Probablemente, los temas que el documenta afrontó con mayor intensidad han
sido la familia y la juventud, la paz y la justicia, la educación y la pobreza. A
cada uno de éstos el documento le dedica un apartado. Nos detendremos aquí
en la presentación de los apartados dedicados a la justicia y a la paz.
De hecho, la idea de justicia viene ya anunciada en la Introducción. El documento
presenta la idea de desarrollo humano como “el paso, para cada uno y para
todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas”,
tomada de la encíclica Populorum Progressio.
24
Y completa la idea mencionando
´la injusticia de las transacciones’.
25
Y completa la idea de desarrollo armando
que “el desarrollo se conecta necesariamente con dimensiones de justicia y
caridad.
26
22
CELAM, Documentos Finales de Medellín, Introducción, 1.
23
Pero ¿dónde está en concreto el identikit de la Iglesia del Continente? A nuestro modo de ver,
Medellín dio a nuestra iglesia los elementos esenciales, que, madurados en la década siguiente,
hasta Puebla, conguraron las tres instituciones que podemos llamar propias o típicas de la Iglesia
latinoamericana, a saber: la Opción por los Pobres, la Teología de la Liberación y las Comunidades
Eclesiales de Base.” Clodovis Boff, cit.
24
Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio del papa Pablo VI, 26.03.1997, 20, en http://
w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html
25
“...las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener y del abuso del poder, de las
explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones.” CELAM, Documentos
Finales de Medellín, la injusticia de las transacciones’
26
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 12 Religiosos, 13.
39
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
En el apartado referido a la Justicia,
27
las primeras palabras hacen referencia
a las injusticias: la miseria que margina.
28
Enseguida, relaciona la injusticia
con ‘las esclavitudes’ estructurales que impiden a las personas su plena
realización.
29
Las injusticias estructurales forman parte de las ‘esclavitudes’
que tienen sujetas a las personas, impidiéndoles su desarrollo como tales.
En el documento, la justicia no se queda en el plano de lo individual, sino
que trasciende al colectivo: el documento menciona “el dinamismo que debe
mover a los cristianos a realizar la justicia en el mundo”, y “...el amor a Cristo
y a nuestros hermanos será no solo la gran fuerza liberadora de la justicia y la
opresión, sino la inspiradora de la justicia social...”.
30
Este intento de llevar la
justicia al ámbito de lo colectivo implica la denuncia del lucro individual de
sectores acomodados, que lesiona la economía de la comunidad: la
“Fuga de capitales económicos y humanos, la búsqueda de seguridad
y el criterio de lucro individual lleva a muchos miembros de los
sectores acomodados de nuestros países a invertir sus ganancias en el
extranjero. La injusticia de este procedimiento ha sido ya denunciada
categóricamente por la Populorum progressio...”.
31
Esta denuncia implica una toma de conciencia frente a la realidad
32
, invitando
a la “toma de conciencia de esta misma situación, que provoca en amplios
sectores de la población latinoamericana actitudes de protesta y aspiraciones
de liberación, desarrollo y justicia social.
33
La dimensión de lo colectivo toma la forma de ‘bien común’ cuando asume la
dimensión comunitaria, y asocia la justicia a la paz: el documento señala “...las
decisiones que atañen al bien común, y de detectar todo lo que puede lesionar
27
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 1 Justicia.
28
“...la miseria que margina a grandes grupos colectivos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una
injusticia que clama al cielo.” CELAM, Documentos Finales de Medellín, 1 Justicia, 1.
29
“...esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado, la ignorancia, el hambre, la miseria y la
opresión, en una palabra, la injusticia y el odio que tienen su origen en el egoísmo humano.”
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 1 Justicia, 1.
30
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 1 Justicia, 4 y 5.
31
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 9. El documento hace alusión a la encíclica
Populorum Progressio, n. 24, El uso de la renta: “...no se podría admitir que ciudadanos provistos
de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las transriesen en
parte considerable al extranjero por puro provecho personal, sin preocuparse del daño evidente
que con ello inigirían a la propia patria”.
32
El documento describe la realidad como “una situación de subdesarrollo, delatada por fenómenos
masivos de marginalidad, alienación y pobreza, y condicionada, en última instancia, por estructuras
de dependencia económica, política y cultural.” CELAM, Documentos Finales de Medellín, 10,
Movimientos de laicos. Y completa el panorama de la realidad, mencionando las “...las tremendas
injusticias sociales existentes en América Latina, que mantienen a la mayoría de nuestros pueblos
en una dolorosa pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana Miseria.” CELAM, Documentos
Finales de Medellín, 14, Pobreza de la Iglesia, 1.
33
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 10, Movimientos de laicos, 2.
40
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
la justicia y poner en peligro la paz interna y externa de las comunidades
nacionales e internacionales.
34
Enseguida relaciona nuevamente la justicia con la paz, una relación en la que
se hará hincapié en el apartado siguiente, dedicado a la paz. Retoma la idea de
la justicia ‘lesionada’, y que será la idea que guiará toda la reexión acerca de
la justicia y la paz en el documento: la justicia ‘lesionada’ por la miseria que
puede poner en peligro la paz.
35
El numeral 14 del apartado 2 Paz, de los documentos nales de Medellín, es
quizá, el más relevante en cuanto a la justicia y la paz se reere. De hecho, se
enuncian allí los tres conceptos que denen la paz desde el punto de vista de la
Iglesia: ‘la paz es obra de la justicia’, es ‘un quehacer permanente’ y es ‘obra
del amor’.
Nos detenemos ahora en el primero de estos enunciados: ‘La paz es, ante todo,
obra de la justicia’.
36
Asimilar la paz a la justicia implica poner a ésta como
condición necesaria de la primera: sin justicia no habrá paz, y para que exista
la paz debe haber, primeramente, justicia. Por ello, la paz es un estado que
implica una construcción permanente de la justicia: “Si el cristiano cree en la
fecundidad de la paz para llegar a la justicia, cree también que la justicia es
una condición ineludible para la paz.
37
Al afrontar la cuestión de la justicia, el documento no elude la cuestión de la
injusticia, y reconoce la tentación a hacer uso de la violencia para solucionarla:
“... América Latina se encuentra, en muchas partes, en una situación
de injusticia que puede llamarse de violencia institucionalizada
cuando, por defecto de las estructuras de la empresa industrial y
agrícola, de la economía nacional e internacional, de la vida cultura y
política, ‘poblaciones enteras faltas de lo necesario, viven en una tal
dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo
que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida
social y política.’”
38
34
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 1 Justicia, 21.
35
“...entablar un diálogo ecaz con personas e instituciones más directamente responsables de las
decisiones que atañen al bien común, y de detectar todo lo que puede lesionar la justicia y poner
en peligro la paz”. 1 Justicia, 21.
36
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 14.
37
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 16.
38
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 16. El documento recurre, nuevamente, a la encí-
clica Populorum Pregressio, que se menciona arriba: Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio
del papa Pablo VI, 26.03.1997, 30, en http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/docu-
ments/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html
41
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Y no elude, tampoco, denunciar a los responsables de las injusticias como
responsables de la violencia:
“Son, también, responsables de la injusticia todos los que no actúan
en favor de la justicia con los medios de que disponen, y permanecen
pasivos por temor a los sacricios y a los riesgos personales que implica
toda acción audaz y verdaderamente ecaz.”
39
La armación culmina con un llamado a la acción:
“La justicia y, consiguientemente, la paz se conquistan por una acción
dinámica de concientización y de organización de los sectores populares,
capaz de urgir a los poderes públicos, muchas veces impotentes en sus
proyectos sociales sin el apoyo popular
40
.”
Si la construcción de la paz comienza por la construcción de la justicia, todos
los que conforman la sociedad están llamados a esa tarea, incluso quienes
conforman la familia: una parte intrínseca de la misión de la familia en la
sociedad es la construcción de la justicia que lleva a la paz:
“... la familia cumplirá su misión si ‘promueve la justicia y demás obras
buenas al servicio de todos los hermanos que padecen necesidad.’”
41
El documento de Medellín llevó la búsqueda de la justicia no sólo al ámbito de
la familia, sino también el ámbito de la evangelización. Aquí, asocia la justicia
a la fraternidad:
“La evangelización de que venimos hablando debe explicar los valores
de justicia y fraternidad, contenidos en las aspiraciones de nuestros
pueblos, en una perspectiva escatológica.”
42
Al mismo tiempo, exige que la evangelización vaya acompañada, cuando sea
necesario, de “la denuncia a la vez enérgica y prudente de las injusticias y de
los excesos del poder.”
43
Y cuando el documento de Medellín afronta el ámbito
de la catequesis, insiste en que “la catequesis no puede desconocer: el proceso
de cambio social, exigido por la actual situación de necesidad e injusticia en
que se hallan marginados grandes sectores de la sociedad.”
44
39
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 18.
40
Ídem.
41
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 3 Familia, 7. El documento hace referencia al documen-
to del Concilio Vaticano II Apostolicam Actuositatem, 11: Decreto Apostolicam Aactuositatem sobre
el apostolado de los laicos, en http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/
documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html.
42
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 7 Pastoral de las élites, 13.
43
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 7 Pastoral de las élites, 21.
44
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 8 Catequesis, 7.
42
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
3. La paz en el documento de Medellín
La primera mención a la paz en el documento de Medellín aparece ya en el
numeral 6 de la Introducción: al mencionar las condiciones del desarrollo, como
‘el paso de condiciones de vida menos humanas a más humanas’, mencionado
arriba, presenta la ‘voluntad de paz’ como una de esas condiciones:
“Más humanas también: el aumento en la consideración de la dignidad
de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación
en el bien común, la voluntad de paz.”
45
Ya la encíclica Populorum Progressio había planteado que ‘el desarrollo es el
nuevo nombre de la paz’.
46
El documento de Medellín aplica el concepto a la
situación latinoamericana:
“Si ‘el desarrollo es el nuevo nombre de la paz’, el subdesarrollo
latinoamericano, con características propias en los diversos países, es
una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la
paz, destacando en cada caso aquellos factores que, por expresar una
situación de injusticia, constituyen una amenaza positiva contra la paz
en nuestros países.”
47
El documento pasa a denunciar las posibles consecuencias de esas amenazas:
“... si hoy la paz se ve ya seriamente amenazada, la agravación automática de
los problemas provocará consecuencias explosivas.”
48
La paz se ve amenazada, no solamente por las situaciones de in justicia al
interior de los países. El deterior en los términos del intercambio comercial,
que provoca el enriquecimiento de los países que exportan productos derivados
de la industria y el empobrecimiento de los que exportan materias primas,
va generando, a nivel internacional, situaciones de injusticia que atentan,
asimismo, contra la paz:
“... los países industrializados se enriquecen cada vez más. Esta
injusticia, denunciada claramente por la Populorum progressio
49
,
malogra el eventual efecto positivo de las ayudas externas; constituye,
además, una amenaza permanente para la paz, porque nuestros países
perciben cómo ‘una mano les quita lo que la otra les da’”.
50
45
CELAM, Documentos Finales de Medellín, Introducción, 5. Como se menciona arriba, hace
referencia a la Encíclica Populorum Progressio, 20.
46
Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio, cit., 76.
47
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 1.
48
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 7.
49
Pablo VI, Encíclica Populorum Progressio, 59, cit.
50
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 8.
43
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
a) La paz como obra de la justicia
En el apartado dedicado a la paz en el documento,
51
el numeral 14 contiene
los argumentos centrales, y denen claramente cómo entiende la paz la Iglesia
latinoamericana. Se han citado ya las tres características del pensamiento
cristiano latinoamericano de la paz: obra de la justicia, quehacer permanente
y fruto del amor.
La primera de las características citadas
“Supone y exige la instauración de un orden justo en el que los hombres
puedan realizarse como hombres, en donde su dignidad sea respetada,
sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido,
su libertad personal garantizada. Un orden en el que los hombres no
sean objetos, sino agentes de su propia historia.”
Resulta interesante la última mención de la cita: ‘un orden donde los hombre
no sean objetos, sino sujetos de su propia historia’. En los apasionados años de
nes de la década de los años 60, cuando parecía cercana la realización de las
utopías propuestas por diversos grupos milenaristas, plantear ‘un orden donde
los hombres no sean objetos’ implicaba la propuesta de transformación radical
de las estructuras sociales, de las relaciones y de del régimen, y ‘una profunda
y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres, valores
y hábitos, de sus relaciones sociales.
52
Implicaba, además, la lucha contra el
imperialismo y contra toda forma de intervención en la región latinoamericana.
Pero la propuesta iba más allá: ser ‘agentes de su propia historia’ implicaba
tomar el protagonismo de la construcción de un orden nuevo, al cual debían
supeditarse todos los esfuerzos y que incluso, en la propuesta de algunos grupos,
justicaba el uso de la violencia. En este sentido, las palabras de la encíclica
Populorum Progressio de 1967, frecuentemente citada por el documento de
Medellín, podían justicar esta postura.
53
Estas interpretaciones podían encontrar fundamentos en el propio documento
de Medellín:
“La paz en América Latina no es, por lo tanto, la simple ausencia
51
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, que ya ha sido citado.
52
Canel, Fidel, El ’hombre nuevo’ según Ernesto Che Guevara, en http://webs.ucm.es/info/bas/
utopia/html/actual07.htm, consultado el 11.03.2018.
53
Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio, cit., 30: “Es cierto que hay situaciones cuya injus-
ticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependen-
cia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción
cultural y de participación en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la
violencia tan grandes injurias contra la dignidad humana.”
44
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
de violencias y derramamientos de sangre. La opresión ejercida por
los grupos de poder puede dar la impresión de mantener la paz y el
orden, pero en realidad no es sino ‘el germen continuo e inevitable de
rebeliones y guerras”.
54
La armación de que el único camino que conduce a la paz es la creación de
un “orden nuevo que ‘comporta una justicia más perfecta entre los hombres’”,
contribuye a fundamentar esas posturas. Para el documento, la conformación
de una sociedad sin injusticias es el único camino para la paz.
55
“Si el cristiano
cree en la fecundidad de la paz para llegar a la justicia, cree también que la
justicia es una condición ineludible para la paz.
56
b) La paz como quehacer permanente
El documento de Medellín presenta una propuesta dinámica de la paz.
La necesidad de un constante ‘cambio de estructuras, transformación de
actitudes, conversión de corazones’, que implica la realización de la comunidad
humana en el tiempo, hace alusión a una construcción constante: ‘la paz no
se encuentra, se construye’, en un esfuerzo de adaptación permanente a las
‘exigencias y desafíos de una historia cambiante’. La paz es presentada aquí
como un ‘conquista permanente’. En este quehacer, confronta la audacia y
la valentía al egoísmo y la injusticia personal y colectiva. Se aleja, así, de
un concepto estático y aparente de la paz, que podría obtenerse con el uso
de la fuerza, y que implicaría la negación de la paz que se propone obtener,
para proponer una paz ‘auténtica, que implica lucha, capacidad, inventiva,
conquista permanente.’
57
c) La paz, fruto del amor
El documento equipara la paz a la justicia: ‘el amor es el alma de la justicia’,
y el ‘cristiano que trabaja por la justicia social debe cultivar siempre la paz y
el amor en su corazón’, y amplía el concepto usando los términos fraternidad:
‘una real fraternidad entre todos los hombres’; reconciliación: Cristo reconcilia
todos los hombres con el Padre; y solidaridad: la ‘solidaridad humana no puede
realizarse verdaderamente sino en Cristo.’ Y vuelve al concepto de justicia:
‘allí donde dicha la paz social no existe; allí donde se encuentran injustas
desigualdades sociales, políticas, económicas y culturales, hay un rechazo del
don de la paz del Señor’.
58
54
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 14, a.
55
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 14, a.
56
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 16.
57
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 14, b.
58
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 14, c.
45
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Finalmente, para el documento de Medellín, después de haber aunado el
concepto de paz al de justicia, amor, solidaridad, reconciliación, termina
proponiendo a Dios como ‘el ´último fundamento de la paz interior de la paz
social’. Por ello, el rechazo de la paz implicaría el rechazo de Dios.
d) La violencia en América Latina
La negación de la paz puede identicarse con la violencia, de la que el documento
dice que ‘no es ni cristiana ni evangélica’. Para el documento de Medellín, un
cristiano ‘no es simplemente pacista, porque es capaz de combatir, pero preere
la paz a la guerra’: los cambios sociales y estructurales no deben conllevar
brusquedades ni violencias,
59
deben ser graduales para no caer en la inecacia,
y deben ser, necesariamente, ‘desde dentro’. Ello implica una necesaria toma
de conciencia de parte de quienes deberán promover los cambios, una adecuada
preparación y una efectiva participación, ‘agentes de su propia historia’, como
se decía más arriba. Todas estas condiciones necesarias para el cambio son
negadas por ‘la ignorancia y las condiciones de vida, a veces infrahumanas’,
que impiden su realización por parte de muchas personas en América Latina.
Los cambios que incluyen la violencia resultan ‘falaces, inecaces en sí mismos
y no conformes, ciertamente, a la dignidad del pueblo’.
60
El documento alude a
la miseria que impide que muchas personas puedan hacer uso de su derecho de
participación en los cambios y en las decisiones, como se citaba arriba.
Resulta ciertamente muy interesante la propuesta de que los cambios deben
realizarse ‘desde adentro’. Ello abre un debate intenso acerca del sujeto de
los cambios, de quién debe determinar las necesidades y dónde debe estar la
iniciativa para los cambios, arma que quienes deben decidir las necesidades
deben ser quienes las padecen, y cuestiona las reformas venidas ‘desde afuera’.
Insiste en la necesidad de
“...transformaciones globales, audaces, urgentes y profundamente
renovadoras. No debe, pues, extrañarnos que nazca en América Latina
‘la tentación de la violencia’. No hay que abusar de la paciencia de
un pueblo que soporta durante años una condición que difícilmente
aceptarían quienes tienen una mayor conciencia de los derechos
humanos.”
61
59
Monseñor Romero, en su homilía del 23 de marzo de 1980, reriéndose a las reformas propues-
tas por la junta Revolucionaria de Gobierno que había tomado el poder político a partir del golpe
de estado del 15 de octubre de 1979, armaba que ‘de nada sirven las reformas si van teñidas
con tanta sangre’, en Monseñor Oscar A. Romero, Homilías, Tomo VI, 23 de marzo de 1980, Uca
Editores, San Salvador, 2004.
60
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 15.
61
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 16.
46
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
e) Los responsables de la violencia
A continuación, el documento de Medellín llama a la acción a algunos grupos
sociales a los que considera responsables de las situaciones de injusticia,
delimitando responsabilidades ‘ante una situación que atenta tan gravemente
contra la dignidad del hombre y por lo tanto contra la paz.’
En primer lugar, se dirige, ‘a los que tienen una mayor participación en
la riqueza, en la cultura o en el poder’, que con frecuencia se oponen ‘por
todos los medios de que disponen, a los cambios necesarios para conservar sus
riquezas s cualquier costo, incluso, a veces, a costa de la miseria de muchos.
Esta oposición toma a veces formas de violencia o de drástica destrucción de
vidas y bienes.
62
Este llamado adquiere caracteres dramáticos en el documento, al advertir
a ‘quienes tienen una mayor participación en la riqueza’, acerca de la
responsabilidad en la provocación de ‘las revoluciones explosivas de la
desesperación’, aludiendo a la homilía del papa Pablo VI en la misa por la
Jornada del desarrollo en Bogotá, en 1968.
63
En segundo lugar, se dirige a quienes, pudiendo hacer algo que atenúe las
injusticias, permanecen pasivos:
“todos los que no actúan en favor de la justicia con los medios de
que disponen, y permanecen pasivos por temor a los sacricios y a los
riesgos personales que implica toda acción audaz y verdaderamente
ecaz.”
En un llamado que parece estar dirigido a los gobernantes, les recuerda que
“la justicia y, consiguientemente, la paz se conquistan por una acción
dinámica de concientización y de organización de los sectores populares,
capaz de urgir a los poderes públicos, muchas veces impotentes en sus
proyectos sociales sin el apoyo popular.”
64
62
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 17.
63
Dirigiéndose “a ‘vosotros, hombres de las clases dirigentes... Percibid y emprended con valentía,
hombres dirigentes, las innovaciones necesarias para el mundo que os rodea; haced que los menos
pudientes, los subordinados, los menesterosos, vean en el ejercicio de la autoridad la solicitud, el
sentido de medida, la cordura, que hacen que todos lo respeten y que para todos sea benecioso.
La promoción de la justicia y la tutela de la dignidad humana sean vuestra caridad. Y no olvidéis
que ciertas grandes crisis de la historia habrían podido tener otras orientaciones, si las reformas
necesarias hubiesen prevenido tempestivamente, con sacricios valientes, las revoluciones
explosivas de la desesperación.” Homilía del Santo Padre Pablo VI en la Santa Misa por la Jornada
del desarrollo, Bogotá, 23.08.1968, en https://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/homilies/1968/
documents/hf_p-vi_hom_19680823_sviluppo.html, consultado el 12.03.2018.
64
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 18.
47
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Nuevamente aquí la conjunción de la paz con la justicia.
Y en tercer lugar, hace responsables de las situaciones de injusticia a
“aquellos que, ante la gravedad de la injusticia y las resistencias
ilegítimas al cambio, ponen su esperanza en la violencia. Con Pablo
VI reconocemos que su actitud ‘encuentra frecuentemente su última
motivación en nobles impulsos de justicia y solidaridad’. No hablamos
aquí del puro verbalismo que no implica ninguna responsabilidad
personal y aparta de las acciones pacícas fecundas, inmediatamente
realizables.”
65
A éstos les recuerda que la revolución armada y la violencia, si bien pueden
originarse en causas legítimas, generalmente generan nuevas injusticias, nuevos
desequilibrios y nuevas ruinas, ya que no se puede combatir un mal, por real
que éste sea, al precio de un mal mayor.
66
El documento expresa el deseo de que “el dinamismo del pueblo concientizado
y organizado se ponga al servicio de la justicia y de la paz.”
67
Y concluye,
citando nuevamente palabras del papa Pablo VI, reriéndose a los que sufren
las situaciones de injusticia descritas: “seremos capaces de comprender sus
angustias y transformarlas no en cólera y violencia, sino en la energía fuerte y
pacíca de obras constructivas.”
68
65
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 19. El documento alude aquí, nuevamente, a la
homilía de papa Pablo VI el 23.08.1968, que citábamos arriba: “reconocemos que tales teorías y
prácticas encuentran frecuentemente su última motivación en nobles impulsos de justicia y de soli-
daridad debemos decir y rearmar que la violencia no es evangélica ni cristiana; y que los cambios
bruscos o violentos de las estructuras serían falaces, inecaces en sí mismos y no conformes cierta-
mente a la dignidad del pueblo la cual reclama que las transformaciones necesarias se realicen des-
de dentro, es decir, mediante una conveniente toma de conciencia, una adecuada preparación y esa
efectiva participación de todo que la ignorancia y las condiciones de vida, a veces infrahumanas,
impiden hoy que sea asegurada.” .” Homilía del Santo Padre Pablo VI en la Santa Misa por la Jornada
del desarrollo, Bogotá, 23.08.1968, en https://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/homilies/1968/
documents/hf_p-vi_hom_19680823_sviluppo.html, consultado el 12.03.2018.
66
CELAM, Documentos Finales de Medellín, 2 Paz, 19.
67
Ídem
68
Pablo VI, Ordenación de doscientos presbíteros y diáconos en la sede del Congreso Eucarístico,
22.08.1968, en https://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/homilies/1968/documents/hf_p-vi_
hom_19680822.html
48
La paz y la justicia en el Documento de Medellín
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