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TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
La cuestión social en América
Latina a la luz de Medellín
Julio Gutiérrez
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Recibido el 6 de abril de 2018, aceptado el 15 de mayo de 2018.
Resumen
La II Conferencia Regional del Episcopado Latinoamericano se desarrolló
en Medellín, Colombia, entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de
1968, hace ya cincuenta años. Las conclusiones de este encuentro fueron
publicadas como “Documentos de Medellín” y llevan por subtítulo La
Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio.
En adelante se citarán solamente como “Medellín”.
En el presente artículo, a partir de los antecedentes del Documento,
el autor indaga acerca del contexto latinoamericano de los tiempos
del Documento, deteniéndose en la conciencia del cambio social, para
analizar aquello que Medellín hizo posible y reexionar acerca de qué nos
dice hoy Medellín.
Palabras clave: Medellín, América Latina, Iglesia latinoamericana,
justicia, promoción humana, cambio social.
Abstract
The II Regional Conference of the Latin American episcopate held in
Medellin Colombia, between August 24 and September 6, 1968 now fty
years. The conclusions of this meeting were published as “Papers of
Medellin” and lead by subtitle the Church in the current transformation
Latin America in the light of the Council. Hereinafter will be cited only
as “Medellín”. In this article, from the background of the document the
author inquiries about the Latin American context of the times in the
1
Director de la Escuela de Teología de la Universidad Don Bosco, julio.gutierrez@udb.edu.sv
ISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
year 16, No.33, July-December 2018, p. 15-31
iISSN 1994-733X, Editorial Universidad Don Bosco,
año 16, No.33, Julio-Diciembre de 2018, p. 15-31
No. 33
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
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document, stopping in the consciousness of the social change to analyze
what Medellin made possible and think about what tells US today Medellín.
Key words: Medellin, Latin American Church, justice, human development,
social change.
Presentación
La problemática social que llamó la atención y despertó la preocupación pastoral de
los obispos latinoamericanos reunidos Medellín, quedó plasmada en el mensaje de
clausura que los mismos pastores dirigieron a los pueblos de este continente:
América Latina parece que vive aún bajo el signo trágico del
subdesarrollo, que no sólo aparta a nuestros hermanos del goce de
los bienes materiales, sino de su misma realización humana. Pese a
los esfuerzos que se efectúan, se conjugan el hambre y la miseria, las
enfermedades de tipo masivo y la mortalidad infantil, el analfabetismo
y la marginalidad, profundas desigualdades en los ingresos y tensiones
entre las clases sociales, brotes de violencia y escasa participación del
pueblo en la gestión del bien común
2
.
El texto anterior ilustra con nitidez la preocupación fundamental de los obispos,
la misma sobre la que llamó la atención el Papa Pablo VI, destacando la injusta
distribución de los bienes y la desigualdad socioeconómica que impiden la plena
realización humana de las mayorías populares:
Sabemos que el desarrollo económico y social ha sido desigual en el
gran continente de América Latina; y que mientras ha favorecido a
quienes lo promovieron en un principio, ha descuidado la masa de las
poblaciones nativas, casi siempre abandonadas en un innoble nivel
de vida y a veces tratadas y explotadas duramente. Sabemos que
hoy os percatáis de la inferioridad de vuestras condiciones sociales y
culturales, y estáis impacientes por alcanzar una distribución más justa
de los bienes y un mejor reconocimiento de la importancia que, por ser
tan numerosos, merecéis y del puesto que os compete en la sociedad
3
.
El estado de subdesarrollo socioeconómico, la enorme desigualdad en la distribución
de la riqueza, mayorías de población en abandono, el hambre, la miseria, la muerte,
la marginación, etc., así como también una nueva conciencia de la dignidad humana
y los anhelos por cambiar las cosas a favor de la justicia, están entre las principales
motivaciones de la II Conferencia Episcopal. Ahí está la realidad a la que la Iglesia
trató de responder pastoralmente.
2
Mensaje a los pueblos de América Latina, Medellín, UCA Editores, 1977, p. 18.
3
Homilía del Papa Pablo VI en la Misa celebrada para los campesinos colombianos, 23/08/1968.
17
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Los documentos de Medellín son textos fundamentalmente eclesiológicos, pues
tratan de la Iglesia, de sus estructuras y de su misión en el continente. Constituyen
la expresión del Magisterio de la Iglesia latinoamericana que, inspirándose en los
documentos del Concilio Vaticano II, orientó la labor pastoral a lo largo de la década
de los 70. Son 16 documentos estructurados en tres áreas de trabajo: la promoción
humana, la evangelización y las estructuras de la Iglesia. En cada una de estas áreas
están incluidas aquellas realidades que preocuparon al episcopado latinoamericano
de entonces. El cuadro siguiente muestra el orden de los documentos:
Promoción humana Evangelización y
crecimiento de la fe
Iglesia visible y sus estructuras
1. Justicia
2. Paz
3. Familia y
demografía
4. Educación
5. Juventud
6. Pastoral popular
7. Pastoral de élites
8. Catequesis
9. Liturgia
10. Movimientos de laicos
11. Sacerdotes
12. Religiosos
13. Formación del clero
14. Pobreza de la Iglesia
15. Pastoral de conjunto
16. Medios de comunicación
social
Cuadro 1. Documentos de Medellín
El presente trabajo, tomando como clave de lectura el concepto de “cuestión
social”, busca demostrar que Medellín fue la respuesta de la Iglesia a la problemática
regional del continente latinoamericano, inspirada en las orientaciones del Concilio
Vaticano II. Esta respuesta se produjo en un contexto de cambio social, que ya tenía
más de un quinquenio de estar vigente en la región, y al que la Iglesia se sumó
ofreciendo sus aportes pastorales.
Los obispos reunidos en Medellín supieron leer la realidad y, por tanto, supieron
responder pastoralmente a los desafíos que planteaba a la sociedad en general y
a la Iglesia en particular. Pero sobre todo, los obispos supieron leer el Vaticano II
y aplicarlo con creatividad, no como “camisa de fuerza”, sino como inspiración
pastoral.
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
18
1. Antecedentes eclesiales de Medellín
1.1 El Concilio Vaticano II
Medellín se enmarcó en un proceso de revisión y renovación de la pastoral de la Iglesia
latinoamericana, que había tomado como ejes fundamentales las orientaciones del
Concilio Vaticano II.
Es posible constatar la gran inuencia que tuvo el Vaticano II en Medellín con solo
hacer un simple sondeo cuantitativo de las veces que aparece mencionado en los
documentos latinoamericanos. Aparece citado más de doscientas veces, siendo la
Constitución Pastoral Gaudium et Spes la más citada, en al menos 46 veces, seguida
de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, en unas 30 ocasiones; por su parte,
la Constitución Sacrosanctum Concilium aparece citada 29 veces solamente en el
documento sobre la Liturgia, y el decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio
de los presbíteros, aparece unas 27 veces. Los otros documentos conciliares
completan la suma
4
.
Una de las enseñanzas del Vaticano II de mayor inspiración para la Iglesia
latinoamericana fue la concepción eclesiológica de la Iglesia como Pueblo de Dios:
El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que
quien lo conduce es el Espíritu del Señor..., procura discernir en
los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa
juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la
presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz
y maniesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por
ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas (GS 11).
Esta autocomprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios, que peregrina por el mundo
buscando comprender los signos de la presencia divina en la historia, abrió la posibilidad
de pensar la Iglesia más allá de los linderos y de los ámbitos tradicionalmente
considerados sagrados. Gracias a esta expresión se pudo considerar que la Iglesia
estaba también en el campo y en los barrios marginales de las ciudades; tanto en
las celebraciones litúrgicas ociales, como en las Celebraciones de la Palabra y en
las estas populares de las comunidades; tanto en las celebraciones religiosas como
en las luchas callejeras de los pueblos que reivindicaban sus derechos. La Iglesia
Pueblo de Dios desembocó en una riqueza de expresiones eclesiales con las que se
identicaron inmensas mayorías populares, especialmente en las zonas rurales y
en los barrios marginales, donde la Iglesia se hacía presente gracias al esfuerzo de
catequistas, Delegados de la Palabra, rezadoras, adoradores del Santísimo, entre
muchas expresiones religiosas más.
4
En base a una cuanticación hecha por el autor. El dato que dio origen a este análisis cuantitativo
aparece en “Medellín 1968” (Crónicas), Universidad de la Sabana, Santa Fe de Bogotá, Colombia,
citado por primera vez en febrero de 2015, en https://es.scribd.com/document/177548048/
Cronicas-de-Medellin-1968
19
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Otro texto que fue muy inspirador para la Iglesia latinoamericana es el que da inicio
a la Constitución Pastoral, citada antes: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas
y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de
cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos
de Cristo” (GS 1). Este fue sin duda uno de los de mayor acogida en Medellín, tanto
por su formulación, tan sencilla y tan bien lograda, como por la delicadeza del
detalle de la mención de “los pobres y los que sufren”. Esto posibilitó a no poca
gente de aquella época encontrar su identidad cristiana, particularmente católica,
en su trabajo de servicio y de promoción social en la vida cotidiana de la gente,
especialmente de la gente pobre, y encontrar ahí un gozo común, así como alegrías,
esperanzas, tristezas y angustias.
Un ejemplo más, esta vez en relación con la misión de la Iglesia, el Vaticano II fue
claro:
Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar
a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio,
de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia
responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el
sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación
de ambas (GS 4).
La doctrina sobre los signos de los tiempos puso a los cristianos de la época en actitud
de apertura a la realidad y de búsqueda de nuevas lecturas de la historia de nuestro
continente, pues ahí podía estar “soplando el Espíritu”. Uno de los principales signos
de aquel tiempo fue el cambio social, tal como lo expresaba Mons. McGrath: “Este
es, pues, un gran signo de nuestros tiempos, quizá el principal: el cambio”
5
.
Medellín asumió el reto de responder a la necesidad de cambios, armando a lo
largo de sus documentos que la Iglesia debía de mantenerse atenta a los anhelos de
cambio social vigentes en el continente latinoamericano: “La Iglesia debe prestar
una atención especial a las minorías activas (...) que en los ambientes rural y obrero
están realizando un importante trabajo de concientización y promoción humana,
apoyando y acompañando pastoralmente sus preocupaciones por el cambio social”
6
.
Tan importante es el tema del cambio social que Medellín lo asumió como tarea de
la catequesis: “América Latina vive hoy un momento histórico que la catequesis no
puede desconocer: el proceso de cambio social, exigido por la actual situación de
necesidad e injusticia en que se hallan marginados grandes sectores de la sociedad”
7
.
5
McGrath, Marcos, Los signos de los tiempos en América Latina hoy, Medellín, UCA editores, 1977,
p. 143.
6
Medellín, VII. Pastoral de élites, n. 19 c
7
Medellín, VIII. Catequesis, n. 7
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
20
Medellín también tomó del Vaticano II la inspiración de ser Iglesia en actitud de
escucha y de servicio a la sociedad, especialmente al mundo de los pobres:
“Queremos sentir los problemas, percibir sus exigencias, compartir las angustias,
descubrir los caminos y colaborar con las soluciones”
8
. Tan importante fue el Vaticano
II para Medellín que el teólogo brasileño Clodovis Boff, en relación con este tema,
escribió que “sin el Vaticano II no hubiera habido Medellín ni, por ello, tampoco
Iglesia latinoamericana, con sus rasgos propios”
9
.
1.2. El Pacto de las Catacumbas
Un grupo de obispos de varios países, algunos de Suramérica, como Brasil, Colombia,
Argentina, Chile y Ecuador, realizó un acto simbólico que vino a tener una gran
importancia en la conguración de la Iglesia latinoamericana. Reunidos en las
Catacumbas de Domitila, después de celebrar la Eucaristía el 16 de noviembre de
1965, a pocas semanas de la clausura del Vaticano II, también celebraron lo que
ha venido a conocerse como “El Pacto de las Catacumbas”10. Ahí asumieron los
compromisos que terminaron inuyendo en la vida eclesial de este continente. En
el texto del “Pacto” se lee al principio, en la declaración de las intenciones, lo
siguiente:
Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las
deciencias de nuestra vida de pobreza según el Evangelio; motivados
los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros
ha evitado el sobresalir y la presunción (...) nos comprometemos a lo
que sigue...
11
Y a continuación denieron trece compromisos, entre los que destacan: llevar una
vida como ordinariamente la lleva la gente común y corriente; renunciar a riquezas
y posesiones, así como a títulos honorícos y distintivos eclesiásticos; hacer del
ministerio episcopal un “verdadero servicio” a la comunidad; a “ser más animadores
según el Espíritu que jefes según el mundo”
12
.
Los obispos rmantes del “Pacto” se comprometieron a impulsar una nueva manera
de ser Iglesia, una que camine con los pobres, siendo pobre y evangélica, según
cierra el último de los compromisos plasmados en el texto del documento: “Vueltos
a nuestras diócesis respectivas, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra
decisión, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y su plegaria.
Que Dios nos ayude a ser eles”
13
. Este y los otros compromisos estuvieron presentes
8
Mensaje a los pueblos de América Latina, Medellín, UCA editores, 1977, p. 19
9
Boff, C. La originalidad histórica de Medellín, en http://servicioskoinonia.org/relat/203.htm,
consultado por primera vez el 22 de marzo de 2015.
10
Texto de “El Pacto de las Catacumbas”, del 16 de noviembre de 1965, consultado por primera
vez en marzo de 2015, en: https://www.religionenlibertad.com/el-pacto-de-las-catacumbas-texto-
integro-46312.htm.
11
Ibídem. Consultado el 15 de marzo de 2018.
12
Ibídem
13
Ibídem
21
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
en Medellín, inspirando los debates en las diferentes mesas de trabajo.
Mons. Leonidas Proaño, obispo de la diócesis de Riobamba, Ecuador, fue uno de los
rmantes del “Pacto” y promotor de sus compromisos en su diócesis. El Cardenal
Pablo Muñoz Vega, arzobispo de Quito, escribió de Mons. Proaño, con ocasión del
vigésimo quinto aniversario de su consagración episcopal, lo siguiente:
No es Mons. Proaño un Pastor cuya personalidad y cuya obra hayan
permanecido desapercibidas a la opinión pública y se hayan
desenvuelto bajo el manto de la oscuridad dentro de una antigua casa
episcopal. [...] Estamos, pues, ante la gura de un Obispo ecuatoriano
y latinoamericano de indudable inuencia dentro y fuera del ambiente
eclesial… ante un Obispo cuya gura de Pastor y Testigo de Cristo ha
pasado por el crisol que purica y ennoblece
14
.
Este obispo fue uno de los promotores más entusiastas del espíritu de renovación del
Vaticano II en América Latina: “Fue decisiva su participación en la reunión del CELAM
en Medellín en septiembre de 1968, que permitió concretar y poner en ‘versión
latinoamericana’ el impulso renovador del Concilio Vaticano II”
15
.
Para conocer un poco más la forma concreta en que Mons. Proaño actualizó el
espíritu renovador del Vaticano II es oportuno citar uno de sus libros, en el que
trató de mostrar la relación que debe existir entre la evangelización, como misión
fundamental del cristiano, y su praxis cotidiana, particularmente en el ámbito de
la política:
Si la evangelización no concientiza no es auténtica y puede ser
alienante. La luz de la evangelización hace ver al hombre con toda
claridad cuál es la situación en que se encuentra, cuáles son las
posibilidades del hombre, cuál es su destino, cuáles son los medios de
que tiene que valerse para llegar a su destino. [...] Si la evangelización
no llevara, en consecuencia, a que los hombres se comprometieran
con la transformación del mundo y permitiera que fueran otros los que
se dediquen a esa transformación, no sería tampoco auténtica. Estas
consideraciones colocan ya una punta de enganche con el problema de
relaciones entre concientización, evangelización y política
16
.
La apertura posibilitada por el Vaticano II llevó a la Iglesia en América Latina a
14
CEP, Leonidas Proaño. 25 años - Obispo de Riobamba, Instituto diocesano de pastoral de Riobamba,
Riobamba, y Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), Lima 1979, p. 7
15
Nidia Arrobo Rodas, Directora Ejecutiva de la Fundación Pueblo Indio del Ecuador. Entrevista
hecha vía correo electrónico, el 2 de septiembre de 2014, 8:53 a.m. El documento citado también
se encuentra en: http://www.fundacionpuebloindio.org/index.php?limitstart=35
16
Leónidas E. Proaño, Concientización, evangelización, política, Ediciones Sígueme, 3a. edición,
Salamanca 1975, pp. 144-145
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
22
encontrarse con tareas tan complejas como las descritas en la cita anterior, en
las que se observa la seriedad con que se tomó la evangelización en relación con
situaciones históricas concretas.
Los ecos de esas ideas, que son en el fondo las ideas del “Pacto de las Catacumbas”,
se perciben claramente en Medellín:
En todos estos ambientes, la evangelización debe orientarse hacia la formación
de una fe personal, adulta, interiormente formada, operante y constantemente
confrontada con los desafíos de la vida actual en esta fase de transición. Esta
evangelización debe estar en relación con los “signos de los tiempos”. No puede ser
atemporal ni ahistórica
17
.
Como una conclusión sobre este apartado, se puede inferir que la Iglesia
latinoamericana, inspirándose en el Vaticano II, asumió el reto de unir la fe cristiana
con la vida, la historia y la praxis cotidiana de la gente; asumió el reto de vincular la
fe con los problemas diarios, especialmente los problemas que causaban más dolor
y sufrimiento a los sectores más empobrecidos de la sociedad. En este esfuerzo,
la Iglesia se vio “inmiscuida” en los ámbitos político y económico de la sociedad,
tradicionalmente ajenos a su misión, no por el gusto de querer inmiscuirse, sino
porque la fe así lo exigía
18
.
Además de las orientaciones del Vaticano II y de la inspiración de los obispos
rmantes del “Pacto”, Medellín recibió un fuerte impulso del Papa Pablo VI, tal
como se expone en el siguiente apartado.
1.3. El impulso del Papa Pablo VI
El Papa Pablo VI fue sin duda el gran inspirador de la II Conferencia Episcopal
Latinoamericana. Su encíclica Populorum Progressio, de marzo de 1967, es citada
en 26 ocasiones en Medellín, apareciendo la primera cita en el número 1 del primer
documento, titulado “Justicia”, donde el Papa se rerió a la situación de injusticia
imperante en el continente latinoamericano como “una injusticia que clama al
cielo”
19
. El juicio teológico del Papa fue inapelable y trajo a la memoria de los
pueblos latinoamericanos la experiencia del pueblo de Israel, que vivía oprimido
por los egipcios, y que fue guiado por Moisés hacia su liberación (Ex 2, 23). No es
menos importante ni menos intencional el hecho de que el segundo documento de
Medellín, titulado “Paz”, inicie también citando la misma encíclica: “Si ‘el desarrollo
es el nuevo nombre de la paz’, el subdesarrollo latinoamericano, con características
propias en los diversos países, es una injusta situación promotora de tensiones que
conspiran contra la paz”
20
. Ciertamente, Medellín estuvo marcado por esta encíclica
17
Medellín, VII. Pastoral de élites, n. 13
18
Cfr. Gutiérrez, G., Teología de la liberación, Sígueme, Salamanca 1999, pp. 95-96.
19
Medellín, I. Justicia, n. 1, citando a Populorum Progressio, 30.
20
Medellín, II. Paz, n. 1, citando a Populorum Progressio, 76.
23
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
desde sus dos primeros documentos.
Sin embargo, la más clara y fuerte inspiración del Papa Pablo VI a Medellín quedó
plasmada en su discurso al inicio de la Conferencia:
El porvenir reclama un esfuerzo, una audacia, un sacricio que ponen en
la Iglesia un ansia profunda. Estamos en un momento de reexión total.
Nos invade, como una ola desbordante, la inquietud característica de
nuestro tiempo especialmente de estos países, proyectados hacia su
desarrollo completo, y agitados por la conciencia de sus desequilibrios
económicos, sociales, políticos y morales. También los Pastores de la
Iglesia hacen suya el ansia de los pueblos en esta fase de la historia de
la civilización…
21
La cita anterior es más extensa, se ha limitado por razones de espacio, pero vale la
pena señalar la forma en que la naliza el Papa: “¡Soy Yo, no temáis! (Mt 14, 27).
Sí, Nosotros queremos repetiros esa exhortación del Maestro: No temáis (Lc 12,
32). Esta es para la Iglesia una hora de ánimo y de conanza en el Señor”22. No
temer a los desafíos que América Latina planteaba a la Iglesia fue la más profunda
inspiración del Papa a los obispos reunidos en la Conferencia de Medellín.
2. Contexto socio-histórico de Medellín
2.1 La realidad latinoamericana de injusticia social
El mismo texto de Medellín recoge con nitidez la realidad latinoamericana a la que
la Iglesia quiso responder:
Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano.
En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos
humanos (...) Las familias no encuentran muchas veces posibilidades
concretas de educación para sus hijos. La juventud reclama su derecho
a ingresar en la universidad o centros superiores de perfeccionamiento
intelectual o técnico-profesional; la mujer, su igualdad de derecho
y de hecho con el hombre; los campesinos, mejores condiciones
de vida; o si son productores, mejores precios y seguridad en la
comercialización. La creciente clase media se siente afectada por la
falta de expectativa. Se ha iniciado un éxodo de profesionales y técnicos
a países más desarrollados. Los pequeños artesanos e industriales son
presionados por intereses mayores y no pocos grandes industriales de
Latinoamérica van pasando progresivamente a depender de empresas
mundiales. En lo económico se implantaron sistemas que contemplan
sólo las posibilidades de sectores con alto poder adquisitivo. Esta
21
Discurso de S.S. Pablo VI en la apertura de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
22
Ibídem
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
24
falta de adaptación a la idiosincrasia y a las posibilidades de nuestra
población, origina, a su vez, una frecuente inestabilidad política y la
consolidación de instituciones puramente formales. A todos ellos debe
agregarse la falta de solidaridad, que lleva, en el plano individual y
social, a cometer verdaderos pecados, cuya cristalización aparece
evidente en las estructuras injustas que caracterizan la situación de
América Latina
23
.
La cita es extensa, pero vale la pena leerla para hacerse la idea de la situación por
la que se sintió interpelada la Iglesia latinoamericana hace apenas cincuenta años.
Pero sobre todo, vale la pena leerla y analizarla detenidamente, pues ahí están
algunas de las causas estructurales de la injusticia social que pervive hoy en el
continente.
Ciertamente, en Medellín destacó por su gravedad la preocupación por la justicia
social, lo cual se puede constatar con un somero análisis cuantitativo de textos,
en el que por el uso del lenguaje se puede ver el interés por la realidad social
de Latinoamérica: hay 54 referencias al tema de la justicia-injusticia social; en 46
ocasiones se habla de una situación social injusta. Por otra parte, 11 veces se usa
el término “cambio social” y 17 veces se hace referencia a estructuras sociales,
económicas o políticas, injustas. Finalmente, en 46 ocasiones se explicita que son
situaciones que existen en el “continente latinoamericano”.
2.2 La conciencia del cambio social
No es exagerado armar que América Latina estaba impregnada de entusiasmo
ante el paradigma del cambio social, gracias a diferentes movimientos sociales,
organizaciones cristianas, sindicatos, etc., que sembraron ideales de liberación
por todo el continente. Este ambiente llegó hasta la II Conferencia Episcopal, pues
no pocos cristianos eran portadores de tal entusiasmo. Gustavo Gutiérrez escribió
justamente en este contexto el siguiente fragmento:
En la problemática actual, un hecho salta a la vista: el carácter adulto
que ha comenzado a asumir la praxis social del hombre contemporáneo.
Es el comportamiento de un hombre cada vez más consciente de ser
sujeto activo de la historia, cada vez más lúcido frente a la injusticia
social y a todo elemento represivo que le impida realizarse, cada
vez más decidido a participar en la transformación de las actuales
estructuras sociales y en la efectiva gestión política
24
.
Confróntese este párrafo de Gutiérrez con el siguiente texto de Medellín:
Recordemos, una vez más, las características del momento actual de
nuestros pueblos en el orden social: una situación de subdesarrollo,
23
Medellín, I. Justicia, nn. 1 y 2.
24
Gutiérrez, G. Op. Cit., 97
25
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
delatada por fenómenos masivos de marginalidad, alienación y pobreza,
y condicionada, en última instancia, por estructuras de dependencia
económica, política y cultural con respecto a las metrópolis
industrializadas..., la toma de conciencia de esta misma situación, que
provoca en amplios sectores de la población latinoamericana actitudes
de protesta y aspiraciones de liberación, desarrollo y justicia social. Esta
compleja realidad sitúa históricamente a los laicos latinoamericanos
ante el desafío de un compromiso liberador y humanizante
25
.
La semejanza no deja de ser asombrosa, sobre todo porque fueron escritas por un
teólogo, en el contexto de una reexión más amplia sobre el papel de los cristianos
ante la injusticia (el primer texto), y por los obispos reunidos en la II Conferencia
Regional, en Medellín, reexionando sobre el papel de los laicos en el mundo (el
segundo texto).
La pregunta que se desprende de los apuntes anteriores es ésta: ¿cómo es que
había ido creciendo esa toma de conciencia en este continente? Seguramente hubo
muchos factores que hicieron posible esa toma de conciencia y su crecimiento. En
este trabajo se señalan los siguientes: un hecho histórico de enorme relevancia
en la década de los 60, la revolución en Cuba, en 1959, y los esfuerzos de dos
personalidades profundamente carismáticas, comprometidas con las luchas por el
cambio social: el médico argentino Ernesto “Che” Guevara y pedagogo brasileño
Paulo Freire, ambos en la década de los 60.
La revolución cubana se había consolidado y uno de sus principales promotores en
América Latina, “el Che Guevara”, había divulgado sus ideales a través de diferentes
medios. Este hecho había abonado a esa creciente toma de conciencia sobre el
cambio social. No pocos movimientos sociales se inspiraban en la experiencia
cubana y leían con interés los discursos de Guevara, entre los que se encontraban
planteamientos como el siguiente:
Procurar la liberación del subcontinente va más allá de la superación de
la dependencia económica, social y política. Es, más profundamente,
ver el devenir de la humanidad como un proceso de emancipación
del hombre a lo largo de la historia, orientado hacia una sociedad
cualitativamente diferente, en la que el hombre se vea libre de toda
servidumbre, en la que sea artíce de su propio destino
26
.
Uno de los textos del “Che” de mayor impacto entre los movimientos revolucionarios
de inspiración cristiana en América Latina fue el siguiente:
Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario
25
Medellín, X. Movimientos de laicos, n. 2
26
Gutiérrez, G. Op. Cit., 142
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
26
verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible
pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad… En esas
condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran
dosis de sentido de la justicia y de la verdad, para no caer en extremos
dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas.
Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente
se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de efecto de
movilización
27
.
El otro personaje que contribuyó al crecimiento de la conciencia sobre el cambio
social, mencionado antes, es Paulo Freire. Freire trabajó en diversos proyectos
educativos de la Iglesia católica en Brasil, especializándose en educación de adultos
y en alfabetización en zonas empobrecidas de Brasil. Fue un cristiano comprometido
con la concientización de los oprimidos a través de la educación. Él mismo describe
en qué consiste su obra:
Nuestra preocupación, en este trabajo, es sólo presentar algunos
aspectos de lo que nos parece constituye lo que venimos llamando
“la pedagogía del oprimido”, aquella que debe ser elaborada con él
y no para él, en tanto hombres o pueblos en la lucha permanente de
recuperación de su humanidad. Pedagogía que haga de la opresión y
sus causas el objeto de reexión de los oprimidos, de lo que resultará
el compromiso necesario para su lucha por la liberación, en la cual
esta pedagogía se hará y rehará. La pedagogía del oprimido es un
instrumento para este descubrimiento crítico: el de los oprimidos por
sí mismos y el de los opresores por los oprimidos, como manifestación
de la deshumanización
28
.
La pedagogía del oprimido es un instrumento para la liberación de los pueblos,
arma Freire, pues hace de la opresión de los pueblos el objeto de reexión, y hace
de los oprimidos, sujetos de esa reexión. Para Freire, la liberación de los pobres
solo será posible en la medida en que ellos tomen conciencia de su condición y
asuman el compromiso de luchar por liberarse. Una tarea nada fácil de realizar:
La liberación es un parto. Es un parto doloroso. El hombre que nace de
él es un hombre nuevo, hombre que sólo es viable en y por la superación
de la contradicción opresores-oprimidos que, en última instancia, es la
liberación de todos. La superación de la contradicción es el parto que
trae al mundo a este hombre nuevo; ni opresor ni oprimido, sino un
hombre liberándose
29
.
27
Ibídem, 143. Gutiérrez cita el texto del “Che” a continuación del texto de la cita anterior.
28
Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido, Siglo XXI Editores, 1a. edición, 1a. reimpresión, Buenos
Aires 2003, pp. 34-35
29
Freire, Op. Cit., 39
27
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Igual que para Guevara, Freire armaba que el hombre nuevo no podía ser viable si
no había una sociedad nueva que lo acogiese. O como dicen los textos episcopales,
no puede haber cambio de estructuras sin una auténtica conversión personal:
La originalidad del mensaje cristiano no consiste directamente en la
armación de la necesidad de un cambio de estructuras, sino en la
insistencia, en la conversión del hombre, que exige luego este cambio.
No tendremos un continente nuevo sin hombres nuevos, que a la luz
del Evangelio sepan ser verdaderamente libres y responsables
30
.
El Magisterio latinoamericano en Medellín coincidió en lo esencial con los
planteamientos de Guevara y de Freire. “Lo típicamente laical está constituido, en
efecto, por el compromiso en el mundo... El compromiso así entendido, debe estar
marcado en América Latina... por un signo de liberación, de humanización y de
desarrollo”
31
, armaron los obispos, enfatizando el compromiso de los pueblos ante
la necesidad de transformar las estructuras sociales injustas que les mantenían en el
subdesarrollo, desde la perspectiva de una liberación integral.
A grandes rasgos se ha tratado de demostrar que la II Conferencia del Episcopado
Latinoamericano, reunida en Medellín, se desarrolló en un contexto propicio para
el cambio social. Un contexto que fue gestándose y construyéndose a lo largo de la
década de los 60, y en el que intervinieron muchos factores y muchos actores. En
este trabajo se han presentado tres: el hecho de la revolución cubana y los aportes
de dos personajes destacados, que merecen un reconocimiento. Pero también se ha
tratado de demostrar que no fue la Iglesia la que empezó a hablar de cambiar las
estructuras sociales, más bien, la Iglesia se encontró con pueblos latinoamericanos
que expresaban sus anhelos de cambio y de luchar por realizarlos, y consideró que
era deber suyo, en virtud de su misión y de las orientaciones del Concilio Vaticano II,
pronunciarse ante esos anhelos y esas luchas.
Esta toma de postura tuvo una enorme importancia y fue de gran impacto en la
conguración de la Iglesia en Latinoamérica a lo largo de la década de los 70.
3. Lo que posibilitó Medellín
Medellín posibilitó el inicio de una nueva etapa de la vida de la Iglesia en América
Latina. Fue una etapa llena de “gozos y esperanzas” en medio de una dolorosa
situación cargada de “tristezas y angustias”, particularmente en los sectores
populares, víctimas de regímenes de opresión y explotación. Nunca antes se había
vivido en Latinoamérica con tanta ilusión y esperanza, de manera consciente, en
medio de tanto dolor y sufrimiento a causa de la pobreza.
30
Medellín, I. Justicia, n. 3
31
Medellín, X. Movimientos de laicos, n. 9
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
28
Medellín posibilitó también el fortalecimiento de aquella conciencia del cambio
social, surgida en los 60, y que se fue concretando en una mayor conciencia sobre
la responsabilidad de los cristianos ante los problemas sociales, lo que derivó en
una nueva comprensión de la identidad cristiana: “Ser cristiano es poseer una
contextura mental e ideológica que responda elmente a todos los postulados del
Evangelio y una vida concorde con las exigencias de esos postulados hasta sus últimas
consecuencias”
32
.
Medellín posibilitó que las orientaciones del Vaticano II fuesen recibidas y actualizadas
con audacia y creatividad en los países latinoamericanos; el Ir al mundo, del Vaticano
II, se concretó en ir a los pobres, en Medellín, en los siguientes parámetros:
El Vaticano II habla del subdesarrollo de los pueblos a partir de los
países desarrollados…; Medellín trata de ver el problema partiendo de
los países pobres… El Vaticano II habla de una Iglesia en el mundo…;
Medellín comprueba que el mundo en que la Iglesia latinoamericana
debe estar presente se encuentra en pleno proceso revolucionario.
El Vaticano II da las grandes líneas de una renovación de la Iglesia;
Medellín señala las pautas para una transformación de la Iglesia en
función de su presencia en un continente de miseria y de injusticia
33
.
En denitiva, Medellín posibilitó dar el salto desde el orden estrictamente religioso
hacia el orden temporal, donde la política, la economía, la cultura, etc., desaaron
a la nueva identidad cristiana.
Todas esas posibilidades abiertas por Medellín -y muchas otras que no se mencionan
en este trabajo- constituyeron el legado de una nueva manera de ser Iglesia, la
latinoamericana, que no signica una Iglesia separada de la Iglesia Universal, sino
su concreción en unas condiciones históricas determinadas. Medellín posibilitó la
conguración de una Iglesia latinoamericana, preocupada por la justicia social a
favor de los sectores empobrecidos del continente, cuyos rasgos constitutivos
fueron los siguientes: optó por los pobres, poniéndose de su lado y asumiendo las
consecuencias de esa postura; forjó una nueva forma de hacer teología desde esa
opción, la teología de la liberación; inventó una bonita manera de vivir la eclesialidad
en el día a día, las comunidades de base.
En relación con el último rasgo, Medellín dice:
La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla
el cristiano en su “comunidad de base”; es decir, una comunidad local
o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo,
32
Rutilio Grande, homilía en la esta de la “Transguración del Señor”, San Salvador, 6 de agosto
de 1970.
33
Gutiérrez, Op. Cit., p. 177
29
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno
entre sus miembros
34
.
Por tanto, “el esfuerzo pastoral de la Iglesia debe estar orientado a la transformación
de esas comunidades en ‘familia de Dios’, comenzando por hacerse presente en
ellas como fermento mediante un núcleo, aunque sea pequeño, que constituya una
comunidad de fe, de esperanza y de caridad”35. Tan importante fue la orientación
hacia la creación de comunidades de base que Medellín las denió así:
La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo
eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza
y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión.
Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la
evangelización, actualmente factor primordial de promoción humana
y desarrollo
36
.
Ciertamente, en una Iglesia congurada de esa manera, con total naturalidad
se convive con los pobres, se reexiona teológicamente con ellos y se forja una
auténtica comunión.
Reexiones nales
El Concilio Vaticano II fue la respuesta de la Iglesia Universal a los planteamientos y
desafíos del mundo contemporáneo. Medellín fue la respuesta de esa misma Iglesia,
encarnada en América Latina, a los problemas de este continente, asumiendo su
vocación de ser “sal de la tierra y luz para el mundo” (Mt 5, 13-14). Inspiró una
nueva forma de ser Iglesia, de ser cristiano y de hacer teología, como se mostró
antes.
Sin embargo, este modo de ser Iglesia, encarnada en la realidad y del lado de los
pobres, no pasó desapercibida por los poderes de facto que se beneciaban con el
orden injusto que ella denunciaba. Varios obispos promotores de Medellín estuvieron
en “listas de sospechosos y potenciales enemigos” del sistema. Monseñor Proaño y
Monseñor Romero fueron claros ejemplos de esto.
La Iglesia que nació de Medellín tuvo enemigos, fue calumniada y perseguida. Fue
puesta en la mira de la política exterior de Estados Unidos, según consta en el
“Informe Rockefeller”, de 1969, donde se arma “que la Iglesia se ha convertido
en una fuerza dedicada al cambio, cambio revolucionario si fuese necesario”
37
, y
en los Documentos de Santa Fe, de 1980, donde dice que “La política exterior de
34
Medellín, XV. Pastoral de conjunto, n. 10
35
Ibídem
36
Ibídem
37
Cfr. Gutiérrez, Op. Cit., p. 175.
La cuestión social en América Latina a la luz de Medellín
30
Estados Unidos debe empezar a contrarrestar la Teología de la Liberación, tal como
es utilizada en América Latina por el clero a ella vinculado”
38
.
¿Qué nos dice Medellín hoy? ¿Qué nos dirían los rmantes del Pacto de las Catacumbas
hoy? Con toda seguridad dirían lo mismo que el Papa Pablo VI dijo a los obispos
latinoamericanos: “No teman”. Hoy dirían que no hay que tener miedo de asumir los
retos que la realidad plantea, para ello obviamente hay que escudriñar la realidad, o
como diría Monseñor McGrath, hay que escrutar los “signos de los tiempos”. Quizás
éste sea el principal desafío que tenga la Iglesia hoy: leer lo que Dios pide a través
los signos que va dejando a lo largo de nuestra realidad.
38
Documentos de Santa Fe, Sección B. Subversión interna. Propuesta Nº 3. Consultado el 21de marzo
de 2018, en http://www.offnews.info/downloads/santafe1.PDF.
31
TEORÍA Y PRAXIS No. 33, Julio-Diciembre 2018
Bibliografía y referencias electrónicas
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editores, tercera edición, San Salvador 1987
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UCA editores, San Salvador 2002. Homilía de Rutilio Grande en la esta del Divino
Salvador del Mundo, 06 de agosto de 1970
Alvarado López, N., Cruz Olmedo, J. O. Conciencia y cambio social en la hacienda
Tres Ceibas (El Salvador). Tesis de grado, Universidad de Costa Rica, San José 1978
Gutiérrez, G., Teología de la liberación. Perspectivas. Ediciones Sígueme, 16ª
edición, Salamanca 1999
CEP, Leonidas Proaño. 25 años - Obispo de Riobamba, Instituto diocesano de pastoral
de Riobamba, Riobamba, y Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), Lima 1979
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