7.
La educación que queremos
para los siguientes 100 años de la
República (parte 2)
The education we want for the next 100 years of the
Republic (part 2)
En la primera entrega de este editorial “La educación que queremos para los
siguientes 100 años de la República”, establecimos un panorama general sobre
la educación para la primera infancia; así como un planteamiento que sugiere
algunas mejoras para lograr una verdadera transformación.
En este editorial, continuaremos brindando algunas aproximaciones de este
tema enfocado a la educación básica, media y superior.
Educación básica y media
A partir de la situación actual de la educación básica y media en El Salvador
es fundamental reestructurar el currículo de las asignaturas que se imparten y
proponer algunas iniciativas que vayan en función de las exigencias de la
sociedad de la información y conocimiento. Para ello, es esencial asegurar una
educación de excelencia que promueva el desarrollo integral de los niños y
jóvenes.
Para las siguientes décadas, se necesita una educación que no solo esté
enfocada a lo cognitivo con las asignaturas básicas: Lenguaje, Matemática,
Ciencias Sociales, Ciencias Naturales e Inglés, sino impulsar el pensamiento
crítico, habilidades sociales y socioemocionales, educación financiera, salud
mental, educación sexual, valores, creatividad, trabajo en equipo, resiliencia,
emprendimiento, innovación, cultura, deporte, recreación, entre otras
competencias.
Integrar el enfoque basado en competencias permitirá que los alumnos se
conviertan en el centro del proceso de enseñanza aprendizaje. El concepto de
competencia es el pilar del desarrollo curricular y el incentivo tras el proceso
de cambio. Se define como “el desarrollo de las capacidades complejas que
permiten a los estudiantes pensar y actuar en diversos ámbitos […]. Consiste en
la adquisición de conocimiento a través de la acción, resultado de una cultura
de base sólida” (Braslavsky, 2006 citado por la UNESCO 2021).
Editorial
8.
La UNESCO (2021) señala que, en un currículum orientado por competencias, el
perfil de egreso de un alumno al finalizar su educación escolar sirve para determinar
los tipos de situaciones que el estudiante tiene que resolver de forma eficaz y eficiente
al finalizar su nivel académico.
Para las siguientes décadas es fundamental buscar, desde los niveles básicos
y medios, el desarrollo de metodologías activas y disminuir, paulatinamente, la
memorización y reproducción de conocimiento teórico. Mosquera (2020) expone que
las metodologías activas son las que permiten un aprendizaje en el alumno de forma
activa, autónomo, competente, crítico, lo convierte en el protagonista de su propio
aprendizaje.
En esta línea se encuentran las siguientes metodologías: Aprendizaje Basado en
Proyectos (ABP) en el que los estudiantes trabajan de manera colaborativa, investigan y
construyen el conocimiento. Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) en el que a partir
de una problemática trabajan mediante grupos, investigan y proponen soluciones.
Aprendizaje Basado en el Pensamiento (TBL) en el que mediante un proceso de
investigación profundizan aquello que se da por aceptado, cuestionan, confrontan
y crean su propio conocimiento. Aula Invertida o flipped classroom, en la que se
propone leer en casa todos los materiales didácticos y en un encuentro sincrónico
o clase presencial se discute, dialoga y se trabajan los proyectos (Rocha Espinoza,
2020).
Para lograr estas iniciativas planteadas en educación básica y media es
fundamental desarrollar un sistema integral de formación, capacitación y
actualización del personal docente y administrativo de centros educativos públicos y
privados a nivel nacional.
Finalmente, los centros escolares del país deben ser espacios donde los
niños y adolescentes puedan socializar, aprender, ser ellos mismos, desarrollar
sus competencias y prepararse para la vida universitaria. En ese sentido, se debe
garantizar una infraestructura física y tecnológica adecuada donde se generen
entornos seguros, inclusivos, de armonía y eficaces para todos los alumnos, personal
y administrativo a nivel nacional.
Educación superior
Las planificaciones estratégicas de las universidades deben ir encaminadas a
fortalecer la docencia, investigación y proyección social.
Con la finalidad de ampliar la cobertura educativa, contribuir a erradicar la
inequidad educativa, brindar más acceso a las oportunidades de profesionalización y
educación continua, muchas instituciones de educación superior privadas y públicas
desarrollan programas académicos de licenciatura, ingeniería, especializaciones,
maestría y doctorados en las modalidades: semipresencial y virtual.
En ese sentido, en el eje de la docencia se debe garantizar la formación de
alumnos en pregrado, grado y posgrado con programas académicos de excelencia
en cualquier modalidad de estudio (presencial, semipresencial o virtual), articulados
con el emprendimiento, innovación, investigación científica y proyección social.
9.
Los programas de formación docente deben estar orientados al desarrollo de
competencias digitales, investi gativas, de innovación, creatividad y emprendimiento.
Promover pasantías de investigación científica y tecnológicas a nivel internacional
para que alumnos y docentes de todo el país puedan aprender y fortalecer sus
competencias en diversas disciplinas.
La incorporación de las TIC ha abierto nuevos ámbitos de estudio que afectan de
manera determinante a la educación, particularmente, a la enseñanza superior, en
la que posibilitan nuevos tipos de aprendizaje. Surgen nuevos escenarios educativos
que utilizan la tecnología como instrumento mediador que facilita el aprendizaje en
la distancia. En esa línea, la educación virtual es una oportunidad para introducir
innovaciones necesarias y urgentes en la enseñanza, y en la universidad muy
particularmente.
Se debe priorizar el desarrollo de escenarios de aprendizaje virtual a partir
de metodologías y estrategias de enseñanza. A través del uso de actividades
colaborativas, resolución de problemas, estudio de casos, aprendizaje basado en
competencias, aula invertida, gamificación, proyectos integradores etc., se busca el
desarrollo de competencias.
Antes de diseñar una actividad el docente debe reflexionar sobre las
competencias fundamentales que se pretenden conseguir. La actividad de
enseñanza-aprendizaje es el conjunto de acciones que el profesor y los estudiantes
desarrollan en torno a una tarea, de acuerdo con las competencias establecidas
en la asignatura. Las actividades se consideran el núcleo central del aprendizaje.
El papel del docente es fundamental para el éxito de las experiencias en los
entornos virtuales, quien pasa de ser un transmisor de conocimiento a facilitador
del aprendizaje. En ese sentido, los alumnos son diseñadores y productores
de diversas actividades, su papel es mucho más participativo y activo porque
contribuyen, con sus aportaciones, a la resolución de diversos problemas prácticos
de su entorno (Silva Quiroz, 2010).
En el eje de investigación, se debe generar nuevo conocimiento que posibilite
plantear nuevos enfoques y paradigmas educativos que permitan la innovación,
transformación digital y el desarrollo sostenible de la sociedad salvadoreña.
Mays y Pérez (2002) exponen que la investigación en las universidades estimula
el pensamiento crítico, la creatividad e innovación. Es a través de la investigación
científica que el proceso de aprendizaje erradica la memorización de contenidos
teóricos y permite formar alumnos activos, amantes de la innovación, curiosos y con
iniciativas personales.
Además, por medio de la investigación científica se pueden preparar personas
con competencias, habilidades y conocimientos nuevos para enfrentarse a un
mundo globalizado, con un desarrollo acelerado en la sociedad de la información
y conocimiento. Y es que frente al fenómeno del Internet que ha precipitado una
serie de transformaciones sociales de gran alcance, la universidad no puede quedar
rezagada.
10.
En esta línea, la UNESCO (2020) expresa que “el conocimiento y el aprendizaje son
los mayores recursos renovables con los que dispone la humanidad para responder a
los desafíos e inventar alternativas” (p.1). Es así como las universidades deben preparar
bien al capital humano que resolverá los problemas actuales y de las próximas
décadas. Sin duda, el camino para lograrlo es a través de la ciencia.
En el eje de proyección social se debe procurar ofrecer servicios académicos
que favorezcan el crecimiento y desarrollo de las diferentes poblaciones. Trabajar
de forma articulada con las comunidades y sectores productivos para incidir en la
transformación de la realidad social y superar desafíos actuales y futuros.
Las universidades deben realizar diagnósticos sobre las necesidades de la
población para crear programas y actividades acorde a las distintas realidades. Los
proyectos de cátedras deberían estar enfocados al ámbito social para que a través
de ese conocimiento, se pueda contribuir a la resolución de diversos problemas.
Generar programas de concientización para cuidar al medio ambiente donde
el personal docente y alumnos puedan participar en campañas que impulsen la
reducción, reciclaje y reutilización de productos.
Desarrollar programas de prevención y atención a las poblaciones más vulnerables
en coordinación con las distintas instituciones de salud del país. De igual forma, desde
los distintos proyectos de cátedras se pueden impulsar iniciativas que favorezcan a
las comunidades.
Crear programas para la atención de la población en condición de discapacidad,
un sector que por muchos años ha quedado invisibilizado y con muy pocas
oportunidades educativas, laborales y sociales.
Sin duda, la riqueza más grande que se tiene en el país son las personas. Desarrollar
estas profundas transformaciones y poner en marcha estas iniciativas se tendrá en
El Salvador un nuevo horizonte, donde las personas estarán preparadas ante los
grandes desafíos que plantea la sociedad de la información y del conocimiento en
los próximos 100 años.
Eduardo Menjívar Valencia
Editor
San Salvador, 14 de octubre de 2022